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Literaturas hispanoafricanas: realidades y contextos – Inmaculada Díaz Narbona (ed.)

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Si algo vamos aprendiendo es que hay muchas literaturas dentro de las áfricas. La editora de este libro y profesora en la Universidad de Cádiz, Inmaculada Díaz Narbona, que lleva metida en esto desde el 82 (y “esto” es el estudio, la enseñanza y la difusión de la literatura africana) lo sabe de sobra. Las literaturas hispanoafricanas, aún tan desconocidas, son una de ellas.

A través de este libro se asume la tarea de dar a conocer un nuevo panorama e indagar, a través de 15 artículos de otros tantos especialistas, sobre aquellos autores, originarios o procedentes del continente africano que, por diversos motivos o por elección, han preferido escribir en castellano, catalán o gallego. No se llega a nombrar a ninguno que haya optado por el euskera y yo misma, a pesar de andar investigando, no he encontrado “de momento” ningún nombre. Además, el libro amplía su visión al profundizar en la recepción de los libros que, escritos en otras lenguas, se han traducido aquí.

Donato Ndongo

Donato Ndongo

Uno de los pilares, que no el único, sobre el que gira gran parte de los textos del volumen tiene como protagonista a la literatura Guineo-ecuatoriana. Recuerda el escritor Donato Ndongo cómo se le acusó de inventar una literatura nacional inexistente cuando publicó en 1984 la primera Antología de la literatura guineana y cómo ahora mirando hacia atrás sabe que acertó. Con aquella obra inició su trayectoria literaria que se cimenta en la denuncia y el compromiso. Señas de identidad de un escritor humano, demasiado humano, y que se desparraman por sus novelas Las tinieblas de tu memoria negra (1987), Los poderes de la tempestad y El metro (2007) analizadas por Natalia Álvarez que nos hablan del pasado y presente del continente, “Tal como expresa Ndongo-Bidyogo en alguna de sus composiciones poéticas, el escritor llora su tierra y describe la triste historia de su mundo. De ahí que en el conjunto de su obra nos transmita su conciencia ética, su pretensión de hacer conocida la realidad africana y guineana” (pág. 41)

Junto al análisis de la obra de Ndongo, el libro contiene también el de las obras de César Mba Abogo, considerado “como laZemi Kede gran esperanza de la nueva literatura guineana” tras publicar El porteador de Marlow, de la mano de Lola Bermúdez.

Otro trabajo es el dedicado a las cartografías sexuales de las obras de Guillermina Mekuy y  Agnés Agboton,  que suscribe Asunción Aragón Varo, desde la visión más occidentalizada de la primera, hasta los cuentos recopilados de Zemi Kede de la segunda que “ofrecen nuevas maneras de repensar qué es lo erótico desde una mirada distinta, profunda y “extraña” (pág.63).

Precisamente sobre Guillermina Mekuy, una escritora cuya novela El llanto de la perra tuvo un recibimiento rodeado de polémica, escribe también Victorien Lavou Zoungbo. Él mismo hace mención a la reseña que escribió en su día Marta Sofía López, quien en una entrevista con Mischa G. Hendel (2008) opinaba de esta manera sobre la obra “podría ser de Guinea Ecuatorial y podría ser de Kuala Lumpur. No hay ningún tipo de referente al contexto histórico o político de Guinea Ecuatorial“. En este sentido explicaba que “si pretendes venderte como escritora de Guinea Ecuatorial, y cuando menos en El llanto de la perra en la contraportada se hace ese referente, luego no puedes sustraerte a este peso de la historia. No puedes escribir sobre un país más o menos utópico en el que el único gran problema es que las niñas de clase bien no pueden conseguir telas bonitas para su vestido de la primera comunión”. Victorien Lavou, en contraposición, quiere resaltar la disputa del referente Guinea Ecuatorial (en el caso de la novela de Mekuy)/África: “conste que lo que está en juego es la idea del África construida por unos sujetos colectivos desde distintos lugares de enunciación y desde historicidades y compromisos contradictorios” (pág.231)

Mención aparte merece el texto que firma Justo Bolekia Boleká, quien nos invita a hablar de poesía realizando un repaso extraordinario desde los poetas “anónimos” de la tradición oral hasta los más contemporáneos (entre los que señala a Juan Tomás Ávila Laurel y a Recadero Silebo Boturu) quienes “carecen de unas mínima promoción a nivel político-cultural (reconocimiento del escritor), socioeconómico (empoderamiento del escritor y poeta) etc… (pág.100).

Para conocer la literatura que se escribe en castellano desde Marruecos recomiendo asomarse al blog del escritor Sergio Barce, en quien Enrique Lomas López rastrea la “búsqueda identitaria en la escritura de uno de los autores más paradigmáticos de esta literatura intersticial que se sitúa entre el norte de África y el sur de Europa” (pág.271).

“Marruecos: poesía y narrativa social e independentista escrita en castellano”, es el texto que firma el escritor Cristián H. Ricci (autor de  ¡Hay moros en la costa! Literatura marroquí fronteriza en castellano y catalán, Editorial Iberoamericana, 2014) que le lleva en su recorrido por los escritores marroquíes en castellano desde Sabbag hasta Azzuz, afirmando “que, salvo contadas excepciones, la literatura marroquí en castellano ha progresado cuantitativa y cualitativamente, Laila_Karrouch_6con un contenido temático genuinamente marroquí que no difiere en nada del resto de la literatura nacional contemporánea” (pág. 143).

Continuando por el norte africano, de los escritores magrebíes que han abrazado la escritura en catalán nos informa Josefina Bueno. Inmigrantes de segunda generación como Laila Karrouch, Najat El Hachmi o Said El Kadaoui que “son ejemplos de cómo la literatura está contribuyendo a redefinir las identidades en un contexto marcado por el transnacionalismo, donde los refugiados, los exiliados y los migrantes están transformando los paradigmas de las literaturas nacionales” (pág.129).

Otra de las literaturas de las que se habla en el volumen es la que viene del Sáhara, de la que se encarga Conchi Moya. La Generación de la Amistad surgió desde los campamentos de refugiados, como “la primera generación de escritores del Sáhara Occidental que tomó la decisión de constituirse oficialmente como grupo literario (pág.312) y “que ha conseguido publicar libros con cierta regularidad”. Sus obras hablan en castellano sobre el olvido, el expolio, la ocupación, el exilio y el abandono.

Pero, como he adelantado al principio, el libro contiene además otros cuatro textos que tratan otros cuatro temas interesantes. Tanto la literatura africana anglófona  (sobre la que escribe Maya G. Vinuesa) como la literatura africana francófonoa (Claudine Lécrivain) y su posterior traducción al castellano y recepción, por el público y por el mundo editorial, son sometidas a estudio. Lo mismo hace Blanca Román con la literatura hispanoafricana y con la que deriva de los mundos de la traducción escrita por mujeres africanas, con la que guardo idéntica esperanza de verlas en el lugar que se merecen.

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Por último, Inmaculada Díaz Narbona nos ofrece una monografía para la reflexión (no en vano lo cierra con una interrogante que deja en el aire) al enfrentarnos a la literatura testimonial africana que utiliza alguna de estas lenguas como vehículo. Un corpus de obras que tienen como principal característica el querer contar la historia, sus historias. Desde Calella sen Saída escrita en gallego por el camerunés Víctor Omgbá  hasta Más allá del mar de arena de Agnes Agbotón, nos encontramos frente a una literatura que no es ficción. La dureza de la decisión, el tremendo viaje y “el descubrimiento de la realidad de Eldorado ansiado, es probablemente la culminación de la crueldad del viaje” (pág.159), y después la invisibilidad y la soledad. Es aquí cuando quiero enlazar con el ensayo de Mar García sobre ese “camerunés hispanófono, un “accidente de la migración”, como se le ha denominado a Inongo-vi-Makomé, quien invierte en su obra la escala de valores dominante,”los privilegiados no son los inmigrantes que han conseguido atravesar las fronteras y mezclarse, sino los que reúnen la energía y los medios suficientes para regresar a África” (pág.194)

Literaturas hispanoafricanas: realidades y contextos es un libro sobre literatura que se puede leer de un tirón o poco a poco, a ratos, según el momento. A algunos,  a priori, os puede parecer árido, pero no lo es en absoluto, es lo que he intentado deciros. Los textos seleccionados inciden en múltiples cuestiones que pueden alargar vuestros debates interiores (y si os animáis a comentar, también los exteriores) agrandando vuestra perspectiva sobre la literatura. Díaz Narbona continúa en su labor visibilizadora, aumentando la lupa con la que miramos a veces desde algunas esquinas demasiado estrechas y ensanchando el universo de la literatura que proviene de las áfricas con aquellos que han optado por el castellano, el catalán o el gallego (euskaraz ¿oraindik ez?) para expresarse por escrito.

No podemos sino agradecerle que nos siga enriqueciendo.

Ficha:

  • Título original:  Literaturas hispanoafricanas: realidades y contextos (2015)
  • Autores: Inmaculada Díaz Narbona (ed), Donato Ndongo-Bidyogo, Natalia Álvarez Méndez, Asunción Aragón Varo, Lola Bermúdez Medina, Justo Bolekia Boleká, Josefina Bueno Alonso, Inmaculada Díaz Narbona, Mar García, María G. Vinuesa, Victorien Lavou Zoungbo, Claudine Lecrivain, Enrique Lomas Lopez, Conchi Moya, Crstián H. Ricci, Blanca Román.
  • Idioma: Original: Castellano
  • Editorial: Verbum (2015)
  • Nº páginas: 375

¿Los mejores títulos en árabe del siglo XX?

Arab Writers Union es una asociación de escritores árabes que en 2010 elaboraron una lista con los mejores 100 títulos en lengua árabe producidos en el siglo XX. Pero la cuestión es, ¿cuántos de ellos han sido traducidos?.

M Lynx Qualey  ha recogido en su blog los libros que se encuentran traducidos al inglés [ing.] A la lista he añadido los que he podido encontrar en castellano (o eusk., cat. gal.) y he entresacado los que se han escrito en el continente africano. El panorama varía según el idioma, el inglés logra bastantes títulos, mientras que lo que ocurre con el castellano es anecdótico, casi.

MARRUECOS

La literatura marroquí se escribe sobre todo en árabe clásico y árabe dialectal. Pero también en francés (Tahar Ben Jelloun o Badia Hadj Nasser),y en otras lenguas, como el inglés (en la actualidad su exponente más reconocido es Laila Lalami, que ha sido incluida en la lista de seleccionados para el “Man Booker 2015”) o el castellano (Asociación Naemle).

