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Posts etiquetados ‘Sudáfrica’

En Sudáfrica triunfa la poesía experimental de Koleka Putuma

En 2015 el movimiento estudiantil sudafricano resurgió con fuerza. Tras la consigna #Rhodesmustfall, se aglutinaba la campaña para retirar una estatua de Cecil John Rhodes situada en la explanada de la prestigiosa Universidad de Ciudad del Cabo. Uniéndose a la protesta, una joven poetisa, Koleka Putuma, dedicaba a dicha campaña su poema Dear Allen. Este, que comenzaba como la famosa frase con la que inicia su Aullido el poeta norteamericano Allen Ginsberg, era muy crítico con la cuestión racial y lo compartió ante un público mayoritariamente blanco en Stellenbosch, lugar que se dice es el corazón de la cultura afrikáner.

I saw the best minds of my generation

Tearing pages out of Paradise Lost

To wipe their asses when they ran out of kak papier

Rolling spliffs from the book of revelations.

Sticky taping colonial statues with black bags.

Koleka Putuma intuía que sus palabras no iban a ser bien recibidas. Pero también que era necesario hacerlo. Estuvo dudando, según confiesa para una entrevista, entre acudir o no hacerlo. Otra escritora, Panashe Chigumadzi había declinado la invitación. La cuestión de la raza sigue siendo espinosa en la Sudáfrica post-apartheid. Sin embargo, allí estaba ella, que no había experimentado en su piel la injusticia del régimen de segregación racial, para intentar entablar un diálogo que se había mantenido solo a medias.

La sesión se grabó para el canal TED pero se eliminó uno de los poemas (el titulado Water) lo cual supuso una censura hacia su obra y daba la medida de hasta qué punto se puede expresar con libertad en tierras sudafricanas.

Esa osadía que ya había mostrado en sus primeras obras de teatro (Uhm, por ejemplo) la siguió teniendo cuando se decidió a publicar un libro de poesía en Sudáfrica, lo que según opinión mayoritaria era “una locura”.

Collective amnesia es su primera obra de poesía y ha supuesto un auténtico bombazo literario en su país. Publicado por la pequeña editorial Uhlanga, se ha convertido en un bestseller y la ha llevado de gira por varias ciudades sudafricanas. Además, se está leyendo tanto en la Universidad de Ciudad del Cabo como en la de Stellenbosch.

Sus poemas, escritos con el estilo del “spoken word”, tienen un componente fuertemente político y de denuncia: a menudo giran sobre la realidad de las mujeres negras y la homosexualidad en Sudáfrica (“un poemario queer, brillante y poderoso“, en palabras de su traductora al castellano Arrate Hidalgo). Como si fueran cuadernos, sus versos se cierran sobre los núcleos más íntimos, aquellos que rodean a familiares y amigos. Sin dejar de lado la denuncia por la cuestión racial, profundiza en el seno de los más cercanos. Habla de hombres que luchan por revoluciones que acaban allí donde se batalla únicamente estas cuestiones, sin tomar en consideración a las mujeres con las que comparten sus vidas. Pero también son historias de amor y alegría.

Quizás una de las cosas que más han llamado la atención ha sido la manera en la que la joven escritora ha publicitado Collective amnesia. Primero fueron unas series de fotografías muy potentes (tal y como se puede comprobar ya desde la misma portada) realizadas por Andiswa Mkosi. Después, y acompañando a varias presentaciones, los vídeos que comparten con su poderosa voz y sus interpretaciones los poemas sobre memoria y amnesia, muerte y alegría del libro.

El talento descubierto de Thabiso Mahlape, editora de BlackBirdBooks

Publicado originalmente en África no es un país.  

La editora de BlackBirdBooks impulsa la primera editorial sudafricana con voces solo negras

En un mundo como el editorial sudafricano, dominado por hombres blancos, ha surgido una pionera, una bocanada de aire fresco, que lleva por nombre Thabiso Mahlape. Esta mujer joven de 32 años, nacida en Limpopo, con las ideas muy claras, un gran talento y una personalidad arrolladora, ha despertado la atención de la crítica por su trabajo y su criterio. Como muestra el hecho de contar en su haber con el premio Alan Paton 2013 que ganó la novela de Redi Tlhabi Endings & Beginnings que ella había editado. También que dos de los títulos que ha descubierto hayan llegado a estar en la lista de los seleccionados para el premio Etisalat 2016, el más importante del continente.

