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Posts etiquetados ‘Mali’

El día en el que ficción y realidad se encontraron

Los nombres. Nómbrame… qué tristeza cuando alguien confunde tu nombre y te llama con otro. Más horror aun cuando nadie tiene interés en conocerlo.

Si no te nombro, no existes. Por eso preferimos las masas anónimas. Todo para que nosotros podamos movernos con más soltura entre “los otros”, para poder evitar tener que mirarles a los ojos y llamarles. Para impedir que nos acerquemos, nos aproximemos, escuchemos sus historias, comencemos a caminar a su lado… les nombremos y empiecen a existir.

No es esto. Lo sé. Pero no sé cómo empezar. Porque pasan cosas todos los días.

Y esas cosas revuelven, algunas más que otras.

Aunque a veces ves una salida para poder comenzar a tirar del hilo. Esta vez es el nombre de un muchacho.

Se llama Suleimán.

El escritor Antonio Lozano estuvo en Madrid el fin de semana pasado. Presentó su último libro el viernes en la librería “Traficantes de sueños”. Una obra sobre Mandela de quien este próximo 18 de julio recordaremos que hace 100 años nació un ser extraordinario. Pero también traía la escenificación de Me llamo Suleimán.

Antes que una obra de teatro, fue una novela. Y mucho antes fue una realidad que el escritor quiso ficcionar. Muchas historias en una porque es imposible no poblarse de miles de voces cuando se cuenta una como la que contiene el libro, como la que se representó durante tres días ante nosotros. Hasta ser otra diferente, y al mismo tiempo la misma, de la mano creativa de Mario Vega.

Me llamo Suleimán nos habla del viaje que emprende un muchacho de apenas doce años junto con dos amigos desde Bandiágara (Malí) hasta Europa. La palabra escrita toma otra forma en la voz de la actriz Marta Viera quien durante una hora, en un monólogo y con una interpretación impactante, nos va llevando por las diferentes etapas del viaje del muchacho y sus amigos mientras la sala se llena de recuerdos de lo que dejó atrás, la tierra, la madre añorada, y se inunda con las dolorosas situaciones que se ve obligado a afrontar: el camión y el desierto, la temible valla y la posterior expulsión, la insegura embarcación y la llegada, la totalizadora soledad y las apelaciones a un Dios desaparecido, el principio y el final … “solo éramos unos niños, ¿Cómo pudimos soportar aquello?” pregunta en el libro Suleimán.

La obra, además, se representó en Malí este mismo año. En el país del que es originario el narrador protagonista.

“Mi principal preocupación- afirma Lozano- era la reacción del público a una historia, protagonizada por uno de los suyos, ideada para ser contada a la sociedad a la que llegan los emigrantes, y no a aquella de la que salen. Pero nada más terminar la obra todos los presentes prorrumpieron en aplausos, se acercaron a nosotros con lágrimas en los ojos para felicitarnos, o para contarnos historias semejantes que habían vivido amigos o familiares. Me llamo Suleimán nos ha dado muchas alegrías, nos ha despertado muchas emociones. Pero entre todas las funciones realizadas, y van más de ciento cincuenta, la de Bamako fue sin duda la que más profundamente nos llegó al corazón”.

Se mezclan las voces en el escenario. Ahora se escucha la del Suleimán de papel, ahora la que surge de la interpretación de Marta Viera que se nos mete hasta los tuétanos acompañada de la música de Salif Keita. Vemos a través de la escritura de Antonio, a través de las palabras de Marta, la vida de ese muchacho. La escenografía rompedora nos ayuda a no perder un detalle. “Los muros que cercan Europa crecen más y más. Igual que nuestra hambre”, escribe Antonio y esto se vive en escena. De pronto ahí está la valla. Parece un monstruo de alambre por el que los muchachos trepan.

Suenan disparos. La valla se va tiñiendo de rojo. Idrissa, uno de sus amigos, ha sido alcanzado y se desangra.

Entonces se oye un llanto. Podría ser el grito de Suleimán ante la pérdida de su amigo a quien tiene entre los brazos. Pero la vista, por un momento, se aparta del escenario. No es allí, está ocurriendo en la fila de butacas. Desde la oscuridad de la sala, la congoja es titánica, un dolor y una tristeza que nos atrapa a todos los presentes. Alguien, entre el público, no ha soportado la escena. Como si fuera un volcán de horrores el llanto de ese hombre nos espanta y nos paraliza. La realidad y la ficción se han dado la mano otra vez.

Desconozco quién era, si lo que vio le recordó algo vivido por él o por alguien muy cercano dada la intensidad de su llanto, o si no pudo soportar tanta injusticia y tanta inhumanidad representada ni siquiera en escena. Pero logró que nos retorciéramos de nuevo ante la constatación de la crueldad de lo que se estaba representando. No conozco su nombre, no puedo nombrarle. Tampoco olvidarle.

Uno de los mayores elogios que se pueden decir de cualquier obra de arte, creo, es que nos ha traspasado. Y eso es lo que ocurre con Me llamo Suleimán, tanto con la novela, que etiquetada como novela juvenil atrapa a cualquier edad (sin duda otro mérito añadido) como con la obra de teatro.