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The Teocrat

En la lista:

26 For Bread Alone  [Mohamed Choukri] [ing.]. El pan a secas, cuyo título original es Al-jubz-al-hafi (1973) ha sido recientemente reeditado por Cabaret Voltarie, con traducción de Rajae Boumediane El Metni y versión revisada por el propio autor. Ogi hutsa [eusk.], El pa de cada día [cat.]

46 The Game of Forgetting [Mohammed Berrada] [ing.]. El juego del olvido. Madrid: Libertarias/Prodhufi, 1993. Traducción de la novela Lu´bat al-nisyân de Berrada, cuya edición en árabe data de 1986. La traducción está a cargo de Beatriz Molina y Maribel Lázaro y la presentación de la novela corre a cargo de Juan Goytisolo

47 Winter Wind [Mubarak Al-Rabih]. Nada.

74 The Woman and the Rose [Mohamed Zafzaf] La mujer y la rosa, con traducción de Beatriz Molina y Zouhir Louassini, Agencia Española de Cooperación Internacional, Madrid, 1997. Imposible de encontrar.

83 The Theocrat [Bensalem Himmich][ing.] De este autor hay varias traducciones: Cien años después: Nietzche con rostro humanoEl Sapientísimo: memorias de un filósofo enamorado o El loco del poder con la que obtuvo el premio de la Crítica de la Novela, (en lengua árabe), en 1990.

86 The Days of Ashes [Mohammad Ezzeddine Tazi] [ing.]. Nada.

95 The Learned ‘Ala [Abdul Karim Ghalib]. Su obra Le passé enterré sí lo está en francés.

EGIPTO

Naguib Mahfouz

Naguib Mahfouz

Es, sin duda, este país africano el que recibe más menciones en la lista y el que ocupa los primeros puestos en la misma. Pero hay omisiones, como la de Nawal al-SaadawiEl edificio Yacobian de Alaa Al Aswany (que se puede encontrar tanto en castellano como en catalán y que supuso todo un bombazo editorial) o Muhammad Nagui (El escondite de Qámar), que llaman la atención.

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En la lista:

1 The Cairo Trilogy [Naguib Mahfouz] [ing.] Naguib Mahfuz es, probablemente, el escritor en lengua árabe más traducido al castellano. Entre dos palacios es el primer volumen de su famosa trilogía por la que se le concedió el premio Nobel, y que continúa con las novelas Palacio del deseo y La azucarera.

3 Honor [Sonallah Ibrahim]. Sí en francés, Charaf ou l’honneur

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4 War in the Land of Egypt  [Yousef Al-Qaeed] [ing.]. Está traducida a castellano, bajo el título Masri, el hombre del Delta, exactamente igual que la edición francesa, y fue editada en 1994 por Noguer y Caralt Editores. Su traductora es Teresa Clavel. Esta información nos la da Jesús Estévez desde su reseña [cat.]

8 Rama and the Dragon [Edwar al-Kharrat] [ing.]

15. Zayni Barakat [Gamal al-Ghitani][ing.]

18. No One Sleeps in Alexandria [Ibrahim Abdel Meguid][ing.]

19. Love in Exile [Bahaa Taher][ing.] En castellano se puede leer El Oasis

22 The Taboo-Yusuf Idris [ing.] En castellano se puede leer Una cuestión de honor (Ed.Oriente y Mediterráneo)

30 The Elephants [Fathi Ghanem]

36 The Lamp of Umm Hashim Yahya Hakki [ing.]

37 Return to Exile [Abu El Maati Abu El Naga]. Nada.

38 The Lodging House Khairy Shalaby [ing.]

41 The Heron  Ibrahim Aslan [ing.]

44 Return of the Soul – Tawfiq al-Hakim. Nada.

50 The Seven Days of Man  Abdel-Hakim Qasim [ing.]

57 Rubaiyyat Bahari- Mohamed Gibreel. Nada.

59 Granada Radwa Ashour [ing.] También en castellano

60 The Call of the Curlew – Taha Hussein [ing.] Se puede leer Los días (Ediciones del viento)

61 Seeds of Corruption Sabri Moussa [ing.]

62 Al-Saqqa Mat (The Water Carrier is Dead)-  Yusuf al-Sibai.Nada.

63 The Emigration to the North of the Children of Hathoot Majid Tubia .[ing.]

64 After the Sunset- Mohamed Abdel-Halim Abdulla.Nada.

72 A Touch of Fear – Tharwat Abaza [ing.]

80 There Is a Man in our House-  Ihsan Abdul Quddus. Nada.

90 Clamor of the Lake  Mohammed El-Bisatie. T.[ing.]

91 The Sleepwalkers – Sa’ad Makkawi. Nada.

92 1952- Jamil Atiyah Ibrahim. Nada.

100 A Man from Bashmour Salwa Bakr [ing.] En castellano: El carro dorado y Artimañas de los hombres (Ed.Txalaparta)

104 The Open DoorLatifa Al-Zayat [ing.]

LIBIA

Lo cierto es que se trata de una literatura casi desconocida para nuestro mundo, tal y como afirma Ibrahim Al-Koni, denominado por los escritores de su país como “el gigante de la narrativa en Libia” y uno de los pocos cuya obra se puede leer en castellano, Oro en polvo fue traducida del árabe por “Galaxia Gutenberg” en 1999.

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En la lista:

11. The Animists [Ibrahim al-Koni] [ing.]

16. La trilogía:  I Shall Present You With Another City, These Are The Borders of My Kingdom y A Tunnel Lit by A Woman [Ahmad Ibrahim al-Faqih] [ing.] Por desgracia nada de este autor en castellano.

88 Eye of the Sun- Khalifa Hussein Mustapha. Nada.

TUNEZ

El tunecino Shukri al-Mabkhout se alzaba con el IPAF 2015 (más conocido como el “Booker árabe”) con su primera novela, The Italian, en origen en lengua árabe, que verá pronto su traducción al inglés, dudo mucho que también lo sea al castellano. Sin embargo, podéis ver que los nombres que se han seleccionado para esta lista son numerosos (y desconocidos).

En la lista:

9 Thus Spoke Abu Huraira,Mahmoud Messadi. En francés, Ainsi parlait Abou Hourayra y en alemán.Mahmoud_Messadi__Thus_Spoke_Abu_Huraira

23 The Night of Ten Years, Muhammad Salih al-Jabri. Nada.

39 Contact, Aroussia Naluti.Nada.

48 Return to Dar al-Basha,  Hassan Nasr, [ing.]

66 Aisha, Al-Bashir bin Salamah. Nada.

68 Al-Daqqala in Arajenha, Al-Bashir Khareef. Nada

69 The Slaver, Salah al-Din Bujah. Again, nothing.Nada.

82 And My Share of the Horizon, Abdel Qader Ben Shaikh. Nada.

94 The Conspiracy, Faraj Al-Huwar. Nada.

102 The Berries of Murr, Mohamed Al Aroussi Al Matuie. En castellano, Las moras amargas (Agencia española de cooperación internacional, 1996). Imposible de encontrar

ARGELIA

La mayoría de los escritores más conocidos de este país escriben en francés: Mohammed Dib, Assia Djebar, Kateb Yacine, Yasmina Khadra o Malika Mokeddem

De Tahar Djaout encontré “Els cercadors d’ossos” en catalán. De Jean Sénac, “Bosquejos del padre” (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo). De Kateb Yacine, “Nedjma” (Editorial Planeta) y “Teatro argelino” (Cuadernos para el diálogo). De Mammeri “Cuentos bereberes” (Espasa libros). De Feraoun, “El hijo de pobre” (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo). Añado Isabelle Eberhardt “País de arena: relatos argelinos” y Said Ferdi “Un niño en la guerra”, ambas de Ediciones del Oriente y del Mediterráneo y “El niño del chaaba” de Azouz Begag. (Ed. El Bronce), De Amin Zaoui, “La razzia” y “La Sumisión” (ambas de Ed. El Bronce)

En la lista:

cubierta_diario.indd25 Memory in the Flesh, Ahlam Mostaghanmi [ing.]

53 Wind from the South, Abdelhamid Ben Haddouka. En francés,Vent du Sud (Société nationale d’édition et de diffusion, 1975)

73 The Ace, Tahar Wattar.

75 A Thousand Years of Nostalgia, Rachid Boudjedra. En castellano, se puede leer El caracol obstinado

89 Longa and the Ghoul,  Zohor Wanissi.

SUDAN

24 Season of Migration to the North-Tayeb Salih. Se encuentra traducida al castellano, bajo el título Época de migración al Norte

MAURITANIA

49 The Windy City, Moussa Ould Ebnou, fue en origen publicada en francés en 1994 con el título Barzakh. Una versión árabe posterior titulada Madinat al-Riyah apareció en 1996.

76 Unknown Grave, Ahmed Ould Abdel-Qader. Nada.

Premio IPAF de literatura árabe 2015: 3 africanos seleccionados

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Foto: arablit.org

El International Prize For Arabic Fiction (8ª edición) anunció el pasado 13 de febrero en Casablanca, aprovechando la 21ª edición de la feria anual del libro internacional que se celebra en esa ciudad, los seleccionados 2015.

Los preseleccionados salieron de una lista de 180 títulos que incluía a autores de diez países diferentes. En lo referente al continente africano: 2 de Marruecos (el renombrado Mohammed Berrada y Ahmed al-Madeeni), 1 de Tunez (Shukri al-Mabkhout), 1 de Sudán (Hamour Ziada) y 3 de Egipto (Ashraf al-Khamaisi, Hisham al-Khashin o la más conocida Muna al-Sheemi)

De la anterior lista se han seleccionado 6 nombres, de los que saldrá el ganador. Se destaca este año que son, en su mayoría, escritores jóvenes o inéditos. Provienen de seis países diferentes: Sudán, Líbano, Siria, Palestina, Túnez y Marruecos, pero sus libros se hacen eco de temas similares; represión, religión y exilio.

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The Italian – Shukri al-Mabkhout

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Willow Alley – Ahmed al-Madini

The Longing of the Dervish

The Longing of the Dervish – Hammour Ziada

Shukri al-Mabkhout

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Shukri al-Mabkhout

Autor de varias obras de crítica literaria, con 53 años debuta con su primera novelaThe Italian. El escritor tunecino ha confesado que su despertar como novelista fue una respuesta a lo que supuso y trajo consigo la llamada “primavera árabe”.

Shukri al-Mabkhout eligió la novela porque consideró que dicho género era más capaz de “captar las contradicciones, conflictos, cambios y vacilaciones” del Túnez contemporáneo, aunque al principio su obra tomó la forma de un largo poema.

La novela finalista de al-Mabkhout, The Italian, cuenta la historia de Abdel Nasser (apodado «el italiano») y su misterioso ataque al Imán, su vecino, durante el funeral de su padre. El narrador, después, intenta descubrir las motivaciones del ataque, averiguando el pasado de su amigo Nasser desde la infancia y moviéndose a través de los diferentes regímenes políticos de Túnez.