Y lo cierto es que acabó en este mundo por casualidad. Como le ocurre a muchas personas, al ir a matricularse en periodismo, su primera elección, se encontró que no había plaza para ella en la Universidad de Pretoria y tuvo que optar por estudiar edición. “Pero fue en la edición en donde encontré mi verdadero amor”, afirma convencida al contestar a un pequeño cuestionario que le hemos hecho llegar vía email.

Para leer el resto del artículo mapa-africa

La dureza de las calles según K. Sello Duiker

K. Sello Duiker. Fotografía: Ed. Baile del Sol

K. Sello Duiker. Fotografía: Ed. Baile del Sol

En 2004, el escritor Phaswane Mpe fallecía a la edad de treinta y cinco años, víctima del SIDAUn mes después, su amigo y también escritor, K. Sello Duiker, se suicidaba a la edad de treinta años. Ambos parecían haber cumplido a rajatabla la frase “vive rápido, muere joven y deja un bonito cadáver”. Ninguno de los dos eran estrellas de rock and roll, pero casi. Estaban llamados a ser los narradores de la nueva Sudáfrica: se les consideraba las más firmes promesas de la literatura post-apartheid sudafricana. Sus repentinas y tempranas desapariciones dejaron un gran vacío en un momento en el que el panorama literario de aquel país necesitaba voces negras, jóvenes y arriesgadas en sus planteamientos literarios que alumbraran un nuevo camino para estas letras.

Kabelo Sello Duiker cumplía las tres premisas anteriores y más. Nacido en Soweto, procedía de una familia acomodada y sus padres decidieron enviarle a un colegio privado de blancos, con el objeto de proporcionarle la mejor educación posible. En aquella institución solo otro niño negro asistía a aquellas clases con él. Duiker es un apellido afrikáans, parte del peaje que pagó su familia (en origen “Lesufi”) para ser aceptados en la Sudáfrica del apartheid. El futuro escritor, de naturaleza sensible, sintió de manera profunda las diferencias raciales. Éstas le dejaron íntimas cicatrices de por vida que, con posterioridad, volcó en su obra.

Debido al trabajo de su padre, en una compañía internacional, viajó mucho con su familia a Londres y a Francia, donde prosiguió sus estudios, pero donde, sobre todo, leyó sin mesura. Duiker afirmó que fue su madre, lectora compulsiva, la que le mostró la pasión por la lectura. Entre los escritores prefería a Bessie HeadDambudzo MarecheraZadie Smith, Ayi Kwei Armah y ante todos a Ben Okri.

En 1995, retornó a Sudáfrica, un año después de las primeras elecciones que consolidaron el fin del apartheid, y se matriculó en periodismo en la Universidad de Rhodes, creando con Phaswane Mpe el círculo de poesía “Seeds”. En 1998, viajó a Ciudad del Cabo, donde escribiría la primera de sus dos novelas, ésta que acaba de publicar en castellano la editorial Baile del Sol, “13 céntimos”, y con la que nació la nueva estrella de las letras sudafricanas.

Lejos de su acomodada vida, Duiker se perdió en Ciudad del Cabo, durmió en la calle, tomó drogas y experimentó con el sexo. Allí, durante tres semanas compartió su vida con los “niños de la calle”.Vivencias que después trasladó a la ficción. El escritor llegó a afirmar que fue en esta ciudad donde encontró su voz. En apenas dos meses había escrito “13 céntimos” (un capítulo de este libro también se puede leer en la antología Los deseos afines de la editorial Dos Bigotes). Duiker había encontrado un nuevo punto de vista para narrar a su sociedad: indagando en su sexualidad.

8f835efa-6e47-436f-a64e-d1b53ecfb02dimg400Tras la desgarradora y cruda narrativa autobiográfica del marroquí Mohamed Chukri, en El pan a secas (ed. Cabaret Voltaire, 2012), el sudafricano vuelve a sumergirnos en las vidas de aquellos que por diversos motivos se ven obligados a vivir en las calles. El niño se llama Azure, un extraño nombre que le puso su madre debido al color de sus ojos azules (y que evoca al “Azaro” de La carretera hambrienta de Ben Okri, novela con la que los críticos le han encontrado influencias). Tener los ojos de ese color y la piel oscura le ha procurado no pasar nunca desapercibido, sobre todo a las penetrantes miradas adultas. Con casi trece años, Azure vive solo en las calles de Sea Point.

