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Posts etiquetados ‘Mozambique’

La confesión de la leona – Mia Couto

EL CAZADOR CONFUSO

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Publicado en origen en Altaïr Magazine. 22-09-2016.

Todo en Mia Couto parece escaparse de la extendida imagen que se tiene de los escritores de este continente, para mayor perplejidad de aquellos que acostumbran a mirar desde márgenes estrechos. Es un escritor blanco nacido en el norte de Mozambique e hijo de colonos europeos, que utiliza el portugués mezclado con otras lenguas de su país natal para escribir. Y, frente a la intención de muchos de intentar incluirle o excluirle de la etiqueta de “literatura africana”, el que está considerado uno de los escritores más importantes de las lusofonías, piensa que es parte de un juego de intereses y cuando alguien se lo pregunta responde que se siente más cercano a la literatura brasileña que a ninguna otra…

Para seguir leyendo…Altair

Cómo traducir a Mia Couto y no morir en el intento

tn_290_600_confissao_da_leoa_101112 Publicado originalmente en África no es un país.  04/05/2016

Nos informa J.M.Coetzee, en uno de los ensayos recopilados en Las manos de los maestros (Mondadori, 2016), de las “diversas dificultades cotidianas de naturaleza práctica” que han tenido sus traductores en los diferentes idiomas a los que ha sido trasladada su obra, veinticinco más o menos. Y considera que la palabra “noble” es el epíteto que mejor se ajusta no al escritor, sino al traductor, ya que su labor la realizan sin esperar fama ni fortuna.

Es cierto, valoramos, en general, muy poco a estas personas (y sus notables esfuerzos) sin las cuales muchos no hubiéramos podido disfrutar de tantas horas de buenas lecturas. En este sentido, afirmaba García Márquez: “Si traducir es la mejor manera de leer, también es la más difícil, la más ingrata y la peor pagada”.

Mia Couto acaba de ver traducida al castellano y al catalán su última novela, A confissão da Leoa (Camino, 2012). Basada en hechos y personajes reales Couto, biólogo en otro tiempo, nos descubre una historia alrededor de una serie de crímenes en una aldea mozambiqueña que vuelve a cimentarse en esa realidad mágica que se vive en el continente africano sin asombro, porque “en Mozambique no es que se viva puro realismo mágico. Es que es  realismo real”.

Para leer el resto del artículo mapa-africa

Recuperando la literatura oral mozambiqueña

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Cada vez con más frecuencia llegan a mi correo electrónico iniciativas interesantes, como esta que hoy comparto. Me escribe Lara Ripoll, periodista valenciana, que en la actualidad reside en Mozambique, en donde trabaja en un proyecto en el ámbito educativo-sanitario que, desde 2011 (van por la IV Fase), la asociación Ahuim ejecuta en seis escuelas de Educación Primaria de la ciudad de Pemba, en el norte de Mozambique.

El resultado ha sido un libro de cuentos y fábulas tradicionales mozambiqueñas, cuya particularidad es que, de principio a fin, está realizado por los niñ@s de las escuelas donde se desarrolla el proyecto.

El valor de un cuento

En el prólogo de Olvido Melero, presidenta de Ahuim, ya se nos habla de la importancia de la tradición oral. Se habla de los cambios que se van produciendo en las narraciones al ir pasando de boca en boca, lo cual hace más interesante el resultado, fruto de varias generaciones. El libro fue el final de un trabajo de 6 meses en los que colaboraron tanto los niñ@s como sus familias, “recopilaban las historias de la literatura oral de sus respectivas etnias y en su propia lengua- me comenta Lara- trabajamos la redacción ya en portugués que es la lengua vehicular y oficial de Mozambique, luego fueron ellos mismos los que ilustraron los cuentos seleccionados y, finalmente incluso, representamos en teatro algunos dado que casi todo son fábulas o historietas con animalitos por medio, que nos daba para hacer sencillas máscaras de leones, macacos….”

CUENTOS Interior 10-11 Lara, que también se ha encargado de la traducción junto a otras dos personas, comenta que “la razón de que me propusiera este libro, es que aquí en Mozambique no existe nada igual, en cuanto a la intención de que, desde la base, sean ellos mismos quienes recuperen por escrito la literatura oral mozambiqueña de sus ancestros. Sólo hay un par de libros de cuentos tradicionales muy centrados en Maputo y Zambézia, realizada en los años 80 por escritores mozambiqueños para un público adulto con un lenguaje muy rebuscado. Y libros de cuentos originales por escritores consagrados como Mia Couto, por ejemplo”.