La novela revela los mecanismos de control y censura ejercidas a través de la prensa, así como la fragilidad del ser humano, sus historias secretas y heridas enterradas. (IPAF)

Ahmed al-Madini

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Ahmed al-Madini

El marroquí Ahmed al-Madini tiene una larga trayectoria literaria a sus espaldas. En 2003 le concedieron el Premio del Libro Nacional en Marruecos.

A pesar de su relevante papel en la renovación de la literatura marroquí, su relación con lectores y críticos no siempre ha sido amable, debido a una obra “que a veces hace que sus textos sean difíciles de asimilar“. El escritor siempre ha defendido su estilo, alegando que la complejidad lingüística es consecuencia de una escritura que debe deconstruir el horizonte del lector y animarle a la contra-reacción.

Su novela Willow Alley se ocupa de la lucha por la tierra y el desarrollo en Marruecos, centrándose en la lucha entre el cuidador de un edificio en construcción y un grupo de personas que se aferran a su tierra con el fin de sobrevivir.

La novela examina el derecho del individuo a existir en un país donde las vidas son vulnerables a la explotación y en donde los poderosos prosperan a costa de los débiles. (IPAF)

Hammour Ziada

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Hammour Ziada

La nominación del sudanés Hammour Ziada era esperada después de ganar la medalla del premio Naguib Mahfouz 2014 por la misma novela por la que ha sido preseleccionado; The Longing of the Dervish.

“Todo en Sudán es una historia que contar. Todo lo que vemos y todo lo que hacemos es toda una mezcla de fantasía y realidad”, afirmó en el momento de recoger el mencionado premio, “Como cualquier otro sudanés, somos narradores naturales desde la infancia cuando esperamos oír las historias que nos cuentan nuestras abuelas cada noche”.

Ziada ha trabajado en ONGs en su tierra y como periodista en varios periódicos sudaneses.

The Longing of the Dervish cuenta la historia de dos amantes, un esclavo sudanés y una mujer griega, durante la Revolución mahdista y la caída de Jartún (1884).

La novela examina los conflictos sociales entre los cristianos blancos y la cultura islámica sufí en Sudán, explorando a su vez los conceptos de amor, religión, traición y lucha política. (IPAF)

¿Y las mujeres?

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En los dos primeros años de existencia del premio, conocido como el “Booker árabe”, 2008 y 2009, los libros escritos por mujeres fueron casi inexistentes. Durante las ocho ediciones del premio, el debate sobre la poco significativa presencia de las mujeres en el mismo se ha mantenido. En 2010 comenzaron a elevarse las voces en este sentido cuando Samia Mehrez escribió un artículo bajo el título “Where are the women?” sobre la cuestión. También la novelista egipcia Salwa Bakr opinó al respecto.

La primera y única ganadora femenina del premio fue la saudí Raja Alem quien lo ganó en 2011 y de manera compartida. Raja Alem publicó en 2002 Játim, primera novela saudí traducida al castellano. Lo hizo la Editorial Huerga y Fierro, en 2007.

En esta edición de los seis seleccionados, dos son mujeres: la libanesa Jana Elhassan y la siria Lina Huyan Elhassan.

Jana Elhassan, como otros escritores, rehúsa poner el foco en la identidad del escritor y prefiere que se coloque sobre el libro en si mismo. Considera que no se debería de entrar en debates del tipo: ¿Cuántas mujeres hay en la lista? o ¿Qué países son los más seleccionados?. 

El resultado de la elección lo conoceremos el 6 de mayo.

La vida soportada de Mohamed Chukri

Mohamed Chukri en su apartamento, Tánger febrero 2003 ©Luis Vega

Publicado originalmente en África no es un país.  24/12/2014

Mohamed Chukri (1935-2003) fue niño de la calle y analfabeto hasta los veintiuno y logró, gracias a una extraordinaria sensibilidad y una insaciable ferocidad lectora, convertirse en escritor. Le dio igual que ganara o perdiera, se entregó totalmente a la lectura y a la escritura, que se convirtieron en su refugio. Fue la suya una literatura áspera, dura, una literatura a secas, surgida del fango y la podredumbre, como dice Atxaga “desde el interior de la pobreza”, que le llevó a codearse con los intelectuales que llegaban a Tánger al reclamo de aquella ciudad-mito, mentes ajenas y deslumbradas que acudían a aquel paraíso artificial sin que repararan casi nunca en aquellos que allí vivían su día a día: aquellos para los que, como el escritor, la pobreza y la miseria eran sus acompañantes cotidianos.

En cambio Chukri, que vivió entre prostíbulos y bares, siempre los tuvo presentes, “Yo estoy comprometido socialmente” dijo en una ocasión. “Me inclino a defender a las clases marginadas, olvidadas y aplastadas. No soy Espartaco, pero creo que todas las personas tienen una dignidad que tiene que ser respetada. Aunque no hayan tenido oportunidades en la vida”.

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Desnudándose dedicó su escritura a narrar su propia historia, aquella vida soportada, desparramándola en diversos libros que rezuman dolor pero también denuncia. Contó su infancia de niño abofeteado sin una sonrisa para él con los recuerdos del adulto, sabiendo que es difícil llegar a conocer la primera etapa de nuestras vidas porque “al niño ‘niño’ no lo entiende más que otro niño”. Lo contó en la primera entrega de su autobiografía, El pan a secas (reeditada por la editorial Cabaret Voltaire y basada en la edición árabe publicada en el 2000 y revisada por el propio autor). Desde las primeras páginas de esta impresionante novela sabes que no va a haber lectura tranquila, el escritor usa palabras sinceras y directas, rotos gran número de tabúes y miedos, expandiendo su primer recorrido vital en toda su cruda y extrema realidad. El eco de esta obra, traducida a más de cuarenta y ocho idiomas, que le perseguirá para siempre (“Me siento como esos escritores aplastados por la fama de un solo libro”, le llegará a decir a su amigo Javier Valenzuela), resuena en nuestros días sin que, por desgracia, haya perdido un ápice de actualidad.

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En su momento fue censurada por el escándalo que suponía para la sociedad marroquí y tangerina la aparición de un libro que narraba el “yo” con tanta intensidad por lo que, a pesar de estar escrito en 1972, no se publicó en árabe hasta diez años después (se le calificó de autor inmoral y pornográfico y fue amenazado de muerte). Sin embargo, El pan a secas ya era conocido a nivel internacional debido a la traducción al inglés que Paul Bowles había realizado en 1973. Chukri lo traducía en su cabeza del árabe clásico al español y se lo iba dictando a Bowles que lo traducía al inglés.

Eran los duros años del protectorado español en el Rif, cuando el colonialismo trajo consigo la violencia y la miseria. En aquel entorno de hambre, el futuro escritor describe un núcleo familiar horripilante; lo componían un padre bestial, parado, violento y alcohólico, que sometería a palizas constantes a su mujer y a sus hijos y que en un momento de cólera llegaría a estrangular al hermano pequeño de Mohamed, y una madre que le quería, pero sumisa y doblegada. El hambre les llevaba a hurgar en las basuras e incluso a intentar cocinar animales muertos, carroña, y tomaba forma de ese pan a secas que era todo lo que, a veces, podían llevarse a la boca. La huida se presentó como la única alternativa a este niño apaleado física y moralmente y enfrentado a la cruda y dramática realidad que soportan todos a los que han cerrado cualquier otro camino, sin oportunidades de ningún tipo. En la novela, dura, descarnada, nos habla de cómo llegó a prostituirse para sobrevivir, al igual que otro escritor, Jean Genet, a quien también le dedicó otro libro. “Cuando me escapé de casa, yo vivía en los cementerios para no ser violado por los mayores” confesará, y tras las calles, las malditas calles, la suciedad, el sexo, el alcohol, el kif, el contrabando, las peleas a navajazos… aguantar al qahr (extrema penuria) y la violenta lucha interior.

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Chukri, quien encontró en la literatura una forma de redención y lucha, parece que renunció a la escritura en los años setenta y ochenta hasta 1992 fecha en la que apareció Tiempo de errores (Ed.Cabaret Voltaire, 2013), la segunda entrega de su biografía. En ella Chukri tenía veinte años. Fue entonces cuando empezó a acudir a una escuela de Larache a aprender a escribir y leer. Aún así nada le libró de la miseria, de la pobreza y del hambre. Chukri desliza sus días entre vahos etílicos, promiscuidad y ansias de leer. Aparece el ávido consumidor de libros y el exacerbado escritor (lo único que lo salva). En el deambular del adolescente seguimos viendo al niño al que expulsaron a la calle y que vivió allí, a riesgo de todo. Se rodea de borrachos, de violencia y de miseria y de prostitutas, de las que a veces se enamora. También desvela que Chukri será internado en varios hospitales psiquiátricos, en donde exclamará: “Echaba de menos este aislamiento”. Es en este libro sobre todo en el que más escribe sobre su relación con las mujeres, tal y como resalta su amigo Mohamed Becerra en el prólogo; son historias desgraciadas, de amores imposibles. Su mirada, siempre enamorada de Tánger, sigue siendo de las que duele.

Tánger atraviesa de lado a lado toda su narrativa, hasta el punto de que Mohamed Becerra le preguntará en una carta si acaso no ha llegado a cambiar el amor de una mujer por el amor a TángerTánger, la ciudad de sus maravillas, la ciudad-mito, la ciudad idealizada y soñada a la que acudían los intelectuales y escritores americanos y europeos (“Tenía un amigo que opinaba que quien no supiese soñar su vida se viniese a Tánger.”) Todos querían ir a Tánger. Por allí pasaronBurroughs, Jack Kerouac, Gore Vidal, Truman Capote y los Bowles, entre muchos otros. En aquellos días aún conservaba su esplendor y tenía fraguada una fama de ciudad cosmopolita, abierta, tolerante e internacional. Para el escritor Tánger fue una obsesión, incluso cuando, tal y como se rememora en varios de sus libros, había perdido toda su gloria, todo su brillo; cuando la ciudad ya no volvería a ser nunca la misma, el escritor la seguía recordando en todos sus desahogos literarios, “Lo vi marchar y pensé que Tánger hoy en día inspira el suicidio a quien no puede dejarla. Ha perdido todo lo que tenía de legendario y bello.”

