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Entradas de la Categoría ‘Vinieron de fuera’

Borja Monreal con “El sueño eterno de Kianda” novela un tabú histórico angoleño

El sueño eterno de Kianda está escrita por Borja Monreal periodista de formación y cooperante de profesión. Sin embargo, si me pidieran destacar algo subrayaría que ha vivido muchos años en Angola y que conoce en profundidad los entresijos históricos y sociales de este país. Y que se trata, como él mismo se define, de una persona inquieta, que le gusta el descubrimiento continuo y la búsqueda incesante de afinidades entre lo que denominamos “nosotros” y “ellos”.

Todo lo anterior se plasma en esta su ópera prima; un texto documentado, que nos introduce de lleno en la historia más reciente de este país que el propio Monreal define como “intenso” y que contiene varias novedades interesantes, a caballo entre una novela histórica y un thriller,  y que nos habla, además, de un tema tabú en Angola.

Quizás la primera parte de la obra traiga para un lector avezado en narrativas basadas en momentos históricos como las independencias-post independencias, una ligera sensación de déjà vú. Rezuma el texto de Monreal frases que hilan de manera directa con un tema con el que se asocia a menudo a las literaturas africanas; el del proceso/ lucha por la independencia y lo que vino después. Y ya situándonos en Angola, nos trae a la memoria la recreación que de aquellos momentos hizo Pepetela, aquel escritor que contaba lo que antes él había vivido en su propia tierra y en su propia piel, sobre todo en su obra La Generación de la Utopía, en la que logró transmitir con acierto la sensación que queda cuando se ha dado todo por un ideal  y el resultado no ha sido el esperado.

El sueño eterno de Kianda se narra desde varios momentos temporales, con continuos saltos de tiempo. Desde su inicio más contemporáneo, 2012, se retrotrae a la década de los 60, cuando comenzó una de las guerras de independencia más largas del continente africano, de 1961 a 1975, hasta que el texto va llegando a la fatídica fecha del 27 de mayo de 1977. Por sus páginas van surgiendo los tres movimientos de independencia que aparecieron, cada uno de ellos con su propia ideología y fines: el MPLA de Angostinho Neto, el que sería el primer presidente de la Angola independiente y el partido que ha gobernado el país desde entonces hasta hoy, el FNLA y el UNITA. Se trata, en suma, de un texto que nos involucra en este periodo desde la perspectiva de unos seres que Monreal ha escuchado (a través de cientos de entrevistas) para poder escribir sobre lo que ocurrió.

Pero, además, la historia se cuenta desde varias voces que pertenecen a diferentes generaciones. Y yendo un poco más lejos ha incorporado la de Kianda, hija de los dos combatientes protagonistas, que se vio exiliada cuando era una niña y que lo mira todo desde los ojos de una persona occidentalizada pero que necesita saber sobre su pasado, su familia y su país. A la vez que le sirve para ampliar el enfoque hacia otros temas más existencialistas, como el vacío de una vida que no tiene sentido (envuelta en el reconfortante colchón capitalista) frente a la de otros que la han vivido y exprimido hasta sus últimas consecuencias.

Kianda, la protagonista, es el punto de arranque que permite a Monreal contar la historia “desde fuera” mientras abre un coro de personajes que personifican a aquellos que lucharon por la independencia o aquellos que decidieron matarla desde sus inicios. Esta mujer, que vive en la actualidad con su madre ex-combatiente en Londres, decide que debe regresar junto con ella a su país para conocer qué le ocurrió de verdad a su padre. Se trata de un periplo que debe realizar para poder cerrar un círculo y avanzar. Lo conseguirá gracias al diario (en cuidada edición de Salto de Página y presentado en hoja negra con letras blancas y dibujos) que su padre escribió antes, durante y después de la lucha, y la toma de contacto con otros seres que marcaron la existencia de sus progenitores.

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Foto: Borja Monreal en Quedas de Kalandula, Provincia de Malanje. Angola.

Se trata de una obra que en su segunda parte comienza a destapar los numerosos secretos con los que han vivido sus personajes. Así, el ritmo y el tono convierte la narración en un thriller en el que cada persona arroja un poco de luz hasta el desenlace final. Aunque tampoco hay excesivas sorpresas (y se echa en falta quizás más densidad y arrojo a la hora de tratar los claroscuros de algunos personajes), se sigue con interés, sobre todo aquellos episodios que se sumergen en la historia o indagan en el ser y estar angoleño y nos muestran vértices de su cultura.

Además, Monreal ha querido plasmar lo que ocurrió el 27 de mayo de 1977. Una historia que ha sido largamente silenciada y que una y otra vez se siente la necesidad de sacar a la luz. De ella emerge también un mito: Nito Alves, quien fue Ministro de interior durante la independencia y fue el motor del levantamiento de 1977 que los “fraccionistas” con él a la cabeza llevaron a cabo para derrotar a Angostinho Neto. Se habla de una auténtica masacre. Sin duda, este episodio silenciado genera cada vez más preguntas que respuestas y es difícil conocer todos los ángulos del mismo. Se habla de 30.000 muertos, sobre los que nadie quiere empezar a destapar nada, y en la actualidad habría más desaparecidos que en Argentina. Una herida demasiado grande para que aún siga abierta.

A través de El sueño eterno de Kianda, Monreal transmite, en todo momento, la necesidad de encontrarse a uno mismo, de interrogarse sobre los propios actos e inacciones. Y esto, él lo sabe, lo hacemos tanto los “unos” como los “otros”. No en vano, parece decirnos el escritor, no somos tan diferentes…

¿o sí?.

El sueño eterno de Kianda. Editorial Salto de Página y Fundación Caja Canarias, 2017. Borja Monreal Gainza. Ilustraciones: Loraxi López.

Afrorismos: proverbios africanos, ilustrados y seleccionados por Lara Ripoll

Recuerda debes actuar como si fuese imposible fracasar. Sentencia Ashanti.

Hace ya más de dos años, Lara Ripoll me mandó información sobre un proyecto en el que se encontraba sumergida (y hago especial hincapié en el verbo que he elegido, porque estoy convencida de que esta periodista valenciana es de las que se sumerge en todo lo que hace). Cuentos de los niños de mañana fue parte de una iniciativa muy atractiva,  se trataba de un libro de cuentos y fábulas tradicionales mozambiqueñas, cuya particularidad era que, de principio a fin, estaba realizado por los niñ@s de las escuelas donde se desarrollaba el proyecto. En una edición bilingüe castellano-portugués, la obra recogía veinte cuentos y fábulas tradicionales de Mozambique, que habían sido aportadas e ilustradas por los propios niños de Pemba. Se ofrecían historias africanas inéditas del vasto patrimonio de la cultura Macua —la mayoritaria en Cabo Delgado—, o de la cultura Mwani, entre otras.

Después Lara continuó apareciendo, de vez en cuando, en el espacio que LitERaFRicAs tiene en Facebook con su obra fotográfica, llena de aciertos. Y ahora nos trae un nuevo trabajo, tan interesante como el primero: Afrorismos. Proverbios africanos ilustrados.

Hay que morder el hueso mientras se tiene dientes. Proverbio de la etnia Basonge (RD del Congo)

Lara Ripoll residía en Mozambique cuando contactó conmigo por primera vez. Periodista, fotógrafa y viajera empedernida (ha visitado más de cincuenta países y vivido en muchos de ellos), también se ha movido dentro del mundo de las ONGs durante muchos años (universo con el que es bastante crítica). Si bien comenzó como periodista local, en 1999 decidió dejar su trabajo y marcharse a El Salvador con “Médicos del Mundo”. Y, hace aproximadamente seis años, decidió continuar con la cooperación desde una perspectiva diferente.

En la actualidad se encuentra a la espera de poder emprender una nueva etapa que comenzará cuando dentro de unos meses viaje de nuevo al continente africano, esta vez a Burkina Fasso con este libro que hoy os presento y el proyecto enfocado a la infancia que va unido a él. Inconformista, locuaz, rebelde y llena de ideas, Lara contagia al transmitir la ilusión de la que siempre está dispuesta a volver a empezar, a pesar de los pesares, y al tiempo posee la experiencia necesaria de aquella que conoce los obstáculos que hay que superar para poder llevar a cabo aquello en lo que una cree.

Portada de "Afrorismos"

Afrorismos surge por la costumbre que Ripoll fue adquiriendo durante su estancia en Mozambique de compartir todos los viernes en su página de facebook un proverbio y una foto. Desde julio de 2015 sus seguidores a través de esta red social, han podido deleitarse con una breve sentencia que encierra toda la sabiduría de culturas y pueblos africanos diversos y plurales y que ha pervivido gracias a la transmisión oral. Oralidad que a Lara le fascina y por ello intenta, en su medida, que no se pierda, asomándose de esta manera viernes tras viernes con un proverbio diferente.

Estar delante no significa que uno llegue primero. (Proverbio Bemba. Zambia)

Cuando en diciembre de 2016 decide que aquello que compartía desde hacía año y medio merecía formar parte de un libro, Lara tuvo claro que quería que la obra contuviera las palabras “África” o “Afro” y, así jugando con el lenguaje, surgió el título. “Todos los proverbios tienen una intencionalidad,-añade Lara-y se tuvieron que reducir a sesenta por una cuestión de paginación”. La autora nos informa de que obtuvo las breves sentencias bien de las familias de los niños con los que trabajaba, bien de libros específicos cuya bibliografía aparece al final de este volumen. Después, gracias a la auto-financiación y a la ayuda de su entorno más próximo, el libro vio finalmente la luz.

Hoja tras hoja aparecen las fotografías que están en íntima relación con la sentencia a la que acompañan. Éstas se pueden leer en castellano, francés e inglés y van unidas a una explicación de la misma, a su posible significado, y al pueblo de la que proviene. Son, además, de un placer para los sentidos y el conocimiento, la herramienta que Lara ha creado para trabajar con los escolares africanos. A partir de talleres en los que trabaja con ellos en la lengua local (recuerda que uno de los problemas fundamentales en el continente es que los sistemas curriculares son modelos occidentales) con un enfoque hacia la recuperación y registro de sus culturas orales ancestrales. Y siempre con las escuelas y las  familias y sin perder de vista al poder local. Ripoll intenta que los niños valoricen esta riqueza, expresen lo que les sugiere o lo que reconocen y busquen las máximas (por ejemplo, haciendo de periodistas) para después darles una estructura y llegar a ilustrarlas.

Afrorismos. Proverbios africanos ilustrados es un “breve” pero maravilloso libro que nos descubre la belleza de muchos lugares del continente y la sabiduría de muchas culturas diferentes que ha perdurado para hacernos reflexionar o cuestionarnos. “África me da paz- afirma Lara- Allí cada día aprendo algo más. Pero no en el sentido de “ayuda” ni de “búsqueda personal”, sino en el de conocimiento”. Y este es uno de los efectos que ha conseguido con su libro,  gracias a las gentes de ese gran continente que es África. Aportar más, llegar más lejos, darnos la oportunidad de conocer mejor.

En tiempo de crisis, el sabio construye puentes; el necio construye muros. Proverbio de Nigeria

Lugares de venta: A través de la propia Lara Ripoll https://www.facebook.com/lara.ripoll.1. También en su página: https://m.facebook.com/Afrorismos.Proverbiosafricanos/ Sus beneficios de venta serán destinados a llevar el libro a instituciones docentes africanas con las que ejecutar el proyecto educativo completo.

Un “detective” muy particular: Touré de San Francisco, de Bilbao

En el mismo centro de la ciudad de Bilbao está el barrio de San Francisco. Se trata, o al menos así ha sido hasta fechas recientes, de lo que se suele describir como un gueto. Se asocia a lugar marginal, inseguro, de mala vida, lleno de inmigrantes, violencia, prostitución y drogas. Todos esos cajones enconsertados encuentran su mueble a medida en esta zona de la ciudad de Bilbao. La gente suele rodear estas calles intentando no cruzar a través de ellas. Pero allí han encontrado también refugio y acogida cientos de inmigrantes que llegan intentando tener, como cualquiera, una vida mejor. “Todos los emigrantes pobres, vivan donde vivan, tienen una pelea diaria por la supervivencia, la suya y la de su familia, que casi siempre está en su país”, afirma el escritor Jon Arretxe. Y esa lucha cotidiana es la que ha querido plasmar en su serie protagonizada por Touré.