Cuentos de los niños del mañana

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Ilustración de “Cuentos de los niños del mañana”

En edición bilingüe castellano-portugués (gracias al trabajo de la propia Lara y de Azimo Sadaca), el libro recoge 20 cuentos y fábulas tradicionales de Mozambique, que han sido aportadas e ilustradas por los propios niños de Pemba. Se ofrecen historias africanas inéditas del vasto patrimonio de la cultura Macua —la mayoritaria en Cabo Delgado—, o de la cultura Mwani, entre otras.

En algunos casos, fueron sus propios autores los que les presentaron los cuentos acompañadas de dibujos; en otros, una vez terminado el trabajo de corregir la redacción del cuento con el niño-autor en cuestión, se llevaba el cuento/fabula a una escuela distinta para que fueran esos otros alumnos los que, tras leerlo e interpretarlo, propusieran la ilustración.

En un primer momento se convocó el Premio Literario “El nacimiento de los niños del mañana” de Cuentos, Leyendas y Fábulas Tradicionales Mozambiqueñas, con el fin de fomentar la cultura y contribuir a la recuperación del rico patrimonio oral mozambiqueño. De entre todas las historias presentadas se seleccionaron un total de 10 que conjuntamente con otros 10 cuentos tradicionales, ya editados o difundidos en Mozambique, integraron el libro.

Los tres cuentos ganadores fueron: “El conejo y el antílope”, de Machude Saíde, El conejo y la hiena”, de Nina Geronimo y “Cuento de mi abuela”, de Ermenegildo Ernesto

LA HIENA Y EL CONEJO
Nina Geronimo
Cuento tradicional Macua de mi madre Angelina Saíde. Ella es del distrito de Ancuabe, Cabo Delgado. Yo tengo 14 años y voy a 6º en la EPC Maringanha

Nina Geronimo, 14 años. 2º Premio.

La hiena y el conejo
 

“La hiena y el conejo”, por su autora Nina Geronimo.

Érase una vez que la hiena fingió que estaba enferma y que no podía salir de casa. Muchos animales iban a visitarla, pero todos entraban y ninguno salía.

Un día llegó el conejo que también quería hacerle una visita, pero antes de entrar gritó hacía la casa:

¿Cómo te encuentras amiga hiena? ¿Estás mejor de salud? — La hiena respondió: ¡Hola amigo mío! Ven, entra a hacerme compañía.

Interpretación del mismo cuento que hace Namiranza Ibraimo.

Y el conejo, que es pequeñito pero muy astuto, dijo: Mejor vuelvo otro día porque tú ahí tienes muchas visitas.

Entonces la hiena, que sobre decir que no estaba enferma sino con mucha hambre, contestó al conejo:

Te equivocas amigo, aquí no hay nadie y es muy triste estar aquí solita. ¿Estás de broma?, afirmó seguro el conejo, porque estoy viendo aquí las huellas de las visitas al entrar pero no veo ninguna de salida. La hiena se quedó callada, calladita, y el conejo, que es muy inteligente, huyó rápido lejos de allí y nunca más volvió a aproximarse a una hiena.

Ficha:

  • Título original: Contos do Nascer da Criança do Amanhã (2013)
  • Idioma: Original: Portugués
  • Traducción al castellano: Lara Ripoll, Azimo Sadaca
  • El libro se puede adquirir en la “Tienda Solidaria”: aquí
  • La información para realizar esta entrada ha llegado gracias a Lara Ripoll y sus propias entradas en el blog “El nacimiento de los niños del mañana”, bajo el título “El diario de Lara

Vientos del Apocalipsis-Paulina Chiziane

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La primera escuela literaria de la mozambiqueña Paulina Chiziane fue el fuego. En torno a las fogatas, su abuela le contaba historias que después ella siguió recordando y al final recuperó para plasmarlas por escrito. Nació en 1955, en Manjacaze (Gaza, al sur), bajo la colonización portuguesa, con los ojos marrones que, después de veinticinco años se volvieron azules, un signo de vejez. Fue una niña observadora e introvertida que dormía durante el día para poder estar despierta toda la noche. Amante del silencio, se pasaba las horas realizando dibujos con acuarelas, pero debido a lo caro del material recibía serias reprimendas de su padre que no podía comprarle pinceles y pinturas, por lo que decidió que en lugar de pintar sus sueños, los escribiría.

Sin quererlo, se convirtió en la primera novelista de su país con la publicación de Balada de Amor ao Vento (1990). Después vinieron, entre otros, Vientos del Apocalipsis (1999), El séptimo juramento (2000, Takusan Ediciones, 2007),  Niketche, una historia de poligamia (2002, El Cobre Ediciones,2004), con la que ganó el premio “José Craveirinha” de 2003 y O Alegre Canto da Perdiz (2008).