Chukri mostró un Tánger real (enseñando otras vidas, otros rostros) alejado del glamour superficial y despreocupado que parecían otorgarle los que llegaban de fuera. William Burroughs, quien se estableció en la ciudad en uno de los peores momentos de su vida (hasta el extremo de que los habitantes de Tánger le conocían como “El Hombre Invisible” aludiendo así al estado de extremo abandono y total aislamiento en el que vivía), decía de ella que era “el santuario de la No Interferencia”. Frente a esa idea mítica, Chukri rompió el punto de vista que unía a la ciudad con el lujo, el glamour o el libertinaje, con aquel mundo “atrayente pero frívolo”. “Tánger, ¿un mito? Cierto es innegable, pero ¿para quién? Tánger ¿un paraíso perdido? Si, porque existen todavía testigos de su antigua prosperidad, pero ¿para quién? ¿El encanto irresistible e indomable de Tánger? No deja de ser cierto, pero, repito ¿para quién?”, preguntaba molesto por la vida que llevaban los que llegaban a la ciudad y se marchaban sin llegar a conocerla. Aquellos que apenas salían de su mundo, no entablaban conversaciones con los tangerinos y sólo utilizaban la ciudad como materia para sus creaciones. El escritor hablaba de la magia tangerina no sin lanzar una crítica al peregrinar de aquellos turistas literarios, “cualquiera puede pasar aquí unas cuantas semanas y escribir un librito” escribiría con amargura, que ahondaban en la imagen de Tánger como destino artístico (sobre todo literario) en el que encontrar la inspiración.

Fueron muchos los escritores que se pasearon por la ciudad, la mayoría de ellos para una estancia corta. Sin embargo, hubo otros que la alargaron; el miembro de la Beat Generation, William Burroughs (1954-1957) y sobre todo Paul Bowles(1947-1999) quien moriría allí. Abrió así una nueva trilogía, la que le dedicó además de al anterior a otros dos escritores famosos a los que frecuentó (Jean Genet y Tennesse Williams).En Paul Bowles, el recluso de Tánger (Ed.Cabaret Voltaire, 2012) Chukri va deslizando por sus páginas una imagen para nada amable del autor de El Cielo protector queacabará con su amistad. Puritano, receloso, racista, poco amigo de sus amigos, tacaño (donde otros decían austero), complicado y retorcido, para el que el sexo siempre iba unido a criminalidad, Bowles seguía alimentando un mito de Tánger que le interesaba a él pero que ya no se correspondía con nada, como si evocara sombras que no se podían tocar. Mientras la gente real sufría, se peleaba con los piojos, pedía unas pocas monedas para sobrevivir, tanto éste como la élite de intelectuales que sobrevolaban la ciudad obtenían todo lo que deseaban.

Jean Genet, en cambio, había tenido una vida más parecida a la suya. Mohamed Chukri coincidió con él por primera vez en 1968 en un Café e inmediatamente quiso conocerlo y se presentó. Así comenzó una relación que trasladó a la escritura y que continuó más allá de 1974, año a partir del cual ya no quiso plasmar más en ningún libro sus conversaciones con él, paró cuando supo que a Jean Genet no le agradaba que siguiera escribiendo sobre él. Con Bowles las cosas acabarían de otra manera.

En Paul Bowles, el recluso de Tánger el tangerino denuncia que, bajo el pretexto de querer hacerle un favor, dando a conocer su obra, Bowles lo explotó; “En aquella época, yo no tenía agente literario, y ni siquiera sabía que existían. Otra desgracia más reservada para el tercer mundo: aprovecharse de su inocencia con el pretexto de dar a conocer a los artistas que, aunque con talento, permanecen ignorados. Como si, en lugar de darles el trato que se merecen, o de conseguir que éste sea más equitativo, se tratara de una obra de caridad”. Tal y como nos recuerda Juan Goytisolo en el prólogo de la edición de Cabaret Voltaire, la labor de intérprete y traductor de Bowles se extiende “a otros autores marroquíes comoDriss Ahmed Cherradi (Una vida llena de agujeros), y a su amigo a todasMohamed Mrabet (Amor por un puñado de pelos)… a los que había que añadir los relatos de Abdelslam Bulaich y Ahmed Yacubi”.

En el caso de Chukri, el nombre del americano apareció como coautor en los libros que escribió el marroquí y además se acordó que cada uno de ellos obtendría el 50% por derechos de autor de una obra escrita por una sola persona. Chukri afirma que “Exceptuando los magros anticipos que recibí a la  hora de firmar el contrato, nunca he cobrado un centavo.” Pero parece ser que Bowles fue aún más allá; Nirvana Tanoukhi  ha comparado el texto en árabe y en inglés aportando ejemplos que quieren mostrar cómo la labor de Bowles no se limitó a la de mero traductor de la obra, omitió pasajes, cambió palabras o situaciones al objeto de darle una apariencia más occidental.

Mohamed Chukri. Fuente Cabaret Voltaire
Finalmente, su tercer texto autobiográfico llegó en 1992, Rostros, amores, maldicionesúltimo de los textos del escritor que “Cabaret Voltaire” ha reeditado, en un esfuerzo considerable por recuperar su obra agotada o en gran parte inédita. Se trata de un tapiz de seres marginales que se buscan y se pierden, pleno de historias que apenas se pueden concebir como reales (y a la postre lo son, como el pasaje en el que un hombre practica una felación a su padre para que éste no busque una compañera y así proteger su herencia) y cuyos protagonistas se zarandean en ese mundo de prostíbulos, alcohol y sexo (y también amor imposible) tan conocido en el universo del escritor, rotos muchos límites pero también reencontrándose en ellos.

Cierra, de esta manera el gran Chukri, el ciclo dedicado a su vida. En Rostros, amores, maldiciones, mira hacia atrás con una pizca de ira pero sin añoranzas, logrando sentir la dulzura de la vida, afirmando que “El ser humano no siempre es como ha empezado ni como acaba“. Habla con tristeza de su niñez teñida de nubes negras (“Y si hoy me siento orgulloso de haber sido testigo de mi niñez, y de la de otros niños como yo, es porque intento en la mayoría de mis escritos aclarar cuánto hay de oscuro en ella”), ve en la escritura y los libros las dos fuentes que nunca agotó (“Dirigen mis sueños y mis ideas ocultas. Me liberan del punto de vista, no de la visión, me conducen al exilio interior”) y nos transmite que su rostro, al final, es el espejo de sus sueños mágicos.

Rostros, amores, maldiciones- Mohamed Chukri

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La foto tan sólo hace falta mirarla una vez para saber que acabará perforándote. Observo al hombre cansado de mirada fija que no elude a la cámara, cruzado su rostro por una malla de dolores que se incrustan en cada una de sus arrugas. Me trae de inmediato olor a alcantarillas, a calles repletas de seres marginales, a colchones de bolsas de basuras. Algo que asusta tan pronto lo descubres; mohamed-chukri que quieres espantar nada más internarte en ello; que hace que dejes de lado la compasión para sumergirte en algo mucho más profundo; en algo semejante a un desasosiego interno que te lleva a intentar asomarte a tantas realidades como las que Mohamed Chukri comparte.

No sólo es su rostro, la escritura de este escritor también es así. Chukri contiene en si mismo el material suficiente para trazar una trayectoria literaria magistral sólo contando su vida. Niño de la calle, analfabeto hasta los 21 y habitual de prostíbulos y bares, se codeará con los intelectuales que acuden a Tánger, ciudad literaria donde las haya, hasta el punto de que Paul mohamed-chukri1Bowles traducirá su obra al inglés, en una relación que distó mucho de ser amistosa. Chukri invita a pensar en una especie de “colonialismo literario”, tal y como reflejó en Paul Bowles, el recluso de Tánger, en donde describe a un Bowles, puritano, interesado, receloso, poco amigo de sus amigos, tacaño, complicado y retorcido.

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Jean Genet y Mohamed Chukri (foto tomada de la web de la Editorial Hijos de Muley Rubio)

No se callaba. Ya lo demostró cuando publicó la trilogía de su vida y las obras sobre su relación con Bowles, Jean Genet o Tennesse Willliams. Su amigo Salvador López Becerra lo describía así: “Mohamed era un tío que mantenía el tipo, sí, era un estoico con su karma manchado por la desolación, un atlas fatigado; muchas veces le sospeché lágrimas secas como charcos agrietados; ojeras como ondas en la extensión de una poza de fondo insondable; lodazales creativos para su escritura; lagañas de dolor, de mucho dolor, de tanto dolor que para nada serviría si se pesase; esto hizo que le estimara casi como a un hermano. Delicada Ave del paraíso a la que le tocó anidar en la cara oculta de la luna: en la incomprensión y en la soledad. Cuando es estigma, el llanto se torna aullido, dolor flameante al que Mohamed aplacaba las llamas con alcohol, solo o junto a las Vestales musas de sus noches y ensueños infinitos”.

Tánger, la ciudad mito

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Tánger es el escenario de sus novelas. Tánger, la ciudad-mito, la ciudad soñada a la que acudían los intelectuales y escritores americanos y europeos. Por allí pasaron, Burroughs, Jack Kerouac, Gore Vidal, Capote y los Bowles, entre muchos más. En aquellos días la ciudad estaba en pleno esplendor y tenía fraguada una fama de ciudad cosmopolita, abierta, tolerante e internacional. Todos querían ir a Tánger. En 1969, tal y como se rememora en varios de los libros de Chukri, había perdido toda su gloria, todo su brillo; Tánger  ya no volvería a ser nunca la misma.

El escritor hablaba de la magia tangerian no sin lanzar una crítica al peregrinar de aquellos “turistas literarios”;“cualquiera puede pasar aquí unas cuantas semanas y escribir un librito“. Tal y como escribió Juan Goytisolo, “El “misterio” de Tánger ha atraído en los dos últimos siglos la mirada curiosa y ávida de una pléyade de pintores, novelistas, cineastas y poetas venidos de diferentes regiones del planeta, y ha enriquecido su pincel y su pluma, imantando la brújula de su imaginación.”

Chukri mostró un Tánger real (enseñando otras vidas, otros rostros) alejado del “glamour” que parecían otorgarle los que llegaban de fuera. En Rostros, amores, maldiciones la ciudad aparece mencionada muy a menudo. Escribe sobre su época dorada y de esplendor; “Por Tánger pasaron Delacroix, Alexandre Dumas, Mark Twain, Rubén Darío, Blasco Ibáñez, Pío Baroja o Walter Harris, pero la fama internacional de la ciudad no comienza hasta la llegada del Protectorado (30-3-1912)” (pág.65) y también sobre su declive posterior, a pesar del cual, la ciudad seguía manteniendo un hechizo especial, ejerciendo una especie de atracción sin remedio, una obsesión. De hecho, su amigo Becerra le preguntará si acaso no ha llegado a cambiar el amor de una mujer por el amor a Tánger.

