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Entradas de la Categoría ‘Selasi, Taiye’

Sobre cubiertas: a veces lo único que se lee de un libro

A raíz de un artículo que ha aparecido en el blog “Africa is a country“, y que me ha llegado por Twitter, vía Afribuku (@afribuku), en el cual aparecía una recopilación de cubiertas de libros provenientes del continente africano en los que los estereotipos y tópicos abundaban, me he decidido a comenzar mi propia colección. A menudo, las portadas de los libros suelen ser sugerentes, brillantes y atrayentes, otras veces no tanto.

Si echáis un vistazo a las portadas del primer grupo (en el artículo de “Africa is a country”) veréis que giran en torno a un árbol (una acacia, independientemente del lugar sobre el que hable la novela) y un cielo naranja. Parecen diseñadas, como sostienen desde el mencionado blog, por alguien que tiene la imagen de un continente africano como si fuera el paisaje natural de la película “El rey León” de Disney.

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Hace tiempo me topé con la misma portada en dos libros de temática muy diferente, pero ambos provenientes del continente africano. Se trataba de la cubierta de “La traductora” de la sudanesa Leila Aboulela y la de “Más allá del horizonte” de la ghanesa Amma Darko. La fotografía utilizada es obra de Kishin Shiyonama y su titulo es “La morena Lily” (1968).

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Una rápida búsqueda por los títulos publicados por Leila Aboulela, nos ofrece diferentes versiones del velo en sus cubiertas.

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En el caso de la ópera prima de la afropolita Taiye Selasi la cuestión se da en torno al título de la obra y no tanto en cuanto a la imagen utilizada para su difusión. El original “Ghana must gose refiere a las bolsas sencillas, con estampado a cuadros, que se popularizaron en 1983 en Nigeria, cuando el gobierno forzó a miles de refugiados ghaneses a abandonar el país. En ellas los emigrantes metían lo imprescindible para realizar el viaje. Supongo que es difícil lograr una buena traducción (“Los ghaneses deben irse” no parece un título muy atractivo) por lo que su traducción en diversos países ha variado. Desde “El Periódico” nos ponen tres ejemplos, entre los que creo que la versión castellana es la más acertada: “La bellezza delle cose fragili” [italiano] (La belleza de las cosas frágiles) y “‘Diese Dinge geschehen nicht einfach so” [alemán] (Esas cosas no pasan así como así). Las dos primeras portadas son semejantes, la tercera es más rotunda y directa.

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“El cambio del título en los diferentes idiomas ha sido algo interesante de observar”, reconoce la autora. “Y ha sido especialmente interesante el caso de aquellos países en los que no han querido poner la palabra Ghana en el título porque inclinaría al lector a pensar que es una novela sobre África, es decir, sobre pobreza, hambre, guerra o safaris. Es triste, la verdad”. [Fuente: El Periódico-Manuel López -Ligero]

Lo que quiere decir Selasi, si no lo entiendo mal, es que un título con la palabra Ghana induciría a pensar que el libro es sobre África en global (?)… pero la idea que se tiene del continente es tan mala, cliché y estereotipada, que prefieren omitir el dato. En LitERaFRicA abundan los ejemplos de lo contrario.

Para que luego digan que solo leyendo la portada no se aprenden cosas.

Lejos de Ghana- Taiye Selasi

lejos de ghana

A menudo me pregunto si el libro que tengo entre las manos lo habría llegado a leer de no ser por el “contexto”. Es decir, por el eco de críticas, elogios y reportajes que ha producido su publicación. Hace mucho tiempo, leí a un autor decir que a los libros se debería llegar sin nombres en las cubiertas. Una idea que ahonda en el bombo que se le da a ciertos títulos, algunos incluso sin haberse terminado de redactar, y que deciden tendencias, lecturas y ventas. Sobre esto hay mucho para hablar (lo haré). Con Lejos de Ghana (uno de los debut más publicitados de los últimos tiempos) también me ha pasado. Me explico; no he llegado a la novela con la mente en blanco, sin ideas previas ni imágenes probables sobre ella. No. Ya sabía quién era la autora, incluso había indagado un poco en su pensamiento al dar a luz ese término extraño que es el “afropolitanismo” y que tanto ha dado y dará que hablar. Lo difícil ha sido desembarazarme de todo ese ruido y dejarme llevar por la novela, por la historia, que es lo importante.

