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Posts etiquetados ‘Marruecos’

Esta historia es verdadera desde que la inventé

Ir completando círculos. Es una de las tareas que más he realizado desde que comencé a escribir sobre lo que leía. El nuevo que estoy completando ahora gira en torno a Mahi Binebine. El marroquí es uno de esos seres que no pasan desapercibidos. Polifacético (pintor, escultor, escritor, activista…) su vida fascinante nos habla siempre de la cultura como modo para salir. Ya sea de la miseria, ya sea del fanatismo religioso. Poned vosotros las restantes salidas que se os ocurran. Pero con la cultura siempre en el centro. Leer Más

Siempre nos quedará Tánger

Hay ciudades que se imponen.
Así me ha ocurrido con Tánger, ciudad de la que en este mismo espacio ya hay una “Postal literaria” firmada, como no podía ser menos, por mi admirado Mohamed Chukri.
Durante días, su nombre ha poblado muchas de las conversaciones que he mantenido. A su áurea mítica, de una época excesiva, sin interferencias de ningún tipo, que recreaba un pasado plagado de intelectuales y escritores de la talla de Paul y Jane Bowles, William Burroughs o Truman Capote, se ha ido uniendo, lectura tras lectura, otra visión de la ciudad.
Todo tiene su reverso. Y en mostrarlo se esforzaron (lo siguen haciendo) un buen puñado de escritores que nos hablan de otra ciudad y de otras vidas. Destaco a unos pocos, el espacio da para lo que da. Hay un poco de todo, creo que como debe ser: tangerinos de pro, tangerinos de adopción y acérrimos de Tánger: Mohamed Chukri, Mohamed Mrabet, Ángel Vázquez, Antonio Lozano, Sergio Barce y Pablo Cerezal.
Solo tenéis que leer sus obras para comprender lo mucho que aman a Tánger.

En Tánger se cruzan historias y leyendas sobre su pasado, pero es una ciudad que nunca dará a conocer su eterno secreto, porque guarda su ilimitada memoria con un silencio enigmático, con un silencio embriagador y lleno de sabiduría. Mohamed Chukri.

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Driss Chraibi, una coz perturbadora a la sociedad marroquí

Dris Chraibi. Captura youtube

Dris Chraibi. Captura youtube

Autor invitado: Alberto Mrteh (El zoco del escriba)

Driss Chraibi nació en la ciudad marroquí de El Jadida en 1926. De niño estudió en la escuela coránica, antes de pasar a la francesa a los diez años, gracias a pertenecer a una familia burguesa. Continuó en el lycée Lyautey de Casablanca. Era la época de los Protectorados en Marruecos. Este privilegio se repitió cuando a los diecinueve años marchó a París para comenzar sus estudios en Química. Obtuvo su título como ingeniero en 1950. Continuó formándose en neuropsiquiatría, pero abandonó a dos meses de graduarse. Se volcó en el periodismo y la escritura mientras sobrevivía con multitud de trabajos: vigilante nocturno, peón o fotógrafo ambulante.

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El terrorismo de estado, un tema a esquivar

En 1904 Frank Kafka escribía una carta a su amigo, el historiador de arte checo Oskar Pollak, en la cual opinaba sobre los libros que merece la pena leer: “Pienso que sólo debemos leer libros de los que muerden y pinchan. Si el libro que estamos leyendo no nos obliga a despertarnos como un puñetazo en la cara, ¿para qué molestarnos en leerlo?… Un libro debe ser el hacha que rompa el mar helado dentro de nosotros. Eso es lo que creo”.

Son muchos los libros que producen el efecto anterior. En este espacio han aparecido unos cuantos. Hace poco leí un artículo que recogía una conversación entre el marroquí Mahi Binebine y el nigeriano Elnathan Jhon. Mencionaban el terrorismo de estado, me recordó a la cita anterior, y me dije que era una buena ocasión para traerlo también aquí.

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Leila Slimani y la vida sexual en Marruecos

Antes que Canción Dulce, la celebrada novela con la que ganó el Goncourt veintinueve años después de que Tahar Ben Jelloun hiciera lo mismo, Leila Slimani escribió otra obra: Dans le jardin de l´ogre (Gallimard, 2014). Obra que fue  acogida como la narración de la adicción sexual de “una mujer casi ninfómana”. Después de publicarla Slimani realizó una gira por Marruecos. Durante aquellas charlas, conferencias y encuentros con su público entabló conversación con muchas mujeres que le hablaron sobre su sexualidad, constatando que la mayoría tenían dificultad para saber siquiera qué palabras utilizar para hablar de ello. Tras sus vivencias, subyacía la dificultad de amar y tener una sexualidad satisfactoria para muchas mujeres musulmanas.