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A siku ni siko li ni psa lona

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Paulina Chiziane. Foto: debatemoz.com

Esta canción popular changane (una de las lenguas más habladas de Mozambique) significa: “Cada día tiene su historia“, frase que se repetirá en varios momentos del libro. Son historias lo que nos quiere contar la escritora que ya desde el mismo prólogo nos invita a compartirlas: “Venid todos y oíd. Venid todos con vuestras mujeres y oid la llamada. No queráis la nueva música de timbila que me viene del corazón” es la canción popular de 1943 atribuída a Gomucomu que sirve de llamada y que abre el libro.

Enlaza de esta manera la escritora con su propio mundo narrativo, el que surgió del fuego y de los cuentos. Al tiempo que supone una invitación a contemplar la lectura como un acto colectivo y no individual, el que produce el saber que la historia lanzada al viento llegará al oído de múltiples personas, y nos atrae hacia el mundo mítico de las narraciones orales. “La tierra gira y gira, la vida es una rueda, llegó la hora, la historia se repite, karingana wa karingana.” (pág. 16). Proverbios que aparecerán a menudo en la historia, entrelazando el saber popular con la modernidad. Oralidad que salpica todo el libro.

No en vano, Chiziane rehúsa el término de escritora y solicita que la llamen “contadora de historias“.

Los jinetes de la tierra

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Parte de un mural que celebra la lucha por la independencia en Maputo.      Foto: BBC

Vientos del Apocalipsis nos adentra en la guerra civil de Mozambique. Tan solo dos años después de la independencia (1975), el país se vio sumergido en una guerra que duraría dieciséis años (1977-1992). Los enfrentamientos entre los miembros del Frelimo (acrónimo de Frente de Liberación de Mozambique), hoy en el Gobierno, y la Renamo (Resistencia Nacional Mozambiqueña), dejaron un millón de muertos.

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Autor del cuadro, el pintor mozambiqueño Malangatana

La novela narra una historia que se inicia en el poblado de Mananga. Paulina Chiziane escribe y describe una situación de pesadilla. El bucle de hambre, muerte, violencia, inhumanidad amenaza con no tener fin y parece pintar, como cuando era niña pero sin rastro de inocencia, auténticos y macabros cuadros donde lo único que queda es la sinrazón, la locura y la masacre. Si la lectura perturba y presenta momentos de incomodidad y desasosiego extremos, debido a su exhaustividad, también está dotada de otros más ligeros y que nos reconcilian con lo contado. No obstante, es tanta la barbarie, el desazonamiento presentados, que amenazan con taponar nuestros sentidos como una manera de salir de ese tunel cada vez más estrecho de hambre-guerra-muerte que Chiziane nos presenta de manera insistente en este descenso a los infiernos. Y de orfandad total y absoluta.

De lo viejo a lo nuevo: la vida es una rueda

La primera historia es la de Minosse y Sianga y sus descendientes. El hambre en el pueblo mananga, debido a la sequía, es un jinete que cabalga sin freno. La desesperación atiende a cualquier razón, a cualquier superstición. La solución ha de estar en una receta del pasado: la “ceremonia de la lluvia” para que vuelvan las cosechas. El pueblo sumido en la modernidad ha perdido sus ancestrales tradiciones y Chiziane crítica esa postura. “Las costumbres y las tradiciones sufrieron alteraciones en los últimos siglos. La gente oyó las palabras de los hombres que vinieron del mar y se transformaron, abandonaron a sus dioses y creyeron en dioses extranjeros. Los hijos de la tierra abandonaron la tribu, emigraron hacia tierras extranjeras, y cuando regresaron ya no creían en los antepasados, se afirmaron como dioses ellos mismos.” (pág.52).

Mario Macilau

Fotografía del mozambiqueño Mario Macilau, Life goes on (green boy), 2009.

Sianga (antiguo régulo) es el catalizador de la situación. Antes de la independencia tuvo poder, su propia mujer le acusa de haberse enriquecido abusando de su pueblo, pero después se vio privado del mismo, es un ser cruel y solitario que se pasa el tiempo rumiando. La desesperación de la gente hace que se convierta en la persona del pasado capaz de devolver la vida. Así realizará la ceremonia de la lluvia y volverá a ostentar el viejo trono. Pero no llegará ni una gota de lluvia, y la llegada de los macuácua que huyen de la guerra, es una agresión, una invasión para los mananga que deben guardar cada trozo de comida. La traición ya está labrada. Sianga conspira contra su propio pueblo y planea un ataque en su contra “Soplan vientos de nuevos cambios y todo será como antes.”

