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Posts etiquetados ‘Sudáfrica’

En “Florescencia”, Kopano Matlwa nos presenta la Sudáfrica actual

La protagonista de Florescencia (Pain Period) describe desde el principio su regla o menstruación. La de Masechaba es demasiado abundante por lo que le realizan una ablación endometrial. Esta joven sudafricana quiere que, la que considera una bestia dentro de su cuerpo, salga fuera y para ello sueña con convertirse en médica, para de esta forma lograr que le practiquen una histerectomía (extirpación total o parcial del útero), pensamiento que cuando crece olvida por completo. No así el de ser médica.

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100 años: Nelson Mandela en los libros

Muchas son las veces que el gran líder sudafricano aparece citado en numerosas obras. Su influencia y su carisma aparecen de manera continua en múltiples libros. Pero también el intento por analizar su figura icónica, su alcance y sus límites desde otros prismas, así como su tránsito de ser considerado un terrorista a “uno de los nuestros”. “El mismo Mandela fue consciente de los peligros de su idealización cuando expresó que una de sus principales preocupaciones en prisión era la ‘falsa imagen’ que involuntariamente proyectaba al mundo exterior: «Ser considerado como un santo que nunca fui, incluso si se define a un santo como un pecador que sigue intentándolo»”, tal y como recoge Matías Zibeli en un artículo.

Es cierto, además, que a Mandela muchos le han convertido en un producto de marketing y que no deja de surgir la rapiña y el oportunismo alrededor de él (el año pasado, sin ir más lejos, Graça Machel, pidió que se retirara un libro “que consideraba un asalto a la confianza y dignidad de su marido”). Alguien podría, incluso, acusarme a mi, en cierto modo, de esto último al publicar este texto; hoy precisamente: 18 de julio, pero lo asumo. Para mi es un homenaje y lo cierto es que no he encontrado otro momento mejor para hacerlo. Espero que, a cambio, sirva para acercar, a través de alguno de estos libros, ante todo a un enorme ser humano que luchó incansable siempre fiel a sus valores. Un auténtico revolucionario. Un héroe moral.

Quizás una de las mejores maneras de acercarse a su figura se encuentra entre las páginas de su libro autobiográfico El largo camino hacia la libertad (Ediciones El País, /Aguilar, 1995) el cual se abre con su infancia y en el que el líder sudafricano recorre  las luchas que lo transformaron en el representante de los excluidos de Sudáfrica. Habla de sus compañeros, de la evolución de su pensamiento, pero también nos acerca sus facetas más desconocidas. Por su páginas asoma un Mandela coqueto;  “Mi padre era un hombre alto, de piel oscura  y porte erguido y majestuoso que me gusta pensar que he heredado”. Un Mandela enamorado; “No sé decir con seguridad si existe el amor a primera vista, pero sí sé que en el momento en que vi por primera vez a Winnie Nonzamo supe que quería casarme con ella”. Y un Mandela apasionado de la música africana; “La extraña belleza de la música africana radica en que es capaz de levantar el ánimo aunque cuente una historia triste. Se puede ser pobre, vivir en una inmunda choza y haber perdido el trabajo, pero la música le da a uno esperanza. La música africana trata, a menudo, de las aspiraciones del pueblo, y es capaz de avivar la resolución política de aquellos que, sin ella, podrían mostrarse indiferentes”.

Junto a este libro podemos encontrar otros también escritos de su puño y letra: Un ideal por el cual vivo (Txalaparta, 2005) en el cual se recogen “los mejores discursos y artículos de su carrera política”. Al igual que Conversaciones conmigo mismo (Planeta, 2010) una “recopilación de cartas, diarios y borradores”.

Han sido también muchos los que han querido escribir sobre este hombre excepcional. Destaca El factor humano de Jhon Carlin (Seix Barral, 2010) que fue llevada al cine bajo el título Invictus con el gran Morgan Freeman como Mandela y dirigida por Clint Eastwood. En 1995 Sudáfrica acogía por primera vez la Copa de Mundo de Rugby, la final se jugaba entre Nueva Zelanda y Sudáfrica, la victoria en el último momento del anfitrión hizo que blancos y negros celebraran la victoria entre abrazos. Mandela había hecho del rugby “el factor humano” que necesitaba para intentar la reconciliación y la unión.

En 2007 el colectivo Umlando Wezithombe junto con la Fundación Nelson Mandela publicó Nelson Mandela. El cómic autorizado (Escalera, 2012) basado en su autobiografía. El prólogo del cómic, en palabras de David Fernández de Arriba está “extraído de un discurso del propio Mandela en 2007, explica con gran acierto las bondades del cómic, que considera la mejor manera de atraer a un público joven al legado de su vida”.