“Quizás algún día nos volvamos a ver”, se despide de nosotros, con su voz inconfundible, también Suleimán.

Nunca se sabe.

Malí, donde África se cuenta a sí misma y al mundo

Escritores, poetas y artistas de todo el mundo están compartiendo desde el 17 al 24 de febrero, en la “Rentrée littéraire du Mali 2018“, la necesidad de renovar el mundo reinventado sus narrativas. 

Aprovechando la celebración de su 10º aniversario este evento no debe pasar desapercibido. Estamos hablando de uno de los máximos acontecimientos del continente en torno a las letras africanas que este año aporta una novedad más, tan interesante como su programa: se celebrará en Bamako, como es habitual, pero se extenderá a las históricas ciudades de Tombuctú y Djenné. Leer Más

Las epopeyas también son para el verano

Oímos la palabra “epopeya” y en seguida pensamos en un poema histórico, en hazañas y gestos heroicos, míticos. Nos suena a viejuno, medieval, a historias del pasado muy pasado y a narraciones contadas por seres con cualidades teatrales. Dicen los que saben que es difícil dar una definición que englobe las diferentes epopeyas literarias que han ido apareciendo a lo largo y ancho del planeta.

Más allá de problemas teóricos a la hora de “encajar” cada obra en su lugar pertinente (¿a qué obras del continente africano se les puede aplicar este subgénero de la épica?), nos surge otra pregunta; ¿por qué leer hoy epopeyas africanas?… ¿acaso alguien lee El cantar de mío Cid, por ejemplo?.

Contra todo pronóstico Borges, que la consideraba “la forma más antigua de poesía”, pensaba que era un género de futuro. Quizás no iba tan desacertado el argentino sobre esta “poesía del pasado”. Así, novelas modernas como Cien años de soledad han sido consideradas, por Carlos Fuentes entre otros*, como “nueva novela épica”. Y es que las gestas heroicas, y dignas de alabanza, nunca nos han abandonado del todo.

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Chaka in battle at the head of the regiment of Tulwana impi. Artist: Angus McBride

¡A la rica epopeya africana!

Desconocidas las africanas, en número abundante, ha sido por la labor de los griots que han narrado desde la oralidad los hechos del pasado la razón por la que conocemos tal cantidad de ellas. El mundo africano ha preferido poner en común las experiencias, dar protagonismo al goce colectivo frente a la actividad de leer un texto escrito que es un acto individual. Sus puestas en escena, a veces acompañados de música, otras no, han hecho de estas narraciones algo único e irreproducible. En Guinea Ecuatorial, por ejemplo, pervive el mvet, que además de instrumento musical es el medio a través del cual y utilizando la oralidad se transmiten las gestas míticas.

Hay un amplio abanico de posibilidades que eluden y dificultan la oportunidad de cosificarlas. ¿Podríamos considerar Khaidara, el cuento peul, una epopeya?, ¿sí?, ¿no? …¿importa?.

Quizás sería más interesante conocer las ramificaciones de aquello que se denomina “epopeyas” y que además de alcanzar los feudos y reinos de grandes personajes y dinastías, se adentra en las loas a la vida del día a día, son las llamadas “epopeyas corporativas”** “aquellos textos creados y pensados para una corporación particular. Destacan las de los pescadores y cazadores malinkés, Kambili, y las de los hausas y peuls.” Pero, a pesar de su interés, apenas nos han llegado.

Una de las razones de la pervivencia de las grandes historias es la de mostrar con orgullo que en África también ha transitado un pasado glorioso. Así lo demuestran las epopeyas más conocidas, las que nos  han llegado a través del medio escrito. La recitación del griot Pahel Mamadou Baila llevó al investigador senegalés Amadou Ly a trasponer el relato sobre las proezas del héroe fulani Samba Guéladio en su L’épopée de Samba Guéladiégui. Siempre desde la tradición y la oralidad, el relato se transforma al plasmarse por escrito. Sin los griots, esos narradores mágicos, conoceríamos una cantidad muy inferior de las pocas que aún así podemos conocer gracias al trabajo de recopilación de escritores e historiadores. Pero, tal y como resalta Vicente Montes: “Se han abordado en numerosas ocasiones las dificultades del proceso de traducción pero en menos la complejidad de la transcripción de los relatos orales.” En este nuevo trasvase, la pérdida de la esencia es inevitable.

5 epopeyas que se pueden leer

El género, no obstante, no se circunscribe a un ámbito determinado.  Pero es África occidental, rica en reinos, la que más epopeyas dinásticas ha elaborado.

sunyata-o-epopeya-mandinga-djibril-tamsir-nia-L-rOrofSLos malinkés descubrieron la figura del fundador del reino mandingo, Sundiata Keita. Recreado por Makan Diabaté, pero sobre todo por Djibril Tamsir Niane, es una de las más historias épicas más conocidas.

