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Entradas de la Categoría ‘Postales literarias’

Stone Town más allá de la postal turística

Stone Town. Foto: Lola Hierro, 2015

“Stone Town se tiene que oler. Diría al viajero que olfatee a su alrededor. Que busque el aroma de la canela y el clavo, aunque no es fácil porque todo huele a esas especias. Que por algo la isla las cultiva a mansalva. El olor de la fruta de las huertas vecinas es penetrante, pero no tanto como el del pescado expuesto al sol. Que pruebe los lichis que vende un anciano en los escalones de un pórtico mucho más viejo que él, al lado de un hotel de lujo. Que busque el olor del pan recién horneado. Que lo siga hasta que llegue a alguna de estas tienditas cochambrosas. Que no tenga miedo y entre. Y pida.”  Leer Más

Dakar vista por Boubacar Boris Diop: Mirando al cielo

Dakar, Senegal

Las citas están sacadas del libro El libro de los secretos (Doomi Golo) de Boubacar Boris Diop. pág. 33. Editorial Almuzara (2016). Traducción: Wenceslao-Carlos Lozano. En formato ebook editado por 2709books.

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Desde una Nairobi que no suelen contarte

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Nairobi por la noche. shaydest.wordpress.com

Cuando entré en Nairobi la ciudad brillaba. Había jóvenes que vestían mejor de lo que vestiría yo nunca. Los locales de moda seguían abiertos y la música electrónica retumbaba por toda la ciudad. Yo quería formar parte de esa Kenia loca. De esa juventud que escribía poesía y la gritaba, que se teñía el pelo de colores, que hacía cine y música. Esa Kenia ante la que nuestro mundo cerraba los ojos. La gente pedía tipos desnudos bailando a saltos, música de tambores y cascabeles y cuando venían se decepcionaban y pagaban un dineral por hacerle fotos al maasai tradicional para poder decir que habían estado en África.

Dudé tres segundos dudé si debía pasar por el hospital primero o podría parar antes a tomarme algo y celebrar que era joven y estaba en el corazón de Nairobi. Aparqué y entré en un local donde la gente bailaba enloquecida al ritmo que marcaba un DJ con el pelo de color azul. De nuevo yo vestía un look pordiosero y envidiaba esas camisetas con estampados de Star Wars o series de moda. Quería ser capaz de volver a subirme a unos tacones sin sentirme incómoda. En ese local no había turistas viejos a la caza de jovencitas; nada de pretensiones, sólo baile, sólo música electrónica, sólo alcohol y algo de drogas, seguro, escondidas en algún bolsillo de esos pantalones pitillo que lucían todos como uniforme.

Me pedí una Coca-Cola teniendo en cuenta que unas horas más tarde tendría que empezar a tomar las pastillas profilácticas que me limpiarían de la amenaza del Sida. Se me acercó un chico con el pelo a lo afro y gafas de pasta sin cristales. Vestía una americana fabricada con la típica tela que utilizaban las mujeres de Makuyu como falda, en la que se leían frases en swahili que significaban: “Solo Dios sabe” o “Despacio es mejor”.

Tierra de brujas (la vida en un psiquiátrico de Kenia), María Ferreira. Editorial Viajes al pasado (2016) pág. 82

Gran Valle del Rift: la grieta que algún día dividirá África

Montañas Virunga

Mountain Gorilla (Gorilla beringei beringei) in habitat Virunga Mountains, Rwanda

En el corazón de África se alzan las montañas Virunga, una cadena de montañas que alberga los últimos gorilas de montaña. Cada pocos años alguno de sus cráteres entra en erupción y envia densos ríos de lava por sus empinadas laderas, que barren los bosquecillos de bambú, llenos de niebla, en que viven los gorilas, y se abren camino a través de aldeas y granjas que entierran. Estos desastres locales se ven empequeñecidos por el gran cataclismo que está aún por venir. Las montañas Virunga son fieras ventanas a una fisura tectónica: el Gran Rift, que un día partirá África en dos, desde Eritrea hasta Mozambique. grieta_depresion_afar_etiopia

Vistos desde 3.000 metros de altura, desde el labio de un cráter, los distintos caracteres de estas dos futuras Áfricas son ya evidentes. Hacia el oeste, extendiéndose perezosamente hacia el océano Atlántico, hay 1.600 kilómetros de jungla congoleña, la bóveda aplanada por amenazantes nubes bajas llenas de lluvia. Hacia el este queda la alta y rocosa sabana de África oriental, fresca, llena de hierba, milogrosamente libre de mosquitos y extendiéndose por varios horizontes antes de sumergirse en el oceáno Índico. 