“Lo que pasó en Mananga fue una confrontación de lo nuevo con lo viejo. Si para Siaga el problema era el poder, para el pueblo era un problema de identidad de cultura (…) la inestabilidad es el precio de todos los pecados” (pág.247)

Los otros jinetes del Apocalipsis

La devastación total de la aldea, traerá la necesidad de huir. Empieza el éxodo. Ambos pueblos, olvidando las enemistades, partirán juntos. Será la huída por el paisaje del dolor y la muerte. De una guerra de la que se desconoce las razones y que solo provoca miedo, hambre y orfandad. Aquí Chiziane describe escenas dantescas, que parecen querer llamar la atención sobre la inacción y la indiferencia: un niño sujeta la cabeza separada del cuerpo de su madre, en un pasaje y nos cuenta que a menudo se deja de alimentar a los hijos, o se les abandona o se les mata por ser una boca más.

Por fin llegan a la aldea del Monte, gracias al nuevo y renovado liderazgo de Sixpence, al lugar en el que son acogidos por otros que les ayudarán. Incluso en las canciones de dolor hay una estrofa de esperanza. Sin embargo, otro peligro acecha, esta vez llegará la lluvia que provocará una vez más la catástrofe. Todo el país está sumido en la desesperación y el hambre. Desde fuera, Europa promete ayuda humanitaria, contra la que también carga la escritora“Todo el mundo sabe que en este mundo cruel nadie da nada a cambio de nada” (pág.216).

“Hablando de la historia de Mozambique, no sé si yo podría decir que mi pasado es más noble que el presente. El pasado estaba lleno de guerra, llena de luchas, conflictivo y lleno de debilidades y consideración. Hablando desde mi pasado, desde el hoy de una Paulina con 57 años, el pasado de mi país tenía la traición de los propios africanos que negaban su cultura y se entregaron a la bandeja del sistema portugués. Tenía muy fuertes luchas indígenas contra los asimilados, hubo masacres, no era todo esto. Yo vengo de ese pasado. Sin embargo, no había duda, porque la nobleza que se movía a la gente a luchar por una vida de mayor libertad es un valor digno de preservar.” [Paulina Chiziane]

La mujer en el centro de la historia

A Paulina Chiziane se la considera una feminista. Sobre esto ella comenta: “En Mozambique cuando una mujer escribe algo sobre mujeres la llaman feminista pero cuando el hombre escribe cosas de hombres no lo llaman machista, entonces, porqué la necesidad de crear un rotulo para alguien. Yo no quiero aceptar ese rotulo. Yo escribo las cosas como mujer que soy, lejos de mi están esas ideas, no me siento bien cuando me llaman feminista, porque solamente escribo cosas de mujeres porque soy mujer. Porque mi mundo es ese universo.”

“Esto, quizás, pueda ayudarnos a recordar, enlazando con nuestra manía tan occidental de poner a todo etiquetas y con lo que me decían mis amigas sierraleonesas, que no existe el feminismo como visión universal y monolítica de la situación de la mujer en el mundo, como muchas veces el reduccionismo etnocéntrico de los países del Norte quiere imponer al resto del mundo.” (Chema Caballero-África no es un país). “Chiziane es feminista, pero feminista a su manera, “la obra no desafía el estatuto de la mujer africana”. Efectivamente, en el libro-se refiere a  Niketche, una historia de poligamia– las mujeres se rebelan pero de un modo absolutamente extraño e incomprensible para nosotras en Europa.” (Aurora Moreno Alcojor-Por fin en África)

Steve Bandoma

Steve Bandoma

En Vientos del Apocalipsis aparecen varias mujeres, Minosse, Wusheni, Mara y Emelina. Minosse, que nos acompañará durante toda la novela, es la mujer de Sianga. Al principio solo tiene palabras de amargura por su situación. Comprada en la adolescencia, jamás conoció el placer de la intimidad ni el calor de una sonrisa de amor. Soporta la poligamia y los malos tratos diarios de su marido. Estas mujeres viven en un entorno en el que la mujer no puede elegir marido y los hombres llegan a culparlas incluso de la carencia de lluvia. “Había argumentos de sobra: la mujer es la causa de todos los males del mundo, es de su vientre que nacen los hechiceros, las prostitutas.” (pág,84)

Sin embargo, y a pesar de su sumisión, aplastadas por el poder del hombre, la escritora nos descubre poliédricas facetas (aunque Chiziane esboza demasiado), que quizás no nos contenten, pero que hay que valorar. A Minosse le da el papel de conciencia de la guerra, cuando ésta acoge a un par de huérfanos bajo su protección, desafiando al resto de la comunidad que rechazan a ambos niños. Mara eludirá las órdenes de su novio y seguirá cuidando de Sixpence en un acto de rebeldía y, por último, Emelina nos conmocionará al mostrarnos la faceta más cruel, que Chiziane no elude enseñar.

Apenas he hablado de la orfandad, es cierto. Ni del dilema de una anciana moribunda ante el futuro sombrío e incierto de sus hijos tras su muerte. Niños, mujeres y ancianos, en las guerras sobre todo siempre salen perdiendo, pero eso ya lo sabéis.