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Leila Slimani, reciente Goncourt con “Canción dulce”

Desconocía que la novela con la que la marroquí Leila Slimani había ganado el Gouncourt el año pasado tenía por protagonista a una niñera asesina y que estuviera basada en un hecho real. Por eso me quedé tan sorprendida cuando en las primeras páginas de Canción dulce me encontré con el doble y salvaje infanticidio. Me sonaron a algo conocido, ya visto, ya leído, la niñera que acaba convirtiéndose en psicópata, perdida en su horripilante mundo y que mata de manera brutal a dos pequeños. Tampoco el estilo tan cinematográfico, que hacía ver cada línea, ayudó. Pensé, “otra vez una de estas historias…” Sin embargo, la narración comenzó a adquirir perfiles más afilados a medida que avanzaba por este thriller, para mi, “psico-social”.

La editorial Cabaret Voltaire lleva publicados varios libros muy interesantes del norte africano. A la recuperación de toda la obra de Mohamed Chukri, se han unido Amor por un puñado de pelos (Mohamed Mrabet), Infieles y Mi Marruecos (Abdelá Taia) y El caracol obstinado (Rachid Boudjedra). El último título publicado ha sido precisamente la novela de Slimani.

La escritora se crió en Rabat y vivió en Marruecos hasta los catorce años en una “burbuja”, tal y como ella misma ha descrito su existencia en el seno de una familia rica. Después se desplazó a Francia, para estudiar primero y abandonar después el periodismo y centrarse en la literatura, e irrumpió en 2014 de manera exitosa con su primera novela, Dans le jardin de l’ogre (Gallimard) donde contó la historia de una ninfómana de clase media.

Canción dulce va perfilándose con la precisión de un estilete. Escrita de una manera directa, heladora, te da la sensación de estar frente a una lectura incómoda todo el tiempo. Es como si te tocara la piel de un reptil a cada momento. Nada de lo que se narra provoca sentimientos agradables. Las escenas se suceden en una escalada en la que vamos entrando en mundos insatisfechos, infelices y brumosos. Y tan, tan, cotidianos.

Una mujer magrebí, Myriam, que quiere volver a trabajar y decide, junto a su pareja, dejar al cuidado de una niñera a sus dos hijos. Louise, de rubia cabellera y elegante porte, aparece como la candidata perfecta. El intercambio de papeles, la necesidad de ser aceptada y de vivir una vida soñada, van deslizándose por una trama que agarrota y que nos coloca dentro de un escenario que vivimos a nuestro alrededor, en nuestras propias vidas. El racismo, el clasismo, la situación de la mujer, los prejuicios, la pobreza y sus situaciones de no-retorno, y la oscuridad en la que circunscribimos a los que no son “como nosotros” van apareciendo en inteligentes pinceladas, a pesar de que la propia escritora ha negado querer hacer ninguna crítica de tipo social.

“No existen razones simples o binarias para explicarse lo que sucede en mi libro, pero no se debe ignorar que la miseria provoca violencia y locura, y que puede empujar a cometer actos terribles. Cuando uno hiere a un animal, este se vuelve contra su agresor y es capaz de devorarlo. Incluso cuando está domesticado” ha afirmado la escritora en una entrevista reciente.

En el universo acomodado de la joven pareja, la supuesta integración y acogida que se hace a la niñera, como si fuera una más de la familia, acaba colocando a cada cual en su sitio: “nosotros arriba, tú abajo”, parecen decirle cuando a medida que transcurre la historia, la presencia de la mujer les empieza a agobiar, “Solo las negras aceptarían un trabajo como ese” (pág.121), le dice incluso el propio marido de Louise.

La maternidad y la compaginación con la vida profesional (la de ella, claro) y las dudas que ello genera son otro de los pivotes de la obra. Las críticas y las opiniones de todo tipo sobre la maternidad afloran bajo varios prismas y por ende se refleja también el papel de la paternidad hoy en día.

En Canción dulce, sabes lo que está pasando y cuál va a ser el resultado, pero aún así la lectura agranda como una lupa la convivencia del día a día, esos momentos que van creando una montaña de falta de comunicación, donde “los otros” son molestos excepto si sirven para algo. Porque Louise cuando sale del círculo cálido, alegre y despreocupado, de ese piso situado en un barrio burgués parisino, tiene (ha tenido) otra vida, incluso ha sido madre.  ¿Qué conoce la familia de la vida de esa mujer extraña, cada vez más enigmática y que les incomoda cada día más?. ¿De esa mujer que les ha salvado la vida y de la que poco a poco se va destapando su historia?. “¿A dónde va Louise?”, se preguntan en una ocasión en la que la vislumbran por la calle.

