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Entradas de la Categoría ‘Soyinka, Wole’

¿Hablaremos de literatura sino-africana en un futuro?

Mahfuz

Mahfuz

La infancia de Jesús

La infancia de Jesús

Aké

Aké

Se habla mucho sobre la nueva influencia de China en el continente africano. Hay libros de periodistas que han investigado sobre terreno y suelen aparecer artículos de vez en cuando sobre el tema que van perfilando aún más la relación sino-africana. Sin embargo, apenas hay lecturas que nos descubran cuál está siendo la influencia (mutua) a nivel cultural.

A finales del año pasado quise indagar un poco en este tema y tras (re)leer varios libros surgió China y África: 3 libros sobre una relación muy actual. Buscaba en ellos un análisis a nivel socio-político y económico, y también cultural. Pero los tres libros comentados adolecían de un análisis sobre este último aspecto. Sin embargo, sí encontré datos y artículos de interés que criticaban, opinaban, o simplemente informaban sobre la influencia cultural.

En 2014 se dio en la Universidad de Pekín la primera conferencia en China sobre literatura africana. En aquel momento se cifraba en 27.000 los africanos que se encontraban estudiando en universidades de aquel país. Sobre el número de chinos que hacían lo mismo en el continente africano, no había datos.

El magazine on line New African, en un artículo titulado “How China´s Confucius centres affect African culture (21/05/2015), hablaba sobre los Institutos Confucios que se están instaurando por todo el continente. El objetivo de los mismos es promover la lengua y la cultura chinas y dar apoyo a la enseñanza del chino en todo el mundo a través de los Institutos Confucios asociados. Dentro de África el primero de ellos es el que se fundó en Nairobi. En la actualidad el continente cuenta con 35 Institutos. La enseñanza de la lengua y la cultura china está apareciendo en toda África, incluyendo Egipto y Marruecos, en el norte, y Benin, Botswana, Camerún, Kenia, Nigeria o Ruanda.

Para “New African” el establecimiento de estos locales en lugares que ellos consideran estratégicos no es algo que se deba tomar a la ligera. En su opinión un continente como el africano, que ya sufrió un “soft power” en el pasado cuando al ser colonizados se establecieron allí institutos de enseñanza inglesa o francesa, tiene que ver como una amenaza para las lenguas africanas este interés chino.

Todo se desmorona-Chinese

Todo se desmorona

Alá no está obligado

Alá no está obligado

Desgracia

Desgracia

Lo cierto es que desde el país asiático también se ha mostrado un interés cultural por África, más en concreto por la literatura africana. “Paper Republic” es un foro de traductores ingleses que comenzaron en 2007 a traducir a autores chinos para darles mayor difusión. En uno de sus artículos recogen que la edad de oro de la traducción de autores africanos al chino se produjo en la década de los 80, con títulos de autores tan reconocidos como Achebe, Soyinka, James Ngugi, Leopold Sengor o Mouland Mammeri, entre otros.

En el siglo XXI también se han publicados las novedades de los autores africanos, pero rara es la ocasión en la que estos títulos han sido traducidos al chino. Así se han publicado los relatos de los ganadores del “Caine Prize for African Writing” o a autores como Leila Aboulela, Binyavanga Wainaina, Laila Lalami, Chika Unigwe o Chimamanda Ngozi Adichie.

En relación al norte de África, en el artículo Arabic Literary Translations in China: A Brief History, se da un exhaustivo listado de los títulos que han sido traducidos desde el árabe. Como nota curiosa destaco el hecho de que ninguno de los traductores ha sido árabe, todos son chinos, y también la preferencia por los títulos de literatura moderna frente a los más clásicos, entre los que destacan las obras de Najīb Maḥfūẓ o de Ṭayyb Ṣāliḥ.

The cover for the Chinese edition of my novella Binti (SF World Mag). Illustration by Liu Junwei.

The cover for the Chinese edition of my novella Binti (SF World Mag). Illustration by Liu Junwei.

Esta misma semana nos enterábamos de que a Nnedi Okorafor le concedían el  “premio Hugo” en el apartado de mejor novela corta de ciencia ficción por Binti y la autora mostraba en su perfil de Twitter el impresionante trabajo realizado por la ilustradora Liu Junwei para la versión china del libro.

En 2011 el libro más demandado de un autor africano en el país asiático fue Todo se desmorona de Chinua Achebe. Pero en tan solo 3 años Chimamanda Ngozi Adichie pasó a ser la más solicitada con su Half of a Yellow Sun (Medio sol amarillo). Sin embargo, la obra de Achebe fue traducida al chino (por primera vez en 1964) y la de Adichie se vende y se lee en su idioma original: el inglés.

Clima de miedo-Wole Soyinka

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El uso político del miedo para llevar a cabo medidas (reformas), que en condiciones normales serían rechazadas aprovechando la confusión y el estado de conmoción,  es el argumento del libro La doctrina del shock de Naomi Klein. El miedo aparece como elemento eficaz que noquea, aturde y logra aprovechar la ventaja para introducir decisiones tomadas con anterioridad y que en ese momento son lanzadas como única vía posible, el final de un tunel.

El clima de miedo es uno de los ambientes más propicio para conseguir que se tomen medidas de urgencia, apremiantes, que se aceptan sin apenas oposición. Pero el miedo tiene muchas otras facetas, también las que logran desposeer al hombre de su dignidad, Wole Soyinka consciente de la importancia del miedo reflexiona sobre sus cambiantes máscaras y su naturaleza.

En el prefacio de Clima de miedo escrito en 2004 Soyinka nos habla de la escalada de inhumanidad que se ha venido produciendo tras los atentados del 11-S a los que siguieron las noticias de los malos tratos, abusos y torturas de prisioneros iraquíes, “con un aumento aún más escalofriante del horror, cuando un rehén fue ofrecido al mundo como cordero sacrifical” que presentado de manera orquestada dejó “atrás la incontinencia de los reservistas del Ejército de Estados Unidos por su barbarie”. Al leer lo anterior parece que no ha pasado el tiempo; nos habla de una realidad de hoy mismo, 2014, cuando los vídeos difundidos por ISIS repiten idéntico patrón. Seguimos inmersos en el mismo magma, el que se construye desde la amenaza global del terrorismo. El 11-S nos trajo una nueva forma de miedo: la que surge de la convicción de que “no hay inocentes”, que a cualquiera le puede tocar. La terrible “democratización del miedo”.

El libro recoge las cinco conferencias que pronunció en el Ciclo de Conferencias Reith y que tratan el tema del miedo desde diversos prismas. Si en un principio se focalizaba en las dictaduras, después fue suplantado por el de la catástrofe nuclear, para pasar a ser producido por algo no concretado, una amenaza constante, a través de los ataques terroristas (y de los “cuasi-estados”).