Arrojado a una vida de pura supervivencia, el niño se prostituye procurando sexo a cualquiera de los hombres (blancos o negros) que le den a cambio dinero suficiente para poder seguir viviendo, pero también a aquellos que le obligan a hacerlo por probar su superioridad. Escenas explícitas de sexo recorren muchas de las páginas del libro. Además, la sordidez y la penuria extrema se visitan de la mano de un Azure que huye de crearse cualquier lazo afectivo con otros niños de la calle ante la posibilidad, ya vivida, de que estos desaparezcan de un día para otro y le dejen más solo aún. Mientras se cuestiona sobre su propia sexualidad.

Ciudad del Cabo muestra otra cara. La de unas calles en las que la violencia forma parte de la rutina diaria. Las mafias controlan cualquier movimiento, mientras la policía hace la vista gorda por estar de igual manera corrupta, y obligan a los más débiles a aceptar sus normas si no quieren ser expuestos a una paliza brutal o a algo peor. No hay tregua en la vida de este niño, los criminales le conminan a hacerse fuerte, mientras le cuentan historias para hacerle creer que su madre en realidad no le quería, y le cambian el nombre en un intento por despojarle de cualquier rasgo identitario.

La situación de indefensión de Azure le lleva a ser explotado por todos de una u otra manera: sexual (tanto por personas del colectivo homosexual, como por hombres que llevan dobles vidas) y económica (personas en quien confía le roban y personas en las que tiene que confiar le engañan a cambio de protección). Mientras compartimos su tránsito a la vida adulta (trece años significa eso), asfixia caminar junto al niño y no ver ninguna salida, ningún rasgo de humanidad hacia él. “Me duelen los pies. He andado demasiado. Me duelen los ojos. Han visto demasiado. Y no acaban nunca. Sigue y sigue“, llegará a afirmar el niño que como el Azaro de Ben Okri también roza lo extraordinario y lo fantástico, alternando los momentos más duros y difíciles de leer con otros en los que se pierde la noción de realidad y ficción. En el último tramo de la novela, parece como si el protagonista derivase hacia la locura dentro de un mundo en el que cualquier rasgo de humanidad ha desparecido, en un complicado y a veces no muy logrado encaje entre el mundo real y el sobrenatural. Azure huye a las montañas, en un intento por liberarse de las pesadas cadenas que la civilización urbana le ha colocado.

Sello Duiker quería mostrar otras realidades.

Su segunda novela, más ambiciosa, The Quiet Violence of Dreams fue descrita por “The Guardian” como 51vqoiqwyl-_sx296_bo1204203200_“una mirada fascinante a la cultura juvenil y a la manera en la que los jóvenes sudafricanos, blancos y negros, tratan de crear una identidad mezcla de sus raíces africanas con una cultura más global”. Él no ocultaba su malestar ante la actidud de sus compatriotas que tenían una visión exclusivista sobre lo que debía entenderse como cultura. Además, en los últimos tiempos Duiker, a pesar de trabajar como editor y de su reconocimiento como escritor, parecía insatisfecho. Se dice que se sentía atrapado por su estilo de vida; la mercantilización y el consumismo son temas comunes en su obra, al igual que la búsqueda de la identidad.

El 19 de enero de 2005, sumido en una profunda depresión, se habla de trastorno bipolar, puso fin a su vida. Días antes había expresado a sus más cercanos que sentía cómo la medicación que tenía que tomar era un peaje a pagar demasiado grande, tanto para su creatividad artística como para mantener su alegría de vivir. Así, desaparecía una de las voces más rompedoras del país sudafricano.

Ficha:

  • Título original:  Thirteen Cents (2000)
  • Idioma: Original: Inglés
  • Traducción al castellanoEditorial Baile del Sol (2016)
  • Traductora: Alicia Moreno Delgado
  • Páginas: 148

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Ellen Kuzwayo, llamadme mujer

Hector Pieterson | by Robert Cutts (pandrcutts)

Hector Pieterson | by Robert Cutts (pandrcutts)

Hace cuarenta años, el 16 de junio de 1976, Ellen Kuzwayo estaba en Soweto. Los disturbios que convirtieron dicha fecha en día de luto nacional, habían comenzado porque los estudiantes se habían plantado ante la imposición de utilizar el afrikáans, en lugar del inglés, como lengua de enseñanza para la mayoría de las materias escolares. Ellos y ellas al ignorar aquella lengua, de repente se encontraron perdiendo el tiempo en la escuela y las clases se convirtieron en fuente de aburrimiento y frustración. Sus solicitudes cayeron en saco roto y salieron a la calle donde se toparon con la policía armada. Entre el fuego, los automóviles volcados y el desconcierto, una bala mató a un niño de diez años, Hector Petersen, cuya imagen se ha vuelto con el tiempo icónica. Pero no fue el único, muchos más niños y niñas murieron, fueron torturados o simplemente desaparecieron sin que se volviera a saber sobre su paradero.

