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Entradas de la Categoría ‘Vinieron de fuera’

Siempre nos quedará Tánger

Hay ciudades que se imponen.
Así me ha ocurrido con Tánger, ciudad de la que en este mismo espacio ya hay una “Postal literaria” firmada, como no podía ser menos, por mi admirado Mohamed Chukri.
Durante días, su nombre ha poblado muchas de las conversaciones que he mantenido. A su áurea mítica, de una época excesiva, sin interferencias de ningún tipo, que recreaba un pasado plagado de intelectuales y escritores de la talla de Paul y Jane Bowles, William Burroughs o Truman Capote, se ha ido uniendo, lectura tras lectura, otra visión de la ciudad.
Todo tiene su reverso. Y en mostrarlo se esforzaron (lo siguen haciendo) un buen puñado de escritores que nos hablan de otra ciudad y de otras vidas. Destaco a unos pocos, el espacio da para lo que da. Hay un poco de todo, creo que como debe ser: tangerinos de pro, tangerinos de adopción y acérrimos de Tánger: Mohamed Chukri, Mohamed Mrabet, Ángel Vázquez, Antonio Lozano, Sergio Barce y Pablo Cerezal.
Solo tenéis que leer sus obras para comprender lo mucho que aman a Tánger.

En Tánger se cruzan historias y leyendas sobre su pasado, pero es una ciudad que nunca dará a conocer su eterno secreto, porque guarda su ilimitada memoria con un silencio enigmático, con un silencio embriagador y lleno de sabiduría. Mohamed Chukri.

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Borja Monreal con “El sueño eterno de Kianda” novela un tabú histórico angoleño

El sueño eterno de Kianda está escrita por Borja Monreal periodista de formación y cooperante de profesión. Sin embargo, si me pidieran destacar algo subrayaría que ha vivido muchos años en Angola y que conoce en profundidad los entresijos históricos y sociales de este país. Y que se trata, como él mismo se define, de una persona inquieta, que le gusta el descubrimiento continuo y la búsqueda incesante de afinidades entre lo que denominamos “nosotros” y “ellos”.

Todo lo anterior se plasma en esta su ópera prima; un texto documentado, que nos introduce de lleno en la historia más reciente de este país que el propio Monreal define como “intenso” y que contiene varias novedades interesantes, a caballo entre una novela histórica y un thriller,  y que nos habla, además, de un tema tabú en Angola.

Quizás la primera parte de la obra traiga para un lector avezado en narrativas basadas en momentos históricos como las independencias-post independencias, una ligera sensación de déjà vú. Rezuma el texto de Monreal frases que hilan de manera directa con un tema con el que se asocia a menudo a las literaturas africanas; el del proceso/ lucha por la independencia y lo que vino después. Y ya situándonos en Angola, nos trae a la memoria la recreación que de aquellos momentos hizo Pepetela, aquel escritor que contaba lo que antes él había vivido en su propia tierra y en su propia piel, sobre todo en su obra La Generación de la Utopía, en la que logró transmitir con acierto la sensación que queda cuando se ha dado todo por un ideal  y el resultado no ha sido el esperado.

El sueño eterno de Kianda se narra desde varios momentos temporales, con continuos saltos de tiempo. Desde su inicio más contemporáneo, 2012, se retrotrae a la década de los 60, cuando comenzó una de las guerras de independencia más largas del continente africano, de 1961 a 1975, hasta que el texto va llegando a la fatídica fecha del 27 de mayo de 1977. Por sus páginas van surgiendo los tres movimientos de independencia que aparecieron, cada uno de ellos con su propia ideología y fines: el MPLA de Angostinho Neto, el que sería el primer presidente de la Angola independiente y el partido que ha gobernado el país desde entonces hasta hoy, el FNLA y el UNITA. Se trata, en suma, de un texto que nos involucra en este periodo desde la perspectiva de unos seres que Monreal ha escuchado (a través de cientos de entrevistas) para poder escribir sobre lo que ocurrió.

Pero, además, la historia se cuenta desde varias voces que pertenecen a diferentes generaciones. Y yendo un poco más lejos ha incorporado la de Kianda, hija de los dos combatientes protagonistas, que se vio exiliada cuando era una niña y que lo mira todo desde los ojos de una persona occidentalizada pero que necesita saber sobre su pasado, su familia y su país. A la vez que le sirve para ampliar el enfoque hacia otros temas más existencialistas, como el vacío de una vida que no tiene sentido (envuelta en el reconfortante colchón capitalista) frente a la de otros que la han vivido y exprimido hasta sus últimas consecuencias.

Kianda, la protagonista, es el punto de arranque que permite a Monreal contar la historia “desde fuera” mientras abre un coro de personajes que personifican a aquellos que lucharon por la independencia o aquellos que decidieron matarla desde sus inicios. Esta mujer, que vive en la actualidad con su madre ex-combatiente en Londres, decide que debe regresar junto con ella a su país para conocer qué le ocurrió de verdad a su padre. Se trata de un periplo que debe realizar para poder cerrar un círculo y avanzar. Lo conseguirá gracias al diario (en cuidada edición de Salto de Página y presentado en hoja negra con letras blancas y dibujos) que su padre escribió antes, durante y después de la lucha, y la toma de contacto con otros seres que marcaron la existencia de sus progenitores.

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Foto: Borja Monreal en Quedas de Kalandula, Provincia de Malanje. Angola.