La historia de Sundiata Keita, sobre la que recalca el autor que su libro es sobre todo la obra de un griot de la zona de Siguiri, es apasionante. Sundiata Keita o la epopeya mandinga, fue publicado en 1960 por la editorial Presence Africaine y traducido por Casa África. El que fuera rey fundador del Imperio de Malí nació en 1217 en Niani, la actual Guinea, y era hijo del rey Maghan Kon Fatta, perteneciente al clan de Keita, quien controlaba un pequeño territorio. Sin embargo, su historia comienza en realidad mucho antes de que naciera. A finales de 1236, Sundiata Keita, recién coronado emperador de Malí, convocaba a todos los jefes guerreros y notables en el claro de Kurukan Fuga para la proclamación de una serie de leyes y normas que debían regir la vida del Imperio a partir de ese momento. La conocida como Carta de Kurukan Fuga o Carta del Mandé está considerada como una de las primeras declaraciones de Derechos Humanos de la Historia. Uno de sus logros más importantes: abolió la esclavitud.

La epopeya bambara, recopilada por Lilyan Kesteloot, posee una envergadura de más de diez mil versos, 2747557138r“destaca por la función desempeñada por los morabitos y los magos que ayudan a los guerreros y a los reyes a derrotar a sus enemigos gracias a la adivinación y a la confección de amuletos que los hacen invulnerables”. Junto a ellas emergen las de los sonikés, fulani, peuls… bajo similares características todas ellas. La mujer, en estos textos, aparece en un papel de relevancia, lo que no ocurre en las epopeyas de África Central.

La vida de El Hadj Ornar, el hombre que llegó a organizar una yihad, fue narrada por el l_africainesenegalés Samba Diop. En ella se aúnan varios mundos bajo la historia del fundador del Imperios Tukulor.

Bernard B. Dadié, toda una leyenda en la literatura africana, y quien además ha cumplido 100 años el pasado enero, dedicó Légendes africaines (1954) a narrar la epopeya de los baulé. En esta historia, basada en la tradición oral y a través de cuentos, Dadié explica cómo su pueblo, los Baulé, recibieron su nombre gracias al sacrificio de su reina, la reina Poku.

En Sudáfrica emerge la figura del misterioso rey zulú ChakaEn 1910,Thomas Mofolo ficcionó su vida y su imperio antes de la colonización. Chaka se publicaría en 1925, en lengua sesotho (traducida con posterioridad al menos en dos ocasiones al inglés y a otras lenguas europeas). Hablamos de un clásico, ¿hablamos de la primera novela conocida en el continente?. Comparada con 1005897Shakespeare y con las tragedias griegas, se la ha colocado a la altura de las obras de Achebe pero no ha tenido nunca su repercusión.

Con posterioridad se realizó otra versión sobre la vida de este rey. Mazisi Kunene, un defensor de la literatura africana en lenguas de origen, escribió su obra seminal Emperor Shaka the Great: A Zulu Epic (1979) en zulú. La cual ha sido comparada con la Iliada y la Odisea y ensalzada por escritores como Chinua Achebe.

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  • (*) Ver: ¿La muerte de la épica? Las metamorfosis de un género literario, entre la modernidad y la posmodernidad- José Manuel Pedrosa
  • (**) Ver: Kesteloot y Dieng, en Les épopées d’Afrique noire (1997)

La françafrique vista desde el sur – Dagauh Gwennael Komenan

Cubierta La françafrique vista desde el sur

La política e influencia francesa en el continente africano desde la visión y pensamiento de un joven marfileño, Dagauh Gwennael Komenan. Esto es lo que promete este libro, finalista en los premios de ensayo que anualmente convoca “La Catarata”, en el año 2014.

La traducción e introducción corren de la mano de Ángeles Jurado Quintana, que también ha participado en el desarrollo del mismo, y que nos adelanta que este libro es una aproximación. Estamos de acuerdo con ella en que no es el tema tratado una cuestión que se pueda despejar en 107 páginas, pero las que ha escrito Dagauh, con fluidez, estilo fácil e implacables datos y argumentos que corroboran mucho de lo que se intenta demostrar, nos proporcionan un acercamiento de nivel al controvertido papel que ha jugado y sigue jugando Francia en sus ex-colonias africanas, en el pasado y en un presente en el que siente la amenaza de China, que ya es el primer socio comercial del continente.

Esa françafrique que, según el escritor Boubacar Boris Diop, ha convertido a los países francófonos africanos en el patio trasero francés. Hablamos de “cincuenta operaciones militares desde 1960, y hasta el momento” (en el libro se listan todas ellas y se analizan en especial las de Malí, Libia, Costa de Marfil y República Centroafricana) y de la imposición de un sistema monetario (bajo el franco CFA) que se ha vuelto una “esclavitud monetaria y financiera” y al que en el libro se le da especial hincapié, ya que sin  independencia económica no puede haber independencia real.

Dagauh repasa. Francia, sabedora de que quien hizo la ley hizo la trampa, aupó al poder a una pléyade de sátrapas y dictadores. Después buscó otras formas más sibilinas de perpetuar su presencia y poder en los territorios de sus ex-colonias. Así la fórmula ideada para mantener su situación se volvió más sutil y tomó la forma de “intervenciones in-humanitarias” que para la opinión internacional, gracias a los media occidentales, se tornaban en “necesarias”. Entre ellas la de Malí, muy criticada por pensadores y activistas como Aminatta Traoré.