Una máscara cambiante de miedo” hace asomar su preocupación principal en aquel tiempo (años 60), “que era el destino de las artes-y de los artistas-bajo el creciente comercio de la dictadura y la gobernación por medio de una dieta forzosa de miedo, sobre todo en el continente africano, lo que en el habla común se denominaba ‘la llamada a medianoche’”. Se refiere a las detenciones arbitrarias, torturas, detenciones que se sufrían una y otra vez y que ilustra con el triste destino del escritor y activista Ken Saro-Wiwa y de ocho de sus compañeros después de un proceso irregular y arbitrario que terminó en la horca. Extendiendo ese “clima de miedo” de los 70-80 a América latina, Irán, Sudáfrica o la Alemania Oriental que le lleva a preguntarse “¿cómo sobrevivió el Arte en un clima de miedo?”. Para después, distinguir entre las diferentes graduaciones del miedo: desde el que viene dado por las condiciones de la naturaleza o el que surge por la fuerza que ejerce un ser humano sobre otro. Y concluye parcialmente que “el ataque contra la dignidad humana es uno de los objetivos principales del miedo”, idea en la que ahondará más adelante.

Del poder y la libertad” es el texto más largo del libro. Yendo más allá de la idea de poder como “demostración de fuerza”, comienza con la dificultad de definir a los “cuasi-estados”, “ese ente escurridizo que puede abarcar todo el espectro de ideologías y religiones, que lucha por el poder pero no es definido por límites físicos como los que identifican al Estado soberano”. A lo largo del libro, Soyinka irá poniendo ejemplos. En este caso, habla de la guerra de liberación de Argelia y de lo que supuso para África sub-sahariana (“merece con mucho, que se la considere la más brutal de las guerras de liberación africana”), y compara dos momentos clave: las elecciones celebradas en 1992 en Argelia y las celebradas un año después en Nigeria, cuando ambas daban a entender que por primera vez un partido político reconocido iba a ganar una elecciones.”En aquel momento, sin embargo, el proceso fue truncado por los militares sólo porque no les gustaban las caras de los ganadores.” El dilema que se planteaba era que en el caso argelino, la opción ganadora quería derogar la propia democracia. El resultado (ante la amenaza de un FIS que usaba la escalera de la democracia para llegar al poder y después retirarla) en el caso de Argelia ha sido la muerte de miles de personas, en una pelea en la que “El Estado y el cuasi – estado se hallan enzarzados en una lucha a muerte que se caracteriza por el abandono total de los últimos vestigios de las normas de la sociedad civilizada”.

A la voluntad de conquistar el territorio, lo físico, Soyinka añade una nueva faceta del poder: el anhelo de dominar, su ansia de poder sobre millones de seres humanos. Así, se pregunta ¿qué es el poder? que ya comenzó a contestar hablando de los dictadores africanos, americanos o europeos, ya se llamen Mobutu, Pinochet o Milosevic, para concluir parcialmente que “el poder, es paradójicamente, el pantanal primordial del miedo, del cual emerge el precipitado de la respuesta neurótica del hombre a la mortalidad.”

En una “Retórica que ata y ciega”, Soyinka pone el acento en el uso de la retórica tanto por líderes políticos como religiosos. Partiendo de su propia experiencia personal expone el siguiente ejemplo:

“Me encontraba en un exilio voluntario, terapia en la que me había embarcado para otra situación de retórica letal que había sacrificado a uno o dos millones de seres humanos en Nigeria bajo el mantra rítmico: Nuestra tarea es mantener la nación unidad. Nuestra guerra civil se acercaba a su fin en medio de un clima de euforia y, al salir de la cárcel, no estaba seguro de qué forma de histeria era la más irritante: el tono de patriotería nacionalista que me había rodeado antes de que me encerrasen- y que, para empezar, había hecho que la guerra fuese inevitable –o la presunción triunfalista apenas reprimida en la que me vi envuelto al recuperar la libertad. El éxito militar se equiparaba con una vindicación divina de la guerra.

En cambio, en el estado secesionista de Biafra, el mismo síndrome tuvo unos resultados más trágicos. Los jóvenes entraban en batalla armados sólo con fusiles de madera, cautivos de la misma retórica que todos los días les metían machaconamente en la cabeza: Ninguna potencia del continente africano puede someternos.”

También resalta el devastador poder retórico de la ugandesa Alice Lakwena y su Ejército del Señor, frente al cual personas de probada inteligencia declaraban que habían estado bajo un hechizo e incluso hacían uso de una explicación racional cuando se les hacía notar que entre ellos también había muertos, “eran aquellos cuya fe era más débil”.

En relación a la retórica religiosa, Soyinka lanza el interrogante siguiente: “¿qué es exactamente lo que transforma el mantra de un beatífico cántico de fe, tal como Allah akbar, en una convocatoria a una orgía de muerte?”. Para afirmar que “la culpa, por supuesto, no es de la religión, sino de los fanáticos de todas las religiones (…) la retórica de la religión se está convirtiendo en el método de matar más accesible en la actualidad.”

 “No hay paz posible sin dignidad

Soyinka retoma lo expuesto en el inicio del libro y vuelve a hablar de la dignidad, el anverso de la dominación y el poder. “Los yorubas tienen un dicho: Iku ya j´esin lo. Significa ‘Antes la muerte que la indignidad‘ “. El ambiente mundial de miedo debe mucho a la devaluación o negación de la dignidad en el cruce de caminos entre comunidades. Los muros de cemento que se yerguen en Palestina son un gesto de desdén hacia sus habitantes. Sobre sus propias experiencias Soyinka, una vez más, recuerda un incendio en California, una fuerza de la naturaleza que les dejó sin capacidad de acción, sí, pero a la que enfrenta la que se produce cuando es el propio hombre el principal factor de esa inacción. “No se trata de la muerte ni del sufrimiento” hay que responder frente a aquellos recordatorios que nos dicen que “al fin y al cabo, un terremoto o una inundación mata a más gente que incluso un año de conflicto en Liberia o Chechenia.” Cuando es la fuerza de la naturaleza la que actúa el ser humano no siente reducción de la autoestima, no padece indignidad. Ni humillación.

Del “Yo tengo razón; tú estás equivocado” al “Yo tengo razón; tú estás muerto”

El mundo parece que sigue inmerso en la misma espiral de antihumanismo imparable que ya hace diez años denunciaba, no sin pesimismo, el primer premio nobel de literatura africano. Al igual que Soyinka ayer, contemplamos “cómo nuestras predicciones más pesimistas son superadas una y otra vez por nuevos actos” y “uno está tentado de declarar sencillamente que el mundo ha entrado ahora en un estado irreversible de anomia general”.

El problema del siglo XXI es claramente el de la religión, afirma el escritor, cuyas cínicas manipulaciones “contribuyen en no poca medida al clima de miedo que comentamos.” (en este punto he de decir en otros lugares del libro Soyinka habla también del “sustrato material” que no hay que menospreciar). En Nigeria, Boko Haram desencadena una y otra vez oleadas terribles de violencia fundamentalista. Pero como él mismo afirma “pocos lugares del mundo se libran hoy de las depredaciones del fanático”.