Se trata de una obra que en su segunda parte comienza a destapar los numerosos secretos con los que han vivido sus personajes. Así, el ritmo y el tono convierte la narración en un thriller en el que cada persona arroja un poco de luz hasta el desenlace final. Aunque tampoco hay excesivas sorpresas (y se echa en falta quizás más densidad y arrojo a la hora de tratar los claroscuros de algunos personajes), se sigue con interés, sobre todo aquellos episodios que se sumergen en la historia o indagan en el ser y estar angoleño y nos muestran vértices de su cultura.

Además, Monreal ha querido plasmar lo que ocurrió el 27 de mayo de 1977. Una historia que ha sido largamente silenciada y que una y otra vez se siente la necesidad de sacar a la luz. De ella emerge también un mito: Nito Alves, quien fue Ministro de interior durante la independencia y fue el motor del levantamiento de 1977 que los “fraccionistas” con él a la cabeza llevaron a cabo para derrotar a Angostinho Neto. Se habla de una auténtica masacre. Sin duda, este episodio silenciado genera cada vez más preguntas que respuestas y es difícil conocer todos los ángulos del mismo. Se habla de 30.000 muertos, sobre los que nadie quiere empezar a destapar nada, y en la actualidad habría más desaparecidos que en Argentina. Una herida demasiado grande para que aún siga abierta.

A través de El sueño eterno de Kianda, Monreal transmite, en todo momento, la necesidad de encontrarse a uno mismo, de interrogarse sobre los propios actos e inacciones. Y esto, él lo sabe, lo hacemos tanto los “unos” como los “otros”. No en vano, parece decirnos el escritor, no somos tan diferentes…

¿o sí?.

El sueño eterno de Kianda. Editorial Salto de Página y Fundación Caja Canarias, 2017. Borja Monreal Gainza. Ilustraciones: Loraxi López.

Afrorismos: proverbios africanos, ilustrados y seleccionados por Lara Ripoll

Recuerda debes actuar como si fuese imposible fracasar. Sentencia Ashanti.

Hace ya más de dos años, Lara Ripoll me mandó información sobre un proyecto en el que se encontraba sumergida (y hago especial hincapié en el verbo que he elegido, porque estoy convencida de que esta periodista valenciana es de las que se sumerge en todo lo que hace). Cuentos de los niños de mañana fue parte de una iniciativa muy atractiva,  se trataba de un libro de cuentos y fábulas tradicionales mozambiqueñas, cuya particularidad era que, de principio a fin, estaba realizado por los niñ@s de las escuelas donde se desarrollaba el proyecto. En una edición bilingüe castellano-portugués, la obra recogía veinte cuentos y fábulas tradicionales de Mozambique, que habían sido aportadas e ilustradas por los propios niños de Pemba. Se ofrecían historias africanas inéditas del vasto patrimonio de la cultura Macua —la mayoritaria en Cabo Delgado—, o de la cultura Mwani, entre otras.

Después Lara continuó apareciendo, de vez en cuando, en el espacio que LitERaFRicAs tiene en Facebook con su obra fotográfica, llena de aciertos. Y ahora nos trae un nuevo trabajo, tan interesante como el primero: Afrorismos. Proverbios africanos ilustrados.

Hay que morder el hueso mientras se tiene dientes. Proverbio de la etnia Basonge (RD del Congo)

Lara Ripoll residía en Mozambique cuando contactó conmigo por primera vez. Periodista, fotógrafa y viajera empedernida (ha visitado más de cincuenta países y vivido en muchos de ellos), también se ha movido dentro del mundo de las ONGs durante muchos años (universo con el que es bastante crítica). Si bien comenzó como periodista local, en 1999 decidió dejar su trabajo y marcharse a El Salvador con “Médicos del Mundo”. Y, hace aproximadamente seis años, decidió continuar con la cooperación desde una perspectiva diferente.

En la actualidad se encuentra a la espera de poder emprender una nueva etapa que comenzará cuando dentro de unos meses viaje de nuevo al continente africano, esta vez a Burkina Fasso con este libro que hoy os presento y el proyecto enfocado a la infancia que va unido a él. Inconformista, locuaz, rebelde y llena de ideas, Lara contagia al transmitir la ilusión de la que siempre está dispuesta a volver a empezar, a pesar de los pesares, y al tiempo posee la experiencia necesaria de aquella que conoce los obstáculos que hay que superar para poder llevar a cabo aquello en lo que una cree.

Portada de "Afrorismos"

Afrorismos surge por la costumbre que Ripoll fue adquiriendo durante su estancia en Mozambique de compartir todos los viernes en su página de facebook un proverbio y una foto. Desde julio de 2015 sus seguidores a través de esta red social, han podido deleitarse con una breve sentencia que encierra toda la sabiduría de culturas y pueblos africanos diversos y plurales y que ha pervivido gracias a la transmisión oral. Oralidad que a Lara le fascina y por ello intenta, en su medida, que no se pierda, asomándose de esta manera viernes tras viernes con un proverbio diferente.