Canción dulce (Chanson douce, 2016) – Editorial Cabaret Voltaire. Traducción: Malika Embarek López. 2016.

El difícil encaje de la realidad, la yihad vista desde la ficción

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Cuando cierras la última página de Los caballos de Dios  notas que te has quedado colgada de la historia. Atravesar la narración que el escritor marroquí Mahi Binebine ha recreado, con tanta valentía, para la ficción a partir de la realidad hace que lo sientas, que lo sientas tremendamente. Por muchas razones.

Binebine se quedó consternado, como medio mundo, con los atentados de Casablanca de 2003. Una docena de muchachos de entre 20 y 22 años habían ocasionado una cadena de explosiones, en diversos lugares, causando más de cuarenta muertos. El escritor cuenta que sintió que tenía que visitar el barrio de Sidi Moumen de donde provenían los suicidas que habían hecho estallar sus cinturones sembrando el horror.

El recorrido que le llevó a juntar información para dar forma al libro comienza en el momento en el que constata que Sidi Moumen no se divisa desde la carretera de Casablanca, está oculto. Detrás de una colina se extiende un suburbio, que carece de las más básicas condiciones para la vida. Tras solventar algunos obstáculos, un natural recelo hacia cualquier persona ajena a la barriada que se acercara buscando información sobre los atentados, logró penetrar en el corazón de la vida diaria de un lugar que hasta aquel día para él, como para muchos dentro de su propio país, no existía.

Allí lo primero que vio fue a una pandilla de niños jugando al fútbol y decidió que ellos serían los protagonistas de la novela. En aquella inmensa montaña de despojos, donde el trabajo más frecuentado se encontraba en el vertedero de basura, también encontró risas entre sus moradores. No en vano ellos vivían sus propias vidas, sin futuro, sí, pero las únicas que conocían, en las cuales también había momentos de felicidad.”Empecé a ir a visitar a su familia para ver cómo vivían, sentarme con ellos, comer con ellos. Entre 2003 y 2004 estuve muchas veces allí. También entrevisté a las familias de los kamikazes y hablé con ellos sobre lo que sentían...”.

En una entrevista Binebine resalta que la verdadera dificultad a la hora de escribir este libro fue el presentar a unas personas que habían cometido semejante atrocidad como víctimas. “No se trataba de justificarlas”, señala. De hecho comenzó a escribir la historia y tuvo que parar, tuvo dudas, sintió que necesitaba respirar otros aires y replantearse si debía continuar. No quería que aparecieran como monstruos, temía estar defendiendo lo indefendible, y el proceso de creación se volvió demasiado absorbente. También le costó encontrar la voz adecuada, no en vano aquellos muchachos carecían de cultura, ¿cómo hacer que tuvieran un discurso?. Hasta que encontró la manera: la voz del protagonista, Yashin, sería la voz de un muerto, su conciencia sería capaz de examinar los hechos desde una perspectiva diferente a la que podría llegar a mostrar en vida.

Una versión de la verdad

Escribe Paul Theroux que “la ficción es una versión de la verdad, igual que la no ficción”. Los caballos de dios nos habla de una verdad que el escritor encontró. Muchos se acercarán a este libro conociendo de qué trata, no es mi caso. Lo compré porque el Instituto Cervantes de Casablanca que participa en la campaña #100lecturasafricanas, se adelantó en su recomendación y por esta razón el título se quedó grabado en mi memoria, después el azar quiso que entrara en una librería y lo viera semioculto en una estantería. Lo leí nada más llegar a casa, y aunque lo acabé, lo he seguido leyendo durante un par de semanas más, atraída por la historia, los protagonistas, el propio escritor y por Sidi Moumen.

Tengo que decir que me ha sorprendido el enfoque y la manera de narrar. Binebine utiliza el humor dentro de una historia que a priori nos parece demasiado dramática. De hecho ha sido llevada al cine por Nabil Ayouch y galardonada con la “Espiga de oro”, versión que el escritor considera demasiado seria. En este sentido, me recordó a Kourouma y su Alá no está obligado, en donde el niño-soldado protagonista elevaba su voz tratada con la naturalidad y el desparpajo que da la infancia (¡cuántas infancias robadas¡). El humor hace de contrapunto real en una historia que podría acabar cayendo en un tono más sensiblero cuando lo que se intenta es realizar un auténtico ejercicio de introspección. Pero también hay mucha poesía y valentía a la hora de introducir temas como las relaciones homosexuales o la prostitución.