¿Tenemos alguna lección que ofrecer al mundo desde ese mismo continente de una historia de desdén casi universal? Se me ocurre una. La imparto cada vez que se presenta una oportunidad. Las religiones africanas no proselitizan, pero permítanme romper una vez más esta tradición en aras de la buena causa de una búsqueda mundial de coexistencia armoniosa, y ofrecer al mundo una lección a partir de la espiritualidad africana, extraída específicamente de la religión del Orisa, el panteón de fe del pueblo yoruba. Esta religión, que continúa profesándose en Brasil y otras partes de América del Sur y el Caribe, nunca se ha embarcado en nada que equivaliera a la cruzada o la yihad a favor de su propia causa (…) su lema es tolerancia, la creencia de que hay muchos caminos para llegar a la verdad y la divinidad, y que no hay necesidad de incendiar el mundo para probar la supremacía de una creencia o la justicia de una causa. (pág. 146)

Cierra Soyinka recordando a dos escritores: Naguib Mahfouz que fue apuñalado por fanáticos islamistas por considerar su obra “como una blasfemia contra la religión musulmana” y la escritora Taslima Nasrin que tuvo que huir de su hogar en Bangladesh, debido a las reiteradas amenazas a su vida tras la publicación de su libro Vergüenza. “Si ciertos actos contra la humanidad parecen colocar a sus perpetradores más allá del diálogo, debemos seguir abrazando la interrogación, esto es, la autointerrogación. ¿De qué manera hemos contribuido a su vez a la creación de semejante situación?.”

Ficha:

  • Título original: The Climate of Fear (2004 )
  • Idioma: Original: Inglés. Publicado en origen por Profile Books Ltd.
  • Traducción al castellano: Editorial Tusquets (2006?)
  • Traductor: Jordi Beltrán Ferrer
  • Páginas: 151
  • La BBC tiene un especial con las conferencias de este libro, se pueden leer, escuchar, aquí.

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Wole Soyinka, un joven escritor de 80 años

La primera obra que escribió Wole Soyinka fue A Dance of the Forests (La danza de los bosques, 1963) y con ella marcó la declaración de independencia de Nigeria, conseguida en 1960.

En ella aparecían, en mi opinión, al menos, tres de los rasgos que iban a caracterizar su obra posterior; introducía las técnicas más vanguardistas con la cultura tradicional yoruba, realizaba una sátira sobre los problemas de una joven nación post-colonial corrupta y provocaba el enfado al destapar las miserias de una Nigeria a la que conminaba a no repetir los errores del pasado, y era un texto complejo y difícil de leer, mostrando las preocupaciones socio-políticas de un joven de veintinueve años, capaz de plasmarlas con profundidad y alcance.

“El hombre muere en todos los que callan ante la tiranía”

Desde el pasado año, Wole Soyinka ha aparecido en diversas ocasiones en los medios de comunicación, mostrando su carácter inconformista, crítico y comprometido, a la vez que demostrando que se trata de un personaje icónico vivo, espejo y reflejo de la fuerza y empuje de una letras africanas que, cada vez, tienen más presencia dentro y fuera de África. Sin embargo, él aparece como un intelectual más reconocido en su propia Nigeria natal por su activismo que por su obra.

Muchas han sido las ocasiones en el pasado en las que Soyinka no se ha callado; realizó una enérgica campaña contra las atrocidades cometidas por el dictador Idi Amin en Uganda, sus convicciones hicieron que acabara en la cárcel en 1967 durante la guerra civil nigeriana y apoyó al pueblo Ogoni en su lucha contra la actuación criminal de las petroleras. Aprovechó la ceremonia de entrega del Nobel de Literatura, que le otorgaron en 1986 siendo el primer escritor africano en recibirlo, para lanzar un apasionado discurso contra el Apartheid que dedicó al entonces encarcelado Nelson Mandela. Después, continuó con sus críticas contra el dictador Sanni Abacha ya en la década de los noventa, que provocaron su exilio, y hoy sigue con el mismo espíritu combativo de siempre.

Cuando en 2013 le tocó decir adiós a Chinua Achebe, en una entrevista para “The Sahara reporters“, reveló que había recibido peticiones para que mediara en la concesión del “Nobel de Literatura” con carácter póstumo a Achebe, lo cual consideraba que era hacer un flaco favor tanto a la obra del escritor como a la propia literatura que emana del continente, y dejó claro que llamar a Achebe “padre de la literatura africana” tiene tan poco sentido y denota tanta ignorancia como llamarle a él mismo “padre del teatro contemporáneo africano”.

A comienzos de 2014, fue la persona encargada de dar inicio al año de la “Capitalidad mundial del libro” que le había correspondido a Port Harcourt (Nigeria), al tiempo que daba a conocer la lista de preseleccionados al “Premio Caine“. En mayo, la revista “Africa is a country” recogía sus fobias sobre las redes sociales. En junio, arremetía contra la inusitada violencia de “Boko Haram” quien había secuestrado a 200 niñas que a día de hoy siguen en esta situación, hablaba del genocidio igbo en la guerra de Biafra y, recientemente, en la presentación de un libro-homenaje por sus 80 años de vida, Essays in honour of Wole Soyinka at 80, una colección de ensayos escritos por gente de la talla de Toni Morrison, Ngugi Wa Thiong´o Ama Ata Aidoo, elogió al presidente de Ruanda, Paul Kagame, de cuyo gobierno dijo “se funda en el respeto de los derechos humanos y la libertad.”

A pesar de que Soyinka sigue siendo un escritor políticamente activo,  no se ve a si mismo como tal, rechazando de plano dicha etiqueta y, aunque su trabajo, en realidad parece tener más que ver con su preocupación por el ser humano en clave social, resume su postura en esta frase: “Siempre he rechazado cualquier responsabilidad especial para el artista“. Él se declara humanista.

Aké, aquel terreno extendido y ondulante

1948

1966

2014

Su vida la ha ido volcando en sucesivos libros; sus experiencias y recuerdos de infancia y adolescencia en Aké, los años de la niñez (obra de la que se ha realizado una película que está pendiente de estreno), su experiencia de su paso por la cárcel, donde estuvo dos años, en el libro El hombre ha muerto, hasta que en 2006, publicó su libro de memorias Partirás al amanecer (You Must Set Forth at Dawn).

En 1989 emprende la escritura de su obra autobiográfica Aké, los años de la niñez (en castellano la editó Alfaguara). En ella narra su infancia en la aldea de Aké, una niñez en la “que se mezclaba la vida tradicional africana, las relaciones y la presencia del mundo colonial”. La obra se inicia con un Soyinka de apenas tres años, que va contando el día a día de una existencia vivida dentro de la cultura yoruba, con sus creencias y sus mitos, y cristiana. Junto al niño aparecen sus  padres: el director de la Escuela, Essay y la madre, a quien llama “la Cristiana Salvaje”, quienes le proporcionaron un hogar que supuso un  estímulo tanto vital como intelectual.