La intervención militar francesa en 2013 denominada Operación Serval, llegó acompañada de una misión de paz de Naciones Unidas. El propio presidente interino del país había reclamado que intervinieran para frenar el avance yihadista. En sus inicios dicha operación fue apoyada por la inmensa mayoría de malienses, según opinión del periodista José Naranjo. Pero esta “operación quirúrgica de urgencia” no ha impedido que Mali continúe inmerso en una situación de conflicto y que tras la celebración de elecciones, el país siga convaleciente.

En seguida las dudas nos asaltan y nos cuestionamos sobre las razones que han llevado a que dichas situaciones se perpetúen. El autor habla de la complicidad del Tribunal Penal Internacional, la actuación de los medios de comunicación occidentales y los discursos en torno al afropesimismo y al afroptimismo que acaban alejando el verdadero latido del continente. Pero también las situaciones de corrupción y el empobrecimiento que se dan en estos países.

Y aquí es donde aparecen aquellos a los que el autor ha dado el título de “los buenos amigos“, ya que sin esos personajes títeres de Francia y el apoyo que se dan los propios lideres africanos entre sí (Outtara a Camporé, por ejemplo) no se puede entender que el panorama no haya cambiado. Máxime cuando Dagauh afirma que organismos regionales como la CEDEAO también se han prestado al juego francés.

Además, sabemos que la Unión Africana tarda en actuar (cuando lo hace), y no suele hacerlo de la manera más apropiada. A pesar de conocer que la Unión Africana no decide con libertad, sino que tiene que contar con el visto bueno de la comunidad internacional (léase Unión Europea o Naciones Unidas) la escasa relevancia de su actuación está fomentando la idea de que está haciendo aguas. Sobre la escasa incidencia de esta organización, decidida a buscar “soluciones africanas a los países africanos”, es necesario también hablar (en el libro se echa de menos un análisis de sus actuaciones en relación con los diferentes casos expuestos).

Para terminar, Dagauh va más allá y plantea una inteligente cuestión; nos podemos imaginar ¿una Francia sin África?. Al igual que ocurre cuando se le da la vuelta a la tortilla, intuimos tras la lectura cuál podría ser el resultado. Pero viendo (y constatando) la actualidad de la françafrique, queda por saber si algún día estos países africanos darán los pasos suficientes.

El esperanzador levantamiento del pueblo burkinés (la voluntad del pueblo), bajo el espíritu de Sankara, para frenar el golpe de estado que amenazaba con colocar en el gobierno a un hombre fuerte de Campaoré, quien está acusado de asesinar al líder burkinés. O la resistencia que ha manifestado Laurent Gbagbo en Costa de Marfil (la necesidad de líderes fuertes), son solo algunos ejemplos que nos parecen querer indicar que lo que hoy es una mera especulación, se puede convertir en realidad.

Mientras llega, no permitamos que la françafrique viva en la sombra.

Ficha:

  • Título original:  La françafrique vista desde el sur (2016)
  • Idioma: Original: Francés
  • Traducción al castellano: Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (2016)
  • Traducción e introducción: Ángeles Jurado Quintana
  • Formato: eBook, disponible en Unebook
  • PVP: 8,34 €
  • Nº páginas:107
  • Leer un fragmento, aquí

Amkullel, el niño fulbé – Amadou Hampaté Bâ

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Nombrar a Amadou Hampaté Bâ invariablemente lleva a afirmar que fue un sabio y a citar su frase más conocida la cual se ha quedado unida a este hombre de manera irremediable, ocultando otras muchas que nos regaló a través de su obra y que nada tienen que envidiar a la anterior.

En África, cuando un anciano muere, una biblioteca arde, fue pronunciada en 1960, con la independencia de Mali, cuando fundó el “Instituto de las Ciencias Humanas” en Bamako y representó a su país en la “Conferencia General de la UNESCO”. 

Sin dejar de reconocer que se trata de una gran frase, pero enfrentados a esta imagen de tradición y oralidad que a menudo se ha asociado al continente, y lidiando con el choque entre oralidad-escritura, nuevas generaciones la rebaten de manera irónica, como Alain Mabanckou quien escribía en su novela Vaso Roto: “al  dueño del Crédito se fue de viaje (un personaje del libro) no le gustan las frases hechas del tipo en África, cuando un anciano muere, arde una biblioteca y cuando oye este tópico manido, se enfada un montón y suelta al momento depende del anciano, dejaos de chorradas, yo sólo me fío de lo que está escrito.”

Pero no podemos olvidar que la tensión entre la prevalencia de lo escrito sobre lo oral limitó y ninguneó al continente. La cultura occidental ha asociado siempre la literatura con la escritura. Tal y como afirmaba Frantz FanonLas palabras vuelan, los escritos permanecen. Bellas palabras que forman parte del “reparto racial de la culpabilidad”. Sin duda, ha sido la falta de un testimonio escrito lo que ha llevado a que se negara durante siglos la existencia de una historia y una cultura africanas. Por ello el estudio y trabajo del maliense fue tan importante: “destacó en su labor en el campo de la recuperación y transmisión de la cultura africana y sus archivos manuscritos, fruto de medio siglo de investigación sobre las tradiciones orales”.