Los moribundos saben que nada tienen y nada son. Buscan desesperadamente al culpable de su situación para poner en sus hombros el peso de la maldición. Las culpables son las madres que los trajeron al mundo de la desgracia. Los culpables son los reyes y los régulos que se preocupan del poder y se olvidan de la felicidad de sus semejantes. Los culpables son ellos que no supieron defenderse, que no huyeron a tiempo, que no se escondieron, que no fueron cautelosos y se dejaron agarrar por las balas asesinas. Los culpables son los dioses, son los difuntos que no los protegieron. Los culpables son todos. El culpable es nadie. La culpable es la imperfección de la naturaleza humana. El hombre ama su propia vida, pero desde el principio del mundo se divierte arrebatando las vidas ajenas. (pág.188)

Ficha:

  • Título original: Ventos do apocalipse (1993)
  • Idioma: Original: Portugués
  • Traducción al castellano: Editorial Txalaparta (2002)
  • Traductor: Marta Rosa Sardiñas y Teresita Urra
  • Páginas: 258

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El último vuelo del flamenco-Mia Couto

El último vuelo del flamenco- Mia Couto

“Aunque la literatura lusófona no disfrute exactamente de la misma difusión editorial ni del mismo éxito comercial que sus homólogas francófonas y anglófonas”, tal y como nos recuerda Dulcinea Tomás Cámara, el portugues ha sobrevivido con bastante éxito, y desigual medida, tras la llamada descolonización en los países africanos de lengua portuguesa (Angola, Mozambique, Cabo Verde, Santo Tomé y Principe, Guinea Bissau). Mia Couto es el autor lusófono africano más reconocido internacionalmente en la actualidad (en fechas recientes ha recibido sucesivamente el premio Camões y el Neustadt), pero la obra de este autor nos revela que lo que hace Couto, en realidad, es reinventar la lengua portuguesa, mezclada con las lenguas locales.

Poeta ante todo, sus textos rezuman de juegos de palabras, neologismos, innovación al estilo del angoleño Luandino Vieira,  y música. Más que un escritor se considera un “creador de historias”. Etiquetado bajo la bandera del “realismo mágico” y reconociendo su deuda, su obra nos envuelve en un mundo mezcla de sueños, magia, fantasía e imaginación que tiene como resultado equilibrar la balanza de los desasosiegos y de las fatalidades, alumbrando una salida digna frente a lo oscuro y tenebroso, ya sea la guerra o el atropello de los sinvergüenzas y los tiranos.

El último vuelo del flamenco tiene un comienzo insólito. El sexo abultado y abolido de un casco azul, su pene, es el único rastro que se encuentra en la carretera que va a Tizangara. Sin embargo, lo insólito no nos tiene que desviar de lo que oculta tal hallazgo. Nos encontramos en una aldea mozambiqueña y la ONU ha enviado a sus efectivos para comprobar que se está llevando a cabo la pacificación de la zona. Sin embargo, éstos han estallado como “pompas de jabón”, sin dejar rastro.

El miembro de la ONU encargado de investigar el suceso, un italiano que habla portugués, atenderá, entre asombrado y perplejo, a las explicaciones que le van dando en relación al suceso. Pronto tendrá la necesidad de un traductor, que es el que narra la historia. Un mundo no se explica a través del lenguaje, parece querer decirnos Couto, lo que encierra contiene unas claves que no todos (en este caso, los occidentales) están preparados para interpretar. Ante la evidencia de la desaparición de los seis cascos azules, el italiano pensará que es imposible que hayan desaparecido sin más, lo que los aldeanos de Tizangara aceptan con normalidad. No “se habla” el mismo mundo y por ende no se comprenden. “Ahora usted me pregunta por esos soldados que desaparecieron. Me pregunta si el soldado zambiano murió. ¿Murió? Bien, murió relativamente. ¿Cómo? ¿Usted me pregunta cómo se muere relativamente? No lo sé, no lo puedo explicar. Tendría que hablar en mi lengua. Y es algo que ni este muchacho puede traducir.” (pág.163)

Plagado de un lenguaje poético que conmueve hasta los cimientos (“Y el ala iba deshojando, ala en ala, las transparentes páginas del cielo” (pág.123), el libro avanza con unos personajes que tienen voluntad de salir de las páginas del libro y saltar a nuestro mundo. Couto no defrauda y despliega ante nuestros ojos un buen puñado de seres alucinantes, sorprendentes, tiernos y fabulosos. La historia de Temporina que tiene aspecto de vieja pero cuerpo joven, o la del padre del narrador que cada noche “cuelga sus huesos”, se unen a la del ave, el flamenco, hermosa metáfora de lo que, en realidad, encierra la novela.