Diferente tono tiene El hombre ha muerto (1972). Soyinka, como otros intelectuales nigerianos, estaba intentando montar un grupo de presión que sirviera para que los países extranjeros se negaran a vender armas a ambas partes del conflicto de la guerra civil nigeriana, conocida como guerra de Biafra. Su acción se consideró subversiva y el Poder intentó acallar esa conciencia actuante. El hombre ha muerto son las notas de su paso por prisión, un alegato de la capacidad del hombre para subvertir las reglas establecidas y sobreponerse al mecanismo imparable de los que detentan el poder.

“Aunque llegué al final del viaje,
jamás sentí que hubiera llegado.”

La estacion del caos LOS INTERPRETES Aké, los años de la niñez El hombre ha muerto

La obra de Soyinka es extensa y variada. Ha escrito sobre todo teatro, pero también poesía, novela, ensayo o crónicas. Desde mi experiencia, sé que no es un escritor fácil. A menudo requiere mucha concentración y paciencia para ir adentrándose en su universo plagado de referencias a la cultura tradicional yoruba pero también encuadrado en la más moderna y contemporánea realidad, obra que nos habla de nosotros mismos, de nuestros límites y de nuestras fortalezas. Creo que leer a Soyinka es una experiencia que nos agranda como seres humanos.

Wole Soyinka fue el primer escritor africano que leí… y que sigo leyendo. No sé si algún día dejaré de hacerlo.

Los intérpretes – Wole Soyinka

LOS INTERPRETES

Soyinka no es fácil.

Los intérpretes se inicia de manera abrupta sin darnos tiempo a recolocar la mente para iniciar la lectura. Al igual que en La estación del caos,  nos introduce en el centro de la trama, sin más explicaciones. Escrita en 1965, tras el sueño frustrado de las independencias, cinco años después de que Nigeria obtuviera la suya, truncado cualquier atisbo de esperanza en un futuro mejor y más justo, el primer nobel de literatura africano escribe sobre cinco amigos residentes en Lagos y representantes de la nueva sociedad nigeriana, y ahonda en sus decisiones y en su desconcierto, sin dejar de lado el sentido del humor.

Con ecos de Faulkner y de Joyce, Wole Soyinka huye de las representaciones estereotipadas y hace aflorar una escritura alejada de lo “común aceptado” para mostrarnos una narración difícil y compleja, pero coherente de principio a fin, en la que la transgresión es la norma. Es cierto que las realidades postcoloniales de África no caben en una única narrativa y es debido a ello, intuyo, por lo que Soyinka introduce a sus intérpretes, cada uno con su manera de interpretar el mundo que le rodea, en una trama confusa y caótica con saltos de todo tipo y llena de disquisiciones filosóficas, mediante la que sus personajes tratan de encontrarse, en su propia dislocada búsqueda de identidad, individual y colectiva.

Caos. Carencia de asideros. Fragmentación. Bifurcación de caminos. A todo esto y más se enfrenta el quinteto protagonista. Kola, el pintor que intenta reflejar en su tela más ambiciosa, la herencia de la sociedad nigeriana. Egbo, el aristócrata. Sekoni, el ingeniero. Sagoe, el periodista y Bandele, el sabio. Todos ellos componen este fresco, que resuena de voces que se entrecruzan, desde las historias particulares de cada uno de ellos, graduados universitarios, que han estudiado y viajado al extranjero y regresan a la Nigeria independiente. Estos intelectuales tratarán de encontrar su camino dentro de la nueva estructura política, en una sociedad dominada por la confusión, la hipocresía, el materialismo y la corrupción.

Las obras de Soyinka no son fáciles de resumir y ésta no es una excepción. Pienso que Egbo es el eje vertebrador, que inicia y concluye la trama. A Egbo, nieto y heredero de un jefe tribal, se le abre un dilema: puede volver a la antigua aldea y asumir sus poderes y privilegios (incluyendo la poligamia) o abandonarlos y adaptarse a la nueva Nigeria. Es decir, optar entre la tradición o la modernidad. Su propia posición personal que se debatirá entre Simi, su amante, y una estudiante sin nombre de la que espera un hijo, pueden inclinar la balanza al regreso a la tribu, en donde le será permitido mantener a ambas mujeres, y en donde podrá huir del agobio que le produce el caos urbano.

Y esa nueva Nigeria ha de traer otros cambios. Sagoe, el periodista, tendrá un revelador diálogo con Joe Golder (un entusiasta del “black is beautiful” y profesor de literatura americano), en un juego dialéctico, cómico y lastimoso a la vez. Éste se ofrece a compartir su casa con él, pero Sagoe comienza a sentirse incómodo y temeroso, inconscientemente ha descubierto algo sobre Golder que no se atreve a exteriorizar; la homosexualidad del profesor le incomodará y molestará “supongo que, como periodista, debo apechugar con todo. El problema en ello es que no veo nada que mi director pueda utilizar” (pág.217) contestará a Bandele cuando éste se disculpa por no haberle advertido.

De la mano de esta élite parece que no cabe esperar ningún cambio social. Menos oscura que La estación del caosy con un tono más satírico, en Los Intérpretes Soyinka crítica y pone su lente sobre la clase media nigeriana, absorta en sus propios egos, insensible y despiadada, incapaz de salir de su propio laberinto.

Es la segunda vez que la leo. Insistiré.

Si simplemente fuéramos, si simplemente fuéramos y no sintiéramos las cuerdas que nos esclavizan, para caer desde agujeros impersonales al vacío sin deberles nada de nuestros yoes ni a los muertos ni a los vivos, y creciéramos hacia eso, sin acomodar ni debilitar nuestra voluntad con la comprensión, de modo que cuando el presente se quebrara sobre nuestras cabezas enseguida encontrásemos una nueva Ley para vivir. (Página 262)

Ficha:

  • Título original:  The interpreters (1965)
  • Idioma: Original: Inglés
  • Traducción al castellano: Circulo de lectores, S.A. (1987)
  • Traductora: Pedro Domingo Santos
  • Nº páginas: 268
  • Otras traducciones de esta obra:
    • Els intèrprets   [Catalá]  (1999) Edicions 62, S.A.
    • Os intérpretes  [Galego] (2003) Bibliotex Editor, S.L.

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Próximo estreno: La infancia de Soyinka en el cine, “Aké”

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2014. Año Nigeria, año Soyinka. Si el pasado 23 de abril, el mundo miró hacia Nigeria, cuando el escritor dio inicio al comienzo de la “Capitalidad Mundial del libro” en Port Harcort, leyendo la lista de seleccionados al Premio Caine, ahora, le ha tocado el turno al propio Soyinka, ya que este mismo mes, se estrenará una película basada en sus memorias, Ake the years of childhood, traducidas al castellano como Aké Los años de la niñez.