Fotograma de la película "Los caballos de Dios"

Los tiempos que vivimos son los que son. No voy a hablar de acontecimientos por todos conocidos. Lo que se expone en este libro es una de las muchas y complejas facetas que forman parte de este fenómeno. Cada vez con más frecuencia aparecen ante nosotros diversas maneras, desde el mundo libro, de acercarse al problema. Destaco dos que nos llegaron casi a la vez.

El primero es un enfoque desde el periodismo. Javier Martín, corresponsal en Oriente Medio desde hace quince años, lo hace en Estado islámico. Geopolítica del caos (Los Libros de La Catarata, 2015). El segundo es el de un experto sobre el tema. Jesús A. Nuñez Villaverde en su libro Boko Haram. El delirio del califato en África occidental (Los Libros de La Catarata, 2015) traza una de las primeras exploraciones para tratar de entender a este grupo y separar la mucha paja que se está generando del poco grano que de verdad se está consiguiendo.

Nuñez Villaverde nos adelantaba que en el seno de Boko Haram junto a los auténticamente convencidos de ser una especie de enviados divinos para restaurar un supuesto orden ideal perdido, había que contar también “(…) con los que no están en sus cabales, los que desean vivir aventuras extremas, los que pretenden vengar una afrenta personal o comunitaria, los que no tienen nada que perder, los simples mercenarios, los ingenuos, los buscavidas, los que no tienen otra opción vital para poder comer tres veces al día, los engañados, los…”

Los caballos de Dios, nos da la oportunidad de adentrarnos en las vidas de unos muchachos que vivían en un entorno de pobreza abrumador del cual trataban de escapar. “Vivir en Sidi Moumen ya era estar prácticamente muerto”, comienza diciendo Yashin, el narrador de la historia. Deberíamos ser capaces de darnos cuenta de que no hace falta decir más, que ya está todo dicho, pero lo cierto es que necesitamos más. Por eso seguimos leyendo, buscando, reflexionando, cuestionando. A  Binebine, que es también pintor y escultor, y que también fue un niño pobre, este libro le cambió la vida. Con el dinero recaudado en la subasta de un centenar de obras artísticas, Binebine y el director del filme, Nabil Ayouch, fundaron en la barriada un centro cultural y ahora preparan la apertura de espacios similares en otros barrios pobres del país porque, según Binebine, “la única respuesta al terrorismo es la educación”.

Todo se mezcla, todo se confunde, todo nos traspasa.

Veo a esos niños de la calle, veo cómo juegan a fútbol y también sus risas. Veo sus andares por las calles sin esperanza. Se convierten en “caballos de Dios” y nos matan y entonces algunos llegamos a reflexionar sobre cómo la situación de pobreza, de violencia y de rechazo continuo, cómo el cierre de todas las puertas, una y otra vez, pueden ser el caldo de cultivo de muchos de estos muchachos que se dejan colocar un cinturón a sabiendas de que ya no tienen más para perder.

Y lo sientes. Tremendamente. Por todos esos lugares en los que la gente apenas sobrevive de mala manera, rodeados de miseria y podedumbre, de pegamento y droga, prostitución y violencia, explotación y robo de sus derechos más fundamentales, sin que puedan aspirar a librarse de esa condena. Sin que importe lo más mínimo. Y piensas que no se tendría que llegar a eso, a que el horror entre en escena salpicándonos para reaccionar ante tanta carga. Sobre todo su propio país, los primeros. “El Estado es terrorista, en cierto modo. También es responsable esa mafia [yihadista], que nada tiene que ver con la religión y que se instala en Sidi Moumen sobre la miseria, con mucho dinero de Arabia Saudí. También lo es la burguesía, que da 150 euros para vivir a una familia de 10 hijos”, repite el escritor sin cesar entrevista tras entrevista.

He perseguido que te entren ganas de leer este libro, es buena literatura lo primero. Si no lo he conseguido, aún te queda la realidad, busca imágenes de ese submundo que es Sidi Moumen, busca imágenes de tantos lugares que son como Sidi Moumen. A mí me puedes encontrar con Yashin rodeando el cielo de la infancia.

La literatura marroquí cruza el charco

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Marruecos. Licencia CCO

Hay iniciativas que surgen tras una experiencia que nos marca. Eso le ocurrió a Leandro Calle.