Lo cierto es que estamos hablando de un hombre que quiso ser, ante todo, “un eterno investigador, un eterno alumno”. Pero más allá de la imagen de recto sabio, los retratos de este ser que vivióamadouhampateba casi 100 años nos devuelven una intensa mirada azul tras la que se ocultaba la memoria prodigiosa y la clarividencia de un ser atemporal. Tras esta estampa tan seria y erudita se encontraba un hombre con gran sentido del humor que salpicaba sus memorias de recuerdos escatológicos y picarescos, al igual que el Lazarillo de Tormes, y que incluso  escribía relatos sorprendentes bajo títulos como “El coxis calamitoso”, tal y como nos recuerda su amigo Théodore Monod en el prólogo de Amkullel, el niño fulbé.

Elogio a la memoria africana

Afirman que los pueblos que no han testificado por escrito tienen mejorada y agudizada la memoria. La verdad es que tras leer el primer tomo de las memorias del sabio de Bandiagara (el segundo no está traducido al castellano: Oui, mon comandant abarca desde 1921-1933), sobreviene el desconcierto por el cúmulo de detalles y por lo afilado y preciso de las descripciones y situaciones…máxime cuando el que lo escribe confiesa tener más de ochenta años.

Tratar de encasillar las memorias del niño fulbé bajo un género parece un camino desacertado. Aún así, la clasifican bajo “Recuerdos de juventud” (la obra abarca hasta los 23 años del escritor), pero hay mucho de historia (se trata de una introducción a las dos primeras décadas del siglo XX africanas), a pesar de que él mismo denuncia que no se puede generalizar (aunque hay rasgos comunes sobre todo del área de África occidental) y de etnología.

Hampaté Bâ nos introduce en el seno de su familia noble, mezcla de etnias, donde el linaje es lo que importa y donde “todo lo que somos y todo lo que tenemos se lo debemos sólo una vez a nuestro padre, pero dos veces a nuestra madre” (pág.67). En un entorno en el que las cofradías y el mundo mágico se imponen de manera natural frente a los que no creemos en ese mundo espiritual. En este sentido, afirma el escritor en la introducción que una de las cosas que molestan a los occidentales son los sueños premonitorios. En este libro también los hay y nos sumergen en ese mundo donde sueño y realidad, vida y muerte, parecen darse las manos y que tanto nos habla de este continente. También habla de las migraciones de este a oeste y de la aparición de los blancos … hasta la muerte de “la primera infancia” con siete años que se produce con la ruptura de su vida cimentada en el animismo y sus comienzos en las enseñanzas del Corán.

El niño se pone bajo la disciplina del maestro Tierno Bokar (a quien dedicó un libro) que le castiga (corporalmente) si no se sabe la lección y quien le obliga a estudiar de memoria el texto en árabe sin conocer su significado, mientras funda su primera asociación con unas jerarquías y un modo de organizarse que sorprende sin duda en niños tan pequeños (7-8 años). Todo su mundo es positivo, o lo ve desde ese enfoque, por eso pueden llegar a chirriar las semblazas de los primogénitos y del segundo padre de Amkullel (seudónimo de Amadou), con una perfección que hace pensar que lo que ha hecho el escritor es idealizar a estos seres, desechando cualquier connotación negativa que pudieran tener.

El libro, “testimonio de una civilización de la oralidad“, y salpicado de proverbios, erige en protagonista a la palabra como eje sobre el que gira todo conocimiento: “La escritura es una cosa y el saber es otra. La escritura es la fotografía del saber, pero no es el propio saber. El saber es una luz que está en el hombre. Es la herencia de todo lo que los antepasados pudieron conocer y nos han transmitido en germen, al igual que todo el baobab está contenido, potencialmente, en su semilla” (pág.253). En torno a ella surgen frases rotundas y bellas que evocan un mundo en el que la generosidad, la lealtad y el deseo de aprender parecen haber desterrado cualquier intento de egoismo o maldad.

Permanece a la escucha-se decía en la vieja África-, todo habla, todo es palabra, todo intenta comunicarnos un conocimiento… pág.39

Pero, además, es un libro de encrucijadas. Hampaté Bâ vivió la tradición peule y la turcoror (su madre se casó dos veces) y conoció la colonización (y aunque no aparezca en estas memorias, la descolonización). También conoció el pasado a través de las narraciones sobre sus antepasados que le habían ido contando boca a boca. Además, sus primeros pasos los dio en el animismo, para después estudiar en la escuela coránica y acabar en la occidental-francesa. Si bien el escritor ve aspectos positivos y negativos en la colonización, acaba afirmando de manera contundente: “una empresa de colonización jamás es una empresa filantrópica, salvo en palabras. Uno de los objetivos de la colonización, bajo cualquier cielo y en cualquier época que sea, siembre ha sido comenzar desbrozando el terreno conquistado” (pág. 487).

Las memorias del niño fulbé nos devuelven la imagen de un mundo único que Hampaté Bâ nos da la oportunidad de conocer y escuchar. A cambio de sumergirnos en él nos reportará múltiples facetas de un saber africano desconocido y necesario. Como muestra el fragmento en el que a partir de las comidas, sagradas, da una auténtica lección del arte de vivir.