No se trata de la primera película que adaptará la obra del que es el primer Nobel de Literatura del continente. En Nigeria hay una película suya, Blues for a Prodigal (1984), dirigida y escrita por él mismo, pero ningún director extranjero ha filmado sobre su obra (lo que sí ha ocurrido con los otros Nobeles). Dentro del continente, el director senegalés Joseph Gaï Ramaka realizó el cortometraje So Be It (1997), a partir de su obra de teatro escrita en inglés The Strong Breed (1964). [1]

La fecha en la que se estrenará la película no es fruto del azar. Recordemos que en 2014 se han cumplido 100 años, desde que las autoridades coloniales británicas fusionaron lo que eran entonces dos protectorados separados, la Nigeria del norte y la del sur, para formar una entidad geopolítica única que desde entonces ha sido conocida como Nigeria, país que no obtuvo su independencia hasta 1960. Junto a lo anterior, Wole Soyinka cumplirá el 13 de julio, 80 años.

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Aké, los años de infancia

Wole Soyinka

1946

En 1989 emprende la escritura de su obra autobiográfica (en castellano la editó Alfaguara). En ella narra su infancia en la aldea de Aké, una niñez en la “que se mezclaba la vida tradicional africana, las relaciones y la presencia del mundo colonial”. La obra se inicia con un Soyinka de apenas tres años, que va contando el día a día de una existencia vivida dentro de la cultura yoruba, con sus creencias y sus mitos, y cristiana. Junto al niño aparecen sus  padres: el director de la Escuela, Essay y la madre, a quien llama “la Cristiana Salvaje”, quienes le proporcionaron un hogar que supuso un  estímulo tanto vital como intelectual.

Leer este libro es adentrarse en un universo rico y complejo, mágico y sorprendente. “Aké ya no es más que un terreno extendido y ondulante”, así empieza el libro. La escritura del adulto Soyinka rememorando sus años de niñez, nos traen al pequeño, curioso e inquieto, que con tan sólo tres años se plantó  en la escuela ante el asombro de los adultos. Un niño que se pasaba el tiempo pensando, rodeado de toda una cultura yoruba que nos habla de los abiku, seres que están entre los dos mundos, o de los egúngún, espíritus de los muertos.

Alejándose de la dificultad de lectura que encierran otras obras suyas, Soyinka usa un lenguaje amable, no exento de sentido del humor, y poético, repleto de referencias a su mundo (canciones, comidas, mitos yoruba) y a su momento (en el medio la segunda guerra mundial, el movimiento nacionalista nigeriano y la Unión de Mujeres Egba, en la que su madre participará activamente). Soyinka, activista siempre comprometido, no deja pasar ni la crítica al colonialismo ni a esa occidentalización y caída de su país en el materialismo.

Del libro al cine

El proyecto ha estado en proceso durante un largo período de 25 años, cuando se planteó por primera vez como una serie de televisión. press05

La película está dirigida por Yemi Akintokun, el director artístico de “Oracles Repertory Theatre” en Ibadan. El guión lo ha escrito Tunde Babalola y está protagonizada por Ben Tomoloju Tony Umole, Taiwo Ajai-Lycett, Tina Mba, y Akin Lewis.

La producción de la película comenzó en junio de 2013. Se ha rodado en Abeokuta, Ibadan y Lagos. Su presupuesto asciende a 2,5 millones de dólares.

La película, que contará con la narración con voz del propio Wole Soyinka, apenas ha sido publicitada. En la página oficial aparecen diversas fotografías con las localizaciones y se afirma que “promete ser el proyecto cinematográfico más importante realizado en Nigeria.”

[1] Fuente: Casa África. Cuaderno nº5

 

El aterrador y maravilloso mundo Abiku en la literatura africana

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Prince Twins Seven-Seven (Nigeria, 1944-2011) “The Dream of the Abiku Child”

En la literatura africana es frecuente encontrar talismanes, fetiches o amuletos (Esperando el voto de las fieras); marabúes, morabitos o  grigrimanes (El asesino de Banconi, y leyendas, creencias o mitos. Los Abiku son una de estas creencias. El fenómeno Abiku es muy popular en la tradición oral de África Occidental, especialmente entre los diferentes grupos étnicos de Nigeria. La palabra Abiku se compone de abi, aquello que posee Iku, siendo el significado de Iku, muerte; lo que se traduce como “predestinado a morir” o “nacido para morir” y pertenece a la cultura yoruba. Los igbo tienen también otro nombre para designar la misma creencia: Ogbanje.

Son varios los escritores, entre ellos Wole Soyinka, John Pepper Clark, Ben Okri, Chinua Achebe o Toni Morrison que han escrito obras que retratan una cultura en la que pervive la creencia en estos seres. Todos los anteriores son nigerianos, bien yorubas, bien igbos, ya que la creencia procede de allí, excepto la última. Sin embargo, no se ciñe solo al entorno nigeriano, Syl Cheney -Coker (Sierra Leona)  u Olympe Bhejy – Quenum (Benin) también han escrito sobre ellos.

Abiku, el ciclo interminable

Adunni-poster-e1392092731340Existe una creencia en la cultura yoruba sobre los Abiku que son los niños que han nacido para un tiempo después morir voluntariamente.  Lo que ocurre es que cumplimentan una y otra vez el ciclo de muerte y renacimiento. A veces, el mismo niño nace muchas veces diferentes en la misma familia. Los Abikus son considerados seres espirituales.

El fenómeno Abiku, en la conciencia mítica de África, es una experiencia aterradora. La idea más generalizada sobre los Abiku los coloca en los bosques, en las zonas deshabitadas donde abundan los espíritus malignos o demonios, que sufren de hambre, sed y frío y están siempre tratando de mejorar su condición mediante la introducción en los cuerpos de los niños recién nacidos. Así, si una madre ve a su hijo ir menguando poco a poco y sin causa aparente, llega a la conclusión de que un Abiku ha entrado en él o, como los nativos con frecuencia expresan, que ha dado a luz a un Abiku y que está muerto de hambre porque el Abiku está robando todo su alimento. A veces, el niño recupera su salud  y se cree entonces que este procedimiento ha sido eficaz y que los Abikus han sido expulsados. En cambio, si ninguna mejora se lleva a cabo o el niño sigue creciendo débil, los esfuerzos de la madre para sacar al Abiku se focalizan haciendo pequeñas incisiones en el cuerpo del niño para causar dolor al Abiku y hacerle salir. El pobre niño grita de dolor, pero la madre endurece su corazón creyendo que el Abiku está sufriendo por igual.

Hay muchas más creencias alrededor de ellos, como las que recoge Ainehi Edoro a partir de un artículo de Timothy Omobolade y publicado en la “Revista de Artes Africanas” (1973). No hay un ciclo de vida estándar para ellos y durante su estancia en el mundo humano buscan la compañía del otro transformándose de adulto a niño para ello. Además ansían el poder, el interminable ciclo de muerte y renacimiento puede ser difícil, por lo que en el fondo envidian la mortalidad de los seres humanos. Y son conocidos por su belleza. La marca de identificación se convierte en frecuente entre los niños Abiku. Al morir, se coloca una marca en el cuerpo de estos niños, principalmente en la cara, el pecho, o en algún lugar visible para que las personas los reconozcan como hijos espirituales si finalmente vuelven a renacer a la vida

En un intento de romper este ciclo, los padres del niño Abiku, con la ayuda de los sacerdotes y adivinos realizan rituales para romper la relación entre los Abiku y sus almas gemelas. Con el fin de hacer eso, tienen que encontrar los lazos espirituales que unen a los Abiku al mundo de los espíritus y destruirlos. Estos rituales también incluyen hacer cicatrices en el cuerpo del niño muerto, negándose a proporcionarle entierro decente y en algunos casos la mutilación del cuerpo del Abiku muerto.