El 16 de junio de 1976 multitud de madres perdieron su trabajo al tratar de encontrar a sus hijos y se quedaron en silencio para siempre, sin saber si su hijo o su hija había muerto, estaba en la cárcel o había abandonado el país. Ellen Kuzwayo tenía entonces 62 años. Había recorrido un largo camino hasta Soweto, el lugar plagado de pequeñas casitas “como cajas de fósforos” en el que viviría hasta su muerte. Hay quien decía que aquel lugar era un gueto, pero para ella fue su hogar. Sus convicciones morales frente al delito, como resalta Nadine Gordimer en el prólogo de su autobiografía, Llamadme mujer (Las femineras, 1985), se tambalearon frente a las precarias condiciones de vida de aquel suburbio en el que todo faltaba hasta el punto de hacerla confesar: “Me horroriza comprobar que mi actitud… ha ido cambiando con los años. Ahora cuando leo en la prensa la noticia del robo de varios miles de rands por personas negras… a menudo manifiesto el deseo de que no les atrapen”.

author_ellen_kuzwayoNacida en una familia privilegiada, conoció una infancia plácida en un ámbito rural en el que todavía se respetaba la titularidad de la tierra. Pero aquello cambió, y fue testigo del paso que supuso para muchas mujeres la emigración a la ciudad: donde tuvieron que cambiar sus labores al frente del campo por la venta clandestina de cerveza o el servicio doméstico.

Pronto comenzó a asistir junto a su padre a las conferencias del Congreso Nacional Africano. Junto a Mandela, Sisilu y Tambo fundó la “Liga Juvenil del CNA” del que fue su secretaria. También ejerció como maestra hasta que abandonó este trabajo defraudada mientras iba tomando más conciencia social de su entorno más inmediato lo que la llevó en 1952 a estudiar Trabajo Social. Los acontecimientos de Soweto la llevaron a un compromiso político más fuerte con su comunidad y un año después fue detenida y encarcelada durante cinco meses en la aplicación de la Ley contra el Terrorismo. Su vida personal se vio marcada por su primer matrimonio (con Moloto con quien tuvo dos hijos) que la someterá a violencia psíquica y física y cuyo divorcio le supondrá el dejar de ver a sus hijos. Con Mandela ocupó un cargo en el Parlamento sudafricano.

Fue la primera mujer en ganar el premio del Congreso Nacional Africano por esta obra escrita en 1983, en la que narra parte de su vida. Su voz esperanzada siempre quiso reconocer el de tantas mujeres negras que “se habían enfrentado a opresivas barreras sociales, culturales, económicas, políticas y educacionales” y que ellaimg039 ponía siempre como ejemplo de la fuerza que llevaría a su país hacia delante por eso su Llamadme mujer está plagada de ellas. De aquellas que fueron tildadas de inútiles, poco inteligentes y “menores” y se sobrepusieron a las extraordinarias adversidades con un espíritu de superación. Como en 1913 (antes del apartheid), hace recordar Ellen, cuando la ley que imponía el pase de las personas negras se aplicaba a hombres y mujeres por igual. Pero las mujeres de diversos distritos sudafricanos se opusieron lo que les supuso la cárcel en condiciones tremendas, incluso el acabar con lesiones crónicas. “Como recompensa lograron postergar durante unos cuarenta años la obligatoriedad de los pases para las mujeres. Y cuando finalmente se impuso, en 1955-1956, se hizo de un modo muy sigiloso”.

Las mujeres sudáfricanas jamás nos rendiremos ni aceptaremos la derrota, dejó escrito en este libro. Ellen Kuzwayo falleció en 2006. Tenía 91 años y el mismo espíritu que todas aquellas mujeres que la poblaban.

¿Sabes quién es el escritor negro más leído en Sudáfrica?

Hace tiempo que tengo ganas de hablar de realidades africanas. Quiero decir que llevo tiempo queriendo iniciar algo. Una cara nueva del prisma que permita conocer lo que en estos momentos se está leyendo en el continente, cuáles son los libros más vendidos y los autores más reconocidos y apreciados por los lectores.

Un artículo de Sebastián Ruiz publicado en la revista Wiriko ha logrado que encuentre la manera de comenzar.