Estar delante no significa que uno llegue primero. (Proverbio Bemba. Zambia)

Cuando en diciembre de 2016 decide que aquello que compartía desde hacía año y medio merecía formar parte de un libro, Lara tuvo claro que quería que la obra contuviera las palabras “África” o “Afro” y, así jugando con el lenguaje, surgió el título. “Todos los proverbios tienen una intencionalidad,-añade Lara-y se tuvieron que reducir a sesenta por una cuestión de paginación”. La autora nos informa de que obtuvo las breves sentencias bien de las familias de los niños con los que trabajaba, bien de libros específicos cuya bibliografía aparece al final de este volumen. Después, gracias a la auto-financiación y a la ayuda de su entorno más próximo, el libro vio finalmente la luz.

Hoja tras hoja aparecen las fotografías que están en íntima relación con la sentencia a la que acompañan. Éstas se pueden leer en castellano, francés e inglés y van unidas a una explicación de la misma, a su posible significado, y al pueblo de la que proviene. Son, además, de un placer para los sentidos y el conocimiento, la herramienta que Lara ha creado para trabajar con los escolares africanos. A partir de talleres en los que trabaja con ellos en la lengua local (recuerda que uno de los problemas fundamentales en el continente es que los sistemas curriculares son modelos occidentales) con un enfoque hacia la recuperación y registro de sus culturas orales ancestrales. Y siempre con las escuelas y las  familias y sin perder de vista al poder local. Ripoll intenta que los niños valoricen esta riqueza, expresen lo que les sugiere o lo que reconocen y busquen las máximas (por ejemplo, haciendo de periodistas) para después darles una estructura y llegar a ilustrarlas.

Afrorismos. Proverbios africanos ilustrados es un “breve” pero maravilloso libro que nos descubre la belleza de muchos lugares del continente y la sabiduría de muchas culturas diferentes que ha perdurado para hacernos reflexionar o cuestionarnos. “África me da paz- afirma Lara- Allí cada día aprendo algo más. Pero no en el sentido de “ayuda” ni de “búsqueda personal”, sino en el de conocimiento”. Y este es uno de los efectos que ha conseguido con su libro,  gracias a las gentes de ese gran continente que es África. Aportar más, llegar más lejos, darnos la oportunidad de conocer mejor.

En tiempo de crisis, el sabio construye puentes; el necio construye muros. Proverbio de Nigeria

Lugares de venta: A través de la propia Lara Ripoll https://www.facebook.com/lara.ripoll.1. También en su página: https://m.facebook.com/Afrorismos.Proverbiosafricanos/ Sus beneficios de venta serán destinados a llevar el libro a instituciones docentes africanas con las que ejecutar el proyecto educativo completo.

Un “detective” muy particular: Touré de San Francisco, de Bilbao

En el mismo centro de la ciudad de Bilbao está el barrio de San Francisco. Se trata, o al menos así ha sido hasta fechas recientes, de lo que se suele describir como un gueto. Se asocia a lugar marginal, inseguro, de mala vida, lleno de inmigrantes, violencia, prostitución y drogas. Todos esos cajones enconsertados encuentran su mueble a medida en esta zona de la ciudad de Bilbao. La gente suele rodear estas calles intentando no cruzar a través de ellas. Pero allí han encontrado también refugio y acogida cientos de inmigrantes que llegan intentando tener, como cualquiera, una vida mejor. “Todos los emigrantes pobres, vivan donde vivan, tienen una pelea diaria por la supervivencia, la suya y la de su familia, que casi siempre está en su país”, afirma el escritor Jon Arretxe. Y esa lucha cotidiana es la que ha querido plasmar en su serie protagonizada por Touré.

Sobre San Francisco se puede escribir y mucho. Desde varios prismas, como el que se encuadra bajo ese concepto que desde hace poco todos manejamos con soltura: “gentrificación” y del que este pedacito de Bilbao tampoco se libra.

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Jon Arretxe. Fotografía: Erein

Jon Arretxe, que escribe en euskera y ha sido traducido en estas cinco novelas por Cristina Fernández Blanco, quiso situar allí, en sus calles llenas de colorido y diversidad, la trama de una saga que ha ido creciendo bajo demanda de un público lector que le ha ido reclamando continuarla. En realidad se trata de una serie de novela negra con un personaje diferente, poco habitual. Es un burkinés, emigrante africano, sin papeles, que vive en el bilbaíno barrio de San Francisco, en un piso patera. Entre vidente, gigoló e improvisado “detective”, Touré muestra muchas caras de una realidad que, a menudo, se trata de ocultar. Con esta creación el escritor “quería un personaje diferente a lo habitual, algo original que sorprendiera al lector, alejado del típico hombre blanco con problemas con el alcohol y con su esposa“.

La novela negra tiene como uno de sus componentes principales su carácter de denuncia social y plasmación de las tripas de la sociedad en la que se desarrolla, aspectos estos que ya han aparecido en varios momentos en este blog. Son una buena radiografía de las sociedades en las que se encuadran. En este sentido, le pregunto a Arretxe si la población bilbaína es más racista y llena de prejuicios de lo que nos creemos. “No creo que sea más racista que el resto de las sociedades de su entorno, pero sí más de lo que ella misma se considera”, me contesta. Y añade que se tolera “una multiculturalidad solo hasta cierto punto, folklórico y superficial”.