Sobre San Francisco se puede escribir y mucho. Desde varios prismas, como el que se encuadra bajo ese concepto que desde hace poco todos manejamos con soltura: “gentrificación” y del que este pedacito de Bilbao tampoco se libra.

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Jon Arretxe. Fotografía: Erein

Jon Arretxe, que escribe en euskera y ha sido traducido en estas cinco novelas por Cristina Fernández Blanco, quiso situar allí, en sus calles llenas de colorido y diversidad, la trama de una saga que ha ido creciendo bajo demanda de un público lector que le ha ido reclamando continuarla. En realidad se trata de una serie de novela negra con un personaje diferente, poco habitual. Es un burkinés, emigrante africano, sin papeles, que vive en el bilbaíno barrio de San Francisco, en un piso patera. Entre vidente, gigoló e improvisado “detective”, Touré muestra muchas caras de una realidad que, a menudo, se trata de ocultar. Con esta creación el escritor “quería un personaje diferente a lo habitual, algo original que sorprendiera al lector, alejado del típico hombre blanco con problemas con el alcohol y con su esposa“.

La novela negra tiene como uno de sus componentes principales su carácter de denuncia social y plasmación de las tripas de la sociedad en la que se desarrolla, aspectos estos que ya han aparecido en varios momentos en este blog. Son una buena radiografía de las sociedades en las que se encuadran. En este sentido, le pregunto a Arretxe si la población bilbaína es más racista y llena de prejuicios de lo que nos creemos. “No creo que sea más racista que el resto de las sociedades de su entorno, pero sí más de lo que ella misma se considera”, me contesta. Y añade que se tolera “una multiculturalidad solo hasta cierto punto, folklórico y superficial”.

Además de ser un gran conocedor del continente, ya que ha viajado por varios países (de hecho existe un Touré, que no tiene que ver nada con la novela, originario de Malí), para ambientarse a la hora de recrear sus novelas, Arretxe escribe desde el corazón del que considera “el barrio más vivo de todo Euskadi” gracias a una conocida que le cedió un piso, que quería alquilar, para poder escribir desde él. Cuando éste terminó por alquilarse, el vecino de enfrente le ofreció continuar la serie desde su piso, que apenas usaba. Fue así como el escritor se metió de lleno en el día a día del vibrante y variado barrio, escuchando decenas de historias y conociendo a muchas personas que después introdujo incluso como personajes de la saga. De ellas resalta que “tienen cosas buenas y malas, como todo el mundo, pero la gente emigrante, sobre todo la africana, es mucho más solidaria y hospitalaria que en el mundo occidental”. Del barrio además destaca su biblioteca, de la que ha sido frecuente usuario, y en la que también ha encontrado muchos motivos de inspiración. Uno de esos lugares donde habitan los libros más diversos y que es, por cierto, de las más desconocidas de Bilbao.

La saga Touré

Los títulos que componen hasta el momento la serie (parece que Arretxe ha decidido aparcar el personaje por un tiempo) son los siguientes, descritos de manera breve por el propio escritor:

  • 19 kamera / 19 cámaras. Erein Argitaletxea, S.A, 2012. “La más original y tal vez sorprendente, por el tipo de personaje”.
  • 612 euro / 612 € euros. Erein Argitaletxea, S.A, 2013. “La de más humor”.
  • Hutsaren itzalak / Sombras de la nada. Erein Argitaletxea, S.A, 2014. ” La más dura, la más cruda”.”Para mí la mejor es la tercera, Sombras de la Nada, aunque es tan dura que deja mal cuerpo, lo cual no sé si es contraproducente”.
  • Estolda jolasak / Juegos de cloaca. Erein Argitaletxea, S.A, 2015. ” Casi una novela de viaje, un thriller africano”.
  • Sator lokatzak / Piel de topo. Erein Argitaletxea, S.A, 2016. “La que tiene una trama más sólida”.

La serie comenzó con 19 camaras/19 kameraEl título hace referencia al número de cámaras situadas en el barrio desde las que se vigila lo que allí ocurre. Estas son un narrador frío que va contando “según lo que enfoca” descubriendo situaciones muy duras, violentas. Pero la trama también cuenta con un punto de vista lleno de humor y cariño hacia las peripecias de Touré que se deslizan desde esa zona oculta de la ciudad hasta la sociedad más acomodada que vive apenas cruzando el puente y que le acaba dando la oportunidad de cantar en un coro.

Con otro título muy significativo, continuaron al año siguiente las aventuras de Touré. 612 euro/ 612 €uros hace referencia al importe de la renta básica con la que tienen que vivir muchas familias. Vuelven los personajes de la anterior y también el tono que no en vano sirven para afirmar que  Arretxe  “utiliza la narración policial para entrar en la crítica social, pintando la pobreza y la xenofobia que rodea a sus personajes”. La llegada de un supuesto primo y su hijo complicarán la existencia de Touré.

A partir de la tercera entrega el tono de la narración cambia. Esta obra la dedica a “A todos esos africanos que no existen a pesar de estar entre nosotros“. De esta manera,

“Arretxe da un giro de tuerca y nos narra la cruda realidad del periplo al que se ven forzados los emigrantes subsaharianos. Ya no hay sonrisas, no hay situaciones hilarantes, no hay pesquisas absurdas. La larga travesía de los desplazados hasta las puertas del Edén, la intervención de las mafias, las violaciones de derechos humanos… relegan la ironía y el humor a un segundo plano. Una historia verosímil, donde no falta la intriga, que obliga al protagonista a enfrentarse a enemigos más poderosos, acompañado siempre por los pocos, pero incondicionales, compañeros de la Pequeña África de San Francisco.” (Un lector indiscreto)

Tras vivir una situación límite, durísima,  Touré regresa a África. Arretxe ha plasmado en varios de sus títulos sus viajes por el continente. Y aprovecha esta obra para introducirnos en las calles de Bamako. Pero también para volver a integrar a un personaje diferente, en este caso un albino.

-Yo me hacía pasar por un poderoso vidente y echaba los cauris. Algunos incautos se lo creían y hasta me pagaban, pero no creas que me siento orgulloso por ello.
-Es el destino de los africanos, Touré –me consoló Alou-. Aquí o en Europa, da lo mismo, el tema es sobrevivir. No hay de qué avergonzarse. (Juegos de cloaca. Pág. 81)

“La Pequeña África de San Francisco vuelve a ser el escenario de las andanzas de nuestro detective-vidente. De vuelta a Bilbao, Touré recuperará sus relaciones anteriores con la finalidad de recomponer su maltrecha existencia. Una dura realidad, la de los sin papeles en el Paraíso soñado, que obliga a una vida clandestina en un mísero y asfixiante escenario controlado por las autoridades. No hay posibilidad de escape, a la xenofobia y a la escasez de medios para asegurar su sustento se suma la coacción, la exigencia a colaborar con el adversario, la policía, delatando a sus cercanos, a aquellos que se encuentran en su misma situación. Touré y sus compañeros tratarán por todos los medios de liberarse de esta red de chantaje y extorsión en la que están atrapados. La descripción detallada del submundo de la emigración, del monótono día a día de los “inexistentes”, de su realidad, es en lo que Arretxe persevera con un lenguaje dinámico y descarnado.” (Sinopsis).

Edjengui se ha dormido… y Chema Caballero nos cuenta cómo quieren despertarlo

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Fotografía: Goteo.org

Tras leer este libro, me he puesto a leer otra vez.

He buscado la “Declaración de las Naciones Unidas sobre los pueblos indígenas” de 2007 y me he encontrado lo que ya sabía. Mis ojos se han deslizado artículo tras artículo hasta completar los 46 que completan la lista de este sueño color rosa que son todas las declaraciones que existen y existirán para muchas personas. Después me he quedado un buen rato mirando por la ventana y reflexionando sobre nuestro mundo de asfalto y neón, tan alejado del de los pigmeos bakas, alma de este libro, que se consideraban hasta hace poco parte de la selva (pensad en esto) para verse de pronto desalojados de ella y obligados a habitar los bordes de las carreteras.

Se me ocurren unas cuantas maneras de acercarse a una comunidad indígena: a través de algún libro de antropología, de algún reportaje fotográfico o periodístico, de algún testimonio de viajero, o de manera menos frecuente conociéndolas in situ. Este libro lo consigue de una manera diferente. Si con Los hombres leopardo se están extinguiendo  (PPC, 2011) Chema Caballero había conseguido casi un “manual”, con Edjengui se ha dormido completa una mezcla de géneros, logrando un libro “intramundos” que nos mete de lleno en los poblados de los pigmeos bakas del sur de Camerún. Su recorrido parece el de un detective con los ojos muy abiertos que ha llegado a la escena después del crimen y se dispone a observar, reflexionar y entrevistar a toda persona vinculada con el caso para intentar aclarar la crítica situación que delante se le presenta. Después nos reúne a todos para ofrecernos sus conclusiones y, para ya sin sorpresa, mostrarnos que el culpable no es uno sino muchos y otro tanto ocurre con el motivo.

Espero no haber cometido un “spoiler” al adelantar que esta obra parte de una situación al límite y contaros un poco el final de este libro que nació con la intención de “mostrar el momento actual en el que se encuentra el pueblo baka”. La ONG Zerca y lejos nos propone unirnos a la lucha por los Derechos Humanos de los baka comprando este libro. Una manera, además, de lograr que con su lectura conozcamos y sintamos más próximos a los bakas de Camerún. Para ello han usado la vía del “crowfunding” y le han encomendado la labor a Chema Caballero. Éste, a través de un método de cirujano, abriendo, analizando, cerrando y volviendo a abrir, cumple la tarea sin arrogarse el papel de ser “la voz de los sin voz” y prefiriendo, de manera muy acertada, dar primerísima importancia a las historias personales. Que hablen ellos y ellas. Siendo a través de estas narraciones como se va encendiendo las bombillas que van dando luz a un universo desconocido y logrando que lo veamos casi como si estuviéramos sumergidos dentro de él.

¿De qué habla “Edjengui se ha dormido”?

De cuando todo se desmorona. De eso habla. De cuando ves que tu mundo deja de existir y comienzas a vagar como un fantasma al que le han quitado cualquier cimiento de solidez y no te puedes anclar a nada porque todo a tu alrededor maneja unas claves que desconoces.

No son los bakas, por desgracia, los únicos que han sido desalojados de sus tierras y que corren el peligro de perder sus culturas. A lo largo y ancho del planeta son muchos los grupos minoritarios que han visto cómo sus tierras ancestrales, aquellas que les pertenecen desde “muchos, muchísimos años” como dice una anciana en este libro, les han sido usurpadas. “Los pueblos indígenas están perdiendo la batalla contra la cultura occidental que se impone en todo el mundo” se afirma en sus páginas (¡y qué razón tiene¡). Se les expulsa de sus tierras para poder deforestar la selva y hacer negocios también de minería. El aceite de palma es uno de los últimos en sumarse a esta lista de productos que consumimos en nuestro mundo y que están ocasionando una situación irreversible en lugares como Camerún.

En el libro, a través de diversos testimonios y opiniones de personas pertenecientes a estas comunidades, se va denunciando que las concesiones para las explotaciones las da el gobierno, y que benefician además de “al presidente y a sus amigos”, a países europeos y en mayor medida los últimos años a China. Los bakas además sufren de racismo y discriminación por otros pueblos, como los bantúes que no les consideran seres humanos y que les esclavizan. El listado de derechos humanos que les es hurtado es extenso. La situación se torna descorazonadora, más aún si continúan en su posición de víctimas. Es necesario pasar a otro estadio: hay que despertar a Edjengui, el espíritu de la selva, hay que despertar a los bakas para que reclamen lo que les corresponde.