El periodista arroja dos datos de interés sobre Sudáfrica. El primero, que “solamente un millón de sudafricanos y sudafricanas, de una población de 53 millones, compra libros” y el segundo, que “de los 88 2863948348_5a3e01c9a7_zmejores libros en el país, sólo uno, en el número 87, está escrito por un escritor negro, Khaya Dlanga“. A los cuales añado el tercero:  en Sudáfrica, sólo un 8’4% de la población, aproximadamente, ya que el dato oscila, es blanca.

¿Y quién es Khaya Dlanga?…

Proveniente del mundo de la publicidad, ha sido galardonado en varias ocasiones tanto por su trabajo en este campo como por el que ha venido realizando como blogger. Khaya Dlanga, también columnista y miembro de la plataforma Thought Leader, es una especie de celebridad en Sudáfrica, un hombre que posee una gran influencia gracias a las redes sociales (una clase de “guru” mediático) las cuales maneja con destreza, ya sea a través de facebook, twitter (casi 300.000 seguidores, entre los que se encuentran desde Binyavanga Wainaina hasta Gemma Parellada), instagram o de su ya cancelado blog, para opinar sobre una gran variedad de temas. Dotado de un gran sentido del humor, una de las frases más conocidas sobre él, afirma: “Si no te gustan sus opiniones… tiene otras”.

Como autor escribe best-sellers basados en su vida y en sus experiencias. El primero fue In My Arrogant Opinion (Pan MacMillan, 2012), una selección de escritos, en el que sin contar nada en particular, ni de una manera especial, hablaba sobre sexo, amor, dinero, racismo y política de manera divertida… lo que no impedía que tratara también de lograr una cierta influencia.

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Este mismo año se ha lanzado una nueva edición de su segundo y exitoso libro, To Quote Myself: A memoir (2015). Unas memorias escritas a la edad de 35 en donde comparte algunas lecciones que ha aprendido en la vida.

En esta ocasión el texto ha sido revisado y se ha cuidado la edición con una premiada portada de diseño. A raíz de esta publicación ha surgido la polémica a causa de un artículo escrito por el periodista Rod MacKenzie en el que criticaba el libro y preguntaba si quizás su publicación tenía que ver con el hecho de que su autor es negro y, por lo tanto, más comercial. En respuesta, Khaya ha afirmado que MacKenzie utiliza un racismo velado para llegar justo a la conclusión contraria a la realidad; precisamente por ser él un hombre negro, contando las experiencias de un hombre negro, es por lo que su libro no es nada comercial.

Será que Khaya Dlanga tiene en cuenta los datos que ahora todos conocemos.

 

Lidudumalingani, el transcriptor de imágenes

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El Caine de este año nos trae un nombre nuevo. A pesar de que Lidudumalingani Mqombothi lleva tiempo escribiendo en diversos medios digitales: revistas, como Africa is not a countryproyectos editoriales, Chimurenga Chronic; o periódicos como Mail&Guardian, apenas había entrado en la escritura de no ficción.

Con Memories We Lost, un relato corto publicado dentro de la antología: Incredible Journey: Stories That Move You (Burnet Media, Sudafrica, 2015), ha conseguido uno de los premios más importantes del continente en la actualidad: Caine Prize 2016. Galardón no  africano, que año tras año viene acompañado de polémicas, aunque en esta edición parece haber contentado a muchos.

Joven, tiene 30 años, sudafricano y con las ideas claras (dice no querer entrar en la industria literaria, solamente le interesa escribir y compartir), Mqombothi se aficionó al cine y a la fotografía antes de decidirse por la escritura. Se niega a traducir de manera literal su nombre (Lidudumalingani=”Truena pero no llueve”) porque sabe que al hacerlo pierde el sentido de todo lo que está detrás de él y no quiere traicionar sus propios orígenes.

Forjado en el mundo audiovisual no puede dejar de hacer alusión a las imágenes que acaban poblando su universo tanto como las palabras. Al igual que el colectivo Jalada o, como los otros escritores que se mencionan en Brittle PaperWana Udobang, Warsan Comarca y Akwaeke Emezi (sin olvidar a Teju Cole), también Lidudumalingani otorga una gran importancia a las fotografías haciendo de ellas un medio más de transmisión de pensamientos e historias.