Además de ser un gran conocedor del continente, ya que ha viajado por varios países (de hecho existe un Touré, que no tiene que ver nada con la novela, originario de Malí), para ambientarse a la hora de recrear sus novelas, Arretxe escribe desde el corazón del que considera “el barrio más vivo de todo Euskadi” gracias a una conocida que le cedió un piso, que quería alquilar, para poder escribir desde él. Cuando éste terminó por alquilarse, el vecino de enfrente le ofreció continuar la serie desde su piso, que apenas usaba. Fue así como el escritor se metió de lleno en el día a día del vibrante y variado barrio, escuchando decenas de historias y conociendo a muchas personas que después introdujo incluso como personajes de la saga. De ellas resalta que “tienen cosas buenas y malas, como todo el mundo, pero la gente emigrante, sobre todo la africana, es mucho más solidaria y hospitalaria que en el mundo occidental”. Del barrio además destaca su biblioteca, de la que ha sido frecuente usuario, y en la que también ha encontrado muchos motivos de inspiración. Uno de esos lugares donde habitan los libros más diversos y que es, por cierto, de las más desconocidas de Bilbao.

La saga Touré

Los títulos que componen hasta el momento la serie (parece que Arretxe ha decidido aparcar el personaje por un tiempo) son los siguientes, descritos de manera breve por el propio escritor:

  • 19 kamera / 19 cámaras. Erein Argitaletxea, S.A, 2012. “La más original y tal vez sorprendente, por el tipo de personaje”.
  • 612 euro / 612 € euros. Erein Argitaletxea, S.A, 2013. “La de más humor”.
  • Hutsaren itzalak / Sombras de la nada. Erein Argitaletxea, S.A, 2014. ” La más dura, la más cruda”.”Para mí la mejor es la tercera, Sombras de la Nada, aunque es tan dura que deja mal cuerpo, lo cual no sé si es contraproducente”.
  • Estolda jolasak / Juegos de cloaca. Erein Argitaletxea, S.A, 2015. ” Casi una novela de viaje, un thriller africano”.
  • Sator lokatzak / Piel de topo. Erein Argitaletxea, S.A, 2016. “La que tiene una trama más sólida”.

La serie comenzó con 19 camaras/19 kameraEl título hace referencia al número de cámaras situadas en el barrio desde las que se vigila lo que allí ocurre. Estas son un narrador frío que va contando “según lo que enfoca” descubriendo situaciones muy duras, violentas. Pero la trama también cuenta con un punto de vista lleno de humor y cariño hacia las peripecias de Touré que se deslizan desde esa zona oculta de la ciudad hasta la sociedad más acomodada que vive apenas cruzando el puente y que le acaba dando la oportunidad de cantar en un coro.

Con otro título muy significativo, continuaron al año siguiente las aventuras de Touré. 612 euro/ 612 €uros hace referencia al importe de la renta básica con la que tienen que vivir muchas familias. Vuelven los personajes de la anterior y también el tono que no en vano sirven para afirmar que  Arretxe  “utiliza la narración policial para entrar en la crítica social, pintando la pobreza y la xenofobia que rodea a sus personajes”. La llegada de un supuesto primo y su hijo complicarán la existencia de Touré.

A partir de la tercera entrega el tono de la narración cambia. Esta obra la dedica a “A todos esos africanos que no existen a pesar de estar entre nosotros“. De esta manera,

“Arretxe da un giro de tuerca y nos narra la cruda realidad del periplo al que se ven forzados los emigrantes subsaharianos. Ya no hay sonrisas, no hay situaciones hilarantes, no hay pesquisas absurdas. La larga travesía de los desplazados hasta las puertas del Edén, la intervención de las mafias, las violaciones de derechos humanos… relegan la ironía y el humor a un segundo plano. Una historia verosímil, donde no falta la intriga, que obliga al protagonista a enfrentarse a enemigos más poderosos, acompañado siempre por los pocos, pero incondicionales, compañeros de la Pequeña África de San Francisco.” (Un lector indiscreto)

Tras vivir una situación límite, durísima,  Touré regresa a África. Arretxe ha plasmado en varios de sus títulos sus viajes por el continente. Y aprovecha esta obra para introducirnos en las calles de Bamako. Pero también para volver a integrar a un personaje diferente, en este caso un albino.

-Yo me hacía pasar por un poderoso vidente y echaba los cauris. Algunos incautos se lo creían y hasta me pagaban, pero no creas que me siento orgulloso por ello.
-Es el destino de los africanos, Touré –me consoló Alou-. Aquí o en Europa, da lo mismo, el tema es sobrevivir. No hay de qué avergonzarse. (Juegos de cloaca. Pág. 81)

“La Pequeña África de San Francisco vuelve a ser el escenario de las andanzas de nuestro detective-vidente. De vuelta a Bilbao, Touré recuperará sus relaciones anteriores con la finalidad de recomponer su maltrecha existencia. Una dura realidad, la de los sin papeles en el Paraíso soñado, que obliga a una vida clandestina en un mísero y asfixiante escenario controlado por las autoridades. No hay posibilidad de escape, a la xenofobia y a la escasez de medios para asegurar su sustento se suma la coacción, la exigencia a colaborar con el adversario, la policía, delatando a sus cercanos, a aquellos que se encuentran en su misma situación. Touré y sus compañeros tratarán por todos los medios de liberarse de esta red de chantaje y extorsión en la que están atrapados. La descripción detallada del submundo de la emigración, del monótono día a día de los “inexistentes”, de su realidad, es en lo que Arretxe persevera con un lenguaje dinámico y descarnado.” (Sinopsis).

Edjengui se ha dormido… y Chema Caballero nos cuenta cómo quieren despertarlo

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Fotografía: Goteo.org

Tras leer este libro, me he puesto a leer otra vez.