Mundo Abiku

Todo lo anterior es un acercamiento para conocer un poco el mundo Abiku. Sobre esta339232 creencia, y sin desdeñar la rica narrativa oral gracias a la cual conocemos este universo, la literatura africana escrita nos ofrece varios títulos en los que aparece, de manera más o menos extensa.

Wole Soyinka (poema Abiku, 1967, y  Aké, los años de la niñez)Amos Tutuola (My Life in the Bush of Ghosts), Debo Kotun (Abiku, 1995), John Pepper Clark (poema Abiku1967) Toni Morrison (Beloved, 1987) han mostrado interés por el tema.

En este breve repaso no podía faltar Azaro, el niño mágico de La carretera hambrienta de Ben Okri, quien revolotea entre el mundo de los sueños y los barrios pobres de la ciudad.

Los Abiku se dice que están en constante ir y venir entre nuestro mundo y el mundo de los espíritus, pero cuando recién nacido Azaro ve por primera vez el rostro de su madre, decide detener el ciclo implacable de muerte y renacimiento.

Foto: judedibia-jd.blogspot.com

Foto: judedibia-jd.blogspot.com

Ahora una nueva escritora se añade a la lista.

Ayodele Olofintuade nació en Ibadan a principios de los 70 y es una artista multifacética (editora, dibujante gráfica y escritora). Realizó su debut literario con Eno’s Story (Cassava Republic, 2010) que estuvo clasificado para el “2011 Nigeria Prize for Literature”. “Adunni: The Beautiful One Has Not Died” es una historia ambientada en la ciudad más poblada de Nigeria, Lagos, en nuestros días. Adunni no es un Abiku normal. Potente y calculadora, ella emplea un montón de pensamientos y una cuidada investigación a la hora de elegir a su madre de acogida, “elijo los hermosos, los sabios, las personas que poseen inteligencia emocional. Los que pueden sentir y pensar”. Envidiada por todos, amada por la madre tierra, Adunni piensa que es invencible. Pero su suerte se agota cuando nace, dentro del interminable ciclo de muerte y renacimiento, en la familia Lamorin.

Desde Brittle paper se están publicando los sucesivos episodios de la saga. Por el momento se pueden leer hasta seis de los ocho totales que tendrá la serie [clika aquí si quieres leer los episodios (en)]. Las impactantes ilustraciones de Laolu Senbanjo nos introducen en el mundo maravilloso, terrible a la vez que atrayente y misterioso de estos seres.

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Ilustraciones de Laolu Senbanjo

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Ilustraciones de Laolu Senbanjo

Fuentes:

 

La estación del caos-Wole Soyinka

La estacion del caos

La estación del caosoTemporada de anomiatiene uno de sus vértices en el mito de Orfeo y Eurídice. El mito cuenta cómo Orfeo, músico extraordinario, cantaba y tocaba la lira como nadie. Se enamoró de Eurídice, pero un día una serpiente picó en el tobillo a la mujer, siendo la mordedura fatal. No pudiendo soportar la muerte de Eurídice, Orfeo decidió bajar al reino de los muertos a encontrarla. Hades, conmovido ante el canto de Orfeo, dejó que Eurídice regresara a la tierra pero imponiéndole una condición: Orfeo no podría girar la vista hacia su amada hasta que no se encontraran ambos en la superficie. Sin embargo, al llegar al final, pero antes de que el sol bañara el cuerpo de Eurídice, Orfeo volvió la mirada y su amada desapareció para siempre. Rogó a Carontes, el barquero, que le ayudara a cruzar la laguna Estigia de nuevo pero fue inútil  y, derrotado para siempre,  se marchó a vivir en soledad.

Son muchas las interpretaciones de este mito.  La más extendida es que se trata de una bellísima historia de amor; es por amor la decisión de entrar en el reino horrible de los muertos  (en otras versiones es una bajada al infierno) y que enseña las maravillas que puede obrar el arte. En el cine, también se han hecho versiones del mito como “Orfeo” de Cocteau, “Orfeo negro” de Marcel Camus y  la extraordinaria “Vértigo” de Hitchcock.

Rubens, en su pintura “Orfeo y Eurídice”, nos descubre el instante en el que el hombre está a punto de girar su vista hacia la mujer. Es un gesto cargado de temor porque no sabe realmente si ella le acompaña (¿). Parece reflejar un momento de incertidumbre. ¿El no saber si  es cierto lo que le han prometido, el no poder confiar en la palabra que le han dado, el tener que verlo con sus propios ojos, sin fiarse de otros sentidos, el no poder evitar mirar?. ¿Ver para creer?. ¿Porqué lo hizo Orfeo?, condenando para siempre a su amada. Podemos pensar que, al girar la vista, solo piensa en culminar un deseo suyo (¿besarla de nuevo? ¿abrazarla de nuevo? ¿verla de nuevo?) y no en su esposa, olvida la condición impuesta, condenándola de nuevo. Orfeo, al girar la vista, está desobedeciendo, quebrantado una orden, y eso tiene su precio.

Breve resumen:

Un joven compositor, Ofeyi, cuyas hermosas e inquietantes canciones hechizaban tanto por la magia de su música como por la verdad de sus palabras, aunque las escriba para una poderosa corporación que domina por entero a su país, llega al poblado de Aiyéró, una pequeña y en apariencia insignificante comunidad suspendida en el tiempo y alejada de la historia. A Ofeyi le acompaña Iriyise, su camarada y amante, una bella cantante de jazz. Aiyéró, sus gentes y sus formas de vida fascinan por igual a los amantes. Ofeyi e Iriyise quieren que todo el país sea como Aiyéró y proponen al patriarca la difusión de sus ideas y costumbres. El resultado será inevitablemente fatal, el comienzo no de una primavera de renovación, sino de la estación del caos. En un sombrío panorama de contiendas y ruinas, Ofeyi pierde a su amada y parte en su busca siguiendo un itinerario dantesco a través de un país brutalmente destruido y masacrado (Contraportada del libro).