En la página 112 de su libro Los hombres leopardo se están extinguiendo, Chema Caballero escribía: “Los jóvenes son la única esperanza que le queda a África para romper con su situación actual y cambiar. Constituyen la mayoría de la población del continente. Son la fuerza que quiere que las cosas cambien en sus países y buscan medios y formas para conseguirlo”. En esta ocasión también la solución parece venir de los jóvenes que a través de la educación están consiguiendo concienciar al resto de los suyos de la importancia de no dejarse pisar y organizarse para conseguir, entre todos, que sus derechos les sean devueltos, para hacer que todas las declaraciones sobre comunidades indígenas no sean para nadie un cuento rosa.

Al igual que pasa con los culpables y con los motivos, tampoco Edjengui se ha dormido tiene un único final. El mundo que Chema Caballero nos ha mostrado se debate entre miles de interrogantes y contradicciones intentando seguir caminando después de que todo se ha desmoronado. Lo tienen difícil, son muchas las fuerzas que se ciernen sobre los pueblos indígenas empujando para que desaparezcan y con ellos todo un mundo. Estorban, sobran, no se les quiere en ningún lado. Así de sencillo y así de cruel. Zerca y lejos nos da la oportunidad de conocer y ser parte de un proyecto, a través de un libro que logra que conozcamos su lucha y su esfuerzo por levantarse ante todas las dificultades a las que se enfrentan. Es una lucha desigual, descomunal, Edjengui se ha dormido nos habla de ella, nos siembra de incertidumbres pero también de presente, a través del nuevo ciclo de vida que abren los jóvenes, y nos invita a todos a ser parte y altavoz de la situación que describe. El primer paso a tan solo un golpe de click.

 Para adquirir el libro: Zerca y lejos 

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El pais de arena de Isabelle Eberhardt

En 1904, Isadora Duncan no había tenido aún ningún sobresalto, apenas nada que la resquebrajara por dentro como después ocurrió. Comenzaba a completar en aquel momento el periplo que la llevaría a ser conocida por su espectacular manera de concebir la danza, liberándola de ataduras y formas estrechas, representación para muchos de escándalo y para otros de enigma. Había llegado a Atenas e iniciaba su trayectoria que la haría bailar descalza y libre ante los ojos atónitos y hechizados de todos los que tuvieron el privilegio de contemplarla. Muy lejos de allí, la suiza Isabelle Eberhardt, insumisa, inclasificable y poliédrica, se ahogaba en plena juventud por el desbordamiento del Sefra, en Argelia, su país de arena, que se llevó consigo el pequeño poblado en el que vivía.

Isabelle Eberhardt. Autoría desconocida

Isabelle Eberhardt. Autoría desconocida

Una bailaba frente al mar, sobre la arena. La otra escribía perdida, consciente y plena, en la ilimitada superficie del Sahara.

“Todo en Argelia había sido una revelación para él”, se describe Isabelle en uno de sus relatos, “El Médico”. Suiza de nacimiento, su primera obra la escribió en 1895, bajo un seudónimo masculino, Visions du Moghreb, sin haberse movido de Ginebra. Es un ejemplo de hasta qué punto aquellas tierras la fascinaban. Tras viajar por Túnez, se estableció en el desierto argelino desde donde llevó su vida siempre a su manera.

Isabelle Eberhardt es más conocida por su subversión que por su obra. Atravesó a caballo las doradas arenas vestida de hombre. Su trasvestismo la ayudó a penetrar en aquellos grupos de musulmanes que de otra manera le habría estado vedado. De esta manera trataba de comprender y transmitir todo lo que los diferentes pueblos argelinos le mostraban.

Convertida al islam, los colonizadores franceses la trataron con desdén y rechazo. No les gustaba la imagen de esta mujer que ataviada como un hombre se mezclaba con los argelinos para vivir con ellos y poder transmitir de primera mano sus modos de vida, pero tampoco a algunos pobladores locales. Esa figura errante, solitaria, decidida e híbrida trastocaba demasiados cimientos y creencias. Era incómoda, como solo un ser auténticamente libre lo puede ser.

Isabelle Eberhardt escribió poco, apenas unos artículos, un diario y algunos relatos cortos (reunidos bajo el8503 título El País de Arena) a través de los cuales se hace visible su compromiso con aquellas tierras, que la llevó a denunciar el colonialismo francés y sus deshonestas prácticas. Ella realizó el proceso inverso, en lugar de querer apropiarse de nada, se sumergió en la vida argelina.

Adelantada a su tiempo, en “Yasmina“, una novela corta que narra la historia de amor entre un oficial francés y una beduina (ella misma se casó con un oficial argelino musulmán) muestra a argelinos y franceses, colonizadores y colonizados, musulmanes y cristianos y la imposibilidad de dicha comunión en aquel momento. En este relato escribe:

África, a donde había venido voluntariamente, se le aparecía aún como un mundo casi quimérico, profundamente desconocido, y el pueblo árabe, por todas las manifestaciones exteriores de su carácter, lo sumía en un constante asombro.

En otros relatos va dejando traslucir sus preocupaciones, a través de una escritura que le vale de refugio. Tanto en “Tesaadiz”o “Taaliz” como en “Novia”, escribe sobre amores que nacen desgraciados con mujeres que acaban prostuidas (critica también con las costumbres musulmanas, como apunta Inmadulada Jiménez Morell en el prólogo). Al igual que plasma su postura anticolonial (“El médico militar” o “Campamento”), pero sobre todo escribe sobre su pasión por la vida nómada, su fascinación por el desierto, que puede más que cualquier vínculo afectivo (“Vagabundo”).

Errante, vagabunda, extrema y apasionada, su literatura (de factura irregular) comenzaba a formarse cuando la muerte se la llevó muy joven. Tal vez como dice Jiménez Morell “la belleza de estos relatos reside, sobre todo, en la armoniosa correspondencia con el pensamiento y la vida de su autora”. No en vano, siempre fue una nómada de la vida y de si misma.

Ficha:

  • Idioma: Original: Francés (1989). Éditions Papyrus Afrique (Dakar)
  • Traducción al castellano: Ediciones del Oriente y del Mediterráneo (2000)
  • Selección, traducción e introducción: Inmaculada Jiménez Morell
  • Nº páginas: 234

Se puede haber estado en Yibuti o haber leído “El testamento del Chacal”

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De Yibuti nos habló hace poco el escritor Abdourahman A. Waberi, sobre todo de la vertiente política de un país que lleva soportando al mismo hombre en el gobierno la friolera de 17 años. Y lo va a seguir haciendo ya que Ismaïl Omar Guelleh ha sido reelegido (bajo acusación de fraude) este mismo domingo. Es el “pequeño país del Cuerno de África”, en donde las grandes potencias compiten para desplazar sus tropas hasta allí. Incluso China lo ha hecho, ya ha anunciado que tendrá base militar en el continente.

De Yibuti, por lo demás, no sabemos nada.

Ander Izagirre, ese periodista con botas y mochila fácil, nos lo hace comprender de muchas maneras, la más gráfica cuando descubre que ni siquiera los médicos se acuerdan de colorear el país como zona con malaria en los mapas de las enfermedades. Yibuti será la pieza del puzzle que le faltaba a Ander y a su equipo para completar el viaje de nueve meses por los puntos más bajos de cada continente. Porque en aquel país está el lago Assal, 157 metros por debajo del nivel del mar. Y ello saben que en los sótanos del planeta se pueden encontrar tantas lecciones como en las cumbres más altas.

Pero sobre todo porque conciben el viaje como encuentro, como una manera de acercarse a los demás, de sondear esos abismos que nos separan y tratar de entender. Y todo ello desde el convencimiento último que da el saber que, en realidad, son las personas que viven de manera cotidiana situaciones extremas de carencias y sufrimiento las dignas de admiración y no los viajeros que, de manera privilegiada, tienen la suerte de ir a uno u otro país por voluntad propia. “A menudo, un viaje no se termina de comprender hasta que uno vuelve a casa, lo piensa y lo escribe” (pág. 18).

El testamento del Chacal tiene la virtud de penetrar en esta tierra olvidada y hacernos sentir que hemos estado allí. Yibuti cansa, afirma el periodista. Bofetadas de calor del país más calientes del planeta se elevan desde esa “roca volcánica, arena y sal” para abrasarnos también a nosotros, los lectores, que no podemos sino asistir con la mirada seca.  A través de su propia historia que se cuenta desde la época colonial en la que, bajo la dominación francesa, se impuso también allí el recurrido “divide y vencerás” aplicado a los afar y los issas, hasta la independencia que arroja el saldo de un país con altos niveles de corrupción, “pero lo realmente grave es que ese dinero de la corrupción no se queda aquí, se desvía a Europa”, afirma un yibutí. Pasando por la guerra civil, que duró tres años, y que parece haber acabado con el convencimiento de la necesidad de que ambas etnias vivan en paz y armonía juntas.

Y tras todo ello, el pueblo yibutí. Que sobrevive en un lugar en el que, según un proverbio issa, hasta los chacales dejan testamento antes de entrar en él, y es que “En las listas que miden el bienestar de las naciones, Yibuti siempre merodea el farolillo rojo” (pág. 86). En él,  seres humanos y cabras se disputan el agua en la misma lata oxidada, muchos mascan kat para evadirse de la realidad tórrida, algunos gastan sus últimas fuerzas escarbando en la basura algo que comer y otros intentan continuar en aquel territorio hostil, en donde no se puede cultivar nada. Pero también aparecen seres entusiastas y esperanzados que “con sus testimonios de supervivencia testaruda se levantan contra un paisaje atroz”.

De Yibuti también sabemos lo de la grieta. Que está partiendo el país en dos, dejando que el mar penetre y acabe por devorarlo todo. Pero hasta que eso ocurra hay otros planes para este país, el núcleo más importante de conectividad digital en el este de África y para el que China financia su nueva red ferrioviaria.  Y hasta que eso ocurra, seguirá siendo además el lugar de paso de miles de inmigrantes en tránsito de países como Somalia, Etiopía y Eritrea.

La lección abruma: nuestra vida no es la medición de todas las cosas; el universo se rige por motivos que no controlamos ni comprendemos. En esta forja de continentes y océanos, el hombre es polvo efímero. Sin embargo, esa conclusión no oprime, sino que inspira, porque la belleza terrible del Rift evoca una intención suprema que se intuye aunque no se entiende. El Rift es un gran recordatorio: hay que elegir entre el absurdo y el misterio (pág.150)

Ficha:

  • Título original:  El testamento del chacal (2003)
  • Editorial: Laertes
  • Nº páginas: 150
  • Imagen de portada: Duatis Disseny. Fotografía de Ander Izagirre

Deconstruyendo a Hamlet desde un lugar de África occidental

Llego al relato del que os hablo más abajo después de andar trasteando y buscando información sobre el 400 aniversario de la muerte de Cervantes y de Shakespeare que se produce este mismo año (mientras estoy intentando, confieso, no mostrar mi confusión por celebrar los fallecimientos de dos genios literarios) y su relación con el continente africano. He hallado pocos datos, pero entre ellos encontré a Laura Bohannan y su divertido relato, “Shakespeare en la selva”. Deseché la idea de compartirlo a pesar de parecer un buen hallazgo dado el centenario, “de nuevo África y la antropología”, pensé, “además fue escrito en 1960”, y la olvidé. Pero no sé cómo la historia volvió a mi.

De acuerdo, voy a dejar fuera las licencias poéticas, sí lo sé… volvió debido a un texto de Coetzee.