He buscado la “Declaración de las Naciones Unidas sobre los pueblos indígenas” de 2007 y me he encontrado lo que ya sabía. Mis ojos se han deslizado artículo tras artículo hasta completar los 46 que completan la lista de este sueño color rosa que son todas las declaraciones que existen y existirán para muchas personas. Después me he quedado un buen rato mirando por la ventana y reflexionando sobre nuestro mundo de asfalto y neón, tan alejado del de los pigmeos bakas, alma de este libro, que se consideraban hasta hace poco parte de la selva (pensad en esto) para verse de pronto desalojados de ella y obligados a habitar los bordes de las carreteras.

Se me ocurren unas cuantas maneras de acercarse a una comunidad indígena: a través de algún libro de antropología, de algún reportaje fotográfico o periodístico, de algún testimonio de viajero, o de manera menos frecuente conociéndolas in situ. Este libro lo consigue de una manera diferente. Si con Los hombres leopardo se están extinguiendo  (PPC, 2011) Chema Caballero había conseguido casi un “manual”, con Edjengui se ha dormido completa una mezcla de géneros, logrando un libro “intramundos” que nos mete de lleno en los poblados de los pigmeos bakas del sur de Camerún. Su recorrido parece el de un detective con los ojos muy abiertos que ha llegado a la escena después del crimen y se dispone a observar, reflexionar y entrevistar a toda persona vinculada con el caso para intentar aclarar la crítica situación que delante se le presenta. Después nos reúne a todos para ofrecernos sus conclusiones y, para ya sin sorpresa, mostrarnos que el culpable no es uno sino muchos y otro tanto ocurre con el motivo.

Espero no haber cometido un “spoiler” al adelantar que esta obra parte de una situación al límite y contaros un poco el final de este libro que nació con la intención de “mostrar el momento actual en el que se encuentra el pueblo baka”. La ONG Zerca y lejos nos propone unirnos a la lucha por los Derechos Humanos de los baka comprando este libro. Una manera, además, de lograr que con su lectura conozcamos y sintamos más próximos a los bakas de Camerún. Para ello han usado la vía del “crowfunding” y le han encomendado la labor a Chema Caballero. Éste, a través de un método de cirujano, abriendo, analizando, cerrando y volviendo a abrir, cumple la tarea sin arrogarse el papel de ser “la voz de los sin voz” y prefiriendo, de manera muy acertada, dar primerísima importancia a las historias personales. Que hablen ellos y ellas. Siendo a través de estas narraciones como se va encendiendo las bombillas que van dando luz a un universo desconocido y logrando que lo veamos casi como si estuviéramos sumergidos dentro de él.

¿De qué habla “Edjengui se ha dormido”?

De cuando todo se desmorona. De eso habla. De cuando ves que tu mundo deja de existir y comienzas a vagar como un fantasma al que le han quitado cualquier cimiento de solidez y no te puedes anclar a nada porque todo a tu alrededor maneja unas claves que desconoces.

No son los bakas, por desgracia, los únicos que han sido desalojados de sus tierras y que corren el peligro de perder sus culturas. A lo largo y ancho del planeta son muchos los grupos minoritarios que han visto cómo sus tierras ancestrales, aquellas que les pertenecen desde “muchos, muchísimos años” como dice una anciana en este libro, les han sido usurpadas. “Los pueblos indígenas están perdiendo la batalla contra la cultura occidental que se impone en todo el mundo” se afirma en sus páginas (¡y qué razón tiene¡). Se les expulsa de sus tierras para poder deforestar la selva y hacer negocios también de minería. El aceite de palma es uno de los últimos en sumarse a esta lista de productos que consumimos en nuestro mundo y que están ocasionando una situación irreversible en lugares como Camerún.

En el libro, a través de diversos testimonios y opiniones de personas pertenecientes a estas comunidades, se va denunciando que las concesiones para las explotaciones las da el gobierno, y que benefician además de “al presidente y a sus amigos”, a países europeos y en mayor medida los últimos años a China. Los bakas además sufren de racismo y discriminación por otros pueblos, como los bantúes que no les consideran seres humanos y que les esclavizan. El listado de derechos humanos que les es hurtado es extenso. La situación se torna descorazonadora, más aún si continúan en su posición de víctimas. Es necesario pasar a otro estadio: hay que despertar a Edjengui, el espíritu de la selva, hay que despertar a los bakas para que reclamen lo que les corresponde.

En la página 112 de su libro Los hombres leopardo se están extinguiendo, Chema Caballero escribía: “Los jóvenes son la única esperanza que le queda a África para romper con su situación actual y cambiar. Constituyen la mayoría de la población del continente. Son la fuerza que quiere que las cosas cambien en sus países y buscan medios y formas para conseguirlo”. En esta ocasión también la solución parece venir de los jóvenes que a través de la educación están consiguiendo concienciar al resto de los suyos de la importancia de no dejarse pisar y organizarse para conseguir, entre todos, que sus derechos les sean devueltos, para hacer que todas las declaraciones sobre comunidades indígenas no sean para nadie un cuento rosa.