Toda aquella disciplina no pretendía en absoluto torturar inútilmente al niño, sino enseñarles todo un arte de vida. Mantener los ojos bajos n presencia de los adultos, sobre todo los padres-es decir, los tíos y los amigos del padre-,era aprender a dominarse y a resistir la comunidad. Comer a solas era limitarse a lo que se tiene. No hablar era dominar la propia lengua y ejercitarse en el silencio: hay que saber dónde y cuándo hablar. No tomar un nuevo puñado de alimento antes de haber terminado el precedente era dar pruebas de moderación. Sujetar el borde del plato con la mano izquierda era un gesto de cortesía, enseñaba humildad. Evitar lanzarse sobre la comida era aprender la paciencia. Finalmente, esperar a recibir la carne cuando se terminaba la comida y no servirse uno mismo conducían a dominar el apetito y la gula. (pág.249)

Ficha:

  • Título original:  Amkoullel l’enfant peul (1991)
  • Idioma: Original: Francés
  • Traducción al castellano: El Cobre. Casa África (2009)
  • Traductor: Manuel Serrat Crespo
  • Nº páginas: 531
  • En catalán: Amkul·lel, el nen ful. Editorial Límits

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  • En la actualidad, su hija Roukiatou Bâ, dirige una Fundación que, desde Adbiján lugar en el que el etnólogo pasó sus últimos días, quiere “conservar y difundir el patrimonio intangible”.

Un viejo maestro africano (Tierno Bokar) decía: hay mi verdad y tu verdad, que jamás llegarán a encontrarse. La Verdad se encuentra en el medio. Para acercarse, debe cada uno desprenderse un poco de su verdad y dar un paso hacia el otro…

Kuty, memoria de sangre- Aïda Mady Diallo

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Aïda Mady Diallo fue la primera escritora sub-sahariana en escribir una novela negra, esta que aquí se comenta. Además, lo hizo siendo muy joven y teniendo una buena acogida. Con posterioridad abandonó la escritura para dedicarse a desarrollar servicios de Internet. Esta novela y No Title, escritas en el mismo año, son las únicas obras de Diallo,  que después no volverá a escribir más; su último trabajo ha sido una serie para la televisión sobre una típica pareja maliense y sus cuitas diarias. La razón que le llevó a escribir Kuty, memoria de sangre fue el escuchar, una y otra vez, las terribles historias que le contaba la gente que viajaba al norte del país desde Bamako.

Todos hemos oído hablar de los tuaregs, los “hombres azules”, un legendario pueblo que se desperdiga por varios países africanos, debido a la escuadra y cartabón aplicada a dicho continente para trazar sus fronteras, y que lucha por tener un estado propio. En enero de 2012 los tuaregs de Mali iniciaron su enésima rebelión y en abril proclamaron la independencia del Estado de Azawad, territorio que ocupa la mitad del norte de Mali y que no fue reconocido por ningún país ni organismo internacional. Parece que grupos tuaregs descontentos se unieron a los salafistas. Éstos buscaban instaurar la saria (ley islámica) en la zona y ante la negativa de los tuareg, fueron expulsados por los islamistas radicales, quedando el norte de país en sus manos y, al parecer, en la de los narcotraficantes. A principios de 2013, los franceses, anteriores colonizadores, intervinieron en el país, muy rico en recursos naturales, sobre todo uranio. En menos de treinta días las ciudades de Gao y Tombuctú eran recuperadas, los terroristas perseguidos y el “orden instaurado.

Los tuaregs han poblado el imaginario occidental con su imagen y con el halo que les persigue de “hombres libres”, “señores del desierto”, indomables e inconquistables. En la introducción quería apuntar la posibilidad de que la imagen tuareg se pudiera haber visto demonizada por los acontecimientos recientes ocurridos en Mali. Esta novela habla sobre un hecho: algunos de ellos han practicado la esclavitud (también los peuls, por ejemplo, lo han hecho). A menudo cuando tenemos imágenes creadas es difícil llegar a creer que puedan tener sus lados oscuros. Es parte del juego del desconocimiento. Sé que este tema requeriría de más profundidad y análisis y este blog ni es el marco, ni yo la persona adecuada para ello, pero siento que es necesario encuadrar la historia que cuenta Kuty, memoria de sangre.

Aïda Mady Diallo nos mete de manera abrupta (con un comienzo realmente impactante), mediante una trama de novela negra, en la historia de una venganza y en una parte bastante desconocida de la historia de los tuaregs: el esclavismo (aunque este no es el tema central de la novela). El padre de Kuty es negro, peul, y su madre “blanca”, tuareg. Desde el primer momento conocemos de los conflictos interétnicos. Estamos en 1984 y lo que la pequeña Kuty de diez años presenciará la marcará para el resto de su vida. Una banda de saqueadores tuaregs masacra, viola y asesina a la familia de Kuty. Todo este odio tiene, además, otra razón: “¡Mira con quién te has casado¡ ¡Una maldita furcia¡ ¡Tú y todos los esclavos negros, recogéis a nuestras furcias y os casáis con ellas¡ ” (p.12). Por un lado, el racismo y el odio entre etnias y por otro lado, las venganzas personales.