Escribe y reflexiona este escritor, y mira que es coincidencia, en uno de los ensayos de Las manos de los maestros (libro que en este momento ando pensando) sobre la ociosidad sudafricana, partiendo de los hotentotes del Cabo de Buenaesperanza y 12514090_1194392633922460_5793808828373466269_o_1000las descripciones (no le echéis mucha imaginación) que expedicionarios, marineros etc… vertieron sobre ellos. Entre todas esas lindezas, sobre todo se les acusaba de perezosos. Así, la satisfacción del trabajo se presentaba como la única alternativa que podía devolver a aquellos salvajes al mundo civilizado. Ese peligro latente que podía inclinar la balanza de muchos hacia el lado de la ociosidad debía equilibrarse: no se entendió como un modo de vida y se combatió (también en Sudáfrica). Hoy la propensión a censurar a los hotentotes y su ociosidad no es tanta,  añade Coetzee,”Tenemos ya a nuestras espaldas un siglo de disciplina antropológica e histórica que nos hace pensárnoslo dos veces antes de desdeñar a la ligera las vidas de los pueblos extranjeros y de adoptar puntos de vista demasiado egocéntricos“.

El extraordinario (y breve) ensayo de Coetzee me ha llevado a recordar a Laura Bohannan, que desarrolló un trabajo de campo desde 1949 a 1953 junto a su marido, el también antropólogo Paul Bohannan entre los tiv de Nigeria. En “Shakespeare en la selva” nos narra con un tono ameno y divertido lo que ocurrió cuando tuvo la oportunidad y se dispuso a contar la historia de Hamlet a una tribu de África occidental, en concreto a un grupo de ancianos (hombres y mujeres) de la etnia Tiv. Lo que se deduce del relato (que si estáis interesado podéis encontrar con facilidad en internet) es que la universalidad de la obra de Shakespeare, lo mismo se puede decir de la de Cervantes, que siempre mencionamos al hablar de ellos, no es tal.

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Una de las primeras imágenes de los Tiv, de 1907

Bohannan partió de una actitud etnocéntrica. Creía que Hamlet era un personaje comprensible por cualquier persona en cualquier parte del mundo partiendo de la hipótesis de que la naturaleza humana es bastante similar en todas partes (universalización de las percepciones). Hasta que comenzó su relato y comprobó que los ancianos (además de los problemas derivados del lenguaje y la traducción) no reconocen algunos aspectos del mismo, se niegan a identificarlos, objetan y acaban reelaborando el texto desde sus propias categorías culturales. Afloran así las “diferencias morales y culturales que hacen imposible una recepción estandarizada por parte de los Tiv del relato de Hamlet al modo occidental“. Sin duda Hamlet es demasiado inglés y occidental.

Así, los Tiv en lugar de reconocer el heroísmo del dubitativo príncipe distinguen con admiración a Laertes, pues “hace falta un corazón muy fuerte para matar por brujería a la propia hermana” (1) y no entienden la idea de ver a un muerto (fantasma) y lo comparan con un presagio o niegan la existencia de los fantasmas, de que ellos puedan andar y tener sombras y lo tachan de brujería (llevan a su propia realidad la historia). Al ir narrando, una cada vez más desesperada Bohannan, fue siendo interrumpida e interpelada una y otra vez. Los ancianos se internaron en un mundo desconocido que narraba una extranjera al que intentaban dar luz desde sus propias categorías, creencias y vivencias.

La historia de Hamlet dejó de tener un único sentido para ser reinterpretado por unos ancianos que consideraban, al igual de Laura, que la suya era la correcta: “Envolviéndose en su raída toga, el anciano concluyó: alguna vez has de contarnos más historias de tu país. Nosotros, que somos ya ancianos, te instruiremos sobre su verdadero significado, de modo que cuando vuelvas a tu tierra tus mayores vean que no has estado sentada en medio de la selva, sino entre gente que sabe cosas y que te ha enseñado sabiduría”.

El choque entre  la versión de la antropologa y la que van creando los otros a raíz de su relato, es evidente. La vivencia de Laura nos va adentrando en una situación en la que los ancianos  la escuchan, aunque las frases del final pueden querer mostrar que la reelaboración ha podido tener mucho que ver con “querer llevar la historia a mi terreno”. Sea como sea, el resultado es otro relato muy diferente al que Bohannan tenía en mente, una combinación de lo que ella intenta narrar (mostrando la gran dificultad que existe cuando se intenta transmitir una historia propia a un grupo que no tiene nada que ver con nuestra cultura) y lo que van observando los Tiv. El producto de esta broma es la reescritura de la historia inicial, primero por Laura y luego por los ancianos. No encuentro que haya ningún final dialogado, tampoco un híbrido cultural. Presiento que lo que ha habido es el choque de dos visiones etnocéntricas que no quieren (¿entienden que deben?) moverse y el relato termina igual que comienza.

Llevamos mucho camino andado para desdeñar nada, como dice Coetzee. Ningún relato tiene nunca una única interpretación, ni ninguna visión es la única. Reinterpretamos una y otra vez, según nuestra cultura y nuestras experiencias. Que seamos capaces de tener en cuenta, tratar de entender, bucear en sus contradicciones y escuchar de manera atenta, es el reto. Entonces, quizás, hayamos aprendido algo.


1-Javiera Carmona Jiménez. Periodismo y Antropología: Ficción y Lealtad

Un holocausto y medio cada año: Martín Caparrós nos desnuda El Hambre

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Land grab es la palabra para designar el “acaparamiento de tierras”, una manera de nombrar un robo que es una condena a muerte para mucha gente. En nuestro moderno vocabulario contemporáneo las letras se juntan para disfrazar maneras de exterminar o, quizás, para hacer más digerible lo innombrable. O también para no acabar de nombrar nunca a las cosas por su nombre. Land grab es una de las causas por las que mucha gente alrededor del planeta pasan hambre. “Hambre” otra palabra que se volvió imposible de tanto usarla:“ El hambre en el mundo es una frase hecha, un lugar común”.

Todo lo que leáis a continuación es el resultado de una lectura extenuante y exprimidora como es El Hambre (Anagrama, 2014) de Martín Caparrós sobre un tema tan difícil, tan esquivo, tan directo y tan brutal (tan asqueroso, en suma). Se trata de uno de esos libros que una va escuchando que están en camino, que una va leyendo en adelantos, luego en entrevistas, sobre cómo surgió, por qué, que una va tentando desde lejos hasta que llega el día en el que no se aplaza más su lectura. Hasta que llega el día en el que una deja de preguntar, como coartada, ¿para qué leer un libro sobre un tema como el “Hambre”? (cuando en realidad lo que una no quiere es verse metida en ese barro). Para confirmar que cuando lo acabas, éste te taladra y te deja demolida (por razones obvias) pero sobre todo te deja interrogada.

En Daca, Bihar, Bentiu, José León Suárez, aquí mismo, me parece que todo lo que puedo contar son obviedades: lo que abunda, lo corriente, lo evidente. Y después vuelvo al mundo donde vivo y caigo otra vez en la distancia: lo fácil es vivir ahí ignorando -todo esto-y lo bien que nos sale (pág.587)

El libro se inicia en Níger con la historia de Aisha, la joven que si pudiera pedir lo que quisiera pediría dos vacas para no volver a pasar hambre. A priori, Níger “se supone que es el ejemplo más claro del hambre estructural, un lugar muy árido donde es difícil cultivar”. Sin embargo, es el segundo productor de uranio del mundo (pero los que lo explotan son una empresa francesa y una china) y el 40% de su presupuesto estatal viene de ayudas y cooperaciones del Primer Mundo. Es una de esas verdades que se nos escamotean (que no queremos mirar), para que sigamos pensando que en Níger la gente pasa hambre porque hay pobreza, cuando “la causa principal del hambre en el mundo es la riqueza: el hecho de que unos pocos se queden con lo que muchos necesitan, incluida la comida” (pág.274).

Después de Aisha vendrá un torbellino de desigualdad en forma de datos, países, personas, historias, hasta completar un ensayo que Caparrós tardó cinco años en escribir y que se desparrama en más de 600 páginas en las que el componente autobiográfico es muy fuerte y en el que va desnudando nuestras imágenes y estereotipos sobre el hambre (y nuestras inacciones).

Pero, ¿qué es el hambre?. En un momento del libro una mujer dice que lo que ella soporta no es hambre. Tenemos asociada la palabra a las grandes desgracias, a las hambrunas que dejan sin aliento. Pero, a su lado, se encuentra la menos visible “malnutrición estructural”, la “normalidad de tantos”, de muchísimas personas que no comen a diario, provocándoles enfermedades o directamente la muerte, de tantos seres que su única lucha diaria es la de llevarse algo a la boca. Esa hambre silenciosa, que se escenifica tan mal, de la que nos habla Martín Caparrós en este libro, o esa hambre escondida sobre la que escribe Lola Hierro en este artículo.

A las madres de Sudán del Sur, a las de la India o a las de Argentina, les da vergüenza que alguien mencione siquiera la posibilidad de que su hijo esté en el límite porque no come lo suficiente. Se sienten malas madres y sufren el doble, por su hija moribunda y por su suerte de madre y mujer. El hambre tiene su rostro: “el 60% de los hambrientos del mundo son mujeres”.

Caparrós ha sentido la necesidad de escribir el libro, “porque no me soporto si no hago” y por sus páginas, en la convicción de que la solución es política“, no esquiva la actuación de las ONG, de las religiones y de las creencias, del ecologismo, de los gobiernos y sus políticas. Pero, sobre todo, carga contra nuestra fracasada civilización, en un planeta capaz de producir comida más que suficiente para alimentar a todos sus habitantes, ignoramos al “Otro Mundo”, son deshecho, nada.

“Siempre lo tentamos todo al futuro”, escribe Manuel Caparrós. Pero, en este caso, “El futuro es el lujo de los que se alimentan”.

Ficha:

  • Título original:  El Hambre (2014)
  • Idioma: Original: Castellano
  • Editorial: Anagrama. Colección Argumentos (2014)
  • Nº páginas: 632
  • Puedes leer un capítulo, aquí
  • En la Revista Altaïr Magazine, Martín Caparrós desglosa algunos capítulos del libro con fotografías, aquí

“Beasts of No Nation”, la película, y otros libros que hablan de una infancia en el infierno

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Con fecha de estreno el próximo 16 de octubre, a través de Netflix se estrenará Beasts of No Nation dirigida por Cary Fukunaga para aquellos que puedan tener acceso a ella y sin saber si la película se visionará también en nuestras salas de cineLa cinta, definida por The Economist como “una mezcla entre Peter Pan y Apocalypse Now”, está basada en la novela Bestias sin patria del nigeriano Uzodinma Iweala y ha competido ya en el Festival de Toronto y en el de Venecia. Con un Idris Elba como protagonista, en un papel que muchos auguran le hará ganar un Oscar, y una actuación del niño Abraham Attah que ha levantado muchos elogios, la película ha sido comentada por ahondar en los mismos clichés que se asocian al continente africano una y otra vez: donde la violencia es el tema central que justifica por si misma la película, sin importar las causas, razones o los porqués ni ahondar en lo que supone para ellos el ser reclutado y, lo que quizás sea más importante, cómo se vive después.

No descubro nada nuevo si aseguro que la narrativa sobre la dramática situación sobre menores soldados en el continente africano es larga. Demasiado para muchos que consideran que se trata más de una demanda de un público occidental que gusta asociar al continente con lo primitivo y lo violento. Nunca suficiente para los que saben que esta situación se sigue dando, tal y como de manera continua se denuncia desde diferentes ámbitos. El dilema suele estar en cómo contarlo más que en lo que se cuenta, porque si lo que se cuenta es siempre desde la misma óptica, solo se generará un único modo de conocerla. Incompleto y encorsetado.

Destaco tres títulos en castellano: Ninguna de estas tres novelas está contada por una persona que haya padecido esta situación. No son autobiografías, se trata de ficción. Son tres narrativas diferentes, que difieren en sus intenciones completándose y que coinciden en usar la voz infantil como hilo narrador, masculina en el caso de la primera y la tercera y mixta en la de Emmanuel Dongala que está narrada desde el punto de vista de dos personajes; el niño-soldado que va cambiando de nombre según transcurre la acción y la joven inteligente y valiente Laokolé, en una historia en la que se puede leer sobre el violento conflicto entre etnias en el que estaban inmersos: “nunca habíamos vivido en términos de tribu” (pág. 93)

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El problema de una película comercial (insisto en que no la he visto y puede que tenga sus valores, lo dejo en cuarentena) o de un libro superficial en el análisis, que solo haga sentir, alimentando el morbo, y no haga además pensar, es que se emerge a la luz del día con la sensación de que “toda” África es un lugar terrible, violento y devastador, situación de la que no hay salida y sobre la que no podemos hacer absolutamente nada, ya que queda siempre claro que es un problema exclusivo de ellos, y sólo podemos, en el mejor de los casos, compadecerlos … y, casi siempre, olvidarlos. Y así es como la situación se sigue perpetuando, dejándoles a ellos a la deriva y ahogando al continente entero, porque “eso” es África (se dice pronto), en una imagen desacertada, simple y limitadora que le lastra y le mina un poco más.