Ficha:

  • Título original:  Season of anomy (1973)
  • Idioma: Inglés
  • Traducción al castellano: Ediciones Alfaguara (1987)
  • Traductor: Héctor Silva
  • Premios: Premio Nóbel (1986)
  • Otras publicaciones de esta obra:
  • Otras obras traducidas:
    •   Clima de miedo    (2007)  Editorial:  Tusquets Editores
    •  Partirás al amanecer   (2010)  Editorial:  RBA Libros
    • La madre y el caballero   (1994)  Editorial:  Universidad de Alcalá. Servicio de Publicaciones
    • Aké      (1987)  Editorial:  Ediciones Alfaguara
    • El hombre ha muerto  (1987)  Editorial:  Ediciones Alfaguara
    • Los intérpretes  (1987)  Editorial:  Círculo de Lectores, S.A,. Plaza & Janés Editores, S.A.
    • Els intèrprets   [Catalá]  (1999)  Editorial:  Edicions 62, S.A.
    •  Os intérpretes  [Galego]  (2003)  Editorial:  Bibliotex Editor, S.L.
    • Teatro  (1987) Editorial:  Ediciones Alfaguara

Tras leerlo:

No hay explicaciones previas. La narración se nos impone y los personajes y la historia se van conociendo a medida que se avanza. Ofeyi, un magnífico músico, llega a Aiyéró, un pueblo aislado y único, con gobierno y policías propios  (“curiosa anomalía”) y donde todos los bienes son compartidos en común. Él trabaja para la mayor compañía de cacao de su país, que no es sino una  tapadera para las maquinaciones del Cartel (el grupo de dirigentes que gobierna de manera tiránica, despótica y cruel). Aiyéró, una pequeña comunidad, es el lugar de destino y donde Ofeyi descubrirá que las utopías son posibles.

Le acompaña en su recorrido la independiente Iriyise, quien lejos de desempeñar el papel de consorte, se escapa para descubrir por si misma el maravilloso discurrir cotidiano del pueblo y, a la postre, es la que mejor conecta con esa forma de vida.  Son varios los viajes que realizan a Aiyéró (a la que se llega a describir como “el sueño de la humanidad”) y que le acabarán convenciendo de la posibilidad de expandir la génesis de la vida que allí bulle al país entero. Allí, filmará una película de la que intentará servirse para diseminar por todo el país el ideal de Aiyéró, pero el Cartel, temiendo que Ofeyi se convierta en un traidor e intentando apartarlo para que vuelva a ser el de antes, le manda de “viaje de estudios por Europa”, guardando bajo llave el material filmado. Sin embargo, del viaje volverá con las ideas más reforzadas, tras conocer a El dentista (partidario de la extracción antes que de la infección)  y a la asiática Taiila (partidaria de la paz, la quietud).

Comenzará así la intención de expandir la forma de vida y el espíritu de Aiyéró al mundo entero. Pero, ¿cómo hacerlo?. Los hombres de Aiyéró, diseminados por todo el país, irán expandiendo la idea para recuperar todo aquello de los que les han expropiado, para hacer justicia, pero esto no parece del todo suficiente. La historia de la fundación de Aiyéró tiene sus raíces en la violencia, y violencia (asesinatos selectivos) es lo que le propone El dentista. Ofeyi intuye que en su aventura tendrán que contar con este tipo de personas si quieren prosperar en sus planes, aún a riesgo de que la violencia se les vaya de las manos y acabe contaminándolo todo.

Comienza así el ciclo de brutal violencia. Los hombres del Cartel cargan contra cualquiera que consideren opositor a sus ideas. Las escenas de sangre se suceden, en una ruleta infernal, que se ceba especialmente con los niños y las mujeres. Ofeyi, el intelectual, el educador, el pensador en la encrucijada, escucha la noticia que nunca quisiera haber tenido que oír, los “sirvientes del Cartel” se han llevado a Iriyise a la fuerza (ella ya estaba enferma).

Es entonces cuando el mito de Orfeo y Eurídice se interna en el mundo descrito por Dante. En el intento desesperado por recuperar a Iriyise, Ofeyi descenderá a los infiernos. Horripilantes escenas, crueles e inhumanas acciones, se precipitan en un pozo que parece no tener fin. Como si caminara en tinieblas hacia una oscuridad aún mayor, Ofeyi, tocado como Aquiles en su punto más vulnerable, asistirá espeluznado a la sucesión de atropellos, mutilaciones, muertes violentas e increíblemente sádicas, incendios, saqueos y estallidos de sangre, todo ello aderezado por una clase de dirigentes corruptos y miserables que no dudan en exterminar incluso a los que en algún momento fueron de “los suyos”, cuando ven que ya no les sirven. Al leer uno de los pasajes crees que ya no se puede caer más abajo, pero pronto te das cuenta de que estás equivocada. A la vuelta de la página, te espera, como al protagonista, un giro de tuerca aún más sobrecogedor que el anterior.

Ofeyi, el soñador, el eterno descontento; que descubre la inutilidad de todo intento en la postura sumisa que adoptan los que siempre permanecerán esclavos, a pesar de los pesares; que escucha la historia de Mangari que se interpuso entre los suyos y los civiles para que no los mataran; Ofeyi que ha sido el único responsable de la llegada de los hombres de Aiyéró al país. Tiempo de anomia. ¿Cuál es el precio de hacer realidad la utopía de un hombre?. No hizo caso a Aihme, el fundador, cuando le dijo que no hay nunca nada nuevo bajo el sol y le propuso el quedarse en el pueblo y continuar allí el proyecto de vida, ¿qué necesidad había de llevarlo por el mundo?, ¿no regresaban siempre los jóvenes al origen, a Aiyéro?. Un hombre detrás de un sueño, queriendo sembrar ideas nuevas, recoge tempestades.

Ofeyi se inclinó, rodeó con sus brazos el talle de la niña. Mirándola a los ojos, los vio convertirse en meras órbitas, perdida para siempre la alegría de la consecución, incluso para los excavadores que no serían disuadidos de manosear el sudario de cenizas de las catacumbas del futuro.

Sobre el  autor:

Wole Soyinka (Abeokuta, Nigeria, 1934). Estudió literatura en la universidad de Ibadan e hizo, posteriormente, su doctorado en la Universidad de Leeds, Reino Unido. En Inglaterra será actor y director en el Teatro de la Corte Real de Londres. En la década de los sesenta regresa a Nigeria y en ese período fundará las compañías de teatro “Masks” y “Orisun”. También enseña teatro y literatura en las universidades de Lagos e Ibadán. En 1967, acusado de conspiración, es encerrado por más de 20 meses. Ya en la década de 1970, liberado, su obra se torna más oscura y crítica. En 1986, le otorgan el Premio Nobel de Literatura. Es el primer escritor africano que lo recibe (Fuente: wikipedia).

