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Entradas de la Categoría ‘Waberi, Abdourahman A.’

Love is in the air (o lo contrario), algunas pasiones literarias muy africanas

LoVE iS In tHe aIR

Binyavanga Wainaina- Chimamanda Ngozi Adichie

Adichie guarda de sus tiempos de aspirante a escritora su amistad con Binyavanga Wainaina quien desde entonces es uno de sus mejores amigos. Se conocieron en 2001 a través de internet, en un sitio web que les permitía compartir su pasión por la escritura. Quince años después la amistad continúa, ambos leen lo que escribe el otro y opinan sobre ello, a pesar de ser tan diferentes a la hora de escribir.

Cuando Adichie le explicó su intención de escribir sobre la guerra civil de Biafra (es el argumento central de Medio sol amarillo), Wainaina exclamó “¡estás loca¡” y le expresó sus temores sobre el tema elegido. Sin embargo, añade, “ella no tiene miedo y por eso pudo escribir esa novela”. Adichie, por su parte, opina que Wainaina no es solamente un magnifico escritor sino también una generosa persona.

Abdourahman A. Waberi- Nuruddin Farah

Nuruddin Farah Abdourahman-A.-Waberi1

En la propia página web de Waberi, éste se declara admirador del somalí, sobre el que escribió su tesis doctoral (una comparativa entre su obra y la de la argelina Assia Djebar). Le considera más que un maestro, un hermano mayor. Es raro leer alguna entrevista realizada al yibutí y que no aparezca por una u otra razón el de Nuruddin Farah, quien también suele nombrar a su amigo de manera constante. Ambos comparten además de región de nacimiento, un pasado doloroso y la “identidad del nómada” que tanto ha marcado la narrativa de Waberi, pasaje de lágrimas o país sin sombras.

“Uno no viaja para proveerse de exotismo y anécdotas con que adornarse como un árbol de Navidad, sino para que el camino lo desplume, lo enjuague, lo escurra, lo deje como esas toallas, raídas por los lavados con lejía, que te entregan junto con un pedazo de jabón en los burdeles… Sin este desapego y esta transparencia, ¿cómo puede uno esperar hacer ver lo que ha visto?” Elogio del nomadismo-Abdourahman A.Waberi

La primera novela de Waberi Le pays sans ombre (1994) está dedicado al somalí, quien le prologa el libro. Toda una declaración de amor.

… o ToDO lo CoNTrArIO

Chinua Achebe- Joseph Conrad

000272022W Chinua Achebe 1967

El nigeriano escribió un texto muy crítico en relación a la mítica obra de Joseph Conrad y le acusó de manera abierta de racista.“Una imagen de África: nazismo en “El corazón de las tinieblas” (1975), es una lectura del libro argumentado que “(la novela) proyecta la imagen de África como “el otro mundo”, la antítesis de Europa y, por tanto, de la civilización, un lugar donde la cacareada inteligencia y refinamiento del hombre son finalmente burlados por la bestialidad triunfante”. Desde la antítesis que plantea ya desde el inicio, entre dos ríos, uno europeo, el Támesis (la civilización), el otro africano, el Congo (el salvajismo), de donde parte y a donde llega Marlow, Achebe va mostrando sus argumentos para mostrar lo pernicioso de la novela, sobre todo en relación a las personas. “La cuestión es si una novela que celebra de deshumanización, que despersonaliza a una parte de la raza humana, puede denominarse una gran obra de arte. Mi respuesta es no, no puede”, concluyó

El discurso de Achebe ha tenido seguidores y detractrores, son muchos los que opinan que Conrad a pesar de su tibieza creó un texto con propósito anticolonial. Otros, en cambio, coinciden con Achebe y respaldan que fuera tan valiente y sintiera la responsabilidad de decir lo que opinaba.

Ngugi wa Thiong´o- Karen Blixen

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Algo parecido a lo que le suscitó a Achebe la lectura del libro de Conrad, le ocurrió a Ngugi wa Thiong´o con la baronesa Blixen aunque en menor medida. Muchos han sido los libros que han indagado en la vida íntima de esta mujer que luchó contra viento y marea para escribir (tuvo que asumir el seudónimo masculino de Isak Dinesen para poder publicar) y que han mostrado que a pesar de lo idílico y romántico que adorna su perfil, no rechazó la política colonial en el continente, de hecho tuvo esclavos en su plantación de café.

Blixen tuvo una granja en Kenia, y su perro se llamaba Dust y su sirviente Kamante y a partir de ahí Ngugi wa Thiong´o escribió un texto en 1980 Her Cook, Her Dog. Frente a la conmoción que le supuso la lectura de  In the Castle of My Skin (1953) del escritor de Barbados George Lamming, Las memorias de África (1937) de la danesa le provocaron el efecto contrario, “uno de los libros más peligrosos que se han escrito sobre el continente desde una condescendencia que se hacía pasar por amor“. El escritor señala el uso repetido que realiza Blixen de la imaginería animal al describir a los africanos. En su representación de su sirviente Kamante, Ngugi ve la comparación de Blixen con un perro como insulto extremo. Opinión que también compartía Nuruddin Farah quien en su novela Regalos admite que “(Blixen) tal vez se enamorase de aquella parte del continente pero que sin duda no amó a las gentes del lugar”. Ella, por su parte, siempre soñó con volver a Kenia.