No debemos preguntarnos qué dice, sino qué quiere decir

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El nombre de Chukri irá asociado para siempre con su obra El pan a secas (o también El pan desnudo). En una entrevista con el periodista y escritor Javier Valenzuela, respondiendo a una pregunta dijo lo siguiente: ¨Me siento como esos escritores aplastados por la fama de un solo libro. Como Cervantes con Don Quijote, o Flaubert con Madame Bovary o D H Lawrence con El amante de Lady Chatterley. El pan desnudo sigue sin morir, el hijo de puta. Los niños por la calle no me llaman Chukri, me llaman El pan desnudo. Este libro me dice todos los días: Aquí estoy, vivo¨. En mi opinión se trata de una obra maestra, la mejor de toda su narrativa.

Pero el resto de la trilogía te sigue dejando ese regusto inimitable, la sensación de estar leyendo a un autor sincero y directo que descubre sin ambages cloacas y páramos solitarios por los que deambulan unos personajes que saben de sobra lo que significa sobrevivir. Defensor de los más marginados, los que no tuvieron ninguna oportunidad, Chukri se empeña, una y otra vez, en enseñarnos sus vidas que merecen todo nuestro respeto.

Si en El pan a secas nos habló de su infancia, y en Tiempo de errores nos mostró sus primeros pasos como escritor, en Rostros, amores, maldiciones traza un tapiz de seres marginales que se buscan y se pierden, pleno de historias que apenas se pueden concebir como reales (y a la postre lo son, como el pasaje en el que un hombre practica una felación a su padre para que éste no busque una compañera y así proteger su herencia) y cuyos protagonistas se zarandean en ese submundo de prostíbulos, alcohol y sexo (y también amor), rotos muchos límites pero también reencontrándose en ellos.

Además de otras historias paralelas que van emergiendo dando la sensación de que se trata más bien de un retablo de historias cortas y no de una novela, sobresale la historia del escritor con Fati, la camarera del bar Granada, que tiene ecos de historias desgraciadas, entre encuentros y desencuentros, en la que se niega el amor por el riesgo a perderlo.

Cierra, de esta manera el gran Chukri, el ciclo dedicado a su vida. En Rostros, amores, maldiciones, mira hacia atrás sin ira ni nostalgia, afirmando que “El ser humano no siempre es como ha empezado ni como acaba“. Habla con tristeza de su niñez teñida de nubes negras (la infancia, siempre la infancia), ve en la escritura y los libros las dos fuentes que nunca agotó y nos transmite que su rostro, al final, es el espejo de sus sueños mágicos.

Ofrezco el ramo de mi vida a quien la convierta en antorcha de luz en el laberinto del pensamiento. Sólo me importa la identidad de las personas por la profundidad de sus acciones. Sé que el ramo de mi vida es espinoso y no lo ofrezco más que a una mano callosa o- ¿por qué no?- a quien lo quiera.

La palabra “éxito” me recuerda siempre a una sonrisa forzada y frívola, o a un negocio lucrativo engañoso. No quiero hablar de éxitos. Atentan contra mi ambición. (pág.191)

Ficha:

  • Título original:  Wuyuh (1996)
  • Idioma: Árabe
  • Traducción al castellano:  Editorial Cabaret Voltaire (2014)
  • Traductores: Housein Bouzalmate y Malika Embarek López
  • Portada: Mohamed Chukri en su apartamento. Tánger, febrero 2003 Luis de Vega
  • Otras ediciones: 
    • Amor i malidiccions. Editorial Bromera (Catalá)
  • Para indagar más: “Geografía de un malnacido” de Jesús Gabaldón

El Ejército de Salvación-Abdelá Taia

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“Decir ‘te quiero’ es difícil. Pronunciar esta frase en presencia del padre, por ejemplo, es impensable entre los míos. Es ‘chuma’. Una vergüenza”, así se expresa Abdelá Taia en su primera obra Mi Marruecos (Cabaret Voltaire, 2009). Taia evoca, en sus novelas, un Marruecos que ama pero que le impide ser pleno, emocionalmente se encuentra ligado a su país de nacimiento, pero a través de sus palabras, vamos conociendo la imposibilidad de que alguien como el escritor encaje en la sociedad marroquí. “El sexo-y poco importa con quién se practique-no debería darnos miedo nunca” (pág.10) afirma en El Ejército de Salvación,  comenzando a darnos las claves del porqué de ese difícil engranaje.

Taia nació en una familia musulmana, su padre era funcionario de la Biblioteca General de Rabat y su madre M’ Barka, a quien dedica varios de sus libros, una mujer tradicional de fuertes convicciones religiosas, un tanto tirana y dictatorial, que llegado el momento era capaz de emplear todas sus armas para intentar que su hijo no se alejara de ella. Taia es miembro de una familia numerosa, dos hermanos y seis hermanas. A veces pasaban épocas en las que no tenían casi nada para comer, pero conseguían sobrevivir, al igual que el niño Taia, enfermizo, que pasó los seis primeros meses de su vida al borde la muerte. Pero Abdelá, además de tener un color amarillento, a causa de su enfermedad, poseía aspecto afeminado. “Muchos hombres en Marruecos tienen relaciones con hombres. Pero yo tenía aspecto femenino así que yo era el único homosexual”, afirma.

El Ejército de Salvación es una novela de corte autobiográfico. Taia, siguiendo los pasos de su adorado Chukri y su descarnada El pan a secas, intenta desnudar la verdad, que no es otra sino exponer de manera pública su homosexualidad, al tiempo que hace lo mismo con su propio país. Y lo hace de manera tierna y dura a la vez. En su escritura se mezcla lo escabroso con lo más sutil. Desde la mirada retrospectiva del que está volcando sus recuerdos desde una distancia; el tiempo transcurrido y el hallarse exiliado, en París.

Por sus páginas aparece su familia, el amor que sintió por su hermano mayor, sus inicios en una Europa, (se marchará a estudiar a Ginebra), en la que, muy pronto se dará cuenta, él será “un marroquí”. También, los primeros escarceos en los callejones de Marruecos, en los cines, donde se practica el sexo sin la mirada asfixiante de una sociedad que castiga la homosexualidad. Hasta narrar el enamoramiento de un hombre mayor, occidental, Jean, con quien descubrirá también que libertad es una palabra que se emplea a menudo de forma ligera.

Abdelá Taia habla de la baraka en otra obra suya (Mi Marruecos). En palabras de Lydia Vázquez, la traductora de esa obra, quien realiza una magnífica semblanza del escritor; “Se dice de alguien que tiene la baraka cuando está “habitado”, cuando posee la fuerza, la energía. Y la transmite. Porque la baraka se siente, se toca, pero sobre todo se pasa, de uno a otro, ‘se da’ “. En El Ejército de Salvación se siente la baraka de Taia. Cuando lees sus textos, sientes la intimidad del desahogo, la franqueza de su visión, la profundidad de sus sentimientos, su desconcierto, su furia, su necesidad de sentirse pleno. Su búsqueda por ese espacio necesario. Suyo. Que en Marruecos se le niega. La hipocresía de una sociedad que practica la homosexualidad pero que no acepta que se hable de ella. En esta obra aparecen también el dolor del exilio (a medias autoimpuesto, valga recordar que en Marruecos la homosexualidad es delito y tabú), la desilusión al descubrir la Europa que él imaginaba en libros y películas, pero sobre todo la conmovedora, directa y franca manera en la que narra su propia búsqueda personal.

Jean y yo reemprendimos nuestro camino, en silencio. A lo lejos, por los sonidos que llegaban hasta nosotros, se adivinaba el corazón de Marruecos, la plaza Jamaa al-Fna, vibrante, encendida, desbordante de alegre locura. Pero ¿para quién?.

Los dos policías, en el momento de subir a su coche, gritaron, desde el otro extremo de la calle:

-No olvides hacerte pagar bien…¡y después lávate bien el culo, maricón de mierda¡ (pág.66)

 Ficha:

  • Título original: L’ armée du salut (2006)
  • Idioma: Original: Francés
  • Traducción al castellano: Alberdania, S.L (2007)
  • Traductor: Gerardo Markuleta
  • Páginas: 109
  • Cine: El propio autor la ha llevado al cine. Seleccionada para el Festival Internacional de Toronto, este pasado mes de mayo se estrenó en Francia. Queda pendiente por saber si llegará a proyectarse en Marruecos
  • Otras ediciones de esta obra:
    • Salbazioko armada. Traducción de Patxi Zubizarreta. Editorial Alberdania, 2007

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Tiempo de errores- Mohamed Chukri

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En el prólogo que Rafael Conte escribió para la obra de Margarite Duras, El amante, cuenta una anécdota según la cual un amigo suyo se desahogaba contándole sus penas a la escritora, lamentaciones que resumió en una frase: “Fue un error-decía-No debí haber telefoneado”. A lo que la escritora le contestó: “No hay errores. Sólo hay actos extraños”. Este pasaje de la vida de la escritora me ha venido a la cabeza al leer la segunda parte de la biografía del marroquí Mohamed Chukri.

En El pan a secas Chukri nos descubría su infancia. En Tiempo de errores  tiene veinte años y va a una escuela de Larache a aprender a escribir y leer. Nada le libra de la miseria, de la pobreza, del hambre. Chukri desliza sus días entre vahos etílicos, promiscuidad y ansias de leer. Un ávido consumidor de libros, un exacerbado escritor (lo único que lo salva) y un insaciable lector. En el adolescente seguimos viendo al niño al que echaron a la calle y vivió allí, a riesgo de todo. Su mirada, ya lo dije en otro momento, es de las que duele.

Vuelve Tanger a poblar sus días.En el prólogo, su amigo Mohamed Berrada, se preguntaba “¿Puedo arriesgarme a decir que has cambiado el amor de una mujer por el amor de Tánger y que, como criatura salvaje, temes la oscuridad del calor y te deleitas con el resplandor del mar y la infinitud del horizonte?:” (pág.17). Es, de nuevo, la misma atmósfera desasosegaste, de suciedad y marginalidad de El pan a secas. Sin embargo, en Tiempo de errores aparece el impulso de la escritura. Chukri verá publicado su primer relato “Violencia en la playa” lo que le empujará de forma decisiva y hablará de forma irónica de su debut literario. Rodeado de prostitutas, de las que a veces se enamora, de borrachos, de violencia y de miseria, Chukri será internado en varios hospitales psiquiátricos, en donde exclamará: “Echaba de menos este aislamiento” (pág.243).

A pesar de ser pobre hasta la médula (acompañante de ratas se autodenominaba) frecuenta el Café Continental donde uno de los escritores más famosos de su època, Mohamed Sabbag, accede a leer uno de sus textos. Así era Chukri, capaz de ponerse pajarita, a pesar de no tener nada que llevarse a la boca, para entrar en los lugares en los que poder continuar con su absorbente pasión. “En mi vida me he enfrentado a tres desafíos: aprender a leer y a escribir, salir de esa clase social denigrada y, por último, sublimar mi vida a través de la escritura.”, escribía en un artículo para “Babelia”, publicado en 2003.