El último vuelo del flamenco habla de una perversa fabricación de ausencia –la falta de una tierra toda entera, un inmenso rapto de esperanza practicado por la ganancia de los poderosos. El avance de esos comedores de naciones nos obliga a nosotros, escritores, a un creciente empeño moral. Contra la incidencia de los que se enriquecen a costa de todo y de todos, contra los que tienen las manos manchadas de sangre, contra la mentira, el crimen y el miedo, contra todo eso se debe erguir la palabra de los escritores. […] Recuerdo para cerrar las palabras del hechicero Zeca Andorinho: Somos madera que agarró lluvia. Ahora no encendemos ni damos sombra. Tenemos que secar a la luz de un sol que todavía hay. Y ese sol sólo puede nacer dentro de nosotros.

Palabras de Mia Couto, en la entrega del Premio Mario Antonio de la Fundación Calouste Gulbenkian, 12 de junio de 2001

Es cierto que la novela es un canto contra los que se corrompen, los tiranos y los sinvergüenzas. Porque lo que va desmarañando el escritor es un mundo que primero se ha resistido a ser colonizado, que después ha luchado para que esa colonización (que a menudo en el libro se niega: “Hablan mucho de colonialismo. Pero dudo mucho de que eso haya existido. Lo que hicieron esos blancos fue ocuparnos (pág. 164) despueble sus almas y sus mentes y que ahora se encuentra con la toma de poder de los que son como ellos: “Pero, en mi aldea, había ahora tanta injusticia como en el tiempo colonial. Parecía, por el contrario, que ese tiempo no había terminado. Ahora lo estaban dirigiendo personas de otra raza” (pág. 118). Un mundo, que intenta que nadie los salve más en un futuro, que sean ellos mismos quienes lo hagan.

Mia Couto nos adentra en un mundo para el que ha tenido que construir un lenguaje que lo explique. No me refiero solamente a las palabras, me refiero a las historias que levanta como castillos plagados de sueños y verdad. De la misma manera que ha confesado que le costó mucho encontrar su propia voz como escritor, la novela muestra el empeño en encontrar una manera de expresar el mundo que le rodea. Puede resultarnos extraño, por desconocido, como le ocurre al soldado italiano. Y nos puede llevar tiempo entender algunos pasajes porque como ya hizo en Tierra sonámbula, Mia Couto nos muestra ese alma africana que no da la espalda a los muertos, ni al pasado. Todo cabe en el presente.

 Era el punto final. Al oscurecer, la voz de mi madre se desvaneció. Miré el poniente y vi a las aves cargando el sol, empujando el día hacia otros más allá (pág.123)

 Ficha:

  • Título original: O último voo do flamingo (2000)
  • Idioma: Original: Portugués
  • Traducción al castellano: Santillana Ediciones Generales (Alfaguara) (2002)
  • Traductor: Mario Merlino
  • Páginas: 238
  • Cine: Llevada al cine en 2011 por  Joao Ribeiro hay una adaptación al cine, de 2010, que dicen que es una de las primeras películas, si no la primera, rodada íntegramente en Mozambique, y con  un 90% del personal implicado contratado in situ.

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Mia Couto gana el Premio Neustadt, conocido como el “Nobel americano”

El premio Neustadt es el principal premio entregado en Estados Unidos que reconoce a autores de todo el mundo. Poetas, novelistas y dramaturgos compiten en este premio, en igualdad de condiciones. Cuatro de los ganadores del Neustadt han recibido posteriormente el premio Nobel de Literatura: Gabriel García Márquez, Octavio Paz, Tomas Tranströmer y Czesław Miłosz.

blogdabn.wordpress.com

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Este año lo ha ganado el mozambiqueño Mia Couto. El 27 de mayo de este año, Mia Couto recibió el “XXV Premio Camões“, se trata del premio más prestigioso de literatura en lengua portuguesa y ahora recibe el Neustadt. Nueve jurados internacionales provenientes de países tan diversos como Etiopía y Corea del Sur eligieron a los escritores nominados para el premio de este año y se reunieron el 31 de octubre en Norman (Oklahoma) para elegir un ganador. Ayer dieron a conocer el nombre: Mia Couto, quien salió como el favorito sobre sus rivales entre los que estaban Chang -Rae Lee, Edward P. Jones y Haruki Murakami.

Desde que leí “Tierra sonámbula” y como lectora ávida de García Márquez, el universo de Mia Couto me atrapó sin rechistar. Pero el mozambiqueño no es un exponente más del denominado “realismo mágico”, además de ser un mago creando palabras, relata esa dura realidad envuelta en sueños, creando una átmosfera propia y plena de poesía y de historias redondas. Y como Gabo, es cierto también, nos conmueve, nos agarra y nos zarandea por su profunda humanidad.