Por eso voy a realizar un nuevo ejercicio con este comentario, haré dos en lugar de uno: el primero, tratando el libro como una lectura sin referentes, ya que como la misma Tayie Selasie plantea: “Ojalá pensáramos en las novelas sin tener en cuenta el país o el continente de sus autores; que pensáramos solo en los mundos y los personajes que encierran” [1] y el segundo hablando sobre el mismo desde el conocimiento de lo investigado.

Lejos de Ghana, historia de una familia

Bolsa “Ghana must go”. Foto: http://www.alamodewearhouse.com

La novela se inicia con una muerte en solitario: la de Kwaku Sai, un reputado cirujano ghanés que emigró a América y luego regresó a su país de origen, en el que  construyó una casa que él mismo había diseñado y que nadie en Ghana quería llevar a la realidad. Kwaku va evocando trozos de su vida: el recuerdo de su primera mujer, su único amor y madre de sus hijos (Fola), el nacimiento de los mismos, y su ascenso y caída como cirujano. De forma fragmentada y difusa, se va contado la historia de una familia, de la que, a menudo, no tendremos datos suficientes para entender sus acciones y/o omisiones. Podríamos decir que se trata de una novela sobre el exilio, pero no.

El padre es un ser brillante y cobarde que no quiere afrontar la realidad, lo que provoca su infelicidad y por extensión la de los que le rodean. Porque ante un desgraciado devenir en su carrera profesional tomará una decisión de “huida”. Esa clase de decisiones que son irremediables y que producen ondas sísmicas alrededor. Los detalles, tan importantes en una vida: ese abrazo que no se dio, esa palabra que no se dijo. La postura de una madre que quiere lo mejor para sus hijos, pero que descubrirá el terrible lugar al que les envió. Ondas que envolverán las vidas de sus hijos, las de Kehinde y Taiwo, los mellizos, cuya belleza eclipsa todo lo demás. La vida serena y confortable de  Olu, el recto y solidario primogénito, o la de la acomplejada hija menor, Said. El momento en el que se toma un camino en la dichosa bifurcación, por miedo esta vez (¡qué paradoja¡ precisamente a perder el amor) y por el que ya no hay marcha atrás.

Una de las cosas que más llama la atención de la novela es la aparición de la belleza a cada momento. Bien sea la de la exuberante y verde Ghana o la de las personas. Sobre todo la de estas últimas. Porque Selasi parece decidida a hacer saber el precio que se paga por ser demasiado bella; como en el caso de Taiwo (¿su alter ego?), o por la absoluta carencia de la misma; como es el caso de la pequeña de la saga, Said: “invisible.No hermosa”.

‘Ghana must go’ (“Los ghaneses deben marcharse”) es como llaman en el oeste de África a una bolsa barata hecha de nilón o plástico resistente con estampado de cuadros, con la que el exiliado, el emigrante, almacena en ellas lo imprescindible para emprender su viaje. La expresión se popularizó en Nigeria en 1983, cuando el Gobierno forzó a miles de refugiados ghaneses a abandonar el país y da título (en el inglés original) a la novela de Taiye Selasi. Se tuvieron que marchar, como el protagonista de la novela, porque en Ghana, por ejemplo, en  mitad de una operación quirúrgica se apaga de pronto la luz y no se puede continuar. Y en algún momento tuvieron la necesidad de volver.

Selasie construye una novela que se convierte, a ratos, en un bucle que se envuelve en la propia escritura, como si tomara una idea y girara sobre la misma recreándose, re-escribiéndola. Sus personajes toman decisiones que pueden parecer poco creíbles u opacas, aunque se sigue hasta el final con atención, atrapados por unos personajes infelices en búsqueda de algo que jamás regresará. La incomunicación, en definitiva. La sensación de pérdida y la necesidad de encontrar un lugar al que llamar “casa”, bien sea un edificio, o el vientre de una madre sobre el que reposar. Lejos de Ghana habla de las experiencias brutales de la infancia perdida, que lleva a las personas a convertirse en islas de mayores, incapaces de amar.

Se paseaba por las casas de sus compañeros con una dolorosa sensación de anhelo, la necesidad de formar parte de un linaje, de sentir que descendía de una serie de rostros enmarcados. Que su familia careciera de antepasados era inquietante. Parecía sugerir que todo en ellos era fingido, falso. (pág. 277)

Lejos de Ghana, la narrativa africana en un mundo globalizado

Taiye Selasi

Foto: kalamu.com

Taiye Selasi impone en las fotografías por su físico exuberante, elegante, y que transmite seguridad en si misma. En 2005 había escrito un ensayo  titulado: ByeBye Barbar or What is an Afropolitan? acuñando un nuevo concepto el “afropolitanismo“ que no ha dejado de provocar críticas y contra-críticas. Selasi cuenta además con el amadrinamiento de la Nobel Toni Morrison, los elogios de Salman Rushdie y el trabajo de su agente Andrew Wylie, alias El Chacal. La persigue su estela de mujer cosmopolita (ha estudiado en Oxford y Yale, ha nacido en Londres, de padre ghanés y madre nigeriana, ha vivido en Nueva York y en Roma) y sofisticada (los y las afropolitas son jóvenes africanos políglotas, con estudios superiores y un buen nivel económico).