Dolor. Miseria. Denigración. Marginalidad. Violencia. Promiscuidad. Todas las palabras caben en la vida de este hombre, de este intenso escritor. Errores. No hay errores. Tampoco actos extraños. De atreverme, diría que fue el suyo un tiempo de pura supervivencia.

¡Vivir en tiempo de errores¡ Me ha contaminado la noche de la calle. Hasta sus locos más pintorescos se han vuelto piadosos.¡Se han vuelto cuerdos¡ ¡Alargaron sus barbas¡ No como protesta, ni como sacrilegio; ¡por mera capitulación¡ Yo extraño la noche de un hogar lejano. La noche nostálgica de la calle, la de los sueños con los grandes viajes. Quiero sentir el exilio aunque sólo sea en un suburbio de la ciudad. Que mi camino pulido se llene de tierra y polvo, y allí me esperen las tardes y los amaneceres. (Página 185)

Ficha:

  • Título original:  Zaman al-ajta (1992)
  • Idioma: Original: Árabe
  • Traducción al castellano: Editorial Cabaret Voltaire (2013)
  • Traductora: Karima Hajjaj y Malika Embarek López
  • Imagen de portada:  Café Tingis en el Zoco Chico de Tánger, 1957
  • Nº páginas: 277
  • Otras publicaciones:
    • Els temps dels errors (catalá)

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Esperanza y otros sueños- Laila Lalami

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Son catorce kilómetros los que les separan de ese destino soñado. En sus mentes desechan todo tipo de pensamientos negativos, esas voces que les advierten de los peligros y de los fracasos, y se obligan a centrarse en lo positivo, en las historias de los que lo han logrado. Creen que pueden tener un futuro mejor que el presente en el que viven si pagan el viaje y se meten en la zodiac y si ésta no naufraga ni les atrapan a su llegada. Nada le importa al patrón de la embarcación quiénes son o qué arriesgan en el intento, tampoco cuáles son sus anhelos. Tan solo ellos conocen las razones. Nosotros sabemos algo más: que serán unos “inmigrantes ilegales” cuando lleguen, como el resto de personas que han accedido a pagar el viaje, pero en esta ocasión Laila Lalami quiere contarnos sus historias.

Laila Lalami abandonó Marruecos hace tiempo. Ella también es una inmigrante, marchó a estudiar primero a Francia y después a Estados Unidos. Sus pasos en el extranjero, en cambio, nada tienen que ver con los que dan los que se montan en una zodiac o en una patera en un cayuco para arrojarse al mar, sin saber siquiera si lograrán sobrevivir. Sin embargo, tras leer una noticia en Le Monde sobre quince inmigrantes marroquíes que se habían ahogado al cruzar el Estrecho de Gibraltar en un barco de pesca, y tras comprobar que el suceso se seguía repitiendo semana tras semana, sintió que aquella situación no le era ajena. Así fue cómo empezó a investigar y empaparse de las historias de los harraga (término que se usa en Marruecos para designar a estos emigrantes y que significa “los que queman”) para escribir “Esperanza y otros sueños”, su primera novela.

En realidad son cuatro historias cuyo nexo de unión es el viaje con el que se inicia, el recorrido en la zodiac desde Tánger hasta Tarifa, después quizás Europa, interrumpido cuando el patrón de la embarcación les ordena llegar a nado hasta la costa. La novela engancha desde la primera página por la forma de narrar de Lalami, quien trata a sus personajes con suma delicadeza y por su estructura que nos llega parcelada en un “antes” y un “después” del viaje. A través de cuatro individuos, dos hombres; Murad, el joven guía y Aziz, el recién casado, y dos mujeres; Faten, la joven imbuida en la religión y Halima, la golpeada mujer y madre, Lalami nos muestra cuatro vidas, sus razones, sus dudas, sus sueños y sus pensamientos e intenta mostrarnos por qué lo hacen, cómo llegan a dar el paso.

El libro fue escrito en 2005, cuando todavía no había estallado la primavera árabe pero en él se perfila ya la desesperación y la falta de oportunidades de los jóvenes, así como la opresión. “La injusticia que vemos cada día es prueba suficiente de la corrupción del rey Hassan, el gobierno y los partidos políticos. Pero si hubiéramos sido mejores musulmanes, quizá esos problemas no hubieran caído sobre nuestro país ni sobre nuestros hermanos en cualquier otra parte” (pág.34), quien así se expresa en Faten, que sigue los preceptos del Islam con total fidelidad, personaje que en la novela dará un giro radical a su vida.

La novela engancha, a pesar de tratarse de historias cortas que dejan la sensación de no estar completadas. La escritura es precisa y algo distante, produce la sensación de estar leyendo unas vidas que se quieren contar con suma delicadeza. Se lee con interés, aunque se echa de menos un poco más de implicación emocional. Lalami acierta al narrar sobre la vida de personas corrientes, algunas de las cuales se plantean en último término si el viaje ha merecido la pena, si pensar tanto en el futuro no es hurtar de vida al presente, si serán capaces de adaptarse a un mundo que les es total y absolutamente ajeno (“se preguntaba cómo catorce kilómetros podían separar no sólo dos países, sino también dos universos totalmente diferentes” pág.7). La esperanza como estado vital de muchos que ven en la emigración la única salida, la narración como vía para anular las etiquetas vacías y sacar del anonimato un puñado de vidas y de historias.

Lalami explica que no tiene apenas nada en común con ninguno de los cuatro, pero que sabe que ella misma podría haber sido uno de ellos si la lotería de la vida le hubiera otorgado otros números. Escribir la novela le dio la oportunidad de que sus personajes vivieran un tiempo con ella, incluso una vez terminado el manuscrito. “A veces-añade- puedo escuchar sus susurros en mi oído”.

Pensó en su mejor amiga, Noura, allá en Rabat, y se preguntó qué habría sido de ella, si habría seguido con el hiyab o si, como Faten, se lo habría quitado. Era rica, podía permitirse el lujo de tener fe. Pero también, pensó, podría permitirse el lujo de no tenerla;probablemente el hiyab le habría parecido demasiado opresivo y habría acabado por quitárselo y cambiarlo por ropa de diseño. Eso era lo que pasaba con el dinero. Te permitía tomar decisiones. (pág. 149)

Ficha:

  • Título original:  Hope and other dangerous pursuits (2005)
  • Idioma: Original: Inglés
  • Traducción al castellano: Maeva Ediciones (2006)
  • Traductora: Mónica Rubio
  • Imagen de portada:  Imagen de Cover
  • Nº páginas: 199
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Hope and other dangerous pursuits. Ed.Harvest Books

Mohammed Bennis y su don del vacío

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Soledad

Se acomoda el alentar de mi sangre entre los horrores que los

vientos han conocido por sus caminos Lentos crecen los instantes

en el extremo de su descomposición

………………………Un sol poniente desciende en su vapor

Un niño ya no soporta los murmullos de esas gentes venidas de

lejos Unas nubes estiran hasta el infinito los colores de la mariposa

Mi sangre solo ella escucha Preguntará por el sendero del

río a los que han pasado y una vibración recuperará su mañana

del sosiego de la bungavilla Qué mano me preparará para esa luz

que vela en la cima del silencio Nada gira alrededor de las piedras

salvo una humedad desnuda de su espesura

Acaso las lenguas se difuminan

en las lindes de la temeridad en una noche como este silencio

Su poder

custodia

mis rejas

Ella viste los fragmentos

con su grito

El don del vacío – Traducido del árabe por Luis Miguel Cañada – Edición bilingüe árabe-español – Colección «poesía del oriente y del mediterráneo», 27 – Nº de páginas: 168

Sobre el autor:

“Mohammed, Mohammed Bennís, ángel extraño que entras en mis venas y en ellas fluyes como las ascuas de los instantes y enciendes la amistad de la luz: llévame contigo a los jardines de los muertos, a los lugares de las palmeras entrevistas entre dos abismos fugitivos. Entra en el hueco de mi pecho y muéstrame el don del vacío incandescente y las pupilas de los animales concebidos en el llanto, aquellos que acuden a las puertas de la ebriedad para inyectarnos la pasión de la luz, esa sustancia que atraviesan los pájaros, y nos enloquecen en la felicidad de contemplar dulcemente la muerte.” Del Frontispicio de Antonio Gamoneda que abre El don del vacío

El marroquí Mohamed Bennis recibió, el pasado 6 de marzo en París, el premio “Max Jacob” para la poesía por su recopilación “Lieu païen” en su traducción francesa, realizada por Bernard Noël. Nació en Fez en 1948, y es uno de los poetas más respetados del mundo árabe. Ha publicado cerca de treinta obras de poesía. Ha hecho una contribución considerable al estudio de la literatura árabe contemporánea, particularmente de la poesía. Ha traducido obras del francés al árabe y publicado un importante ensayo sobre el tema de la traducción. Profesor de Literatura Árabe en la “Universidad de Rabat” desde 1980, ha organizado numerosos eventos nacionales e internacionales, y es fundador de la Editora Toubkal. (Fuente: Jehat.com)

  • Página web oficial el escritor: http://mohammedbennis.com/

Otros poemas de Mohammed Bennis en castellano: 

Publicaciones en castellano:

  • 1999, Vino, Dos series de poemas, Traducidos del arabe, Traduccion colectiva, Royaumont, Francia
  • 2006, El Don del Yacio, poemas, Traducción Luis Miguel Canada, Ediciones del oriente y del meditarraneo, Madrid
  • 2010, Un río entre dos funerales, Traducción Luis Miguel Canada, Ediciones Icaria, Poesia, Barcelona

África en Versos Mojados y Abderrahmán El Fathi

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Nunca fue tan oscura.
Jamás vio un resquicio de luz.
África se destiñe en su travesía
su ropa llega sola al blanco amanecer
todos bailan a su son
desfilan en su honor
ofrendas como espaldas
espadas como amores
lluvia de algas suspendidas en su
frente.

La tormenta africana azota
se derrite de soles dorados
hambrientos de todo norte
ajenos a las cruentas
llamadas. Ajenos
a las verdes colinas
asomaban sus esperanzas
a la ribera del sueño.

Duermen olas
en el regazo de tu vientre.
Se asomó la Luna
en el manantial del estrecho
el silencio quebranta
y la puesta del sol
cada día
más noche
cada amanecer más estrecho,
y ella,
sola
entre el silencio.
Una madre, en las palmeras del desierto.
Así es el estrecho,
desierto, Luna, manantial, siempre
Silencio.