Aquel suceso dantesco quedará grabado para siempre en la mente de la pequeña de apenas nueve años. Que acabará en Bamako, sola, viviendo en la calle. Desamparada, hasta que dos mujeres la acogen como si fuera su hija y, tras una serie de coincidencias, se reencontrará con los causantes de su desgracia. Continuando la espiral que los tuaregs iniciaron, que parece envolver toda su vida y no permitirle tregua, incluso cuando después de varios meses de rebelión armada el régimen instaurado por Moussa Traoré cae en 1991. En este periodo la violencia es sobrecogedora. “¿Qué valía la vida? ¿El precio de una televisión? ¿El de una radio? ¿El de un saco de arroz? (p.95). Kuty aprovechará los disturbios en Bamako, para excitar  a la multitud contra uno de los localizados asesinos. Tremenda la actuación de  la masa enloquecida. Como todo el libro, negro, amargo, atroz. Hay demasiada violencia en el libro, pero Diallo ha negado que haya perseguido hacer una crítica, mediante una hipérbole, de la obsesión de occidente por los episodios violentos africanos. Parecería que toda la sociedad es una ola de crueldad y muerte, sin embargo Diallo nos muestra que entre tanta violencia también hay motivos para la esperanza: Marceline y Odile acogerán a la pequeña Kuty en su casa, ella misma apadrinará a varios gueribs (niños de la calle), tomándolos bajo su protección y Eddy, un joven blanco, vencerá los prejucios raciales (y de clase) que le acosan y seguirá al lado de la joven (de manera bastante ciega, todo hay que decirlo).

Por un lado, la novela es muy floja y bastante simple en su trazado, sin acabar de atar la trama y con diálogos nada naturales, la protagonista se mueve por venganza y su búsqueda de los asesinos se torna increíblemente fácil y sin problemas (un exceso de irrealidad). Desde el principio impactante pensamos que la novela va a seguir el mismo patrón hasta el final, pero la trama decae saltando de cliché en cliché sin tregua. La ejecución de los asesinatos tiene mucho de artificio, hasta el cuarto asesinato, que es como una especie de micronovela dentro de la novela (en donde la joven da rienda suelta a toda su perversidad). Toda la narración es muy visual, casi como una película, y muy superficial, no ahonda en casi ninguno de los múltiples temas que trata y sus personajes son apenas trazos. Es género negro  pero  se entrecruza con el romántico, adoptando todos sus moldes pero también gran número de clichés y estereotipos.

Por otro lado, Aïda Mady Diallo eligió un tema que induce a la reflexión o investigación posterior, una trama que impacta por su crudeza y que deja al lector en un estado de intranquilidad o repulsa abierta, a pesar del convencional final. Como he leído, y estoy de acuerdo, no es una novela sobre el perdón o la búsqueda de las mutuas razones, es una especie de grito de desahogo ante la violencia y la nula convivencia y respeto entre etnias, y ante la total impunidad que parece imperar. Ante ello Kuty aplica la “ley del Talión” caiga quien tenga que caer. Incluso inocentes: los hijos, ¿tienen que pagar por los crímenes del padre?. A veces maquiavélica, a veces una niña herida de manera devastadora e irremediable, sentimos compasión por lo que ha vivido Kuty y, al tiempo, nos sentimos horrorizados por sus actos que no hacen sino perpetuar lo que le rompió la vida.

Se acordaba de sus padres. Su padre, negro como ella. Su madre, blanca como él. Pensaron que su amor sería más fuerte que el diferente color de su piel y que vencería el resentimiento de sus familias. Se equivocaron. Y, sin embargo, eran del mismo país. Kuty se dio la vuelta hacia Eddy. La mirada del joven delataba los sentimientos que albergaba hacia ella. Pero se sentía lejos, separada de él por el apartheid que no acababa nunca en Sudáfrica. Por la esclavitud aún muy presente en América. Por África, que seguía siendo sacrificada.” (Página 117-118)

Ficha:

  • Título original:  Kouty, mémoire de sang ()
  • Idioma: Original: Francés
  • Traducción al castellano: El Cobre Ediciones (2009)
  • Traductora: Cristina Abril Soubagné
  • Imagen de portada:  Ilustración de Sergio Piera
  • Nº páginas: 172

Tamikrest significa “cruce” en la lengua de los Kel Tamashek, un pueblo del Sáhara tradicionalmente nómadas conocido como los tuaregs.

El asesino de Banconi- Moussa Konaté

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Moussa Konaté nació en Kita (Malí) en 1954 y falleció el pasado 30 de noviembre en Limoges (Francia). Escritor pura sangre se dedicó primero a la enseñanza antes de abandonar su puesto de funcionario para dedicarse de lleno a lo que más le gustaba hacer: escribir, decisión que en su momento fue considerada una locura. En 1997, se convirtió en el primer editor de Malí creando “éditions Le Figuier”, especializada en literatura infantil, género muy poco desarrollado en Malí, después se abrió a novelas, ensayos o cuentos. Moussa Konaté quería crear con el Gobierno de Malí, una pequeña biblioteca en cada una de las escuelas. Dicen que el mejor homenaje que se le puede hacer a un escritor es leerlo; a uno como él, leerlo y comentarlo.