A Lidudumalingani le gustaría ver una editorial independiente que se centrara en los jóvenes escritores sudafricanos negros y estuviera dispuesta a tomar riesgos, no tanto por apoyar a nuevos autores sino con la idea de reinventar las viejas ideas sobre la novela. Mientras lo anterior llega, comparte sus 6 libros favoritos, entre los que se encuentran: Chike and the River (Chinua Achebe), Black Sunlight (Dambudzo Marechera) o Bom Boy (Yewande Omotoso) para que vayamos viendo por dónde discurren sus referentes literarios.

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¿Otra vuelta de tuerca a la esquizofrenia?

Memories We Lost es una combinación de conversaciones con amigos, textos, imágenes, recuerdos… Y no se corresponde con un suceso determinado. Eso dice el escritor. Lo cierto es que este relato corto nos reafirma en una anterior convicción: en el conocimiento de la tierra de sus ancestros de Lidudumalingani y en el respeto que la tiene al esbozar esta historia sencilla y lírica a la vez, usando palabras que van descubriendo sin nombrar.

Sin nombrar la enfermedad mental, quiero decir, esquizofrenia.

En la novela finalista del “The Man Booker” del año pasado Los pescadores de Chigozie Obioma, un loco Mqombothi02llamado Abulu es presentado de manera ambigua, ¿puede ser un visionario?. El peso de la comunidad y su frontal rechazo hacia aquel ser al que la adjetivación que le rodea gira en torno siempre al grupo de palabras de la familia repugnante, logra a veces (y a pesar de lo que este personaje ha podido suponer en el desenlace de la trama) que le tengamos compasión. En el relato de Lidudumalingani la ambiguedad salta a un nivel más obvio: ¿es la protagonista y su hermana aquejada de una enfermedad mental-esquizofrenia-la misma persona?.

En Memories We Lost también aparece una comunidad tradicional que es quien califica las acciones de la joven como “enfermedad mental” y que además no es capaz de enfrentarla de manera efectiva (en este punto seguro que recordamos otras lecturas con argumentos semejantes, El enterrador compulsivo y otros cuentos (El Cobre, 2006), del nigeriano Biyi Bandele Thomas), por ejemplo.

El relato premiado resalta la nula efectividad de los métodos “tradicionales” (ya sea mediante oraciones o por la intermediación de un sagoma, curandero o adivino) con los que tratan de sanar a la joven, frente a la actitud de la hermana de la enferma, la más lúcida de todos ellos que solo piensa en protegerla. Con una prosa entretenida y sencilla, el sudafricano logra un impacto emocional a través de la visualización, en apenas cuatro folios, de lo que supone tener una enfermedad de este estilo en una comunidad tradicional africana. Pero también lo hermosa que puede llegar a ser una historia fraternal. A través de un cuento sin pretensiones, que se lee ágil y que parece un conglomerado de sus bellas e íntimas fotografías.

My short story was inspired by a combination of things. The first might have been mental illness, or at least the way in which villagers speak and deal with it. Then there were conversations with friends, texts and visuals that suddenly were on my radar, memories of extended family members who struggled with mental illness – many of them on and off and at varying degrees.[*]

Deconstruyendo a Hamlet desde un lugar de África occidental

Llego al relato del que os hablo más abajo después de andar trasteando y buscando información sobre el 400 aniversario de la muerte de Cervantes y de Shakespeare que se produce este mismo año (mientras estoy intentando, confieso, no mostrar mi confusión por celebrar los fallecimientos de dos genios literarios) y su relación con el continente africano. He hallado pocos datos, pero entre ellos encontré a Laura Bohannan y su divertido relato, “Shakespeare en la selva”. Deseché la idea de compartirlo a pesar de parecer un buen hallazgo dado el centenario, “de nuevo África y la antropología”, pensé, “además fue escrito en 1960”, y la olvidé. Pero no sé cómo la historia volvió a mi.

De acuerdo, voy a dejar fuera las licencias poéticas, sí lo sé… volvió debido a un texto de Coetzee.

Escribe y reflexiona este escritor, y mira que es coincidencia, en uno de los ensayos de Las manos de los maestros (libro que en este momento ando pensando) sobre la ociosidad sudafricana, partiendo de los hotentotes del Cabo de Buenaesperanza y 12514090_1194392633922460_5793808828373466269_o_1000las descripciones (no le echéis mucha imaginación) que expedicionarios, marineros etc… vertieron sobre ellos. Entre todas esas lindezas, sobre todo se les acusaba de perezosos. Así, la satisfacción del trabajo se presentaba como la única alternativa que podía devolver a aquellos salvajes al mundo civilizado. Ese peligro latente que podía inclinar la balanza de muchos hacia el lado de la ociosidad debía equilibrarse: no se entendió como un modo de vida y se combatió (también en Sudáfrica). Hoy la propensión a censurar a los hotentotes y su ociosidad no es tanta,  añade Coetzee,”Tenemos ya a nuestras espaldas un siglo de disciplina antropológica e histórica que nos hace pensárnoslo dos veces antes de desdeñar a la ligera las vidas de los pueblos extranjeros y de adoptar puntos de vista demasiado egocéntricos“.