Reconozco el poder que puede llegar a tener una imagen y no reniego de ello.  Sólo pretendo que se complete si es necesario, que no se simplifique, que se ahonde en lo que nos muestra, que se contraste si hay dudas. Es una manera de saber más. Por eso os propongo otro libro, esta vez de no-ficción. Se trata de Salvar a los niños soldados escrito en 2004 por Gervasio Sánchez quien durante 5 años se documentó sobre el trabajo realizado por Chema Caballero en el proyecto de rehabilitación de menores soldados en Sierra Leona. En el que podéis encontrar testimonios además de reflexiones, datos, hechos y acontecimientos que pueden desmontar muchas de las ideas preconcebidas que sobre ellos suelen aparecer:

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1.-Los niños-soldado son verdugos, criminales a los que les gusta matar, merecen ser castigados. Falso: son víctimas y las niñas de manera doble.

Se les separa del núcleo familiar (algunos, incluso, son obligados a matar a sus progenitores u a observar cómo la muerte se produce), son drogados, abusados y alentados por otros para realizar actos de violencia indiscriminada y gratuita. Ishah Johnson fue secuestrada por los rebeldes en 1999 con once años. Fue “violada, usada sexualmente, utilizada como esclava doméstica, pisoteada a lo largo de toda su vida, morirá en el verano de 2003” (pág.88). A pesar de lo cruel, terrible y sanguinario que pueden llegar a ser los actos de los menores soldado, Chema Caballero afirma “que el crimen más brutal, que supera las narraciones más sanguinarias, es el propio secuestro del menor”. Además, sufren una serie de secuelas físicas y psíquicas para el resto de su vida.

2.-Pobres, pobres víctimas, no podemos hacer sino compadecerlos. Falso: “Victimizamos demasiado”, como dice la periodista congoleña Caddy Abduza, “lo vemos con imágenes pero nunca enseñamos qué ha sido de este niño, en qué se ha convertido. Debemos hacer seguimiento de las historias”

Y eso es lo que hace este libro. Son ellos mismos los que nos cuentan sus historias; la de “Killer”, que llevaba en un morral la calavera del primer hombre al que había asesinado, la de Komba Gbanya que mató a un soldado nigeriano y obligado (o eso o la muerte) le sacó el hígado y se lavó con la sangre, la de Isha Kondek secuestrada, embarazada y después abandonada en la selva o la de “Justice” a quien con ocho años le dieron un AK-47 y le asignaron la primera misión. Después hay que ganarse su confianza para que entiendan todo lo que de malo había en sus vidas pasadas, pero sin culpabilizarles. En el libro hay éxitos y también fracasos. Sobre todo entre las niñas, muchas de las cuales acaban en la prostitución.

3.-La esperanza y el final del túnel no existen. Falso: Los niños – soldado pueden rehabilitarse. Y de hecho a veces lo hacen.

Chema Caballero ha calculado el tiempo que precisa un niño-soldado para su reintegración social: 8 meses. Necesitan contar en alguna etapa de la rehabilitación sus historias verdaderas de los años pasados en la guerrilla, algunos no lo harán nunca ni tampoco las niñas se atreven a contar las vejaciones sexuales a las que han sido sometidas. Se va produciendo el “proceso de humanización”, en el que se le hace una de las preguntas más importantes de la nueva etapa que se abre ante ellos: “¿qué quieres hacer a partir de ahora?. Algunos acabarán formando una familia, desempeñando un empleo e incluso estudiando una carrera universitaria. El peligro puede estar en lugares como RD Congo en los que el conflicto armado se encadena y nunca cesa, y los menores si no tienen otro medio para sobrevivir acaban volviendo al ciclo de violencia.

4.-Los conflictos entre los propios africanos que se tornan en primitivos e irracionales son los que originan las guerras étnicas o tribales. Falso: las razones son mucho más complejas y no se trata de “guerras étnicas o tribales” en la gran mayoría de los casos.

“Para quienes siguen con lupa los acontecimientos de África Occidental, las guerras civiles entre distintos grupos armados obedecen a un plan preconcebido que tiene como objetivo mantener la inestabilidad para robar con más facilidad las materias primas” (pág.166) Así, tanto Liberia como Burkina Faso que apoyaron a la guerrilla de Sankoh eran simples marionetas manejadas tanto por Libia como por Francia.

5.-Las guerras en África no nos conciernen. Falso: Lo hacen y mucho

Detrás de la realidad de los menores soldados hay razones de tipo económico (en el caso de Sierra Leona, los diamantes) y político en las que está envuelto el mundo occidental. No nos es ajeno. “La situación actual no se reduce al hecho de que los gobiernos de Liberia y Burkina Faso estén contribuyendo directamente a la catástrofe humanitaria de Sierra Leona, usando redes delictivas internacionales que extienden sus tentáculos por otros países africanos y por los Emiratos Árabes Unidos, sino que también se trata de la trágica inacción de gobiernos poderosos como los de Bélgica y Gran Bretana (ambos pertenecientes a la unión Europea) y Suiza a la hora de establecer mecanismos adecuados de regulación destinados a controlar las actividades de los traficantes y transportistas de diamantes en bruto” (pág.166)

6.-Los africanos tienen armas que ellos mismo fabrican. Falso: El 95% de las armas que hay en el continente son importadas.

“Muchas de las guerras posmodernas o conflictos pequeños y baratos de los años noventa han tenido como objetivo dar salida a una industria del armamento en declive después de la guerra fría”.

7.-Todo el mundo sabe lo que es un niño-soldado. Falso: Tenemos una imagen de ellos, pero desconocemos casi todo en relación a sus vidas.

Eso mismo se pregunta el propio Chema Caballero. Y todavía hoy no es capaz de responder con certeza a esa pregunta. “Hay visitantes que tocan a los niños y se dejan tocar por ellos, y otros, la inmensa mayoría, que sólo miran  de lejos. Como si fuera un zoológico humano. Los grupos guiados llegan casi siempre acompañados por una cohorte de fotógrafos y cámaras de televisión. Muy pocos invitados tienen un verdadero interés por conocer las espeluznantes historias de los beneficiarios del programa” (pág.173)

MISIONERO CHEMA CABALLERO Y GERVASIO SÁNCHEZ PERIODISTA

Chema Caballero y Gervasio Sánchez

La lectura del libro te demuestra que estás ante un gran documento que a pesar de haberse escrito en 2004 tiene, por desgracia, plena actualidad. Nos enseña a mirar la realidad desde otro punto de vista, ahonda en la necesidad de contar que está presente en todo el que ha sufrido una injusticia, a veces la gente sólo quiere eso, que se la escuche (no olvido a los sobrevivientes de aquellos ataques ni a los miles que les amputaron las manos).

La guerra no acaba en esa fecha tan redonda que nos gusta poner separada por un guión al lado de la de inicio. La vida continúa, los hechos atroces pasan y llega la hora de vivir con ello. Suele coincidir con el momento en el que los focos se alejan hacia otro punto caliente del planeta. Pero Chema Caballero continuó alumbrando miles de salidas de aquel infierno en un trabajo titánico y entregado que parece fácil cuando él lo hace, pero estoy segura de que no lo es en absoluto (de hecho es el único programa de este tipo en el mundo que ha tenido éxito). Y Gervasio Sánchez decidió que tenía que contarlo.

Vivo el periodismo como un compromiso permanente y me siento en la obligación de acudir las veces que sean necesarias a esos lugares horribles donde aparece lo peor del ser humano cuando todo se desmorona y buscar esos documentos gráficos y literarios para que nadie pueda decir que no sabía lo que estaba pasando. (Fragmento del discurso pronunciado por Gervasio Sánchez al recibir el Premio Brunet, marzo 2015)

 

 

 

 

 

Los hombres leopardo se están extinguiendo – Chema Caballero

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En este caso voy a empezar por la última página del libro en la que, junto a los agradecimientos, una nota nos informa que todos los beneficios que reporte la obra estarán destinados a una ONG, Dyes (Desarrollo y Educación solidaria), que en 2005 fundó Chema Caballero, junto a sus tres hermanas, cuando todavía se encontraba en Sierra Leona, país en el que permaneció desde 1992 hasta 2009. Este libro lo escribió después, en 2011 instalado ya entre nosotros, y no digo “fuera de África” porque eso en Chema Caballero es imposible.

De la terrible guerra civil sierraleonesa a pesar de no querer hablar en esta ocasión (podéis leer la entrevista que le hizo Ramón Lobo en “Jot Down“) acaba haciéndolo (él sabe que es algo inevitable), ya que su intención es contar “lo que están viviendo hoy día, los hombres y mujeres de Sierra Leona y, más concretamente, de Tonko Limba“. Y eso (aunque no solo) es lo que encontramos en sus páginas: el día a día vibrante y triste, vital y amargo, por el que transcurre ese pequeño universo que él conoció y todavía ama. Como diría Biyavanga Wainaina por el que aflora mucha cotidianeidad. Así, el libro es un auténtico regalo para todo aquel que quiera asomarse a este continente desde la mirada de un extremeño que pasó dieciocho años en Tonko Limba, trabajando con la comunidad y rehabilitando a menores soldados, pero ante todo caminando con ellos desde la humildad, con ganas de conocer, intentando aceptarlos en su totalidad y aparcando las tentaciones de juzgar…por que, como bien se encarga él mismo de subrayar, ¿quién conoce qué?.

En una ocasión anterior califiqué este libro de “manual”, y lo dije porque en esta obra aparecen muchos temas de la sociedad y cultura sierraleonesa que están tratados con profundidad y nos aportan la visión del que las ha vivido “con nuestra mirada”. El título del libro hace referencia a una de las sociedades secretas de aquel país, la de los hombres leopardo, según la cual estos hombres se transformaban en leopardos, tradiciones y creencias que nos descubren la magia y las supersticiones que aún perviven en el continente y que se enfrentan a una modernidad apabullante (donde el móvil es el artículo estrella).

Junto a ellas, aparece la situación de la mujer (“No se puede negar que las mujeres sierraleonesas, como todas las africanas, son supervivientes natas, que buscan los medios y las formas para, a pesar de la opresión y marginación en que se encuentran, sacar adelante a sus familias”), la educación, la sexualidad y los embarazos adolescentes (“Durante años he estado promoviendo el uso del preservativo entre los jóvenes, pero cuesta mucho que opten por él”), el consumo de yamba-marihuana local, la mutilación genital femenina, la medicina tradicional africana, la brujería (“Los extranjeros solemos considerar como hechiceros a toda una serie de personajes que juegan un papel muy distinto en la vida de los sierraleoneses”) o los jóvenes (que se ven influenciados por la televisión, Internet y que se encuentran atrapados entre la modernidad y la tradición) a quienes considera los verdaderos motores del cambio, porque Chema Caballero es de los que opina que a África la sacará de su situación los propios africanos.

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Fotografía: Gervasio Sánchez.

Los jóvenes son la única esperanza que le queda a África para romper con su situación actual y cambiar. Constituyen la mayoría de la población del continente. Son la fuerza que quiere que las cosas cambien en sus países y buscan medios y formas para conseguirlo.