Al igual que pasa con los culpables y con los motivos, tampoco Edjengui se ha dormido tiene un único final. El mundo que Chema Caballero nos ha mostrado se debate entre miles de interrogantes y contradicciones intentando seguir caminando después de que todo se ha desmoronado. Lo tienen difícil, son muchas las fuerzas que se ciernen sobre los pueblos indígenas empujando para que desaparezcan y con ellos todo un mundo. Estorban, sobran, no se les quiere en ningún lado. Así de sencillo y así de cruel. Zerca y lejos nos da la oportunidad de conocer y ser parte de un proyecto, a través de un libro que logra que conozcamos su lucha y su esfuerzo por levantarse ante todas las dificultades a las que se enfrentan. Es una lucha desigual, descomunal, Edjengui se ha dormido nos habla de ella, nos siembra de incertidumbres pero también de presente, a través del nuevo ciclo de vida que abren los jóvenes, y nos invita a todos a ser parte y altavoz de la situación que describe. El primer paso a tan solo un golpe de click.

 Para adquirir el libro: Zerca y lejos 

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El pais de arena de Isabelle Eberhardt

En 1904, Isadora Duncan no había tenido aún ningún sobresalto, apenas nada que la resquebrajara por dentro como después ocurrió. Comenzaba a completar en aquel momento el periplo que la llevaría a ser conocida por su espectacular manera de concebir la danza, liberándola de ataduras y formas estrechas, representación para muchos de escándalo y para otros de enigma. Había llegado a Atenas e iniciaba su trayectoria que la haría bailar descalza y libre ante los ojos atónitos y hechizados de todos los que tuvieron el privilegio de contemplarla. Muy lejos de allí, la suiza Isabelle Eberhardt, insumisa, inclasificable y poliédrica, se ahogaba en plena juventud por el desbordamiento del Sefra, en Argelia, su país de arena, que se llevó consigo el pequeño poblado en el que vivía.

Isabelle Eberhardt. Autoría desconocida

Isabelle Eberhardt. Autoría desconocida

Una bailaba frente al mar, sobre la arena. La otra escribía perdida, consciente y plena, en la ilimitada superficie del Sahara.

“Todo en Argelia había sido una revelación para él”, se describe Isabelle en uno de sus relatos, “El Médico”. Suiza de nacimiento, su primera obra la escribió en 1895, bajo un seudónimo masculino, Visions du Moghreb, sin haberse movido de Ginebra. Es un ejemplo de hasta qué punto aquellas tierras la fascinaban. Tras viajar por Túnez, se estableció en el desierto argelino desde donde llevó su vida siempre a su manera.

Isabelle Eberhardt es más conocida por su subversión que por su obra. Atravesó a caballo las doradas arenas vestida de hombre. Su trasvestismo la ayudó a penetrar en aquellos grupos de musulmanes que de otra manera le habría estado vedado. De esta manera trataba de comprender y transmitir todo lo que los diferentes pueblos argelinos le mostraban.

Convertida al islam, los colonizadores franceses la trataron con desdén y rechazo. No les gustaba la imagen de esta mujer que ataviada como un hombre se mezclaba con los argelinos para vivir con ellos y poder transmitir de primera mano sus modos de vida, pero tampoco a algunos pobladores locales. Esa figura errante, solitaria, decidida e híbrida trastocaba demasiados cimientos y creencias. Era incómoda, como solo un ser auténticamente libre lo puede ser.

Isabelle Eberhardt escribió poco, apenas unos artículos, un diario y algunos relatos cortos (reunidos bajo el8503 título El País de Arena) a través de los cuales se hace visible su compromiso con aquellas tierras, que la llevó a denunciar el colonialismo francés y sus deshonestas prácticas. Ella realizó el proceso inverso, en lugar de querer apropiarse de nada, se sumergió en la vida argelina.

Adelantada a su tiempo, en “Yasmina“, una novela corta que narra la historia de amor entre un oficial francés y una beduina (ella misma se casó con un oficial argelino musulmán) muestra a argelinos y franceses, colonizadores y colonizados, musulmanes y cristianos y la imposibilidad de dicha comunión en aquel momento. En este relato escribe:

África, a donde había venido voluntariamente, se le aparecía aún como un mundo casi quimérico, profundamente desconocido, y el pueblo árabe, por todas las manifestaciones exteriores de su carácter, lo sumía en un constante asombro.

En otros relatos va dejando traslucir sus preocupaciones, a través de una escritura que le vale de refugio. Tanto en “Tesaadiz”o “Taaliz” como en “Novia”, escribe sobre amores que nacen desgraciados con mujeres que acaban prostuidas (critica también con las costumbres musulmanas, como apunta Inmadulada Jiménez Morell en el prólogo). Al igual que plasma su postura anticolonial (“El médico militar” o “Campamento”), pero sobre todo escribe sobre su pasión por la vida nómada, su fascinación por el desierto, que puede más que cualquier vínculo afectivo (“Vagabundo”).

Errante, vagabunda, extrema y apasionada, su literatura (de factura irregular) comenzaba a formarse cuando la muerte se la llevó muy joven. Tal vez como dice Jiménez Morell “la belleza de estos relatos reside, sobre todo, en la armoniosa correspondencia con el pensamiento y la vida de su autora”. No en vano, siempre fue una nómada de la vida y de si misma.