  • Obras:

Fuente: http://www.nobelprize.org/nobel_prizes/literature/laureates/1986/soyinka-bibl.html

    • The Swamp Dwellers (1959)
    • The Lion and the Jewel (1959)
    • The Trials of Brother Jero (1964)
    • The Interpreters (1965)
    • Poems from Prison (1969)
    • The Road (1969)
    • Madmen and Specialists (1970)
    • A Shuttle in the Crypt (1972)
    • Season of anomy (La estación del caos) (1973)
    • The Bacchae of Euripides (1973)
    • Death and the King´s Horseman (La muerte y el caballero del rey) (1975)
    • Aké, autobiografía (1982)
    • Beautification of Area Boy (1995)

Para saber más:

Reseña de la Editorial Baile del Sol:

Es una de las obras literarias más relevantes de África. Se centra en el problema de la guerra, de las políticas étnicas y regionales, así como en las corruptas conspiraciones militares que se desarrollan en ese convulso país, hipotéticamente Nigeria. Su argumento va más allá del simple testimonio y se encamina a la posibilidad de una regeneración social. La novela es una visión definitiva de la militarización del Estado en África. ¿Cuáles podrían ser los elementos para conseguir una reconstrucción social en un contexto asfixiado por un Estado predador? La cuestión se evidencia en esta obra en la tensión entre la violencia y la no-violencia, por un lado, y el activismo colectivo frente al heroísmo individual, por otro. “Temporada de anomia” es la historia de un individuo que nos vende un mundo utópico en el que difundir sus ideas. En este empeño son muchos los que mueren sin sentido y otros muchos los que sufren sólo por estar en el lugar equivocado en el momento equivocado. Es un libro violento
La estacion del caosy destructivo, sin embargo, contiene algunos de los pasajes más hermosos que he leído nunca. Soyinka posee un conocimiento sublime del hombre y su papel en el mundo. (www.bailedelsol.org)

Critical studies (a selection)  http://www.nobelprize.org/nobel_prizes/literature/laureates/1986/soyinka-bibl.html
Critical perspectives on Wole Soyinka / ed. by James Gibbs. – London : Heinemann, 1981
Larsen, Stephan, A Writer and His Gods : a Study of the Importance of Yoruba Myths and Religious Ideas to the Writing of Wole Soyinka. – Stockholm : StockholmUniv., 1983
Maduakor, Obi, Wole Soyinka : an Introduction to His Writing. – New York : Garland, 1986
Before Our Very Eyes : Tribute to Wole Soyinka, Winner of the Nobel Prize for Literature / edited by Dapo Adelugba. – Ibadan : Spectrum Books, 1987
Research on Wole Soyinka / edited by James Gibbes & Bernth Lindfors. – Trenton : Africa World Press, 1993
Wright, Derek, Wole Soyinka Revisited. – New York : Twayne, cop. 1993
Wole Soyinka : an Appraisal / edited by Adewale Maja-Pearce. Oxford : Heinemann, 1994
Ojaide, Tanure, The Poetry of Wole Soyinka. – Lagos : Malthouse Press, 1994
Msiska, Mpalive-Hangson, Wole Soyinka. – Plymouth : Northcote House, 1998
Conversations with Wole Soyinka / edited by Biodun Jeyifo. – Jackson : University Press of Mississippi, 2001
Ebewo, Patrick, Barbs : a Study of Satire in the Plays of Wole Soyinka. – Kampala, Uganda : JANyeko Pub. Centre, 2002
Jeyifo, Biodun, Wole Soyinka : Politics, Poetics, Postcolonialism. – New York : CambridgeUniversity Press, 2005


Anomia=falta de normas o incapacidad de la estructura
social de proveer a ciertos individuos lo necesario 
para lograr las metas de la sociedad

Adaptaciones de obras literarias africanas por directores extranjeros

Cine y literatura se han dado las manos en múltiples ocasiones a veces con mejores resultados que en otras. Aunque se trate de dos lenguajes diferentes, parece que están condenados a entenderse. Cuando leemos un libro, ¿no realizamos un ejercicio de transposición visual de la acción, los personajes o los lugares  a  nuestra imaginación?. La lectura se visualiza, se hace imagen.

El cine puede ayudar a que una obra literaria sea más conocida. Tras haber visto una buena película y si está basada en un libro, a menudo una consecuencia natural es la de interesarnos por el texto escrito. El cine se intuye como un vehículo apropiado para difundir una obra literaria. Otras veces, en cambio, el cine no aporta nada a la obra literaria. Es un arte independiente y, aunque el texto sea de gran calidad, si no se es un buen director no se logran resultados.

Las relaciones del cine (africano/extranjero) con la literatura (esta sí solamente africana) tiene muchos ángulos para profundizar y analizar. Para comenzar por algún sitio, he escogido las adaptaciones que han hecho los directores extranjeros de las obras de los cuatro ganadores del Premio Nobel de Literatura africanos. Después os toca a vosotros decir si han estado o no a la altura de la obra escrita:

  John Maxwell Coetzee  (Premio Nobel en 2003)

Dos son las adaptaciones que directores extranjeros han realizado de la obra de este escritor sudafricano nacionalizado australiano:

descarga“En medio de ninguna parte” (1977) fue adaptada por la belga Marion Hänsel, en 1985, en su película “Dust”. Los actores principales también son extranjeros: Jane Birkin y Trevor Howard.
La película: cuenta la historia de Magda, quien asesina a su padre después de que éste mantenga una relación amorosa con la mujer de un trabajador de su plantación.

 

 

images“Desgracia” (1999) adaptada por el director australiano Steve Jacobs en 2008, bajo el mismo título.

John Malkovich y Jessica Haynes son padre e hija en esta película basada en la novela homónima del mismo nombre.

Un profesor universitario tiene que dejar su puesto de docente tras mantener una relación amorosa con una alumna. Trasladado a la granja de su hija, se verá inmerso en un conflicto violento al ser atacado por un grupo de jóvenes.

Nadine Gordimer (Premio Nobel en 1991)

 Una novela de Nadime Gordimer fue adaptada por el director danés Henning Carlsen para la película “Dilemma” (1962).

Naguib Mahfuz (Premio Nobel en 1988)

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El director mexicano Jorge Fons adaptó la novela “El callejón de los milagros” (1947), de Naguib Mahfuz, para la película del mismo título (1994). Interpretada por Salma Hayek y Ernesto Gómez Cruz.

La historia original ocurre en El Cairo en los años 40. El filme, adaptado por Vicente Leñero se traslada a los años 90 en pleno centro histórico de Ciudad de México. La historia es narrada desde tres diferentes perspectivas: Don Ru (Ernesto Gómez Cruz), el dueño de la cantina donde la mayoría de los hombres se reúnen a beber y jugar dominó, Alma (Salma Hayek), la chica hermosa del barrio y Susanita (Margarita Sanz quien ganó un Ariel por su papel), la dueña del condominio donde Alma y otros de los personajes viven.

Wole Soyinka (Premio Nobel en 1986)

En Nigeria hay una película suya, pero ningún director extranjero ha filmado sobre su obra.

Blues for a Prodigal (1984), dirigida y escrita por él, es una película experimental en yoruba y en otras lenguas de Nigeria, incluído inglés (pidgin).

El director senegalés Joseph Gaï Ramaka realizó el cortometraje So Be It (1997), dentro de Africa Dreaming, a partir de la obra de teatro escrita en inglés The Strong Breed (1964), de  Wole Soyinka. (Fuente: Cuaderno nº5. Casa África). 

 

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