El asesino de Banconi” es una novela negra. Junto a este término vemos asociados otros parecidos como novela policiaca, de intriga o de supense, thriller… Muchas son las variedades que aparecen relacionados con el crimen y que requieren más reflexión de la que se le puede dar en esta entrada. En términos generales no es una literatura muy abundante en el continente africano. Achille F. Ngoye (Zaire-actual RD Congo, 1944) inauguró el género policíaco en 1996 con su novela “Agence Black Bafoussa”. Otros como Yasmina Khadra, Aïda Mady Diallo, Theo Ananissoh, Baenga Bolya, Henri Lopes o Abasse Ndione lo han cultivado. Moussa Konaté afirmó al respecto que la intriga policial era un pretexto, que lo importante era mostrar diferentes puntos de vista de la realidad maliense.

Ambientada en el pobre y marginal distrito de Banconi, salpicado de chabolas y de supersticiones, magia y religión, “El asesino de Banconi” comienza con un cadáver encontrado en las letrinas, al que seguirán otras dos muertes más. La incipiente revuelta de la gente, que se atribuye pronto a descontentos con el gobierno e intentos de desestabilizarlo, junto a la aparición de billetes falsos en la casa de un joven, indican que si no se remedia la Policía Política aplicará sus propios métodos para endosar las muertes al oportuno cabeza de turco. Es aquí cuando aparecen el comisario Habib y el inspector Sosso.

Habib, que aparecerá también en tres novelas posteriores de Konaté, “L’Honneur des Kéita” (2002), “Empreinte du Renard” (2006) y “La malédiction du Lamantin” (2009), ninguna traducida al castellano, es un policía con aires de intelectual, alto y delgado, de aspecto frágil.  Concibe su trabajo como un deber y es consciente de que nunca tendrá un final. Habib sabe que detrás de los índices de criminalidad hay múltiples factores, como le hace saber a su joven e inexperto acompañante Sosso: “Lograr que haya menos robos cuando cada vez hay más pobres; lograr que haya menos abortos clandestinos cuando hay cada vez más mujeres a las que no les queda nada más que su cuerpo por ofrecer; lograr que haya menos niños drogadictos cuando los padres bajan la guardia y las familias se hacen añicos”.

La religión ocupará un lugar predominante en la intriga. El Islam es la creencia mayoritaria y la que rige la vida de este humilde barrio. Junto con la superchería, la magia y los poderosos que se prevalen de su situación de poder para enriquecerse de manera impune. La corrupción que asoma por todos los rincones, policías que son sobornados, delincuentes con expedientes plagados de delitos que siguen libres, se mezclan con las condiciones de vida deplorables y sobre todo con los recónditos anhelos personales, inalcanzables si no media ya otro tipo de brujería. Trama ágil, de denuncia y de desenmascaramiento, se adorna con la ciudad de Bamako, que descubrimos rebosante de movimiento, con interminables atascos, surcada por un río Níger que asiste indolente a las “angustias e infamias de la ciudad” y que, a veces, no es tan hermoso.

El cementerio era un solar sembrado de hormigueros, arbustos y hierbajos pisoteados que se confundían con la tierra. Las tumbas, señaladas por montículos de tierra, se sucedían en desorden, algunas agrietadas, otras recién construidas, otras totalmente hundidas. Aquí y allá yacían osamentas de animales, porque el cemento servía a la vez de vertedero. (página 14)

Ficha:

  • Título original:  L’Assassin du Branconi (2002)
  • Idioma: Original: Francés. Ediciones Gallimard.
  • Traducción al castellano: Editorial Almuzara (2008)
  • Traductor: Antonio Lozano González
  • Nº páginas: 157
  • Portada: Ilustración de cubierta basada en obra de Lucian.
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Moussa Konaté (1954-2013)

La Bamako de Moussa Konaté

Bamako, Mali

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Foto: Robin Taylor, 2003

Bamako es una ciudad que se despierta tarde. Hasta que el sol no inunda las calles éstas permanecen casi desiertas, y los árboles y las viviendas parecen seguir durmiendo. Y, de repente, sin que se sepa cómo, zumbidos, explosiones y bocinazos lo invaden todo, somo si todos los habitantes abandonaran su domicilio al mismo tiempo. El asesino de Banconi” 2008, Moussa Konaté. Editorial Almuzara (2008) pág,63

Foto: angrybeaton.com

Afuera, en las calles estrechas atestadas de peatones y de vehículos, Bamako se debatía en sus preocupaciones cotidianas. La multitud abigarrada que había invadido las aceras caminaba resignada, como si cumpliera con algún castigo. Más allá de la espesa cortina de caobas de la sabana, el río parecía adormecido bajo la fina nube de vapor que flotaba sobre su superficie; testigo indolente de las angustias e infamias de la ciudad, casi nunca se encolerizaba. Al otro lado del río, una cadena de colinas más oscuras que verdes se dibujaba sobre el horizonte algodonado.”El asesino de Banconi” 2008, Moussa Konaté. Editorial Almuzara (2008) pág,79

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Niger River.Bamako.thisfabtrek.com

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