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Posts etiquetados ‘Etiopía’

Arada Books, divulgando el patrimonio histórico y cultural etíope

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Libros “Arada Books”. Foto: SFQ

Publicado originalmente en África no es un país.  25/10/2016

A Harar, en el este de Etiopía, llegaron muchos buscando alguna pista sobre los últimos años de Arthur Rimbaud. Entre ellos, el escritor Evelyn Waugh quien se sintió decepcionado al no encontrar apenas nada sobre la estancia del poeta en aquellas tierras, tal y como expuso en su relato sobre la coronación de Haile SelassieGente remota (Ediciones del Viento, 2003). Encontrar alguna lectura o referencia en el país etíope, en aquel momento Abisinia, que indague en la que parece fue una infeliz estadía del poeta maldito en la ciudad amurallada, es tratar de hallar una aguja en un pajar. Más fácil resulta, en cambio, empaparse de la vida del que fue considerado rey de reyes, el emperador e icono de los rastafaris, a cuya coronación Waugh acudió en 1930.

Varios han sido los libros que se han publicado en fechas recientes sobre la legendaria figura de Haile Selassie, uno de los personajes más importantes y relevantes del continente africano. Entre ellos destacan, al margen de los que a día de hoy son los más conocidos (la novela Beneath the Lion’s Gaze de Maaza Mengiste y El emperador de Kapuscinsky), el de Asfa-Wossen Asserate, King of Kings (Haus Publishing, 2016) y el de Angelo Del BocaThe Negus, The Life and Dead of the Last King of Kings, que ha obtenido buenas críticas y que ha sidopublicado por Arada Books, una pequeña editorial independiente enraizada en Etiopía y empeñada en dar a conocer, tanto dentro como fuera, el desconocido, rico, variado y sugerente patrimonio histórico y cultural etíope.

Para leer el resto del artículo mapa-africa

¿Por qué Yismake Worku es el escritor más leído en Etiopía?

En 2008 con solo 22 años, el etíope Yismake Worku publicó en amárico su primera novela, que está considerada un auténtico best – seller en su país, Dertogada, la cual ha sido traducida al inglés. A Worku se le considera un gran escritor, dotado de una gran imaginación y una capacidad intuitiva para describir detalles de la vida, la cultura y los incontables destinos de las gentes etíopes. Su traductor añade que ha sabido escoger caracteres interesantes, logrando lo que hasta ahora ningún otro escritor etíope ha conseguido: la posibilidad de interesar a la gente de su país… y también a un público más global.

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Yismake Worku. Foto Facebook

Si trasteáis por facebook, podéis encontraros con una página con el nombre del escritor. En realidad, se trata de una creación de sus fans. Yismake Worku parece emanar, al igual que su obra, de un misterio. Apenas hay noticias, comentarios o entrevistas sobre él (si exceptuamos lo que podemos encontrar en amárico). Se sabe que estudió en la Universidad de Awassa (lugar en el que se supone que reside, según me aseguraron sin mucha convicción en su propio país) y que ha estado viviendo,con anterioridad, muchos años en la capital, Addis Abeba.

La mayoría de los datos que se conocen en torno a él pertenecen al ámbito literario; Worku ha escrito más de diez libros, casi todos novelas de gran éxito, pero también de poesía. Poco más se sabe de él, excepto que es una especie de Michael Crichton a la etíope, que sus libros se los quitan de las manos y que ha conseguido vivir de la literatura.

Las pocas fotografías que se pueden localizar en internet nos muestran a un hombre joven, no muy alto y sí muy delgado, de aspecto frágil y sensible. Su mirada es fría y ajena e impenetrable. Como lo es prácticamente todo lo relacionado con su vida y su localización actual. Algunos le sitúan fuera del país en este momento (¿Inglaterra?). Pero nadie parece conocer cuál es su verdadero paradero.