Pasaje de lágrimas- Abdourahman A. Waberi

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Yibuti es, sobre todo, el protagonista de esta novela. A través de Pasaje de lágrimas nos paseamos por un trozo de tierra desconocida, “una casilla esencial en el siempre cambiante tablero geopolítico”, un lugar que casi nunca se tiene en cuenta en las infografías ni aparece en los libros. “Un país que, a pesar de su tamaño, ha seducido gracias a su posición y su estabilidad a los grandes estrategas del Pentágono y a los hombres de negocio del Golfo Pérsico, con Dubái a la cabeza”. Cuando se habla de Yibuti, siempre se añade la coletilla “un pequeño país en el Cuerno de África” pero poco más. En 2012 tenía una población de 859.652 habitantes (parecida a la de Chipre), limita con Etiopía, lo que a menudo le ha valido el sobrenombre de “la playa etíope”, y se debate entre una identidad francesa, británica y árabe. Y de todo ello nos habla Abdourahman A.Waberi en su novela.

El protagonista de Paisaje de lágrimas, Djib, es un joven y prometedor agente de información, abandonó Yibuti hace tiempo, asentándose en Montreal. Ahora, regresa a su tierra en una misión (militar-industrial) que le designa para sondear, analizar, observar cada milímetro del país, recabando información para concluir si es o no un lugar seguro y estable, libre de los fundamentalistas, en ese nuevo terreno que se ha abierto tras el 11S.  Esa voz, occidental, abanderada de un mundo que no tiene tiempo para nada que nos sea convertible en dinero y que no se libra del desarraigo; tiene su casa allí a donde llega y no se siente atado por nada, se mezcla con otras tres más. Una segunda voz, es la de su hermano gemelo, aislado en una cárcel en los islotes del diablo y convertido en un fanático religioso, quien lee los pensamientos de su hermano, gracias a esa conexión que tienen los gemelos, y supone una amenaza constante a pesar de la distancia física en la vida del primero, ya que, a pesar de su confinamiento, conoce cada movimiento de su hermano. A estas dos voces podemos añadirle una tercera que, sorpresivamente, une a los dos gemelos, la del filósofo Walter Benjamin, a quien ambos leerán; de forma compulsiva el gemelo recién llegado, y como un descubrimiento, desde la prisión, el gemelo encarcelado, y que tendrá muchas coincidencias (hay un paralelismo entre la vida de Djib y la de Benjamin clara, basta decir que con el nombre “Pasajes” es como se conoce la obra del filósofo) y protagonismo en sus vidas, mucho más de lo que a primera vista parece.

Pronto, Djib se dejará llevar por los recuerdos y aflorará su nostalgia y su necesidad, negada en un primer momento, de volver a su país, a su gente, a su infancia. Así, se enredará en el pasado, en la figura de su abuelo Assod que plantea el retorno a la naturaleza, en la búsqueda de un gesto de cariño por parte de su madre, en la figura secundaria y que le restaba el protagonismo de su hermano (las razones de este odio, por otra parte, no se muestran demasiado definidas). Su investigación comienza a dilatarse, se estanca, y la voz desde las cavernas cada vez se cierne más desasosegante, más claustrofóbica, más terrible, una voz que pide un ajuste de cuentas con el  pasado.

A pesar de que al principio, asistimos desconcertados al salto de voces diametralmente opuestas en su discurso, quizás demasiado cincelado y oscuro, y a una escritura, a veces muy poética,  que exige dosis extras de atención, Waberi nos regala un libro con gran carga de profundidad, donde el misterio surge desde la primera página, salpicado por un elogio a la escritura y a la lectura que se desparrama en cuadernos, libros, palimpsesto o citas. La introducción de Walter Benjamin como vértice de los dos polos; el autor preferido del norteño Djib y la lectura del fundamentalista Djamal en su prisión, abre la posibilidad de ser dos partes  de un mismo cuerpo (el propio Benjamin expresó en su último texto: “Ha desaparecido toda desesperación; el pensamiento religioso y político” se funden en uno solo), en el que prevalece la voz del filósofo, para quien la historia no es una ciencia sino una forma de recuerdo. Tras un recorrido por el presente y el pasado, la modernidad y las tradiciones, el norte y el sur, parece que, a pesar de nuestros conocimientos actuales, estamos avocados al fracaso, a no entender, como le pasa al protagonista, qué ocurre, ni  siquiera a dónde regresar. El libro, no en vano, se abre con esta cita: “El camino de regreso a casa es incluso más bello que la misma casa” (Mahmoud Darwich).

Estoy de regreso y no debo dejar nada al azar ni confiar ciegamente en mi intuición.Aquí, los siglos y las rocas hablan: todo transmite señales, todo está lleno de significado. La más banal de las anécdotas tal vez resultará ser la pieza del puzzle que faltaba, el mínimo indicio que puede conducir hasta el sésamo deseado. A menudo, las cosas más obvias son las más difíciles de captar. Esto me recuerda un relato de Edgar Allan Poe, La carta robada, que releí en el avión de camino hacia aquí. El detective Augusto Dupin encontraba la carta que todo el mundo buscaba y que se hallaba precisamente encima del escritorio del culpable sin que nadie se hubiera percatado de ello. Estas cosas ocurren más a menudo de lo que uno imagina. (página 17)

Ficha:

  • Título original:  Passage des larmes (2009)
  • Idioma: Original: Francés (Publicado por Editions Jean-Claude Lattes)
  • Traducción al castellano: Ediciones de Baile del Sol (2011)
  • Traductora: Rosa Roca Riera y Joan Medina Roca
  • Nº páginas: 157

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