A distancia, la división puede parecer pacífica. El Rift africano se separa a la misma velocidad que crecen las uñas, ycaptura-de-pantalla-2012-12-15-a-las-15-28-26 un proceso que comenzó hace cien millones de años tardará otros diez millones, al menos, en completarse. De cerca, sin embargo, la separación puede ser violenta. En 2002, la montaña Virunga más alta, el monte Nyiragongo, escupió un río de lava de 300 metros de ancho hacia la segunda ciudad más grande de Congo, Goma, dividiéndola en dos e incinerando o asfixiando a 147 personas. Tres años más tarde y varios cientos de kilómetros al noroeste, un grupo de aldeanos etíopes observaban impotentes cómo se abría un agujero en la tierra, a sus pies, de seis metros de ancho y 58 kilómetros de largo, devorando cabañas, pequeñas colinas y un pequeño rebaño de aterrorizados camellos.

Al cabo de un tiempo, llegué a ver el destino sísmico del continente como una metáfora de su más inmediato futuro humano. El Rift es un caldero de violencia y muerte. Pero es también una fuente de vida. De la devastación salieron insectos, animales, después el hombre y, ahora, una tierra completamente nueva. Y, también algún día, esta nueva África será libre.

La gran grieta, Alex Perry. Editorial Ariel  (2016) págs,18-19

Fotos: (1)  instinctsafaris.com; (2) Grieta en Afar, Etiopía- apuntes.santanderlasalle.es; (3) Monte Nyiragongo – qualityruralblog.wordpress.com

Volver a Tipasa con Albert Camus

Tipasa (Argelia)

Albert Camus, nacido en Argelia, escribió dos ensayos sobre este lugar: Bodas en Tipasa y Retorno a Tipasa. Fundada por los fenicios, el emperador Claudio la convirtió en una colonia y fue una de las ciudades más importantes del Imperio romano en la actual Argelia. A fines del siglo VII, la ciudad fue destruida por los árabes y reducida a ruinas.

Sobre su regreso a uno de los lugares de su infancia, las ruinas de Tipasa, escribió un relato de apenas 10 páginas, Retorno a Tipasa. Allí hay un  monumento erigido en honor al escritor, en el cual está grabada una de las frases de aquel breve texto: “Aquí comprendo lo que llaman gloria: el derecho a amar sin medida”. Leer Más

Isla de Lagos, Nigeria, 1975

El sábado por la mañana cogí el coche para ir a verla a la isla de Lagos cruzando el puente continental. Había algunos cargueros atracados en el puerto de la marina. Al bajar del puente, tuve una vista parcial del centro comercial que había llegado a conocer al volante. Un batiburrillo de rascacielos poblaba el horizonte, y dispersos entre ellos se veían desangelados edificios de cemento de una sola altura con tejados de chapa de zinc. Eran en su mayoría locales comerciales. En todos colgaba un rótulo necesitado de una mano de pintura. Una maraña de cables eléctricos y telefónicos se entrecruzaban entre ellos.

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Makoko, barrio de Lagos. Foto: Ruta33

El Atlántico zigzagueaba en torno a Lagos. A veces turbio y soso, otras estridente y salado, con sus diferentes nombres: aguas de Kuramo, arroyo de Cinco Caurís, Marina de Lagos, laguna de Lagos. Era la misma agua. Puentes de asfalto comunicaban las islas del continente, y el cielo siempre parecía tan triste como una persona que ha perdido interés por su amante. La gente apenas se fijaba en él, ni siquiera en sus ambarinas puestas de sol. Si el sol caía, quería decir que pronto no habría luz, y los habitantes de Lagos necesitaban ver por dónde iban. La iluminación urbana no siempre funcionaba.

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En Lagos vivían millones. Algunos oriundos de allí, pero la mayoría tenía sus raíces en provincias. Llegaban y se iban con los elementos, en trombas, como si el clima hubiera sido creado para ser castigo y recompensa. “Me pegaba el sol en la cabeza”, “me refrescó la brisa”. La mayor parte de los días, era como si hubiera mil millones de personas recorriendo el laberinto de calles y callejas: mendigos, secretarios, contratistas del Gobierno (ladrones, dirían algunos), pandilleros, niños de la calle. Se podía adivinar lo bien que comían por el estado de sus zapatos. Los mendigos, por supuesto, iban descalzos. Si nadie se fijaba en el cielo, era porque estaban todos ocupados mirando los vehículos. Había un barullo constante de coches, estallidos de motores y tubos de escape exhaustos, viajeros peleándose por subir a autobuses amarillos canario y a furgonetas privadas de transporte que llamábamos kabukabu y danfo. Llevaban epitafios bíblicos: León de Judá, Dios salva. Sus conductores iban como locos y contribuían a la incongruencia general: ganado pastando en un basurero, un hombre cruzando la autopista en una silla de ruedas, un vendedor ambulante con un diccionario Webster´s en una mano y un cepillo de váter en la otra.