El etíope escribe un género que oscila entre la ciencia ficción y la novela científica, contado desde el suspense y los enigmas. Pero sus libros van más allá; suponen en opinión de muchos un auténtico puente entre el pasado y el  futuro, entre la generación pasada y la que está por llegar. Worku es capaz de unir los monasterios que se encuentran en las islas del lago Tana con la NASA. En palabras de Sebhat G. Egzea’ bher, un gran autor muy leído en Etiopía, estamos ante un  escritor con un estilo único que escribe una literatura perfecta. Muchos coinciden en señalar que destaca por haber renovado la novela etíope dotándola de modernidad sin renunciar al lugar del que procede.

Dertogada, el comienzo

9789994484317-usMás de 100.000 ejemplares vendidos y más de 20 reimpresiones, son las cifras de vértigo que nos da a conocer Messeret Abeje, profesor de la UNECA en Addis Abeba, durante una charla informal. Cuando se publicó, en origen en amárico, todo el mundo quería leer la novela en Etiopía. Había múltiples razones para ello.

Se trataba de una novela con ritmo, aunque a ratos confusa, y que usaba la fantasía, lo cual era parte de su atractivo, pero lo más importante se encontraba en el argumento que lograba que muchos se sintieran identificados con lo que se contaba. Worku hablaba de una realidad que los etíopes conocían muy bien. Leían su propia historia y la de su país. De hecho, en su día se señaló este libro como nacionalista por el propio Sebhat G. Egzea’ bher.

Dertogada, la película

Dertogada, la película

Comenzando en un presente tecnológico, con ingenieros de la NASA que desaparecen, la trama nos lleva a 1969, al mismo corazón de Addis Abeba, delante de la estatua de Abune Petros. Éste fue todo un símbolo de resistencia y lucha: en 1936 Abuna Petros, un Arzobispo de la Iglesia Ortodoxa Etiope, fue ejecutado por su rechazo a rendirse ante los italianos fascistas que invadieron el país. En Etiopía simboliza la libertad y el rechazo a todo tipo de tiranía. Worku enlaza seguido su narración con el poema “La pasión de Peter” de Tsegaye Gabre-Medhin, y con una grabación del poeta en relación al mismo, que nos introduce en un código que se oculta detrás de las palabras del poema.

A través de una trama con flash-backs, suspense, intriga, espionaje, fantasía y amor, Worku habla del deseo de una nueva Etiopía, siendo en sus propias palabras el libro, la canción de libertad de toda una nueva generación.

En 2012 se ha traducido a inglés por Zelalem Nigussie y está publicada por Unity Publishers (con sede en Addis Abeba). Alguna noticia relaciona la novela con el cine, sin que este extremo lo pueda asegurar del todo. Lo que sí es seguro es que cuenta con versión audio, en amárico, lo que facilita que llegue a la población no alfabetizada. Además, Worku ha escrito varias secuelas de Dertogada, también con gran éxito: Ramatohara, Xantoxara Yoratorad, todas ellas de momento solo pueden ser leídas en amárico.

Dertogada está dedicada a Kitaw Ejigu, científico de la NASA, quien luchó para intentar que en Etiopía hubiera un cambio político en los tiempos de Meles Zenawi. Toda una declaración de intenciones para una novela que es el reflejo de una Etiopía que desea un futuro (y un presente) diferentes. Y que escribe (y lee) sobre ello.

This nation needs wise composers who can give it a sweet tone of harmony (pag.11)

 

 

Todos nuestros nombres – Dinaw Mengestu

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Dinaw Mengestu es un nombre conocido. A pesar de su juventud (nacido en Addis Abeba en 1978) es uno de los referentes de la nueva generación de escritores que provienen del continente africano. Y tengo que decir otra vez que provienen, ya que emigró a Estados Unidos con su familia a los dos años, creció, estudió y trabajó fuera de su país. Como periodista ha escrito para Rolling Stone, The New Yorker, y para el Wall Street Journal. Y nunca ha vivido en Etiopía. Es decir, que es un hijo de la diáspora.