Lejos de Ghana, con tintes autobiográficos, propone un amalgama de culturas, desde la nigeriana y ghanesa hasta la americana. Todo aparece mezclado, sin que los protagonistas sientan necesidad de identificarse con ninguna de ellas. Son seres “despoblados” en este sentido. No tienen raíces en ninguna parte e incluso el engarce familiar se les ha roto. Quizás el único “lugar” al que podrían llamar “origen”. Son, eso que Selasie llama afropolitano, como ella misma: “mi hogar está donde está mi portátil”.

Selasie, de todos modos, carga también contra los afropolitas, “Ling y Olu haciendo el bien en climas cálidos, dos robots programados para sacar títulos universitarios, para obtener becas, androides dedicados a hacer el bien, la viva imagen de la perfección, de la perfección a la que aspiraban los nuevos inmigrantes, de la cobardía recompensada” (pág.146) y deja claro que estas personas no buscan una identidad.

Taiwo, una de las hijas de Kwaku Saia y Fola vive en Boston, y en un momento dado mirando las casas de su barrio, piensa “que la gente que vive en ellas está en su hogar. Y ella no. Ella también tiene una casa, pero no un hogar”. El desarraigo de los inmigrantes de primera o segunda generación, que no se sienten como “del lugar” a pesar de hacer sus vidas allí. Lo mismo que piensa la propia Fola, “En esta casa o en otra, con este pasaporte u otro, en Baltimore, Lagos, Boston, Acra, con ropa cara o de segunda mano, florista o abogada, viva o muerta, en el fondo tanto daba. Si uno podía morir sin identidad, disociado de todo contexto, entonces también podía vivir del mismo modo” (pág.125).

Sin embargo, al final del libro Selasie pone en boca de Fola esta reflexión “¿no podíamos haber aprendido, aprendido a no marcharnos? (…) Aprendimos a querer. Que ellos aprendan a quedarse” (pág.343).

Vives toda la vida en este mundo, en estos mundos, y sabes lo que piensan de ti, sabes lo que ven. Dices que eres africano y acto seguido tratas de excusarte, de explicar “pero soy listo”. Sin que ello implique nngún juicio de valor, simplemente lo sientes así. Dices “Asia, la antigua China, la antigua India” y todo el mundo piensa “ooh, la sabiduría ancestral de Oriente”. Dices “la antigua África” y todo el mundo piensa “irrelevante”. Polvorienta e irrelevante. Condenada. A nadie le importa una mierda. Quieres que te vean como algo valioso, no irrelevante, polvoriento y atrasado, ¿entiendes? (pág.331)

Ficha:

  • Título original:  Ghana must go (2013)
  • Idioma: Original: Inglés
  • Traducción al castellano: Ediciones Salamandra (2014)
  • Traductora: Rita da Costa
  • Imagen de portada:  Shutterstock / Elsa Suárez Girard
  • Nº páginas: 348

Ghana Must Go

Afropolitanismo, ¿el riesgo de caer en la historia única?

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Desde que en 2005 Taiye Selasie escribiera un artículo titulado: ByeBye Barbar or What is an Afropolitan? acuñando un nuevo concepto el “afropolitanismo“, las opiniones en torno al mismo no han dejado de aflorar. Los afropolitanos son, según Selasie, la nueva generación de emigrantes africanos (conocidos por una) mezcla divertida de la moda de Londres, la jerga de New York, la ética de África y los éxitos académicos.

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Foto perfil Twitter Taiye Selasie

Se trataba de un intento de lidiar con el controvertido tema de las identidades, donde los escritores/as que han nacido fuera de África tienen dificultades para encuadrarse dentro de uno u otro grupo. Ella misma lleva dentro un extenso tapiz de nacionalidades y culturas: su madre es yoruba (Nigeria) y su padre procede de Ghana, nació en Londres, creció en Boston y ha vivido, de momento, en New York, Roma y Delhi.

Escritores como Teju Cole, Dinaw MengestuChika Unigwe pueden encajar bajo el paraguas del “afropolitanismo”. Sin embargo, el término ha levantado muchas ampollas y ha dado inicio a un interesante debate.