“A través de dos viajes a Marruecos, me di cuenta que se conocía poco y nada la literatura marroquí en nuestro país”, afirma el poeta argentino. Marruecos lo sedujo. Lo zarandeó de arriba a abajo y le hizo querer hacer algo con los nuevos descubrimientos. Para ello precisaba otra parte que participara, como él, de semejante encantamiento. Y la encontró en Córdoba (Argentina), donde reside en la actualidad.

Juan Carlos Maldonado, el editor de Alción (una casa consolidada en el país sudamericano), le dijo que estaba dispuesto y que quería hacerlo. Ambos coincidían en una misma querencia: la de abrir las puertas a nuevas literaturas y a nuevas voces. Así surgió la Biblioteca Marroquí.

“La idea de la Biblioteca Marroquí, es presentar la riqueza y la variedad de la cultura marroquí”- afirma Leandro. “El hecho de que aparezca Roberto Arlt entre las publicaciones, es también ver cómo Marruecos ha sido recibido en la escritura de extranjeros y viajeros. Los escritores marroquíes pertenecientes a los años 60/70 tienen mucha relación a nivel político con las lecturas y compromisos de escritores latinoamericanos.”(Caso Chaui y Laâbi).

La colección comenzó en 2011 y llevan siete libros publicados, además de Cuerpo Luz (poesía) de Siham Bouhlal que está en preparación. Abarca diversos géneros desde poesía, relatos, teatro o novela.

  • Los frutos del cuerpo (poesía) de Abdellatif Laâbi. Traducción del francés: Leandro Calle.
  • Barranda (Nouvelle) de Abdelkader Chaui. Traducción del árabe: Ignacio Ferrando.
  • África (Teatro) de Roberto Arlt con Introducción de L. Calle.
  • Leer hoy el Corán (ensayo) de Rachid Benzine. Traducción del francés: L. Calle.
  • El linaje de la eternidad (poesía). Traducción del árabe: Abdellatif Zénan.
  • El examen y otros cuentos ceutíes (cuentos) de Mohamed Lahchiri. Con introducción de Cristián Ricci de la Universidad de California.
  • Antología poética (poesía) de Abdellatif Laâbi. Traducción del francés y postfacio de Leandro Calle.
  • El primer amor es siempre el último (relatos) de Tahar Ben Jelloun. Traducción del francés de Marcos Caligaris. Prólogo de Cláudia Falluh Balduino Ferreira.

Sobre estos títulos el propio director de la colección, Leandro Calle, nos da su visión: “Todos los autores que han sido publicados son autores reconocidos en Marruecos y en Europa. Por ejemplo, Abdellatif Laâbi es un reconocido intelectual y luchador político. Preso durante la feroz dictadura de Hassan II. Se lo reconoce como uno de los escritores más importantes de expresión francesa en Marruecos. Ganador del premio Goncourt y muchos más. Los dos libros editados en Alción son las primeras ediciones en Argentina y de las primeras que existen en América Latina.

Abdelkader Chaui, está considerado uno de los novelistas más importantes en lengua árabe de Marruecos. Actualmente es Embajador en Chile. Expreso político, sus testimonios y novelas han contribuido a la búsqueda de la justicia en su país. Hace pocos años fue homenajeado en el SILA (Salón Internacional del Libro Africano).

Rachid Benzine es un teólogo islámico de condición moderada y abierta. Sus textos y su persona son permanentemente consultados en Francia en cuestiones del Islam.

Ouidad Ben Moussa y Mohamed Lahchiri son escritores reconocidos, ella en lengua árabe y él en lengua española, habiendo adoptado el español del norte marroquí.”

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Género: Novela
Autor: Abdelkader Chaui
Editorial: Alción Editora
Año de Publicación: junio 2013

Barranda es una novela que apresuradamente podría vincularse al realismo mágico. La tierra seca lo atraviesa todo, sostiene, justifica, explica y agota la costumbre pueblerina. Es quien decide la política, la ética, la hambruna y la estética del pueblo que da título al libro. Barranda podría ser la Macondo marroquí.


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Género: Poesia
Autor: Abdellatif Laabi
Editorial: Alción Editora
Año de Publicación: enero 2012

Abdellatif Laabi, es uno de los principales escritores marroquíes de expresión francesa. Comprometido con la vida y con la literatura, a fondo, hasta tocar las raíces de lo humano, los poemas de Los frutos del cuerpo, son un testimonio insoslayable de la delicadeza del amor y el erotismo. El cuerpo se vuelve poesía.


 

 

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