Fue nombrado uno de los 20 mejores escritores menores de 40 años por New Yorker, obtuvo grandes elogios por su debut en 2007 con The Beautiful Things That Heaven Bears. La periodista Emily Temple, en un artículo para “Flavorwire”, incluyó este título entre las “50 novelas que te harán mejor persona”.  A la anterior le siguió El lugar del aire (comentada en LitERaFRicA) que confirmó su talento, y el año pasado fue incluido en la lista “Africa39” como uno de los escritores más prometedores por debajo de los 40 años.

Me gustó El lugar del aire, en ella Dinaw escribe con pasión, componiendo escenas del pasado a partir de los recuerdos, de las historias contadas a jirones. Dentro de la novela se podía sentir la necesidad de encontrar el hilo que tiene que desmadejar la vida no vivida, de la que de manera inevitable se forma parte. “Dicen que la única manera de empaparse de la historia consiste en caminarla” (pág. 141) afirma el protagonista. Y en el texto va apareciendo esa búsqueda a través de la triste historia de sus progenitores y transmitiendo esa tremenda situación, primero de violencia y brutalidad al límite que hace abandonar un país, en este caso Etiopía, y después de desarraigo y no anclaje en el otro lugar al que se llega. Me gustó El lugar del aire por muchas otras razones, pero no la considero una obra redonda.

Es extraño (una rareza digamos) darte una vuelta por una librería y toparte entre las novedades con una novela de algún autor/a africano/a. Me ha pasado con Chimamanda Adichie Ngozi, Teju Cole, Tayie Selasi, Aminatta Forna y con Dinaw Mengestu. Todos los anteriores me gustan, algunas de sus obras más que otras, pero también me entristece ver que son los únicos que llegan a habitar las secciones de novedades de las librerías. Cuando busco y leo en otros medios el increíble, fascinante, vibrante y multi-todo mundo literario que surge mes a mes en el continente africano y que no logra traspasar aquellas fronteras, cuando me imagino uno tras otro esos libros que presentan, esos escritores con tanto que contar…

Dinaw Mengestu vive en EEUU, trabaja para medios importantes y, además, escribe bien. Tiene un estilo particular, muy sutil, leve, evanescente, con el que narra situaciones al límite y situaciones de desencuentro como las que sufren muchas personas que emigraron y no llegan a encontrar su lugar. En Todos nuestros nombres abandona ese tono para utilizar un estilo más directo y nos habla de nuevo de las relaciones, de cómo se incrusta alguien con un duro pasado en una sociedad que le rechaza, aún más cuando se dan situaciones de racismo. Me gusta mucho lo que Mengestu creo que quiere decir, simpatizo con la idea de que la historia de un hombre no es solamente su historia, sino también la de todos los que la hicieron posible, ese desdibujar al individuo para darle una voz colectiva. Todos nuestros nombres, que se mezclan y se equivocan para resultar ser uno solo o muchos, como los que luchan contra la barbarie y las dictaduras o los que se empeñan en plantarse. Pero no es suficiente, a la historia de Mengestu le falta garra. La trama avanza apenas sin interés y ni siquiera el modo en el que el escritor intenta introducir algo de misterio hace que la historia resurja. Además de algunos fragmentos en los que se describe la rebelión en Uganda, es quizás la parte de Helen, la trabajadora social que se enamora del protagonista, el personaje que más atrae, más cercano parece, la historia de ese amor hecho de desencuentros es la que está mejor narrada, como síntesis de unas relaciones personales que se pueblan de silencios y carencias.

Nuruddin Farah dijo de si mismo que el mundo necesitaba “un escritor somalí” para su fiesta, y que ese era él, que con él habían cubierto el número de somalíes que serían llamados a esa fiesta. Este blog se abrió para que fueran muchos-muchísimos más los llamados a la fiesta, y no solo unos cuantos elegidos, como siempre, por nosotros, por nuestros encorsetamientos ad infinitum. Dentro de esa manera ligera en la que metemos a cualquiera que nos resulte diferente en alguno de los múltiples cajones que ya hemos diseñado para ello, a Dinaw le puede estar ocurriendo que sea invitado por ser “el escritor que cuenta la experiencia de la inmigración africana”.