Si me ofreces tu libertad
te daré mi estrecho.
Si me ofreces tus sirenas
te sacaré de tus profundidades.
Si me ofreces tus olas
Te brindaré mi tierra.

La razón surcó
todo mi pasado
desde mi más tierna y
azulada sombra.
Fue decisiva la penetrante
llovizna. Aprendimos a amar los charcos,
me mojé aquella tarde.
El sueño se concilió con la empapada noche
salí de mi cama
para llegar a mi tierna
sombra del ayer.

“África en versos mojados” (selección de poemas)-Publicado por primera vez en: El Fathi, Abderrahman África en versos mojados (2002). Tetuán Publicaciones: Club del Libro – Facultad de letras de Tetuán. Fuente: Biblioteca de Cervantes

Ficha:

  • Título original:  África en versos mojados (2002)
  • Idioma: Original: Castellano
  • Editorial: Club del Libro. Facultad de Letras. Universidad de Tetuán. (Rabat,2002)
  • Prólogo: Jorge Urrutia
  • Premios de esta obra: Premio Rafael Alberti

Sobre el autor:

Nació el 29 de septiembre de 1964 en Tetuán, donde reside actualmente. También en esta ciudad, se licenció en Filología Hispánica en Junio del 87. Se doctoró en la Universidad de Sevilla y actualmente es profesor titular de Literatura en la Universidad de Tetuán, y profesor de Lengua y Cultura española en la Escuela Superior de Traducción Rey Fahd de Tánger. Toda su obra está ligada tanto a la cultura árabe como española, y a la conciencia con respecto a la emigración, la guerra de Irak, o el conflicto palestino-israelí (asuntos que afectan a ambas culturas). Su poesía sella un compromiso con la palabra, contra la barbarie; sin perder el lirismo ni la belleza en su expresión. El Fathi se muestra íntimamente comprometido con causas sociales como la integración en una sociedad multicultural como se muestra cada vez más las vecinas Tetuán-Ceuta, y otras muchas otras poblaciones. Dedica especial atención al diálogo y la pedagogía (educación e infancia), ya que ha participado en numerosas conferencias encuentros en torno a esta temática. El respeto a los Derechos Humanos como premisa para el desarrollo. (Fuente: Wikipedia).

Obra:

Títulos digitalizados: Biblioteca virtual Miguel de Cervantes

Para saber más:

  • “África en versos mojados” Ramon Tarrio & Abderrahman El Fathi

Tánger vista por Mohamed Chukri

Tánger, Marruecos

Cafe casino-Tánger, 1912.

Cafe casino-Tánger, 1912.

Tánger, ¿un mito? Cierto es innegable, pero ¿para quién? Tánger ¿un paraíso perdido? Si, porque existen todavía testigos de su antigua prosperidad, pero ¿para quién? ¿El encanto irresistible e indomable de Tánger? No deja de ser cierto, pero, repito ¿para quién?.

Son muchos los que han hablado o han escrito sobre la ciudad basándose únicamente en quimeras, en pasiones y placeres, en fantasías. Para todos ellos, así como para los que llegaron movidos por las ganas de descansar, o de olvidar sus desgracias, Tánger no resultó ser más que un burdel, una hermosa playa o un confortable sanatorio.

Paul Bowles, el recluso de Tánger“(Paul Bowles wa´uzlatu tanya) 1996, Mohamed Chukri. Editorial Cabaret Voltaire (2012) págs.23-24

Truman Capote, Jane y Paul Bowles en Tánger. 1949.

Truman Capote, Jane y Paul Bowles en Tánger. 1949.

Éste es el Tánger que siempre ha desafiado a historiadores e investigadores que se afanaron en buscar su origen. Según cuenta la leyenda tangerina, la ciudad surgió del diluvio. Una paloma fue enviada para explorar tierra firme y , a su regreso, Noé gritó: “Tin Ya”. En Tánger se cruzan historias y leyendas sobre su pasado, pero es una ciudad que nunca dará a conocer su eterno secreto, porque guarda su ilimitada memoria con un silencio enigmático, con un silencio embriagador y lleno de sabiduría. Milan Kundera pudo haberse referido a este enigma cuando afirmó que “la lucha del ser en la vida es la lucha del recuerdo contra el olvido”.

Paul Bowles, el recluso de Tánger“(Paul Bowles wa´uzlatu tanya) 1996, Mohamed Chukri. Editorial Cabaret Voltaire (2012) pág.27

El viejo italiano nos regaló media botella de vino. Le dimos las gracias y pensé: “Igual el vino de esta botella ha perdido también su sabor”.

-Como ven-nos dijo-, ya no queda nada por aquí. El negocio ha muerto. Hace veinte años, había siempre cinco o seis personas esperando su turno para entrar. Ahora apenas entran tres o cuatro clientes al día. A veces ni siquiera eso.

Nosotros también éramos conscientes de que hubo una época dorada, pero de poco servía hablar de ello: aquel pasado glorioso nunca volverá.

Jean Genet en Tánger“(Jean Genet fi tanya) 1992, Mohamed Chukri. Editorial Cabaret Voltaire (2013) pág.86.

Jean Genet en Tánger-Mohamed Chukri

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Tánger, la ciudad-mito, la ciudad soñada a la que acudían los intelectuales y escritores americanos y europeos. Por allí pasaron, Burroughs, Jack Kerouac, Gore Vidal, Capote y los Bowles, entre muchos más. En aquellos días la ciudad estaba en pleno esplendor y tenía fraguada una fama de ciudad cosmopolita, abierta, tolerante e internacional. Todos querían ir a Tánger. En “Diario del ladrón”, Jean Genet escribía lo siguiente sobre la ciudad: “Hubiera querido embarcarme para Tánger. Las películas y las novelas han hecho de esta ciudad un lugar terrible, una especie de garito en que los jugadores negocian los planos secretos de todos los ejércitos del mundo. Desde la costa española, Tánger me parecía una ciudad fabulosa. Era el símbolo personificado de la traición“. En 1969, tal y como se rememora en este libro, había perdido toda su gloria, todo su brillo; Tánger  ya no volvería a ser nunca la misma.

Jean Genet, de padre desconocido y abandonado por su madre, vagó por orfanatos y correccionales, vivió en la calle y a los diez años ya era un ladrón, se prostituyó con hombres para sobrevivir y malvivió entre miseria y privaciones; su vida no fue un camino de rosas. Escribió en la cárcel para poder salir de ella (pasó intermitentes periodos entre rejas durante toda su vida, tras diez condenas consecutivas estuvo amenazado con la cadena perpetua) lo que él, en este libro, denomina como “literatura”: sus novelas, a sus obras de teatro no las da esta consideración.

Mohamed Chukri coincidió con él por primera vez en 1968 en un Café e inmediatamente quiso conocerlo y se presentó. Así comenzó una relación que trasladó a la escritura y que continuó más allá de 1974, año a partir del cual ya no quiso plasmar más en ningún libro sus conversaciones con él, paró cuando supo que a Jean Genet no le agradaba que siguiera escribiendo sobre él.

Mohamed Chukri y Jean Genet tenían mucho en común. Ambos se vieron obligados a vivir en la calle, siendo unos niños, sufrieron la miseria y tuvieron que pasar por crudas experiencias para poder sobrevivir. El marroquí nos lo contó en su obra “El pan a secas”, en donde narraba, con su peculiar estilo seco y directo, cómo su padre había dado muerte a su propio hijo. El francés lo hizo en “Diario del ladrón”, dando forma a la miseria desde un lirismo sórdido, en donde confesaba que había llegado a prostituirse con hombres para poder sobrevivir. También ambos sufrieron la censura e incluso la prohibición en el caso de Jean Genet en sus obras.

Chukri, siempre directo y ágil, nos describe en un libro de apenas 160 hojas al mítico Genet. De trato difícil, esquivo, imprevisible (podías esperar de él un beso o una bofetada), huraño, difícil, solitario, generoso y solidario con los más pobres, a contracorriente (se aloja en el Minzab, paradigma del colonialismo), transgresor y en frontal oposición  a los poderosos o enriquecidos. En el libro aparece un Jean Genet tranquilo, que solo a veces hace asomar al que fue, defendiendo el robo, en aquella Tánger “paraíso de los homosexuales“.

El marroquí quiere sobre todo hablar con él de literatura, y muchos de los pasajes de este libro giran en torno a la misma. Se menciona a Sartre en varios momentos (el filósofo escribió un largo ensayo en el que psicoanalizaba a Genet)  y vemos cómo un Genet ,a favor del pueblo palestino, pasó de la amistad a la enemistad debido al odio que el filósofo empezó a manifestar hacia lo árabe y lo musulmán. Pero también se habla de Stendhal, de Dostoievski, de Mallarmé o de Camus (que no gozaba de las simpatías de Genet, “escribe como un fanfarrón” pero sí de las de Chukri).

Sin embargo, a Genet le interesaba la política, no así a Chukri. Le interroga sobre el Sáhara para saber su opinión y Genet narra el momento en que tuvo acceso a los campos de refugiados en los Territorios Palestinos, llegando a entrevistarse con Yasir Arafat. A Chukri, en cambio, todo aquello no le interesa en absoluto.

Wiliam Burroghs prologó este libro y escribió lo siguiente: “Leyendo el diario de Chukri, veo y oigo a Genet con tanta claridad como si estuviera viendo una película sobre él. Para lograr semejante grado de precisión refiriendo hechos y palabras, se requiere una visión singularmente penetrante“. Lástima que en esta edición no se haya incluído dicho prólogo. A cambio tiene un epílogo en el que se nos dan algunos datos más sobre los últimos días de Jean Genet. Es El Katrani, el marroquí que adoraba a Genet, el que se lo cuenta y Chukri, quizás reconociéndose a si mismo en la actitud del escritor francés haciendo frente al cáncer elogia cómo vivió dignamente y afrontó su muerte a solas, sin pedir ayuda a nadie.

Estábamos en la terraza del Café de París. 

 -Jean, parece triste hoy-le dije

-Yo siempre estoy triste, y sé muy bien por qué.

Respeté su tristeza. Yo también tengo la mía.

Ficha:

  • Título original:  Jean Genet fi tanya (1992)
  • Idioma: Árabe
  • Traducción al castellano:  Editorial Cabaret Voltaire (2013)
  • Traductora: Rajae Boumediane El Metni

Paul Bowles, el recluso de Tánger-Mohamed Chukri


Con prólogo de Juan Goytisolo, tiene por subtítulo “El viaje de las voces“. Escogidas palabras para rotular esta explosión de voces  que se contraponen página a página en un duelo cuyo final no nos sorprende. Inevitable, lo sabemos, el cruce de trenes, entre Paul Bowles y Mohamed Chukri, pero también entre dos modos de ver y sentir la vida diametralmente opuestos.