Mia Couto, el escritor ensoñado

António Emílio Leite Couto, conocido como Mia Couto (Beira, Mozambique, 1955) es uno de los nombres más importantes de la literatura en lengua portuguesa, y el autor mozambiqueño más traducido. Autor comprometido por la causa africana, ha recibido numerosas distinciones, entre otras, el Premio Nacional de Literatura en Portugal (1993), el Premio Nacional de Literatura en Mozambique (1995), el Premio Africa Hoje en Maputo (2002), y el Premio Eduardo Lourenço 2011 “por ensanchar los horizontes de la lengua y la cultura portuguesas”.  Algunas de sus novelas se han llevado al cine, como es el caso de “Tierra sonámbula” y, recientemente, “El último vuelo del flamenco”. En la actualidad vive en Maputo, donde trabaja como biólogo. (*)

Han dicho de él:

«Uno de los escritores contemporáneos más importantes de África.» Henning Mankell.

«Él es un autor que se dirige no sólo a su país sino al mundo entero, a todos los seres humanos.» Gabriella Ghermandi, quien le nominó para el Premio Neustadt.

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Obra: Su obra traducida se ha difundido por la Editorial Txalaparta y por la Editorial Alfaguara principalmente.

  • Cronicando
  • Voces anochecidas
  • Tierra sonámbula
  • Raíz de rocío. (Diputación Provincial de Málaga)
  • Venenos de dios, venenos del diablo
  • El último vuelo del flamenco
  • Cada hombre es una raza
  • Jesusalén

Entrevistas:

El Premio Internacional Neustadt de Literatura

El Premio Internacional Neustadt de Literatura es un premio bienal patrocinado por la Universidad de Oklahoma y World Literature Today. El premio consiste en $ 50.000, una réplica de un elenco pluma de águila en plata, y un certificado. Una generosa donación de la familia Neustadt de Ardmore, Oklahoma y Dallas, Texas, asegura la concesión a perpetuidad. El premio fue establecido en 1969 como el Premio Internacional de Literatura, luego rebautizado las Books Abroad / Premio Neustadt antes de asumir su actual nombre en 1976, el Premio Internacional Neustadt de Literatura. 

Es el primer premio literario internacional de esta envergadura que se originan en los Estados Unidos y es uno de los pocos premios internacionales en el que poetas, novelistas y dramaturgos son igualmente elegibles. 

Mia Couto se erige como el tercer ganador africano de este premio. Anteriormente lo han obtenido la argelina Assia Djebar en 1996 y el somalí Nuruddin Farah en 1998.

 

Tierra sonámbula- Mia Couto

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El 27 de mayo de este año, Mia Couto recibió el “XXV Premio Camões”. Se trata del premio más prestigioso de literatura en lengua portuguesa. Fue creado en 1998 por los gobiernos de Brasil y Portugal con el objetivo de estrechar los lazos culturales de los países lusófonos a través de sus escritores más representativos. Otros escritores galardonados anteriormente con este premio han sido José Saramago, Antonio Lobo Antunes o el angoleño Artur Pestana, pepetela. El primer escritor mozambiqueño que ganó dicho premio fue el poeta José Craveirinha, en 1991.

“Estoy harto de vivir entre muertos”, dice Muidinga uno de los dos protagonistas de esta novela, lo mismo podría haber afirmado Mia Couto, quien decía en una entrevista1: “Tengo 42 años y he pasado la mitad de mi vida en guerra”. Esta es la realidad de la que parte esta extraordinaria novela que nos adentra en un país, Mozambique, en plena guerra [tras la independencia en 1975, estalló el conflicto civil que se mantuvo hasta 1992]. Vivir entre muertos y, a pesar de todo, sobrevivir; marchitos y desesperanzados. Escrita en portugués, el traductor nos advierte de la dificultad de su tarea ante la riqueza del texto (el autor suele jugar  con el lenguaje y crear neologismos, alterar la sintaxis, y servirse de la tradición oral y de los proverbios), con gran cantidad de frases escritas en alguna de las lenguas mozambiqueñas  que, Mia Couto, junto con el portugués,  ha utilizado en la novela.

Se inicia la historia con la llegada, a un machimbombo (autobús) quemado, de dos seres que parecen venir de la nada,  del lugar donde han sido despojados de todo, en un momento en el que parecía que todas las sombras habían caído sobre el mundo (esta situación inicial me recuerda, ahora, a la planteada en el libro “La carretera” de Cormac McCarthy, en la que un padre y un hijo caminan huyendo de un infierno apocalíptico). Los camineros, en este caso, son el crío Muidinga, abandonado a su suerte  y el viejo Tuhair que lo ha acogido bajo su protección.