Ficha:

  • Idioma: Original: Francés (1989). Éditions Papyrus Afrique (Dakar)
  • Traducción al castellano: Ediciones del Oriente y del Mediterráneo (2000)
  • Selección, traducción e introducción: Inmaculada Jiménez Morell
  • Nº páginas: 234

Se puede haber estado en Yibuti o haber leído “El testamento del Chacal”

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De Yibuti nos habló hace poco el escritor Abdourahman A. Waberi, sobre todo de la vertiente política de un país que lleva soportando al mismo hombre en el gobierno la friolera de 17 años. Y lo va a seguir haciendo ya que Ismaïl Omar Guelleh ha sido reelegido (bajo acusación de fraude) este mismo domingo. Es el “pequeño país del Cuerno de África”, en donde las grandes potencias compiten para desplazar sus tropas hasta allí. Incluso China lo ha hecho, ya ha anunciado que tendrá base militar en el continente.

De Yibuti, por lo demás, no sabemos nada.

Ander Izagirre, ese periodista con botas y mochila fácil, nos lo hace comprender de muchas maneras, la más gráfica cuando descubre que ni siquiera los médicos se acuerdan de colorear el país como zona con malaria en los mapas de las enfermedades. Yibuti será la pieza del puzzle que le faltaba a Ander y a su equipo para completar el viaje de nueve meses por los puntos más bajos de cada continente. Porque en aquel país está el lago Assal, 157 metros por debajo del nivel del mar. Y ello saben que en los sótanos del planeta se pueden encontrar tantas lecciones como en las cumbres más altas.

Pero sobre todo porque conciben el viaje como encuentro, como una manera de acercarse a los demás, de sondear esos abismos que nos separan y tratar de entender. Y todo ello desde el convencimiento último que da el saber que, en realidad, son las personas que viven de manera cotidiana situaciones extremas de carencias y sufrimiento las dignas de admiración y no los viajeros que, de manera privilegiada, tienen la suerte de ir a uno u otro país por voluntad propia. “A menudo, un viaje no se termina de comprender hasta que uno vuelve a casa, lo piensa y lo escribe” (pág. 18).

El testamento del Chacal tiene la virtud de penetrar en esta tierra olvidada y hacernos sentir que hemos estado allí. Yibuti cansa, afirma el periodista. Bofetadas de calor del país más calientes del planeta se elevan desde esa “roca volcánica, arena y sal” para abrasarnos también a nosotros, los lectores, que no podemos sino asistir con la mirada seca.  A través de su propia historia que se cuenta desde la época colonial en la que, bajo la dominación francesa, se impuso también allí el recurrido “divide y vencerás” aplicado a los afar y los issas, hasta la independencia que arroja el saldo de un país con altos niveles de corrupción, “pero lo realmente grave es que ese dinero de la corrupción no se queda aquí, se desvía a Europa”, afirma un yibutí. Pasando por la guerra civil, que duró tres años, y que parece haber acabado con el convencimiento de la necesidad de que ambas etnias vivan en paz y armonía juntas.

Y tras todo ello, el pueblo yibutí. Que sobrevive en un lugar en el que, según un proverbio issa, hasta los chacales dejan testamento antes de entrar en él, y es que “En las listas que miden el bienestar de las naciones, Yibuti siempre merodea el farolillo rojo” (pág. 86). En él,  seres humanos y cabras se disputan el agua en la misma lata oxidada, muchos mascan kat para evadirse de la realidad tórrida, algunos gastan sus últimas fuerzas escarbando en la basura algo que comer y otros intentan continuar en aquel territorio hostil, en donde no se puede cultivar nada. Pero también aparecen seres entusiastas y esperanzados que “con sus testimonios de supervivencia testaruda se levantan contra un paisaje atroz”.

De Yibuti también sabemos lo de la grieta. Que está partiendo el país en dos, dejando que el mar penetre y acabe por devorarlo todo. Pero hasta que eso ocurra hay otros planes para este país, el núcleo más importante de conectividad digital en el este de África y para el que China financia su nueva red ferrioviaria.  Y hasta que eso ocurra, seguirá siendo además el lugar de paso de miles de inmigrantes en tránsito de países como Somalia, Etiopía y Eritrea.

La lección abruma: nuestra vida no es la medición de todas las cosas; el universo se rige por motivos que no controlamos ni comprendemos. En esta forja de continentes y océanos, el hombre es polvo efímero. Sin embargo, esa conclusión no oprime, sino que inspira, porque la belleza terrible del Rift evoca una intención suprema que se intuye aunque no se entiende. El Rift es un gran recordatorio: hay que elegir entre el absurdo y el misterio (pág.150)

Ficha:

  • Título original:  El testamento del chacal (2003)
  • Editorial: Laertes
  • Nº páginas: 150
  • Imagen de portada: Duatis Disseny. Fotografía de Ander Izagirre

Deconstruyendo a Hamlet desde un lugar de África occidental

Llego al relato del que os hablo más abajo después de andar trasteando y buscando información sobre el 400 aniversario de la muerte de Cervantes y de Shakespeare que se produce este mismo año (mientras estoy intentando, confieso, no mostrar mi confusión por celebrar los fallecimientos de dos genios literarios) y su relación con el continente africano. He hallado pocos datos, pero entre ellos encontré a Laura Bohannan y su divertido relato, “Shakespeare en la selva”. Deseché la idea de compartirlo a pesar de parecer un buen hallazgo dado el centenario, “de nuevo África y la antropología”, pensé, “además fue escrito en 1960”, y la olvidé. Pero no sé cómo la historia volvió a mi.

De acuerdo, voy a dejar fuera las licencias poéticas, sí lo sé… volvió debido a un texto de Coetzee.