Los jóvenes tienen la capacidad de llevar a cabo la revolución que necesita África y todo nuestro planeta. Una revolución que venga del Sur, de forma pacífica, y que cambie todas las estructuras políticas y económicas que rigen las relaciones internacionales para, así construir un mundo más justo e igualitario para todos. Pág.112

No se obvia, tal y como ya he comentado, la dramática e infernal situación que se vivió durante y después de la guerra civil. Aquella guerra fue una de las más crueles de finales del siglo XX y principios del XX y duró 12 años. Bajo ella no se encontraba “una guerra tribal” como se suele denominar, tal y como denunciaba el escritor Ahmadou Kourouma en Alá no está obligado, a todo conflicto que suceda en aquel continente, sino la codicia de Occidente por hacerse con los recursos naturales africanos, el mantenimiento del negocio de las armas y el control de las minas de diamantes, entre otros, lo que produjo un conflicto de especial crudeza con la población civil que la vivió, además de con muertes y desolación, con amputaciones de manos, y niños y niñas convertidos en menores soldados y esclavas sexuales. Chema Caballero testificó en el juicio contra el “señor de la guerra” Charles Taylor y luchó para que no se juzgara a los menores soldado por “crímenes de guerra”.

“Las guerras las diseñan y manipulan los poderosos y las viven y sufren los más pobres”(pág. 41)

A la crudeza de la guerra le sobrevino el tiempo después, el necesario tiempo de la reconciliación (“el asunto pendiente de todas las guerras“), cuando víctimas y verdugos compartían los mismos espacios y en el aire se respiraba el deseo de venganza, la insatisfacción de los jóvenes, la propia dificultad por parte de los menores soldados para volver a la sociedad por miedo a ser reconocidos. Una vidas que había que reconstruir y que fueron abandonadas, tras el desembarco de ONG y organismos internacionales (con los que se muestra muy crítico) que acudieron cuando “Sierra Leona se puso de moda” en tropel y que después, justo cuando más se les necesitaba, desaparecieron.  A pesar de que considera que la ayuda es necesaria, afirma que “África necesita más justicia que ayuda material”.

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Fotografía: Yannis Konto. Sierra Leona

Además, es un libro autobiográfico en el que el ex-misionero javeriano nos descubre sus propias dudas y desilusiones (“A veces me pregunto si tanto esfuerzo en el campo de la educación vale la pena. Cuando veo las dificultades que tienen que superar los estudiantes, las de sus familias y la forma en la que malviven los maestros, pienso que tanto aprender no lleva a nada. Son pocos los que después de tanto sacrificio conseguirán un empleo digno”, pág. 153). Sus dificultades para comunicarse, incluso estudió krio, porque se llega con ideas preconcebidas (“Por muy bien que hablemos el idioma local, la mentalidad que existe detrás de las palabras y los conceptos es siempre difícil de captar”, pág.31) o sus momentos de enfado, cuando la rabia le sale a borbotones (como cuando un niño le interpela sobre los diamantes: “¿Y para que vosotros os digáis “te quiero” tenemos que matarnos nosotros?”) Pero es un libro en donde sobre todo aparecen los sentimientos de un hombre que tuvo la suerte de vivir en Sierra Leona.

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Un día de mercado. Sierra Leona. Fotografía: AFP: Carl de Souza

Ahora termino por el principio del libro. Nada más leer la dedicatoria sabemos que estamos ante un libro escrito por alguien a quien le apasiona leer. El co-fundador del blog “África no es un país” le dedica su obra al Coronel Aureliano Buendía, aquel personaje creado por la magia del gran Gabo, “que promovió treinta y dos levantamientos y los perdió todos”. Además de estar ante un buen lector, verificamos que es alguien que no ceja, ni se deja vencer por las adversidades, que se cae y se levanta miles de veces hasta la extenuación, a pesar de que conoce también cuáles pueden ser los resultados. Pero este libro no habla de Chema Caballero, el extremeño que aprendió krio para poder abrazar con la mente y con el corazón a miles de menores que sufrieron una de las mayores atrocidades que se le puede cometer a un niño/a, ni siquiera habla de África, porque no existe. Este libro habla de un gran hombre que un buen día llegó a un lugar llamado Tonko Limba en el que sus habitantes solo querían, como todos, ser felices.

“Los extranjeros tendemos a imaginar África como algo estático, que se ha detenido en el tiempo. Tenemos en nuestra mente las imágenes de las películas de Tarzán, Las minas del rey Salomón, Memorias de África… y nos es difícil imaginar un continente distinto al que nos enseña Hollywood.
Sin embargo, África es un continente joven, lleno de esperanza y de ganas de cambiar. Está evolucionando continuamente. A pesar de estar condenados a la supervivencia básica, sus habitantes, especialmente los más jóvenes, no se resignan y buscan día a día cómo salir adelante. Por eso es un continente siempre en movimiento, que nunca se para, por más que nosotros sigamos pensando que allí se ha detenido el tiempo” (pág.200)

Ficha:

La magia de África dibujada

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Máscara “El pensador”. ©Belén García

Publicado originalmente en África no es un país.  07/09/2015

 

Mirar África desde una perspectiva diferente es lo que nos propone Belén García con su libro de ilustraciones Dibujando África. El ejemplar es una galería de dibujos, apenas acompañados de unas líneas explicativas y realizados con diversas técnicas, que plasman tanto aspectos cotidianos o culturales relacionados con el África rural como ”las inequidades que salpican a diario la vida colorista de cualquier comunidad del África subsahariana”, componiendo un caleidoscopio multitemático que nos habla de la diversidad y la belleza de aquellas tierras.

Lo más usual es que nuestro acercamiento a este continente, a nivel artístico, se haya producido a través de los libros, las fotografías, la pintura o el cine. Así, su propuesta es original, sin ella proponérselo, y atractiva, porque invita a pensar y remirar cada dibujo encontrando significados nuevos cada vez. La delicadeza de los trazos, la gama cromática y los lugares, objetos y personas, que por ellos asoman nos sugieren que nos paremos por un momento y “veamos”.

Los dibujos son el fruto de la sensibilidad artística de la autora, testigo directo tanto de acontecimientos históricos como cotidianos de un quinteto de países africanos, ya que el recorrido vital de Belén García la ha llevado a vivir durante largas temporadas en diversos países de dicho continente (Mozambique, Angola, Mauritania, Guinea Bissau y Guinea Ecuatorial). Ahora, próxima a cumplir los cincuenta, sigue ligada a aquellas tierras, bien colaborando en proyectos de salud, bien a través de su blog o las redes sociales.El inicio de su pasión por África (y más en concreto por Angola, país en el que residió durante siete años) comenzó con las clases de francés que una monja misionera le daba de pequeña y en las que le contaba la historia del continente, y en las cartas que un primo suyo, cooperante de “Medicus Mundi”, le enviaba desde Burkina Faso. Así fue cómo prendió la mecha de un interés hacia todo lo relacionado con África que no ha dejado nunca de crecer.

Formada en el campo de la cooperación internacional y la medicina tropical, partió en 1999 hacia el norte de Mozambique, su primer destino, sin saber que permanecería en aquel continente más de nueve años. Allí la bautizarían como “Njolela” que en umbundu, lengua bantú, significa “la que trae alegría”, aunque también la podrían haber llamado “la que transmite a través de los dibujos” porque nada más llegar se dio cuenta de lo necesario que era para ella tener cerca sus útiles de pintura, para poder plasmar sus vivencias y experiencias en aquel lugar. Esa pasión la pone de manifiesto ella misma cuando nos descubre que utilizaba para ello cualquier material que encontraba, incluso algunos están realizados sobre los cartones en los que llegaba envuelta la ampicilina, y que la llevó a tener siempre cerca su “kit personal de supervivencia”, que consistía en un pequeño cuaderno, pinceles y acuarelas.

La autora en el terreno.
A Angola, el país en el que se “hubiera quedado a vivir para siempre, sin duda”, llegó en el año 2000, en plena guerra civil. “Cooperar en zona de conflicto bélico-cuenta- no es como pensaba mi madre. Ella creía que iba a estar poco menos que en una trinchera rodeada de sacos y las balas silbando por encima. No sé si acabé acostumbrándome al sonido de los disparos, ráfagas y explosiones; al toque de queda, a no poder salir de un corto perímetro, a no poder viajar al poblado de al lado, a tener que ir acompañada la mayoría de las veces, a estar vigilada, a las minas antipersona…”

Para escapar de su duro trabajo y de la difícil situación, Belén cuenta que siempre aprovechaba cualquier momento libre para dedicarse a sus pinceles y que uno de aquellos días le ocurrió algo que sirve para poner de manifiesto lo mucho que se valora el arte en aquellas tierras y que ella recuerda de esta manera: “Un día soleado había comprado un plato grande de mimbre y me puse a pintar dentro a un africano tocando el tambor. Como estaba sentada en el porche de la casa que daba la sombra, me rodearon los vecinos entre exclamaciones, pues algunos pequeñines no habían visto nunca una mano que dibujaba. Poco a poco el público fue en aumento y tuve que interrumpir el dibujo porque estaba completamente rodeada. Lo que más me asombró de todo aquello fue que los padres de los niños me pidieron permiso para que tocaran mi cabeza, como si con esa acción se les transmitiera el arte o algo así, aún me estremezco al recordarlo.”

A pesar de ser enfermera, desarrolló otras actividades allí como logista, gestora, administradora o profesora. Siendo en estos dos últimos campos mencionados de donde ha extraído las lecciones más importantes. “Gracias a mi trabajo en el campo de la cooperación en salud y de la educación, he podido conocer mejor el continente africano, a su gente y sus costumbres. Los años que he pasado allí me han ayudado a ver el mundo con otros ojos, desde la perspectiva de los que viven en una situación más difícil, con menos oportunidades y en entornos de pobreza” afirma. Hasta que le llegó el momento de regresar, momento que al principio trató de evitar; “incluso cuando mi permiso de residencia acabó estuve valorando la posibilidad de quedarme en Angola a trabajar como enfermera, como otros habían hecho antes que yo, pero al estar sola tenía muchos inconvenientes que me hacían ser más vulnerable fuera del amparo de una ONG y por eso decidí salir del país”.

Portada del libro
Ahora que no está ya allí, de África echa de menos “desde la sencillez con la que vivía, que no es comparable a la sencillez con la que pueda vivir aquí, hasta los grandes amigos que allí he dejado, a las personas con las que he convivido y trabajado, y que desconozco si volveré a ver”. Mientras, continúa dibujando (además de este ejemplar, ha ilustrado el libro Medio Ambiente y salud en Áfricade AECID) y publicando sus trabajos en su blog.

Belén García ha englobado una parte de su trabajo bajo el título “La magia de África” que, según ella, “está presente cada día, en el ambiente, en las actividades cotidianas, en cada detalle y en cada persona”, y nos cuenta que uno de los dibujos que más aprecia de todos los que realizó en aquellas tierras es el de la máscara angoleña figurativa de “El Pensador”, referente y símbolo cultural de aquel país, “lo que hace que sea más especial es que en la boca de la máscara está representado el mundo. Quería contrastar la figura de una máscara de madera, un objeto inanimado relacionado con África, con la vida. Para mí significa que el continente africano tiene mucho que contar al mundo y tenemos que dejar que hable”.