Los que hemos leído una o varias de las obras de Paul Bowles, tenemos una imagen creada a partir de sus textos. Quizás completada si hemos reparado en la única novela de su mujer, Jane Bowles, “Dos damas muy serias” y con ella en esa composición rara que formaban esta extraña pareja. Tras leer este texto a más de uno el mito (si es que queda alguien que sea capaz de creer en ellos) se le va a caer de las manos, porque además de destripar su lado humano punza en el literario, y arroja un retrato del americano que, de ser verdad (y parece bastante verídico), le convierte en un ser humano bastante mezquino.

Chukri va deslizando por sus páginas una imagen para nada amable del autor de “El cielo protector”. Puritano, receloso, poco amigo de sus amigos, tacaño (donde otros decían austero), complicado y retorcido, para el que el sexo siempre iba unido a criminalidad. Muy duras palabras para el que fue el traductor de sus obras, pero no dudaba en aparecer junto al nombre del verdadero escritor como si hubiera sido el coautor. Mezquindades varias y traiciones enormes. “Le gustaba Marruecos pero no los marroquíes” y necesitaba fumar kif y maajoun para escribir algunas de sus páginas, “siempre tengo miedo de que los marroquíes se den cuenta de que sé que me mienten, afirmaba según Chukri.

Libro en el que se habla de muchos viajes  y también se elogia el “no-viaje”. Paul Bowles escribió muchas veces sobre ellos, sobre los turistas y el turismo (lo peor del mundo). También Chukri cuando habla de esos turistas-escritores (carga otra vez contra los intelectuales que se asomaban por la ciudad) que solamente van de habitación en habitación de hotel (“cualquiera puede pasar aquí unas cuantas semanas y escribir un librito). Para ser un auténtico viajero no hay que tener fecha de vuelta, piensa Bowles, pero al tiempo él sabe que éstos están condenados a extinguirse. Paul fue a Tánger un verano como otros muchos lo hacían, que en los casos más habituales podía alargarse a unos meses más, pero  en el de Bowles y su mujer fue diferente: el escritor se quedaría para el resto de su vida. ¿Por qué?, sigue siendo un misterio, (se menciona que Paul Bowles dijo que se mantenía en Tánger quizás porque la vida era más barata o quizás por los problemas burocráticos para poder viajar a otro lugar).

Las mejores palabras del libro se las lleva, entre otros pocos, Jane Bowles. Mártir de la literatura, generosa y amiga de sus amigos. Extraña mezcla entre miedosa y valiente, atrevida y retraída, Jane nunca defraudaba a quienes la conocían. Sentimos pena cuando conocemos cómo Anais Nin arremetió contra su obra  y lamentamos que tuviera tendencia a unirse siempre a los que no la amaban, como Cherifa, aquella mujer que muchos creyeron la fue envenenando para quedarse con parte de su patrimonio.

No tienen mejor suerte el resto de los beatniks que recalan en Tánger, la ciudad-mito. Burroughs siempre armado (que escribió en Tánger su obra “El almuerzo desnudo”), Jack Kerouac, Gore Vidal o Truman Capote (quien adoraba a Jane) son parte de ese grupo de intelectuales que tomaron la ciudad por unos instantes sin llegar a conocerla. Pero, ¿quién puede llegar a conocer un lugar de verdad si no tiene deseos auténticos de comprender e impregnarse del mismo?. Algunos sí lo harán, dice Chukri,  como Édoard Roditi.

El libro, a mi modo de ver es un ajuste de cuentas doble. Si en su libro autobiográfico “El pan a secas” (de cuya génesis se da amplia cuenta en este libro) Chukri exponía el violento comportamiento de su padre, que incluso llegó a asesinar a uno de sus hijos, en este libro describe al intelectual que tradujo sus obras y propició que fuera conocido más allá de Marruecos. En el primero mataba a su padre natural, en este segundo a su padre literario.

Pero Chukri no se queda aquí, el otro ajuste de cuentas lo hace con los intelectuales que idolatran y sueñan y se quedan anclados en un pasado que ya no volverá, en una ficción a fin de cuentas. Bowles solamente quería vivir en una Tánger imaginada y que ya no se correspondía con la realidad, en una Tánger que pertenecía a la época del colonialismo, pero toda ciudad evoluciona y los seres humanos tienen derecho a ello también.

Bowles seguía alimentando un mito que le interesaba a él pero que ya no se correspondía con nada, como si evocara sombras que no se pueden tocar. La visión de Chukri no deja títere con cabeza: mientras la gente real sufría, se peleaba con los piojos, pedía unas pocas monedas para sobrevivir, la gente como Bowles, esa élite de intelectuales que sobrevolaba el mundo como si fueran seres superiores, obtenía todo lo que deseaba y más (“Paul Bowles, por su parte, reflejó en la mayoría de sus escritos una añoranza excesiva por la época colonialista de Marruecos). En cierta forma se vislumbra una especie de “colonialismo literario”, el que ejerce el anglosajón Bowles traduciendo la obra del marroquí al inglés a cambio de llevarse la gloria y el dinero:”Paul Bowles adora el dinero. Es muy tacaño. Está en su derecho a serlo, pero no de percibir anualmente los derechos de autor de mis libros traducidos por él. Exceptuando los magros anticipos que recibí a la  hora de firmar el contrato, nunca he cobrado un centavo. Además, él se lleva el 50% de los derechos de la traducción. Sin pelos en la lengua y estando Bowles vivo. Ahí es nada.

“El problema de Paul Bowles es que, a pesar de haber viajado tanto, no distingue demasiado bien entre el pasado y el presente en la vida de los países y sus pueblos. El futuro no existe para él. En otras palabras, prefiere vivir en un mundo primitivo aunque desarrollado. ¿Cómo puede ser esto?. Bowles no sabría contestarlo aunque fuese él mismo quien se hiciese la pregunta.”

Ficha:

  • Título original:  Paul Bowles wa’ uzlatulanya (1996)
  • Idioma: Árabe
  • Traducción al castellano:  Editorial Cabaret Voltaire (2012)
  • Traductora: Rajae Boumediane El Metni

 

El pan a secas-Mohamed Chukri

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Supongo que todos tenemos un mundo de imágenes y luego está lo desconocido. Esto último puede desbaratar todas las imágenes previas anteriores o, al menos, puede descolocarlas o reestructurarlas. Leer una novela como esta, autobiográfica aunque descriptiva de una vida que en muchos aspectos es común a tantos seres humanos, es leer las palabras sinceras y abiertas, rotos todos los tabúes y miedos, del que quiere expandir su recorrido vital, sin nada ya que perder.

Dura, como caminar por un camino árido, sucio y maloliente. Como atravesar campos llenos de viscosos brazos que quieren atraparte y hundirte en lo más profundo, de donde temes ya no volverás a emerger de la misma manera. Si leer es adentrarse en los mundos de los otros, con este libro nos zambullimos en lo más hondo de la miseria. Nos habla de cómo aguantar la extrema penuria (al qahr),  el no poder aguantar el hambre, el correr a intentar conseguir ese mendrugo de pan a secas que es lo único que comerá, hoy, mañana… ¿siempre?.

Hablo y escribo sobre los niños de la calle, y me llega este relato. Y todo lo que imaginaba se queda corto. Como si tuviera una llama encendida en mis manos, el libro me quema, me estorba, me irrita, tengo ganas de cerrarlo. Pero no puedo.

Abiertas las venas para que veamos con mayor facilidad lo que somos incapaces de ver, Chukri nos va desgranando su vida de niño. Desde la primera página sabemos que no va a haber lectura tranquila. El lenguaje es seco, directo, preciso y duro como una piedra. No quiere adornos en su escritura y no los necesita, en pocas palabras logra lo dificil: decir tanto y tan extremo.

Infancia desoladora la que nos narra. Infancia tejida en las calles, lugares desasosegantes donde el niño tiene miedo a ser violado, duerme a la intemperie, expuesto a las mordidas de ratas, rodeado de borrachos, drogadictos y prostitutas (sin querer juzgar a ninguno de ellos). Niños a los que la vida les cierra el paso, les margina, les compadece, pero no les da alternativa.

Es un niño “en” y “de” la calle. Forma parte por momentos de una familia y por momentos se ve obligado a huir de ella. Núcleo familiar horripilante, con un padre violento hasta el límite, que golpea tanto a esposa como a hijos, y firme decidido a no trabajar nunca en nada para ser mantenido por su esposa e hijos. Con una madre que le quiere pero plegada a los dictados del marido, sumisa y doblegada. Crítica valiente al patriarcado musulmán. Modelo que se impone en su vida, hombre violento-alcohólico-parado, que pega a su mujer y mujer a la que solo se utiliza para el sexo. La huida como única alternativa de este niño apaleado física y moralmente y enfrentado a la cruda y dramática realidad que soportan todos a los que han cerrado cualquier otro camino, sin oportunidades de ningún tipo.

El niño obligado a prostituirse, que fuma kif y bebe, que se acuesta con prostitutas sin rozar siquiera el enamoramiento verdadero, ausente parece el amor de estas vidas hechas de jirones y sangre. Cabe pensar que todo el demoledor relato, con sus frases y momentos crudos es fruto de la situación que le ha tocado vivir al niño-joven, imponiéndole unas coordenadas de las que ve imposible salir. Tan solo de forma extraordinaria al final… ¿de verdad?.

Nos explotaba tanto a ella como a mí. También mi patrón hacía lo propio conmigo; otros chicos ganaban más que yo trabajando los mismo. Por eso decidí comenzar a robar a quienes me explotaban, aunque se tratase de mis propios padres. Consideré el robo como algo legítimo entre gente sin moral.

Ficha:

    • Título original:  Al-jubz-al-hafi (1973)
    • Idioma: Árabe
    • Traducción al castellanoEditorial Cabaret Voltaire (2012). Edición revisada por el propio autor.
    • Traductora: Rajae Boumediane El Metni
    • Otras publicaciones de esta obra:
        • El pan desnudo. Editorial Debate, Circulo de Lectores, Montesinos Editor
        • Ogi hutsa. Igela Argitalatxea (Euskera)
        • El pa de cada día. Edicions Bromera (Catalán)
    • Cine: El libro El pan desnudo fue adaptado al cine por Mohamed Rachid Benhadj en 2004, en una producción italo-franco-argelina
      • Maldita calle (2003) de Juan José Ponce es un documental que es los ojos y las palabras de alguien que fue niño de la calle, el escritor Mohamed Churkri. Podéis verlo aquí
    • Curiosidad: Esta obra de culto estuvo prohibida durante casi dos décadas en los países árabes. (Fuente: Cabaret Voltaire)
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