Escribe y reflexiona este escritor, y mira que es coincidencia, en uno de los ensayos de Las manos de los maestros (libro que en este momento ando pensando) sobre la ociosidad sudafricana, partiendo de los hotentotes del Cabo de Buenaesperanza y 12514090_1194392633922460_5793808828373466269_o_1000las descripciones (no le echéis mucha imaginación) que expedicionarios, marineros etc… vertieron sobre ellos. Entre todas esas lindezas, sobre todo se les acusaba de perezosos. Así, la satisfacción del trabajo se presentaba como la única alternativa que podía devolver a aquellos salvajes al mundo civilizado. Ese peligro latente que podía inclinar la balanza de muchos hacia el lado de la ociosidad debía equilibrarse: no se entendió como un modo de vida y se combatió (también en Sudáfrica). Hoy la propensión a censurar a los hotentotes y su ociosidad no es tanta,  añade Coetzee,”Tenemos ya a nuestras espaldas un siglo de disciplina antropológica e histórica que nos hace pensárnoslo dos veces antes de desdeñar a la ligera las vidas de los pueblos extranjeros y de adoptar puntos de vista demasiado egocéntricos“.

El extraordinario (y breve) ensayo de Coetzee me ha llevado a recordar a Laura Bohannan, que desarrolló un trabajo de campo desde 1949 a 1953 junto a su marido, el también antropólogo Paul Bohannan entre los tiv de Nigeria. En “Shakespeare en la selva” nos narra con un tono ameno y divertido lo que ocurrió cuando tuvo la oportunidad y se dispuso a contar la historia de Hamlet a una tribu de África occidental, en concreto a un grupo de ancianos (hombres y mujeres) de la etnia Tiv. Lo que se deduce del relato (que si estáis interesado podéis encontrar con facilidad en internet) es que la universalidad de la obra de Shakespeare, lo mismo se puede decir de la de Cervantes, que siempre mencionamos al hablar de ellos, no es tal.

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Una de las primeras imágenes de los Tiv, de 1907

Bohannan partió de una actitud etnocéntrica. Creía que Hamlet era un personaje comprensible por cualquier persona en cualquier parte del mundo partiendo de la hipótesis de que la naturaleza humana es bastante similar en todas partes (universalización de las percepciones). Hasta que comenzó su relato y comprobó que los ancianos (además de los problemas derivados del lenguaje y la traducción) no reconocen algunos aspectos del mismo, se niegan a identificarlos, objetan y acaban reelaborando el texto desde sus propias categorías culturales. Afloran así las “diferencias morales y culturales que hacen imposible una recepción estandarizada por parte de los Tiv del relato de Hamlet al modo occidental“. Sin duda Hamlet es demasiado inglés y occidental.

Así, los Tiv en lugar de reconocer el heroísmo del dubitativo príncipe distinguen con admiración a Laertes, pues “hace falta un corazón muy fuerte para matar por brujería a la propia hermana” (1) y no entienden la idea de ver a un muerto (fantasma) y lo comparan con un presagio o niegan la existencia de los fantasmas, de que ellos puedan andar y tener sombras y lo tachan de brujería (llevan a su propia realidad la historia). Al ir narrando, una cada vez más desesperada Bohannan, fue siendo interrumpida e interpelada una y otra vez. Los ancianos se internaron en un mundo desconocido que narraba una extranjera al que intentaban dar luz desde sus propias categorías, creencias y vivencias.

La historia de Hamlet dejó de tener un único sentido para ser reinterpretado por unos ancianos que consideraban, al igual de Laura, que la suya era la correcta: “Envolviéndose en su raída toga, el anciano concluyó: alguna vez has de contarnos más historias de tu país. Nosotros, que somos ya ancianos, te instruiremos sobre su verdadero significado, de modo que cuando vuelvas a tu tierra tus mayores vean que no has estado sentada en medio de la selva, sino entre gente que sabe cosas y que te ha enseñado sabiduría”.

El choque entre  la versión de la antropologa y la que van creando los otros a raíz de su relato, es evidente. La vivencia de Laura nos va adentrando en una situación en la que los ancianos  la escuchan, aunque las frases del final pueden querer mostrar que la reelaboración ha podido tener mucho que ver con “querer llevar la historia a mi terreno”. Sea como sea, el resultado es otro relato muy diferente al que Bohannan tenía en mente, una combinación de lo que ella intenta narrar (mostrando la gran dificultad que existe cuando se intenta transmitir una historia propia a un grupo que no tiene nada que ver con nuestra cultura) y lo que van observando los Tiv. El producto de esta broma es la reescritura de la historia inicial, primero por Laura y luego por los ancianos. No encuentro que haya ningún final dialogado, tampoco un híbrido cultural. Presiento que lo que ha habido es el choque de dos visiones etnocéntricas que no quieren (¿entienden que deben?) moverse y el relato termina igual que comienza.

Llevamos mucho camino andado para desdeñar nada, como dice Coetzee. Ningún relato tiene nunca una única interpretación, ni ninguna visión es la única. Reinterpretamos una y otra vez, según nuestra cultura y nuestras experiencias. Que seamos capaces de tener en cuenta, tratar de entender, bucear en sus contradicciones y escuchar de manera atenta, es el reto. Entonces, quizás, hayamos aprendido algo.


1-Javiera Carmona Jiménez. Periodismo y Antropología: Ficción y Lealtad
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