Lo que no sabía hasta entonces era que querer a alguien y sentirse querido a su vez era el mejor ejercicio para el corazón, el ejercicio de fortalecimiento necesario para hacer algo más que limitarse a ir tirando en la vida. (pág. 184)

Ficha:

  • Título original:  All our names (2014)
  • Idioma: Inglés
  • Editorial: Lumen (2015)
  • Traducción: Eduardo Iriarte
  • Nº páginas: 304
  • Nombrado Mejor libro del año por The New York Times, The Washington Post, NPR, The Boston Globe, The Christian Science Monitor, y The Daily Beast
  • En catalán: Els Nostres Noms. Editorial Empuries, 2015

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La queja de Maaza Mengiste

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Hay muchos escritores que utilizan Twitter para difundir sus libros, pero también para expresar sus opiniones sobre diversos temas. Maaza Mengiste es uno de ellos. A menudo, en sus tuits se lee el interés que muestra por intentar descomponer la imagen que se tiene de África  y de su literatura en el mundo.

Esta escritora nacida en Addis Abeba, y en la actualidad residente en Nueva York, logró con su primer (y hasta el momento único libro), Beneath the Lion’s Gaze que narra los últimos años de Halie Selassie desde el punto de vista de una etíope (libro traducido, por cierto, a varios idiomas pero no al castellano), el reconocimiento internacional. Ella, junto a Dinaw Mengestu, son los actuales representantes de una literatura, la etíope, que al igual que otras, tiene mucho que aportar.

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Maaza Mengiste. Photo by Miram Berkley

En su día ya mostró su punto de vista sobre el tema de las identidades, a raíz de la concesión del Premio Caine al escritor Tope Folarín y la polémica que se abrió después. Maaza lamentaba de esta manera los condicionantes previos que se les suele pedir a los escritores africanos: “Parece que cada nuevo escritor con cualquier conexión remota con el continente africano, ya sea voluntaria o involuntariamente, primero tiene que lidiar con esta cuestión de la identidad antes de hablar acerca de lo que debería importar más: su libro”, en un artículo para The Guardian.

Ahora, se queja Maaza de los límites que está adquiriendo la “literatura africana”. Afirma que hay que incluir en ella a todos los países del continente, no sólo a los anglófonos y francófonos. Además pone el acento en el hecho de que parece que la literatura que procede del continente es la elaborada únicamente desde Nigeria, Kenia o Ghana (me ha sorprendido que no mencione Sudáfrica). Finalmente, resalta que en Etiopía, Yibuti, Eritrea, Somalia o Sudán, hay también Achebes y Ngugis, que no acaban de llegar al resto del mundo a causa de las traducciones.

En LitERaFRicA, hemos ido realizando periódicos especiales para tratar de resaltar los descarga (1)libros que llegan desde el “Cuerno de África” (qué poco me gusta esta denominación). Conociendo que estos especiales nunca estarán finalizados, siempre se irán completando, aporto esta vez las recomendaciones de Maaza. La escritora etíope nos descubre la obra del eritreo Gebreyesus Hailu y su The Conscript [en], un libros sobre la lucha anticolonialista de Libia, la recién publicada African Titanics [en] del también eritreo Abu Bakr Hamid Kahal en el que habla sobre la emigración africana, o la obra de la somalí Cristina Ubax Ali Farah.  

Hagamos de África el árbol de la vida

Tsegaye Gabre-Medhin (1936-2006)Kebede Micheal o  Hadis Alemayehu, pertenecen ya a los clásicos, los tres escribían en amárico (o en alguna otra de las más de 100 lenguas y 200 dialectos que se hablan en Etiopía) pero algunas de sus obras han sido traducidas al inglés. 

En Etiopía, el inglés (y no el italiano como muchos creen) es lengua oficial junto al amárico. De las abundantes obras literarias etíopes originarias en amárico, pocas han sido sin embargo traducidas, como el clásico Fikir Eske Mekabir de Hadis Alemayehu (1910-2003) que se tradujo en 2005 bajo el título Love unto Crypt por el escritor etíope Sisay Ayenew, trabajo que le llevó la friolera de trece años.