Entre los restos del esqueleto quemado del vehículo encontrarán una maleta con los papeles que alguien ha abandonado; son los Diarios de Kindzu y, gracias a ellos, ambos pasarán las noches repasando aquellas vidas ajenas que reviven al ser leídas y les hacen huir de la realidad maldita que les rodea de la que ya ni se asombran, escuchando el matraquear de la muerte, lamentos de vidas que se apagan formando parte del paisaje. Erráticos en su caminar, volverán una y otra vez, al autobús, como si necesitaran completar un círculo.

De las sucesivas lecturas iremos descubriendo, entre asombrados y horrorizados, hasta dónde puede llegar a alcanzar el sufrimiento de un ser humano. Pero también los esfuerzos por mantener con vida a un hijo, ante la amenaza de rifles y cuchillos; la desesperación ante la incomprensión de los que lo dividen todo “en razas”; la resolución de Kindzu en convertirse en un naparama, un guerrero en pro de la justicia para poner orden dentro del caos que todo lo pervierte; descubrimos la codicia, la crueldad, la soledad y el abandono, pero también el amor, la amistad y la entrega. Y, cómo no, la muerte.

Junhito el niño obligado a mutarse en pollo, el padre muerto cuyo barco meten en casa porque puede volver viniendo del mar, Siqueleto empeñado en  hacer manar ríos, Farida la mujer exiliada en las entrañas de un barco… Historias mágicas que se entrecruzan con las verdaderas, o igual es al revés. No se sabe muy bien en qué orilla te encuentras mientras avanzas por las páginas de este libro como si avanzaras por un mar lleno de sorpresas.

El texto sume al lector en un estado de  falso suelo o incertidumbre, el mundo de los sueños o de los muertos se aparece con sus fronteras livianas,  en contacto con los vivos. A menudo, esas fronteras desaparecen y nos encontramos leyendo en una especie de sueño profundo, sin saber si lo que leemos es real o fruto de un estado de sonambulismo que parece acompañarnos desde que iniciamos la lectura. No sé describirlo de otra manera.

Tiene algo este libro imprescindible, pura literatura, que te imanta y te hace difícil el cerrarlo del todo, es de los que se quedan pegados en la mente como una especie de nube durante días. Conmueve con sus frases y sus historias, tan llenas de poesía y belleza y al tiempo tan llenas de sufrimientos y silencios. Produce la sensación de hacernos entender que, a pesar de los pesares, el ser humano tiene resortes para continuar hacia delante, gracias a la fuerza y la dignidad que transmiten los personajes de esta novela.

Quizás sea que propone la lectura como vía para sobrevivir, para continuar, para reencontrarnos a nosotros mismos a través de ella, para sentir que formamos parte de una cadena subterránea y que, a través de los libros, los sueños, lo real y lo mágico, se puede seguir avanzando, huyendo del árido y terrorífico presente, como el crío soñador, como el viejo prodigioso, con toda su humanidad intacta.

-¿Esta guerra va a acabar algún día?

Asentí. Pero mi corazón se pequeñó, constreñidito. Farida quería saber más: saber el motivo de la guerra, la razón de aquel desfile de infinitos lutos. Recordé las palabras de Surendra: tenía que haber guerra, tenía que haber muerte. ¿Y todo para qué era? Para autorizar el robo. Porque hoy ninguna riqueza podía nacer del trabajo. Sólo el saqueo daba acceso a las propiedades. Era necesario que hubiese muerte para que las leyes fuesen olvidadas. Ahora que el desorden era total, todo estaba autorizado. Los culpables serían siempre los otros.

Ficha:

  • Título original:  Tierra Sonâmbula (1992)
  • Idioma: Portugués
  • Traducción al castellano: Ediciones Santillana, S.A-Alfaguara (1998)
  • Traductor: Eduardo Naval
  • Imagen de la cubierta: Víctor Abundancia.
  • Premios: Entre otros premios, en 1999 recibió el Premio Virgílio Ferreira, por el conjunto de su obra. En 2013 recibe el Premio Camões.
  • Otras publicaciones de esta obra:
    • “Tierra sonámbula”. Punto de Lectura
  •  Otras obras traducidas:
    • “Voces anochecidas”. Editorial Txalaparta
    • “El último vuelo del flamenco”. Editorial Alfaguara
    • “Cada hombre es una raza”. Editorial Alfaguara
    • “Raíz de rocío”. Diputación Provincial de Málaga
    • “Venenos de dios, venenos del diablo”. Editorial Txalaparta
    •  “Cronicando”. Editorial Txalaparta
    • “Jesusalén”. Editorial Alfaguara

Terra sonânbula, la película

“Terra sonâmbula” (Dirigida por Teresa Prata. 2007) http://www.cineol.net/pelicula/17409_Tierra-Sonambula

  • “En Mozambique, una tierra sonámbula camina en círculos” de Sergio Ceballos de La Torre. Crítica en castellano de la película, aquí.

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