El extraordinario (y breve) ensayo de Coetzee me ha llevado a recordar a Laura Bohannan, que desarrolló un trabajo de campo desde 1949 a 1953 junto a su marido, el también antropólogo Paul Bohannan entre los tiv de Nigeria. En “Shakespeare en la selva” nos narra con un tono ameno y divertido lo que ocurrió cuando tuvo la oportunidad y se dispuso a contar la historia de Hamlet a una tribu de África occidental, en concreto a un grupo de ancianos (hombres y mujeres) de la etnia Tiv. Lo que se deduce del relato (que si estáis interesado podéis encontrar con facilidad en internet) es que la universalidad de la obra de Shakespeare, lo mismo se puede decir de la de Cervantes, que siempre mencionamos al hablar de ellos, no es tal.

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Una de las primeras imágenes de los Tiv, de 1907

Bohannan partió de una actitud etnocéntrica. Creía que Hamlet era un personaje comprensible por cualquier persona en cualquier parte del mundo partiendo de la hipótesis de que la naturaleza humana es bastante similar en todas partes (universalización de las percepciones). Hasta que comenzó su relato y comprobó que los ancianos (además de los problemas derivados del lenguaje y la traducción) no reconocen algunos aspectos del mismo, se niegan a identificarlos, objetan y acaban reelaborando el texto desde sus propias categorías culturales. Afloran así las “diferencias morales y culturales que hacen imposible una recepción estandarizada por parte de los Tiv del relato de Hamlet al modo occidental“. Sin duda Hamlet es demasiado inglés y occidental.

Así, los Tiv en lugar de reconocer el heroísmo del dubitativo príncipe distinguen con admiración a Laertes, pues “hace falta un corazón muy fuerte para matar por brujería a la propia hermana” (1) y no entienden la idea de ver a un muerto (fantasma) y lo comparan con un presagio o niegan la existencia de los fantasmas, de que ellos puedan andar y tener sombras y lo tachan de brujería (llevan a su propia realidad la historia). Al ir narrando, una cada vez más desesperada Bohannan, fue siendo interrumpida e interpelada una y otra vez. Los ancianos se internaron en un mundo desconocido que narraba una extranjera al que intentaban dar luz desde sus propias categorías, creencias y vivencias.

La historia de Hamlet dejó de tener un único sentido para ser reinterpretado por unos ancianos que consideraban, al igual de Laura, que la suya era la correcta: “Envolviéndose en su raída toga, el anciano concluyó: alguna vez has de contarnos más historias de tu país. Nosotros, que somos ya ancianos, te instruiremos sobre su verdadero significado, de modo que cuando vuelvas a tu tierra tus mayores vean que no has estado sentada en medio de la selva, sino entre gente que sabe cosas y que te ha enseñado sabiduría”.

El choque entre  la versión de la antropologa y la que van creando los otros a raíz de su relato, es evidente. La vivencia de Laura nos va adentrando en una situación en la que los ancianos  la escuchan, aunque las frases del final pueden querer mostrar que la reelaboración ha podido tener mucho que ver con “querer llevar la historia a mi terreno”. Sea como sea, el resultado es otro relato muy diferente al que Bohannan tenía en mente, una combinación de lo que ella intenta narrar (mostrando la gran dificultad que existe cuando se intenta transmitir una historia propia a un grupo que no tiene nada que ver con nuestra cultura) y lo que van observando los Tiv. El producto de esta broma es la reescritura de la historia inicial, primero por Laura y luego por los ancianos. No encuentro que haya ningún final dialogado, tampoco un híbrido cultural. Presiento que lo que ha habido es el choque de dos visiones etnocéntricas que no quieren (¿entienden que deben?) moverse y el relato termina igual que comienza.

Llevamos mucho camino andado para desdeñar nada, como dice Coetzee. Ningún relato tiene nunca una única interpretación, ni ninguna visión es la única. Reinterpretamos una y otra vez, según nuestra cultura y nuestras experiencias. Que seamos capaces de tener en cuenta, tratar de entender, bucear en sus contradicciones y escuchar de manera atenta, es el reto. Entonces, quizás, hayamos aprendido algo.