De las pocas mujeres que escriben en Etiopía y que residen allí se puede mencionar a Tsehay Melaku o a Hiwot Teffera, a quien el año pasado la “Addis Ababa University Press” le tradujo su novela “Tower in The Sky”, la cual versa sobre la época del Derg.

En la literatura contemporánea, Maaza nos indica el camino:

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Bewketu. Foto wikipedia

Bewketu Seyoum, es un joven poeta que ha publicado dos colecciones de poemas en amárico, muy aclamados, así como un libro de relatos cortos y varias novelas que son muy leídas en Etiopía. En 2011 fue atacado por un diácono al considerar que había escrito un artículo blasfemo, “A Saint with No Legs”. En la actualidad, goza de mucha popularidad y su obra ha sido traducida en algunas compilaciones como Modern Poetry in Translation.

Gabriella Ghermandi nació en Addis Abeba y después se trasladó a Italia, a Bolonia, donde nació su padre. Ha publicado relatos en diversos medios y revistas. Es coordinadora y promotora de la revista online “El Ghibli“. Además, promueve el proyecto musical The Atse Tewodros Project,  que forja colaboraciones entre músicos etíopes e italianos. Este proyecto toma como símbolo al emperador Tewodros, quien fue el primer emperador que dio a Etiopía la oportunidad de modernizarse respetando sus tradiciones. De manera similar, el proyecto pretende respetar la música tradicional etíope, mientras se abre al diálogo ycopertina-scale al  intercambio.

En la actualidad, Ghermandi tiene una novela publicada, Reina de las flores y de las perlas [ita] para Donzelli Editore. Se trata de “un largo viaje en el tiempo y el espacio, ya que narra la vida y las vicisitudes de una familia etíope en el período de la dictadura de Mengistu Haile Mariam, y en la siguiente década de emigración. Una novela que atraviesa más de cien años de historia, desde la época de Menelik hasta hoy.”

Etiopía1962, vista por Mandela

Addis Abeba, febrero 1962

El CNA (African National Congress – Congreso Nacional Africano) fue invitado por el Movimiento Panafricano de Liberación para el África Oriental, Central y Meridional, a asistir a una conferencia en Addis Abeba, en febrero de 1962. Estas fueron las impresiones de Nelson Mandela.

Oliver Tambo y Nelson Mandela en el Africa Hall, Addis Ababa, Etiopia, 1962

Anteriormente conocida como Abisinia. Etiopía, según la tradición fue fundada mucho antes del nacimiento de Cristo, supuestamente por el hijo de Salomón y la reina de Saba. Aunque había sido conquistada docenas de veces, Etiopía era la cuna del nacionalismo africano. Al contrario que otros muchos estados africanos, siempre había combatido el colonialismo. Menelik había rechazado a los italianos el siglo pasado, aunque Etiopía no había conseguido hacerlo en éste. En 1930, Haile Selassie se convirtió en emperador del país y en la fuerza moldeadora de su historia contemporánea. Yo tenía diecisiete años cuando Mussolini atacó Etiopía, una invasión que no sólo espoleó mi odio hacia aquel déspota sino hacia el fascismo en general. Aunque Selassie se había visto obligado a huir cuando los italianos conquistaron el país en 1936, había regresado una vez que las fuerzas aliadas expulsaron a los italianos en 1941.

Etiopía siempre había ocupado un lugar especial en mi imaginación, y la perspectiva de visitarla me atraía más que un viaje a Francia, Inglaterra y Estados Unidos juntos. Sentía que era una visita al lugar de mi propia génesis, que en él descubriría las raíces de lo que me había hecho africano. Conocer al emperador sería como estrecharle la mano a la historia.