Había un sinfín de vallas publicitarias: Pepsi, Benson and Hedges, Daewoo, Fideos al instante Indomie, Conduzca con cuidado, Combata el abuso infantil. Todos los olores se fundían en uno; piel sudada y gases, y hacía un calor que te iba haciendo fruncir más y más el ceño hasta que presenciabas algo que te hacía sonreír: un taxista haciendo comentarios morbosos, la gente insultándose a base de bien; muybienseñores, nuestros panegiristas urbanos o mendigos boderline, que alababan a cualquiera por dinero. ¡Jefe! ¡Profesor! ¡Excelencia!.

Era una ciudad difícil de amar; un pandemónium del comercio. El comercio florecía en cada minúsculo rincón de las calles; en las tiendas; en las cabezas de los ambulantes; hasta en los suburbios, donde los hogares se convertían en casas de finanzas o salones de peluquería, según las necesidades. El resultado final eran montones de basura en la calle, en las alcantarillas abiertas y en los mercados, que rendían tributo tanto a la suciedad como al comercio. Mi hora favorita era por la mañana temprano, antes de que la gente invadiera las calles, cuando el aire estaba fresco y sólo se oía la llamada de la mezquita principal: Allahu Akhbar, Allahu Akhbar. Aquellos cánticos en los momentos de mayor silencio en la ciudad tenían mucho sentido.

Todo lo bueno llegará– Sefi Atta, págs 105-106-107

 

Etiopía 1962, vista por Mandela

Addis Abeba (Etiopía)

El CNA (African National Congress – Congreso Nacional Africano) fue invitado por el Movimiento Panafricano de Liberación para el África Oriental, Central y Meridional, a asistir a una conferencia en Addis Abeba, en febrero de 1962. Estas fueron las impresiones de Nelson Mandela, recogidas en su libro Long way to freedom: the Autobiography of Nelson Mandela” / “El largo camino hacia la libertad: la autobiografía de Nelson Mandela, 1994. Editorial El País-Aguilar, 1995. pág.304-305.

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Cuando Kapuscinsky habló de Lalibela

Lalibela  1975, Etiopía

jlinopina.blogspot.com

tmagazine.com

Finalmente, Lalibela. Es una de las ocho maravillas del mundo. Y si no lo es, debería serlo. Sin embargo, resulta difícil de ver. En la estación de las lluvias no se puede acceder por ninguna parte. En la seca, tampoco es fácil llegar. Se puede intentar en avión cuando lo hay. “Ébano 1998, Ryszard Kapuscinsky. Editorial Anagrama (2009) pág,147

Timkat Festival, Lalibela, Ethiopia (celebrating the baptism of Christ in the Orthodox Church)

Fiesta del Timkat. Lalibela

Porque he aquí lo que he visto: estaba de pie en un lugar desde el cual, abajo, se veía una iglesia excavada en la roca. La iglesia en cuestión es una mole de tres pisos recortada en el interior de una gran montaña. Y más adelante, en la misma montaña, e invisible desde el exterior, hay una segunda iglesia, y una tercera… Once iglesias enormes. Este prodigio arquitectónico lo construyó en el siglo XII el rey ahmara San Lalibela, y los ahmaras eran (y son) cristianos de rito oriental. Las construyó en el interior de la montaña para que los musulmanes que invadían aquellas tierras no pudiesen verlas desde lejos. Y aun así las veían, como las iglesias formaban parte integrante de la montaña, los musulmanes tampoco habrían podido destruirlas; ni siquiera tocarlas. “Ébano” 1998, Ryszard Kapuscinsky. Editorial Anagrama (2009) pág,147

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Ay, Harare

Harare, Zimbabue

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Ay, Harare. Su enigmática manera de vivir sin residencia fija, de vivir en unos bloques de pisos caros, pero anónimos y tristes. Una sociedad que ya no vivía de tiempo prestado, como en el pasado, pero sí de dinero prestado, de un plan de financiación, del mercado negro y de los escasos anticipos que sacaban con mucho trabajo del puño apretado del empresario. Harare, donde un grito en la noche era una señal para bajar las persianas; no es asunto mío quién asesina a quién.La casa del hambre 1978, Dambudzo Marechera. Sajalín editores (2014) pág,177 Leer Más

El Accra de Taiye Selasi

Accra, Ghana

African women old school, wearing traditional kente (Accra -Ghana). A través de Thembeka Mqadi