1-Javiera Carmona Jiménez. Periodismo y Antropología: Ficción y Lealtad

Colaborar para impulsar

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El escritor Binyavanga Wainaina sufrió a finales del año pasado un derrame cerebral y se inició una campaña a través de la plataforma M-Changa para sufragar los elevados gastos que conllevaban su tratamiento (en la actualidad se encuentra en la India). Es un ejemplo de cooperación colaborativa o crowdfunding a través del cual muchas personas tratan de hacer realidad proyectos para los que carecen de financiación. El continente africano también se ha abierto a utilizar este marco para llevar a cabo proyectos creativos (películas, documentales, tecnología, música, diseño…) algunos en forma de libros.

A través de diversas plataformas [StartMe, FundFind y ThundaFund (Sudáfrica); Funda Solva, HelpFund y Imeela (Nigeria); M-Changa (Kenia), Akkabo (Uganda) o SlizeBiz (Ghana)] personas anónimas y no tan anónimas buscan llamar la atención sobre sus ideas y conseguir la tan ansiada financiación que las pueda llevar a cabo.

#LoveAfricanLiterature

Afrikult.com es una plataforma online que analiza, explora y celebra las letras africanas. Tres amigos que aman la literatura del continente se unieron para tratar de conectar con más personas a las que también les apasiona lo mismo. En la actualidad han terminado con éxito una campaña de crowdfunding para promover la diversidad de las tradiciones africanas y darlas a conocer a través de la celebración de una serie de eventos en los cuales las personas se conozcan, se relacionen e intercambien.

ThundaFund

Concebida como una idea que parte de África para los africanos, y localizada en Sudáfrica, aspiran a ampliar su influencia por toda África del Sur. Entre sus proyectos editoriales abundan los infantiles o dirigidos a este tipo de público, pero también se pueden encontrar desde uno para que una revista sudafricana multilingüe trimestral (Prufrock) que apoya la literatura local pase a ser bimensual, hasta otro para apoyar la publicación de la  tercera antología de  Short Story Day (relatos) bajo el título de Water, pasando por el que recopila 24 obras de teatro basadas en cuentos populares africanos enfocadas a un público adolescente.

Lanzanos

puerto-de-dakar-puerta-de-africa-occidental-pdfDaniel Castillo Hidalgo acudió a esta plataforma para obtener el dinero suficiente para poder publicar su libro, “un ensayo sobre África escrito en castellano“.

Puerto de Dakar , puerta de África Occidental. Una historia económica de Senegal (1857-1957) “analiza el proceso de transición económica de Senegal y su adaptación a las dinámicas de la globalización a través de las infraestructuras del transporte”.

Obtuvo los apoyos y el libro ha sido editado por Vereda Libros en formato de libro electrónico y pdf.

 Verkami

Por Verkami ha pasado también de manera exitosa la búsqueda de financiación de la revista 5W “una publicación de crónicas de larga distancia, centradas en el ámbito internacional y con una apuesta radical por la narración y la imagen. La edita el Colectivo 5W, fundado por Xavier Aldekoa, Mikel Ayestaran, Igor G. Barbero, Maribel Izcue, Agus Morales, Pablo R.verkami_30b74db86dceefdae6960e091181b6a5 Suanzes, Anna Surinyach y Quim Zudaire, con la colaboración de una red de periodistas y fotógrafos desplegados en varios puntos de África, América, Asia, Europa y Oriente Medio.”

Pero lo que más me ha llamado la atención es el alto número de publicaciones sobre / desde El Sahara que Verkami contiene.

Tiris, rutas literarias es el trabajo que podremos leer de Bahia M.H Awah ya que el escritor saharaui sí terminó con éxito su objetivo económico. Una auténtica ruta literaria siguiendo, según sus propias palabras, los pasos de leyendas aún vivas en esta mítica región del verso y la erudición saharaui.

En el camino se quedaron RASD El estado Saharaui, un libro de fotografías de Alfons Rodriguez o Aaiún 75, un libro de acuarelas y textos, no así Viajero en Tinduf  de Javier de Blas. Este último, un volumen en forma de cuaderno con apuntes de la vida cotidiana de la vida en el campamento, se publicará en castellano, inglés y árabe. Gracias a la cantidad con la que se ha respaldado el proyecto, se podrá pagar al traductor saharaui Abdalah. Además todos los beneficios irán a la Asociación de Amistad con el Pueblo Saharaui de Sevilla, AAPSS.

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