La propia autora nos explica cómo surgió el dibujo de la página 134“En zonas rurales de África el camión tiene una doble utilidad: transporte de diferentes materiales y transporte de personas. Viajar en camión sale más económico que un taxi o furgoneta comunitarios, ya que las personas tienen que ir encima de la carga, con el consiguiente peligro que eso supone y demoran más tiempo en el recorrido, pues el camión tiene que ir parando en diferentes puntos de su itinerario para descargar y cargar, material o personas. Suelen ser viajes largos.El dibujo está basado en un viaje que hice en el año 2001 en columna de camiones con custodia militar de Benguela a Cubal, en Angola. La distancia eran 150 km del litoral al interior, pero el estado de la carretera y la situación de conflicto bélico hacían que el viaje demorara más de 15 horas. Yo iba en la cabina del camión que llevaba suministros sanitarios al Hospital de Cubal. Con el dibujo quise representar este tipo de transporte público, donde muchos hombres, mujeres y niños van agarrados como pueden soportando la lluvia o el sol intenso. Además del transporte de personas, hay otro detalle importante en el dibujo que quiero destacar, son las mascas de las rodadas del camión y el bache. Se deja ver el estado de la carretera pero para los que hemos trabajado en estos contextos significa mucho más. En el dibujo el camión sigue las rodadas de la carretera de tierra batida y entra en el enorme charco de agua formado por las lluvias intensas tropicales. ¿Por qué el camión no evita el bache?. En contexto de conflicto y en países como Angola, se sabe que carreteras, puentes o vías de tren son puntos estratégicos y susceptibles de colocar minas terrestres. Muchas de estas minas con el tiempo se mueven debido a las lluvias principalmente. Los vehículos de las organizaciones internacionales tienen que seguir la rodada del suelo. Por seguridad está prohibido esquivar un bache o cualquier otro obstáculo saliendo a los laterales de la carretera, ya que se han dado casos de explosión de minas al paso del vehículo.”

 

¿Una África secreta?

Las sociedades secretas (*) han existido y aún perviven en territorio africano. La historia de las mismas es larga y compleja. Tal y como lo es todo lo relacionado con la brujería y la magia que parecen tan unidas a las sociedades africanas (rurales sobre todo). Siendo dificultoso conocer muchas de sus actuaciones, debido al secretismo y ocultamiento con el que se viven (aunque no siempre).

En África Occidental es en donde con más frecuencia han aparecido (pero no exclusivamente). Sierra Leona, Liberia, Guinea, Costa de Marfil o Nigeria contienen en su seno  un gran número de sociedades secretas. Con un peso muy importante, a nivel económico, social y político, sin embargo las referencias y estudios sobre ellas no abundan.

Ahmadou Kourouma incidía en Esperando el voto de las fieras en la relación entre superstición, brujería y poder. Por ejemplo, tras tres intentos de asesinato del general dictador protagonista de los que se salva por diversas circunstancias, todos creen que es un ser intocable. Un cúmulo de coincidencias hacen que siga con vida lo cual eleva su fama de hombre invulnerable. Gracias a la piedra mágica de su madre (una hechicera) y a El Corán de su marabut tiene la protección suficiente frente a  conspiraciones y trampas.

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Sociedad secreta Nyau (Mozambique). Fotografía: Vlad Sokhin (2000)

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Niños regresan de su iniciación en el Poro. Panguma, Sierra Leona (Foto: Sjoerd Hofstra, 1936)

La novela Vínculos secretos (Baile del Sol, 2014) se adentra en la sociedad secreta del Poro (que solo acepta a hombres en su seno, la femenina se denomina Sande), en este caso liberiana aunque también existe en Sierra Leona, Guinea y Costa de Marfil, para indagar en las raíces del poder que se hace fuerte en las comunidades más primitivas para lograr consolidarse y perpetuarse.

Su autor, el  escritor Vamba Sherif, en un texto con el que la periodista Ángeles Jurado nos traza una completa semblanza, asegura que “(el libro) nace de un encuentro cara a cara con el ex presidente liberiano Charles Taylor en el año 2000″ (cuando Taylor era el presidente de un país devastado tras diez años de guerra, casi un dios) (…) “Lo que me impactó sobre este encuentro, que tuvo lugar en la mansión presidencial en Monrovia, no fue la reacción de Taylor, sino la reacción de la audiencia”, rememora Sherif. “La guerra había comenzado en el norte, donde nací. Y Taylor había reunido a las autoridades del norte y les había pedido que proclamaran su apoyo a su propia lucha contra ese norte. Esos hombres y mujeres que conformaban la audiencia eran los padres y las madres de los jóvenes que tomaron las armas contra Taylor. Lo que sucedió fue increíble. Declararon su apoyo inquebrantable a Taylor en su guerra contra sus propios hijos, su propia gente. Fui testigo del juego del poder y del miedo que genera. Nada me había preparado para esa reacción. Estaba mirando al poder en toda su gloria y al miedo paralizante que resulta del abuso de ese poder”.

VINCULOS

Le tenía ganas a esta novela, tras la estupenda presentación anterior y la recomendación de Wiriko. En cambio, el comienzo de Vínculos secretos me pareció confuso (y mucho de esta primera sensación se mantuvo a lo largo de la lectura) para tornarse de inmediato en inquietante. Muy fílmico, incluso hay quien directamente lo une a alguna película, transmite una intensa carga de misterio desde las primeras líneas. Apunta a una novela clásica de detectives, donde un hombre es enviado a un pueblo fronterizo de Liberia, Wologizi, para investigar un asesinato pero, al igual que en Las luminosas de Lauren Beukes, lo sobrenatural hace acto de presencia para enredarlo todo aún más.

Sin embargo, en Vínculos secretos lo sobrenatural tiene otra índole y nos habla del poder que hace que ciertos seres humanos se conviertan en objeto de veneración y también de miedo. No en vano, la llegada del extranjero se produce al ser un enviado del Presidente del país para que averigüe la desaparición de uno de los jefes tribales que tiene diseminados a lo largo del territorio para perpetuar su posición. El extranjero se irá deslizando en un entramado de pasiones y secretos, brujería y poderes sobrenaturales, que le hará ir descubriendo un mundo que desconocía, pero que existe y que se va cerrando opresivamente en torno a él.

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Young members of Sande (Female Secret Society) Sierra Leone

A pesar del desconcierto que puede aparecer en algunos pasajes (quizás porque el escritor, según mantienen algunos medios, escribe para los liberianos y no para un público occidental), la escritura de Vamba Sherif logra dar cuerpo a esa red que desde lo más alto amenaza con no dejar que nadie se escape de ella, sabedora de que cualquier disidencia puede llevar en si misma el germen de su propia destrucción. Mucho que aprender en esta novela sobre unas sociedades que a veces se desdeñan al no comprender toda su complejidad y magnitud. E importancia.

No podemos olvidar que en el continente africano el mundo sobrenatural convive con el natural, como ya hemos comprobado en la obra de Mia Couto (Tierra sonámbula)  o en la de Ben Okri (El mago de las estrellas). Helen Cooper en su obra La Casa de la playa de azúcar, pone de relieve la importancia de las sociedades secretas, tal y como recoge Nuno Cobre en su reseña: “en Liberia tú no mueres de causas naturales, mueres porque alguien te ha embrujado”.

En ese “manual” de primera titulado Los hombres leopardo se están extinguiendo (PPC, 2011), el periodista y escritor Chema Caballero dedica una parte del mismo a hablar de ellas y señala que “eldescarga papel fundamental de las sociedades secretas es canalizar y controlar los poderes del mundo de los espíritus“. Para pasar a describir su origen (“se accede a las sociedades secretas a través de la iniciación, la cual marca también el paso de la niñez a la edad adulta”), sus lugares (“cada sociedad tiene una porción de selva reservada en exclusividad para sus ritos, conocida como el bosque sagrado”), su género (“en cada área siempre hay una sociedad secreta general para los hombres y otras para sus mujeres”), su importancia (“en las zonas rurales prácticamente todos pertenecen a la sociedad, y es casi impensable no entrar en ella”) y su ¿desaparición? (“los políticos de las zonas urbanas y aquellos que son representantes democráticos normalmente se mueven al margen de ellas”).

La sociedad de los hombre leopardo, que da título al libro de Chema Caballero, es quizá, a pesar de carecer casi de literatura sobre ella, la más conocida. A ello colaboraron en su día (de la peor manera, todo hay que decirlo) tanto Edgar Rice Burroughs con su Tarzán y los hombres leopardocomo Hergé con su Tintín en el CongoDe ahí en adelante todo queda por estudiar y conocer. Pa Alimamy Gbola, nos cuenta Chema Caballero, era un hombre leopardo sierraleonés. Lo que le distinguía de los demás era que podía convertirse en leopardo. Para nuestros occidentalizados ojos lo anterior se torna en un imposible. Pero “nunca entenderemos al hombre africano si no lo aceptamos con todas sus dimensiones” como escribe Caballero, y la “vida secreta” es una de ellas y de gran importancia y transcendencia.

Nota: (*) también denominadas Cofradías e incluso he llegado a oírlas nombrar como sectas. Al respecto, siendo profana en la materia, pienso que habrá diferencias entre unas y otras, sin que se pueda englobar a todas bajo una misma denominación.

Los cínicos no sirven para este oficio – Ryszard Kapuscinski

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El tema de mi vida son los pobres.
Es eso lo que yo entiendo por Tercer Mundo. 
El Tercer Mundo no es un término geográfico y  ni siquiera racial. Es un concepto existencial.

De este breve libro (del que brotan frases como esta: “Es un error escribir sobre alguien con quien no se ha compartido al menos un tramo de la vida”), compuesto por dos encuentros y una entrevista con Ryszard Kapuscinski, “el maestro”, como lo llamó García Márquez, voy a resaltar la parte segunda, en la que habla de África; “Explicar un continente: la historia de su desarrollo“. Se trata de una entrevista que le realizó el 28 de noviembre de 2000, Andre Semplici, periodista y fotógrafo.

En ella explica que fue al continente africano por trabajo, frente a otros como Alberto Moravia (¿A qué tribu perteneces?, Cartas del Sahara) que fueron como escritores. Kapuscinski argumenta que él era un “esclavo de su trabajo obsesivo”, un corresponsal para “toda África”.”No me era posible, ni siquiera, ser un free-lance. Un periodista polaco no podía tener tal oportunidad. Por eso, a diferencia de Moravia, en mis libros solo he podido hablar del África de los golpes de estado, de las guerras, de los grandes líderes políticos” (pág.85)

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Kapuscinski viajó a África por primera vez en 1958, tenía veintiséis años y su destino fue la Ghana recién independizada de Kkrumah. En aquel momento, el espíritu de Uhuru, el espíritu de la independencia, estaba en todos los lugares de África. En 1963 los protagonistas de las independencias se reunieron en Addis Abeba. Así nació la OUA (Organización para la Unidad Africana).

De sus recuerdos comienzan a brotar nombres propios. Kwane Kkrumah, “un gran político y un gran escritor (…) era un visionario y sabía muy bien que los estados africanos aislados, por sí solos, no estarían en condiciones de competir con el mundo moderno”. A pesar de que Krumah fuera el “más grande entre los nuevos jefes de África”, desde Etiopía emergía con una personalidad extraordinaria, el Negus, Haile Selassie, sobre quien escribiría un libro: El Emperador.

descargaEntre la crónica y el reportaje periodístico, en torno a la figura del emperador Haile Selassie, el Negus, rey de reyes, León de Judá, descendiente directo de Salomón, gobernante de una Etiopía desconocida hasta que fue derrocado en 1974. Siempre rodeado de esa áurea de grandeza, el emperador emerge como una figura inquietantemente huidiza y misteriosa. Kapuscinski se sumerge en la clandestinidad de los que sirvieron a Haile y hace que broten  las conversaciones como cuentos orales llenos de espeluzne y de grandeza (el susurro del encargado de cambiar el cojín de los pies del emperador, es un ejemplo). Sus voces se amontonan, sin conexión ni orden aparente, como si formaran una columna de humo que se va formando y elevándose. “Cada noche me dedicaba a escuchar a los que habían conocido la corte del Emperador“, así empieza su narración. Sobre Selassie podemos encontrar tanto alabanzas (venerado por el movimiento rastafari) como críticas (tirano, cruel, gobernante de mano férrea).

También habla de Nasser “punto de referencia para toda el África árabe”, de Sékou Touré (que pasó de líder del panafricanismo a dictador despiadado) y de Lumumba.