Nuestro primer alto fue en Addis Abeba, la Ciudad Imperial, que no hacía honor a su nombre, ya que era todo lo contrario a grandiosa, con sólo unas pocas calles asfaltadas y más cabras y ovejas que automóviles. Aparte del Palacio Imperial, la Universidad y el Hotel Ras, en el que nos alojamos, había pocas estructuras que pudieran compararse incluso con los edificios menos imponentes de Johannesburgo. La Etiopía contemporánea tampoco era un modelo a seguir en lo referente a la democracia. No había partidos políticos, órganos de gobierno popular ni separación de poderes; tan sólo contaba el emperador, que era la autoridad suprema.

Antes de la inauguración de la conferencia, los delegados nos reunimos en la diminuta ciudad de Debra Zaid. Se había erigido un gran estrado en la plaza central y Oliver y yo nos sentamos a un lado, alejados del pódium principal. De repente oímos la música distante de un único clarín y a continuación el sonido de una banda de metales acompañada por el retumbar constante de tambores africanos. Al aproximarse la música pude oír-y sentir-el rumor de cientos de pies marchando. Desde detrás de un edificio que había al borde de la plaza surgió un oficial que blandía una resplandeciente espada; a sus espalda marchaban quinientos soldados, en columnas de a cuatro, armados con rifles pulidos que llevaban apoyados sobre el hombre uniformado. Cuando la tropa llegó delante del estrado se escuchó una orden en amárico y los quinientos soldados se detuvieron al unísono, dieron media vuelta y efecturaron con toda precisión un saludo dirigido a un hombre mayor que vestía un deslumbrante uniforme: Su Alteza el Emperador de Etiopía, Haile Selassie, el León de Judea.

Por primera vez en mi vida veía soldados negros bajo las órdenes de generales negros ante el aplauso de líderes negros que eran todos huéspedes de un jefe de estado negro. Fue un momento embriagador. Esperaba que fuera un anticipo de lo que el futuro había de deparar a mi propio país.

Long way to freedom: the Autobiography of Nelson Mandela” / “El largo camino hacia la libertad: la autobiografía de Nelson Mandela”,1994. Editorial El País-Aguilar,1995. pág.304-305.
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Worku, el “Pelé etíope” recogiendo la Copa África en 1962 de manos del emperador Halie Selassie

 

La brújula africana-Este: Si viajas a Etiopía…

Inicio una pequeña brújula con los cuatro puntos cardinales que nos llevarán de viaje por cuatro países africanos. Para completar esta brújula he integrado libros diversos, que van desde la narrativa hasta el ensayo, escritos por africanos y extranjeros que estuvieron, llegaron, pensaron, vieron y siempre contaron.

Comienzo mi brújula con Etiopía y os propongo una pequeña selección de títulos para todos aquellos que vais a viajar este verano allí, o para aquellos que sintáis curiosidad por este país. Leer Más

Cuando Kapuscinsky habló de Lalibela

Lalibela  1975, Etiopía

jlinopina.blogspot.com

tmagazine.com

Finalmente, Lalibela. Es una de las ocho maravillas del mundo. Y si no lo es, debería serlo. Sin embargo, resulta difícil de ver. En la estación de las lluvias no se puede acceder por ninguna parte. En la seca, tampoco es fácil llegar. Se puede intentar en avión cuando lo hay. “Ébano 1998, Ryszard Kapuscinsky. Editorial Anagrama (2009) pág,147

Timkat Festival, Lalibela, Ethiopia (celebrating the baptism of Christ in the Orthodox Church)

Fiesta del Timkat. Lalibela

Porque he aquí lo que he visto: estaba de pie en un lugar desde el cual, abajo, se veía una iglesia excavada en la roca. La iglesia en cuestión es una mole de tres pisos recortada en el interior de una gran montaña. Y más adelante, en la misma montaña, e invisible desde el exterior, hay una segunda iglesia, y una tercera… Once iglesias enormes. Este prodigio arquitectónico lo construyó en el siglo XII el rey ahmara San Lalibela, y los ahmaras eran (y son) cristianos de rito oriental. Las construyó en el interior de la montaña para que los musulmanes que invadían aquellas tierras no pudiesen verlas desde lejos. Y aun así las veían, como las iglesias formaban parte integrante de la montaña, los musulmanes tampoco habrían podido destruirlas; ni siquiera tocarlas. “Ébano” 1998, Ryszard Kapuscinsky. Editorial Anagrama (2009) pág,147

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Liyou Libsekal, poemas desde Etiopía

Brunel-prize1Si te pregunto cuántos escritores africanos eres capaz de nombrar, seguramente podrás decir algunos nombres (o no), pero si te pregunto cuántos poetas africanos conoces, la cuestión se vuelve más difícil. Sin embargo, los poetas abundan en este continente.