Lost in transnation

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accradotalttours.wordpress.com

Mantse Arqueequaye (de Accra[dot]Alt, una página cultural que desde Ghana ofrece un lugar para los artistas emergentes) sugiere que “la joven generación de africanos hoy en día está mucho más expuesta a las ideas de la globalización debido a su fácil acceso a internet. Con la disponibilidad de herramientas de medios sociales a su alcance, esta generación es mucho más consciente de la cultura y se moviliza más rápidamente para el logro de las metas filantrópicas y de desarrollo comunitario, como ejemplo menciona que en el verano de 2013 Accra [dot] Alt organizó su segundo festival anual de las artes de calle llamado el “Chale Wote festival de las artes de calle” con un gran éxito de participación gracias a Twitter y Facebook. Agrega que “aunque la tradición se debe preservar, la cultura no es estática. La tradición puede ser definida como la cultura antigua. Sin embargo, hacemos nueva cultura cotidiana. Esto se puede ver en la popularidad del azonto y en el, siempre cambiante, pidgin. Aparte de la preservación de la tradición, es esencial para examinar y dar valor a la cultura popular también. En cuanto al desarrollo de la cultura afropolitana, en su opinión, puede ser simplemente fruto de la globalización, y puede sucumbir de igual modo que esta.” [1]

Una África sin africanos

mg_0546_large-003A partir de una afirmación que realizó Binyavanga Wainaina en una conferencia en 2012: “Soy pan-africano, no afro-politano”, ha habido otras voces que han criticado, como lo hace el escritor keniata, que el afropolitanismo se ha convertido en una mercantilización de la cultura -un fenómeno que cada vez más “apoya el producto”, el diseño, y está “financiado por Occidente.” [2]. Es cierto que como ocurre con todo fenómeno nuevo, revistas, diseñadores y ejecutivos de negocios han aprovechado el término para rentabilizarlo. Hay incluso una tienda afropolitana, que cuenta con una multitud de productos de diseñadores africanos y partiendo del principio “Trade not aid”, define el “afropolitanismo” como “una sensibilidad, una cultura y una visión del mundo “[3].

En el fondo lo que subyace es el miedo a que una “nueva historia única” se imponga. Como consecuencia de una reseña en el periódico “The Guardian” del escritor Helón Habila en el que hablaba del libro de NoViolet Bulawayo “We need new names” en estos término: en su libro hay una ansiedad palpable por cubrir todos los temas “africanos” (se refiere a que aparecen temas como, los niños de la calle o la violencia política), el también escritor Brian Bwesigye lee le ha contestado esta vez en “This is Africa” con otro artículo titulado: Is Afropolitanism Africa’s New Single Story?. Bwesigye tomando como referencia la charla para TED de Chimamanda Ngozie Adichie argumenta que como señalaba la escritora existe el problema de caer en la historia única de nuevo.

Para Bwesigye el mensaje de Habila al escritor africano es bastante claro, le está diciendo: no escriba sobre las personas que viven en el continente africano, no escriba sobre los temas que les afectan al continente, sobre todo si son políticos. En el mundo de Habila y el “afropolitanismo” en general, sólo hay espacio para las historias sobre África en el mundo, donde el mundo es Occidente…En definitiva, lo que se consigue con el “afropolitanismo” es de nuevo volver a tener una historia única: no se combate una sola historia sustituyéndola por otra, se necesita una multiplicidad de historias, concluye.

Otras voces se han posicionado sobre el tema como Marta Tveit, quien haciendo un ingenioso juego de palabras con la novela de Selasie (“Ghana must go”) titula su crítica “The Afropolitan must go“, o Emma Dabiri que hace un recorrido del fenómeno en su artículo “Why I´m not an afropolitan“, con afirmaciones como esta: “parece más que el progreso de África se mide por el grado en que se puede reproducir un estilo de vida occidental, sin tener que estar físicamente en occidente”.

El término también se utiliza en el mundo del arte. Okwunodu Ogbechi argumenta en “Afropolitanism: Africa without Africans” el peligro que encierra que sean los artistas que trabajan y viven fuera del continente los que son tomados en cuenta, mientras los que permanecen y trabajan en África son ignorados. “El porcentaje de artistas africanos que viven y trabajan en occidente es muy minúsculo (menos de 0,0001%), pero ocupan el 99% del discurso del arte contemporáneo africano.”

En el fondo temen que el concepto origine, de nuevo, una “historia única” y se escuche como voz africana la de un puñado de privilegiados, creando una especie de África sin africanos.

Fuentes:

 

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