Kehinde va sentado de cara a la ventanilla, dándole la espalda a Taiwo, contemplando la carretera que los ha llevado desde el aeropuerto hasta Accra, algo distinta de lo que había esperado, no como Mali ni como Lagos: menos glamour, más orden. Un polvoriento barrio residencial. Las cosas habituales y típicas de África: los vendedores ambulantes a pie de carretera, los edificios del mismo tono arenoso que el aire y el follaje, las telas estampadas en tonos vivos, los solares en eterna construcción (bloques de pisos, hoteles) que prestan al conjunto un aire de casa inacabada, siempre a medio hacer, como si los operarios se hubiesen ido a comer mientras la reciente capa de pintura empieza a desconcharse y decolorarse bajo el sol, como si en realidad nunca hubiese importado de qué color la pintaban, y los bloques de hormigón se apilan unos sobre otros, como soldados a la espera de órdenes, y la maquinaria de acero adormecida interrumpe el verde. Todo le resulta familiar. Lejos de Ghana 2013, Taiye Selasi. Editorial Salamandra (2014) pág,233

Lo que le extraña es el movimiento, ni letárgico ni frenético, sino un tipo de ritmo intermedio, sin rastro de la ancestralidad de Mali ni la ambición de Nigeria, sino tan sólo un constante fluir hacia algo que él ignora. Hay los mismos grandes letreros verdes de autopista que se ven por todo el mundo, prueba indiscutible de “desarrollo”, tal como ha oído usar la palabra, como si desarrollar un país equivaliera a convertirlo en un remedo de California: supermercados, todoterrenos familiares, palmeras, contaminación y demás. Niños con camisetas que exhiben enormes retratos de estrellas de rap se acercan correteando al taxi para pregonar su mercancía: manzanas importadas y meticulosamente alineadas, gomas de mascar PK, plátanos, diarios, esponjas de exfoliar, cerillas. Importados de China, de Sudáfrica, los productos llaman la atención por sus alegres colores primarios; hechos de plástico, por dentro y por fuera, una profusión de plástico y celofán y envoltorios, como si nada les gustara más a los pobres que las baratijas envueltas como regalos. Lejos de Ghana 2013, Taiye Selasi. Editorial Salamandra (2014) pág,233

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‘Hope City’ IT hub se planea construir cerca de Ghana. Será el edificio más alto del continente. Foto: Bill Zimermman

Argel, Argelia

Argel, Argelia

Me presenta Argel con gesto folclórico:

-Mire usted esta ciudad. Se está derrumbando de pura insignificancia. Impersonal, anónima, plebeya. Parece una maqueta carcomida. Sin embargo, el cielo que hay encima de ella no tiene igual. Su sol es orgasmo. Idilio su noche.Doble blanco 1997, Yasmina Khadra. Ediciones Zoela (2001) pág. 17

El sol se complica la existencia corriendo tras la estela del Maqam. Le encantaría flirtear con las nubes, pero teme que lo tomen por un pato salvaje. El cielo despliega su azulada tiritera sobre la bahía estremecida. Argel arrulla su pena como lo haría un vagabundo con su botella de vino peleón. Acurrucada sobre sí misma, se esfuerza en contener sus sobresaltos para no estallar. Doble blanco 1997, Yasmina Khadra. Ediciones Zoela (2001) pág. 35

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Fotografía del Blog de Daniel Chiarenza

Casbah, Old Algiers National Geographic August 1973 Thomas J Abercrombie

National Geographic 1973-Thomas J Abercrombie

Hay ciudades que parecen surgidas de la noche de los tiempos. Sus glorias son letra muerta. Sus historias divagan. Sólo están ahí para atormentar a las conciencias. A veces museo precintado, a veces musa amordazada, el Sol les pone mala cara, y cuando es de día, lo que se discierne es una noche en blanco. 

La Casbah no se remonta tan lejos en los tiempos, pero toma de la noche sus dramas y sus fantasmas (…)

Aquí, en esta inextricable telaraña, la renuncia fermenta como una masa envenenada que crece incesante. La gente ha dejado de esperar. Tiene los pies en el purgatorio, la cabeza en el limbo, y sus oraciones se prolongan en imprecaciones. Las pintadas en las paredes parecen epitafios. Los adoquines hinchan de cardenales la calzada en desgracia. Las puertas cocheras segregan su penumbra hasta en las mentalidades.