A los escritores que son más conocidos también por otros géneros, Wole Soyinka, Henri Lopes o Nadine Gordimer, por poner algunos ejemplos, se suman aquellos que se dedican en exclusiva a la poesía.

De Somalia, conocida también como “una nación de poetas”, fue la ganadora del primer “Brunel Universitiy African Poetry” (Premio de poesía africana de la Universidad de Brunel), Warsan Shire. Dicho premio se inauguró el año pasado y en su presente edición de 2014  los finalistas han sido: Viola Allo (Camerún), Inua Ellams (Nigeria), Amy Lukau (Angola), Nick Makoha (Uganda), Vuyelwa Maluluke (Sudáfrica) junto a la ganadora Liyou Libsekal (Etiopía). Aquí puedes leer sus poemas [en]

El Brunel es un importante premio de poesía anual  abierto a poetas africanos que no hayan publicado todavía ningún libro de poesía. Este año ha sido patrocinado por la “Universidad de Brunel” y el “Commonwealth Writers”. La Universidad de Brunel trabaja en estrecha colaboración con “The African Poetry Book Fund’s New Generation African Poets’ Series“, que publicará varios libros de poesías de los finalistas y ganadores del premio.

Liyou Libsekal

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Liyou Libsekal Foto: Universidad de Brunel

Nació en 1990 en Etiopía y creció viajando con su familia, pasando la mayor parte de su infancia en diferentes partes de África oriental. En 2012, obtuvo una licenciatura en Antropología de la  Universidad George (Washington). Después, tras un breve período de tiempo en Vietnam, Liyou regresó a Etiopía. Desde enero de 2013 escribe sobre  cultura y sobre el entorno cambiante de su país en los últimos años para “Ethiopian Business Review” [*].

Su poesía gira en torno a las influencias de la tradición, la modernización y la globalización en el rápido desarrollo de Etiopía.

El poema, por el cual ha ganado el Premio Brunel, es “Riding Chinese Machines“, y su inspiración le surgió de la observación del crecimiento de Addis Abeba: el poema es el resultado de vivir en una ciudad que está en medio de un auge económico y una inmensa transformación. La construcción, el asfalto y las máquinas aparecen por todas partes y el boom económico, el cambio enorme y el auge de la ciudad forman parte del día a día etíope.

Lo que viene a continuación es mi interpretación del poema. El título se refiere a las “chinese machines” (las bestias de la modernidad y el mundo construido; unas motocicletas, o una oportuna mención muy significativa a China, en todo caso hace referencia a la máquina). Junto al feroz avance de la maquinaria de construcción y derribo, en el poema aparecen los leones, que el antaño emperador Haile Selassie poseyó, y que fueron símbolo en otros tiempos del imperio etíope; una manera de reflejar su fuerza y su poder (las bestias de la tradición y el mundo natural). Addis Abeba se ha convertido en un tumulto de carreteras a medio asfaltar, de obras en todos los sitios, envueltas en los ruidos de la maquinaria extranjera. Libsekal añade que es prácticamente imposible no participar de este progreso, al tiempo que se cuestiona.Todo un repaso al momento actual etíope (y africano).

Riding Chinese Machines 

There are beasts in this city
they creak and they crank
and groan from first dawn
when their African-tongued masters wake
to guide them lax and human-handed
through the late rush
when they‘re handled down and un-animated
still as we sleep, towering or bowing
always heavy

we pour cement through the cities
towns, through the wild
onwards, outwards
like fingers of eager hands
stretched across the earth
dug in

the lions investigate
and buried marvel rumbles
squeezed for progress

 

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