Y tras el estallido de las independencias, el desinfle. “Una élite negra sustituyó automáticamente a los colonialistas blancos. Ésta es una de las razones del completo fracaso de los nuevos estados” (pág.76) Y así los militares se hicieron con el poder. “Los años setenta en África, significaron el final de toda esperanza (…) la gente de África había creído que que la libertad encendería la chispa del desarrollo, que la independencia haría posible una vida mejor” (pág.78). Se esfumó el sueño de la unidad, y “África conoció nuevas divisiones”. Algunos países lograron cierto equilibrio, aunque precario, otros aparecen perdidos con guerras civiles que les han devastado- y otro grupo de países más pobres que intentan la estabilidad. “Son estas tres Áfricas demasiado distintas entre ellas: pero es así, con estas impresionantes divisiones, como ha entrado el continente en el siglo XXI” (pág.79)

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“África en la mirada”, fotografía de R.Kapucinski

En otra obra suya, Ébano (1998)pudo por fin mostrar la “belleza de África”. Lo escribió en otra época de su vida, cuando ya no tenía que ocuparse de la economía y de las guerras, y pudo hacerlo de su cultura y de los grandes entornos, “pero siempre con una atención particular por el hombre, por sus relaciones con esa extraordinaria naturaleza” (pág.86)

La tragedia de Ruanda fue presentada como la tumba de África. La muerte de África. Nadie señaló que Ruanda es una nación muy pequeña, cuyos habitantes ascienden a menos del uno por ciento de la población africana. Pero los que fueron enviados a Ruanda, dado que no conocen nada de África, estaban plenamente convencidos de que aquello era África (pág.113)

Ficha:

  • Título original: Il cinico non è adatto a questo mestiere.Conversiazioni sul bun giornalismo (2000)
  • Idioma: Original: Italinao
  • Traducción al castellano: Anagrama (2002)
  • Traductor: Xavier González Rovira
  • Nº páginas: 125
  • Portada: Foto de Ryszard Kapuscinski

Viaje al Congo – André Gide

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-¿Qué le lleva a ir allí?
-Espero a estar allí para saberlo. (pág.11)

El viaje realizado durante los años 1925-1926 por el escritor André Gide y el cineasta Marc Allégret, es irrepetible. Mucho ha cambiado todo desde el momento en el que el escritor eligió, para recorrer lo que hoy es República del Congo, Chad, República Centroafricana y Camerun, como inspiración, el libro de Joseph Conrad El corazón de las tinieblas

André Gide había tomado bajo su protección a Marc, hijo del que había sido su tutor y amigo, el pastor Elie Allégret, diez años atrás. Tal y como prueba su correspondencia, el escritor se enamoró de manera inmediata del joven del que le distanciaban más de treinta años de edad. De aquella relación compleja su punto culminante fue el viaje que ambos emprendieron al Congo.

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André Gide © Marc Allégret

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Marc Allégret y André Gide © Marc Allégret

George D. Painter escribía sobre los motivos que llevaron a Gide a realizar el viaje: el escritor “experimentaba su acostumbrada necesidad de desaparecer antes de la publicación de una obra mayor”. La obra en cuestión era esta vez Los monederos falsos. El 18 de julio de 1925, pocos días después de terminarla, Gide partía al Congo.

Los dos artistas escribirían sus impresiones en sendos libros, Gide lo hizo en Viaje al Congo y un año después Regreso de Chad, Allégret las plasmó en Carnets du Congo.

Carnets du Congo: Voyage avec Gide (Singulier, pluriel)

A ambos les impresionó profundamente lo que vieron. Gide se sintió obligado a denunciar la política colonial francesa, lo que conllevó un largo debate que llegó hasta el Parlamento a su vuelta. Allégret tomó una gran cantidad de fotografías y filmó un documental Voyage au Congo en el que ponía en imágenes lo que Gide recogió en palabras.

El viaje al Congo fue una experiencia fundamental para Gide quien, como escribe el 4 enero de 1933 en su Journal (Diario), hasta entonces no había sabido interesarse en los hombres, “únicamente absorbido como estaba por la contemplación de mí mismo. […] De manera que fue necesario ese contacto con la oprimida raza negra para arrancarme de mi narcisismo”.

Muy serio todo y alejado de la corrección general que opinaba en sentido contrario a lo que aparece en el libro, no en vano el propio Gide fue considerado a su muerte por Sartre y Camus “el escritor más libre de su siglo”.

Estas son algunas de las instantáneas que Allégret consiguió en aquel viaje.

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No me basta con decirme, como hacemos a menudo, que los indígenas eran más desgraciados todavía antes de la ocupación de los franceses. Hemos asumido respecto a ellos unas responsabilidades a las que no tenemos el derecho a sustraernos. A partir de este momento, siento en mi interior un lamento inmenso; sé cosas sobre las que no puedo opinar. ¿Qué demonios me ha empujado a ir a África? ¿Qué he venido a buscar en este país? Antes, estaba tranquilo; ahora sé y debo hablar (pág. 89)

Ficha:

  • Título original: Voyage au Congo (1927)
  • Idioma: Original: Francés (Gallimard)
  • Traducción al castellano: Península (2004)
  • Traductora: Marga Latorre
  • Nº páginas: 222
  • Portada: Fotografía de Marc Allégret

El africano – J.M.G. Le Clezio

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Le Clezio tuvo una relación difícil con su padre. Como ejemplo del desdén con el que trató a su hijo, se puede mencionar como éste ignoró su vocación hasta que no recibió el Premio Renadout en 1963 por su primera novela (El atestado)Su obra El africano es una vuelta atrás a su infancia y al reencuentro con la figura paterna desconocida hasta entonces, contando el viaje que realizó al continente con 8 años, por momentos comprensiva y por momentos lejana. Lo que parece querer indagar el escritor al escribir este breve texto es si fue la guerra o África lo que convirtieron a su padre en un hombre pesimista y sombrío, autoritario, al que tanto él como su hermano temían más que amaban.

El padre del escritor ejerció de médico en Nigeria, enviado por los británicos, con escasos medios (se señala, en varias ocasiones, que su instrumental consistía en una aguja de latón) y se fue desgastando poco a poco por lo que vivió en aquel país, hasta llegar a ser para su hijo un desconocido. Le Clézio nos muestra trozos de una infancia pasada en aquella tierra africana (que rememora como un lugar de total libertad) en la que recupera los recuerdos familiares y los de aquel tiempo que vivió allí. “En El africano, en particular, el tema es el descubrimiento de las sensaciones, del lenguaje, del acceso a la conciencia más que los acontecimientos en sí mismos o las particularidades de “mi” conciencia”, explicará el propio escritor.

No quiero hablar de exotismos; los niños son absolutamente ajenos a este vicio. No porque vean a través de los seres y de las cosas, sino porque, justamente, sólo ven eso; un árbol, un hueco en la tierra, una colonia de hormigas constructoras, una banda de chicos turbulentos en busca de un juego, un viejo de ojos nublados que tiende una mano descarnada, una calle en un pueblo africano un día de mercado, eran todas las calles de todos los pueblos, todos los chicos, todos los árboles y todas las hormigas. Ese tesoro está siempre vivo en el fondo de mí y no puede ser extirpado. Mucho más que de simples recuerdos, está hecho de certezas” (pág 134)

Tras su lectura, me llamó la atención la acumulación de lugares comunes con los que el escritor (que redactó el libro de apenas 135 páginas, con fotografías, en un mes) describía el continente. Al leer la última página pensé que Le Clézio, que proviene de una familia emigrada a Mauricio (por lo que a veces he visto su nombre en el cómputo de los Nobeles recibidos en Literatura por parte africana, y de quien he leído sólo otros dos libros más, ninguno de los cuales me gustó demasiado: Diego y Frida y La cuarentena) y que ha vuelto a escribir sobre África en otras ocasiones: Onitsha (1991) que narra el mismo viaje que esta novela o Viaje a Rodrigues y ya sobre el norte africano, Desierto (1981) escribe bien pero está envolviendo sus vivencias con algo que chirría (esa África tan común).

He leído que se trata de un libro bello, incluso que es una pequeña joya, y es cierto que está muy bien escrito. ¿Pero esconde su belleza una trampa?.

Como escribir sobre África

Geoff Wisner es el autor de A Basket of Leaves: 99 Books That Capture the Spirit of Africa  (libro en el que propone un tour literario por el continente africano mediante la crítica de 99 libros). En un artículo titulado “J.M.G. Le Clézio Shows Us How It’s Done“(J.M.G. Le Clézio nos muestra cómo se hace), realiza un paralelismo entre El africano y los consejos, llenos de ironía, que en su día dio Binyavanga Wainaina sobre “Cómo escribir sobre África“. Os pongo algunos ejemplos:

  • “Utilizar siempre la palabra “África” o “Tinieblas” o “Safari” en el título”: Sólo hay que leer el título.
  • “No se le ocurra poner la foto de un africano bien pinteado en la portada de su libro, ni menos adentro, salvo que ese africano haya ganado el premio Nobel. Una AK-47, costillas salientes o tetas al aire: esas sí son imágenes. Si debe incluir a un africano, asegúrese que sea uno envuelto en un vestido Masai o Zulú o Dogón”: En la portada para la edición estadounidense (está incluida más abajo) se ve una foto de un niño con cicatrices y de pie, detrás de una mujer con el pecho desnudo.
  • “Tratar a África como si fuera un único lugar”: esto ocurre a lo largo de todo el texto, por ejemplo: “El viaje a África puso fin a todo esto”, “La llegada a África fue para mí la entrada en la antecámara del mundo adulto” (pág.61) “Al irnos a África habíamos cambiado de mundo”(pág.30) etc…
  • “Asegurarse de mostrar bien que los africanos tienen música y ritmo enquistados en el fondo del alma”: Este pasaje es especialmente significativo y termina con sus propios padres haciendo el amor al ritmo del tambor, “Mi madre hablaba de fiestas que estallaban de pronto, en los pueblos, como en Babubgo, en el país nkom, a cuatro días de marcha de Banso (…) Debajo de un banano se sentaban los tocadores de tam-tam, golpeaban y el llamado de la música repercutía a lo lejos. Las mujeres empezaban a bailar, estaban completamente desnudas salvo un hilo de perlas alrededor de la cintura. Avanzaban una detrás de otra, inclinadas hacia adelante, con los pies golpeaban la tierra al mismo ritmo que los tambores (…) pág.97
  • Incluir temas tabú, como referencias a escritores o intelectuales africanos: A pesar de que Le Clézio cita a Chinua Achebe y su poema “Navidad en Biafra”, lo hace en el contexto de crueldad, guerra y hambre.
  • “Sus lectores se desilusionarán si usted no menciona la luz de África. Ah, y las puestas de sol”: “Puedo sentir la emoción que él sintió al cruzar las altas mesetas y las llanuras cubiertas de hierba … los contornos azules de los picos que salían de las nubes como espejismos, bañados en la luz africana, el duro resplandor de mediodía, el resplandor del crepúsculo ablandado cuando el rojo de la tierra y la hierba de color paja parecían estar iluminado desde dentro por un fuego sagrado”.
  • Y más ejemplos, aquí.

Geoff Wisner concluye que el escritor casi ha logrado la máxima puntuación tras la comparativa y, dado lo corto que es el libro, parece difícil que alguien lo pueda superar. Es cierto que da la sensación de que el escritor hubiera recurrido a casi todos los tópicos para describir esa “África” de su infancia de forma demasiado literaria (e incluso idealizada) y puede que ahí esté la clave.

¿Tal vez fue la mirada de mi madre sobre ese continente a la vez tan nuevo y tan maltratado por el mundo moderno? No recuerdo lo que ella nos decía, a mi hermano y a mí, cuando nos hablaba del país donde había vivido con mi padre, donde debíamos volver un día. Sólo sé que, cuando mi madre decidió casarse con mi padre e ir a vivir a Camerún, sus amigas parisienses le dijeron: “¿Cómo, entre salvajes?”, y que ella, después de todo lo que mi padre le había contado, sólo pudo contestar: “¡No son más salvajes que la gente de París!” (pág. 75)

Ficha:

  • Título original:  L´Africain  (2004)
  • Idioma: Original: Francés
  • Traducción al castellano: Adriana Hidalgo editora (2007)
  • Traductora: Juana Bignozzi
  • Nº páginas: 135
  • Premio Nobel de Literatura 2008
  • Otras traducciones:
    • L’africà. Edicions 62 [Catalán]
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