Vertedero de todos los infortunios, la Casbah vive asediada por sus epopeyas, al igual que la viuda por los amores de su esposo crucificado cuyos hijos martirizan su memoria por las esquinas.  Doble blanco” 1997, Yasmina Khadra. Ediciones Zoela (2001) pág. 39

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Abajo, la ciudad no acaba de remendar sus caserones familiares. Parece, entre la bruma canicular, una enorme obra. Más allá de la carretera del aeropuerto, el Mediterráneo se solaza, dejándose inspirar por sus chapoteos. Mar adentro, los barcos se entretienen con sus anclas como si fueran anzuelos. Al parecer, así se arman de paciencia.  Doble blanco” 1997, Yasmina Khadra. Ediciones Zoela (2001) pág. 93

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Por la carretera donde espejea el sol, he visto a felahs deslomándose en sus campos, a camioneros abrazados a su volante, a mujeres esperando un autobús olvidadizo, a niños correteando hacia su colegio, a ociosos meditabundos en las terrazas de los cafetines, a ancianos amojamándose al pie de los vallados. En su rostro, no obstante el peso de las incertidumbres y la negrura del drama nacional, he atisbado una especie de seneridad admirable-la fe de un pueblo bonachón, generoso hasta regalar su última camisa, tan humilde que suscita el desprecio de los que no han entendido en absoluto las profecíasDoble blanco” 1997, Yasmina Khadra. Ediciones Zoela (2001) pág. 72

Lagos vista por Chris Abani: medio suburbio, medio paraíso

Lagos, Nigeria

Lagos​ (en yoruba, Èkó) es una ciudad portuaria ubicada en las costas de Nigeria, fue su capital hasta 1976.

Las citas están sacadas del libro Graceland de Chris Abani. Editorial Baile del Sol (2013). Traducción: Alicia Moreno Delgado

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La Bamako de Moussa Konaté

Bamako, Mali

Bamako o Bámako es la capital de Malí, se encuentra a orillas del río Níger en el sudoeste del país.

Las citas están sacadas del libro de Moussa Konaté El asesino de Banconi. Editorial Almuzara (2008).

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Tánger vista por Mohamed Chukri

Tánger, Marruecos

Cafe casino-Tánger, 1912.

Cafe casino-Tánger, 1912.

Tánger, ¿un mito? Cierto es innegable, pero ¿para quién? Tánger ¿un paraíso perdido? Si, porque existen todavía testigos de su antigua prosperidad, pero ¿para quién? ¿El encanto irresistible e indomable de Tánger? No deja de ser cierto, pero, repito ¿para quién?.

Son muchos los que han hablado o han escrito sobre la ciudad basándose únicamente en quimeras, en pasiones y placeres, en fantasías. Para todos ellos, así como para los que llegaron movidos por las ganas de descansar, o de olvidar sus desgracias, Tánger no resultó ser más que un burdel, una hermosa playa o un confortable sanatorio.

Paul Bowles, el recluso de Tánger“(Paul Bowles wa´uzlatu tanya) 1996, Mohamed Chukri. Editorial Cabaret Voltaire (2012) págs.23-24

Truman Capote, Jane y Paul Bowles en Tánger. 1949.

Truman Capote, Jane y Paul Bowles en Tánger. 1949.

Éste es el Tánger que siempre ha desafiado a historiadores e investigadores que se afanaron en buscar su origen. Según cuenta la leyenda tangerina, la ciudad surgió del diluvio. Una paloma fue enviada para explorar tierra firme y , a su regreso, Noé gritó: “Tin Ya”. En Tánger se cruzan historias y leyendas sobre su pasado, pero es una ciudad que nunca dará a conocer su eterno secreto, porque guarda su ilimitada memoria con un silencio enigmático, con un silencio embriagador y lleno de sabiduría. Milan Kundera pudo haberse referido a este enigma cuando afirmó que “la lucha del ser en la vida es la lucha del recuerdo contra el olvido”.

Paul Bowles, el recluso de Tánger“(Paul Bowles wa´uzlatu tanya) 1996, Mohamed Chukri. Editorial Cabaret Voltaire (2012) pág.27

El viejo italiano nos regaló media botella de vino. Le dimos las gracias y pensé: “Igual el vino de esta botella ha perdido también su sabor”.

-Como ven-nos dijo-, ya no queda nada por aquí. El negocio ha muerto. Hace veinte años, había siempre cinco o seis personas esperando su turno para entrar. Ahora apenas entran tres o cuatro clientes al día. A veces ni siquiera eso.

Nosotros también éramos conscientes de que hubo una época dorada, pero de poco servía hablar de ello: aquel pasado glorioso nunca volverá.

Jean Genet en Tánger“(Jean Genet fi tanya) 1992, Mohamed Chukri. Editorial Cabaret Voltaire (2013) pág.86.

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