En la recopilación de Mis cuentos africanos (Siruela, 2007) Mandela fue el que escogió, pero no escribió como algunos pueden llegar a pensar, los 32 relatos, originarios de varios países como Tanzania, Zimbabwe, Namibia o Kenia, entre otros, aunque predominan los del sur del continente, aproximadamente 14 de ellos provienen del país de origen del mandatario. En la introducción, las palabras de Mandela, quien siempre puso mucho énfasis en la importancia de la educación (y los cuentos además de diversión son un vehículo educacional individual y colectivo de grandes dimensiones), desean a todos los niños de África “que nunca pierdan la capacidad de ampliar sus horizontes del mundo con la magia de los relatos”.

juvenil

Las últimas novedades sobre Mandela en castellano

Entre los libros más recientes está Cartas desde la prisión (Malpaso, 2018) que recoge las 255 cartas que Mandela  escribió durante su cautiverio en Robben Island (donde fue el preso 466 64 durante dieciocho de sus veintisiete años de presidio) “a las autoridades penitenciarias, a sus compañeros de lucha, a familiares o amigos, a su mujer y a sus hijos. En ellas reclama derechos a funcionarios inclementes; insta a proseguir el combate; recuerda momentos felices; muestra cariño, dolor o añoranza; elogia y anima, consuela y aconseja… “

Nelson Mandela, un jugador de damas en Robben Island (San Pablo, 2018) está escrito por el periodista Javier Fariñas Martín. La obra, que cuenta con un prólogo de Xavier Aldekoa y un epílogo de Carolina Valdehíta, es un amplio recorrido biográfico de Nelson Mandela.

“La historia personal de Nelson Mandela –dice Javier Fariñas en la introducción– no deja de ser la historia colectiva de un pueblo que necesitó casi medio siglo para zafarse de una de las mayores inmoralidades, injusticias y desigualdades generadas por el hombre en los últimos siglos: un sistema que separaba, discriminada y acosaba o agasajaba a los individuos tan solo por el color de su piel. Los blancos a un lado. El resto a otro. Mandela (…) nunca hubiera podido estar solo ante un peligro institucionalizado irracional y sólidamente arraigado en Sudáfrica desde 1948. Mandela necesitó a todos los demás, a los personajes secundarios de esta gran película de su vida que hemos de leer, obligatoriamente, a través de la existencia de otros. (…). De ahí que cada capítulo lleve el título de alguien que ayudó a Mandela a ser como fue, a convertirse en un árbol más –aunque fuera uno de los más robustos– del bosque que era la Sudáfrica del apartheid”.

Por último, Nelson Mandela. El camino a la libertad (Anaya, 2018) de Antonio Lozano que presentó en marzo en Agüimes. Se trata de una biografía novelada que en principio está orientada a jóvenes a partir de 14 años sobre la que es ocioso recalcar que es una obra sin fronteras lectoras de ningún tipo. De hecho en palabras del propio escritor “está escrito para adultos”.

Se trata de un texto muy bien documentado, centrado sobre todo en su infancia, que llenará de sorpresas a aquellos que piensan que lo conocen todo sobre este hombre, y que parte de las preguntas que no le hizo a Mandela un biznieto suyo (es tradición conocer la historia familiar a través de las preguntas). Del que fue un hombreextraordinario, con sus claroscuros, Lozano destaca su “capacidad de liderazgo, pero sobre todo de reconciliación, de perdón”.

Nelson Mandela fue amigo de Chinua Achebe, a quien admiraba profundamente, y cuyos libros leyó en prisión, hasta el punto de que afirmó en una ocasión: “Es el escritor en cuya compañía cayeron las paredes de la cárcel”.

Sin duda, la lectura le ayudó a sobrellevar su estancia en la frialdad de su celda.De hecho, durante aquellos largos años recitó sin cesar éste que viene a continuación y que fue su poema favorito, aquel que le continuó dando fuerzas para no rendirse y mantenerse.

Invictus (desconozco la autoría de la traducción) fue escrito por William Ernest Henley en 1875.

Más allá de la noche que me cubre
negra como el abismo insondable,
doy gracias a los dioses que pudieran existir
por mi alma invicta.
En las azarosas garras de las circunstancias
nunca me he lamentado ni he pestañeado.
Sometido a los golpes del destino
mi cabeza está ensangrentada, pero erguida.
Más allá de este lugar de cólera y lágrimas
donde yace el Horror de la Sombra,
la amenaza de los años
me encuentra, y me encontrará, sin miedo.
No importa cuán estrecho sea el portal,
cuán cargada de castigos la sentencia,
soy el amo de mi destino:
soy el capitán de mi alma.

 

Desde Soweto llegan cantando

El 16 de junio de 1975, los escolares de Soweto salieron a la calle a manifestarse contra las nuevas políticas educativas impuestas por el Gobierno sudafricano. Ya estaban discriminados respecto a sus compañeros blancos al no poder llegar a las universidades y tener un sistema de enseñanza inferior en calidad y contenidos. Pero esta vez, se les imponía el afrikáner, al mismo nivel que inglés. Este idioma era el mayoritario entre la minoría blanca que controlaba la política y la economía del país. Los estudiantes negros se opusieron a él con el argumento de que aunque lo aprendiesen seguirían siendo igual de discriminados que sin él. Ellos querían estudiar en su lengua e inglés. Leer Más

En Sudáfrica triunfa la poesía experimental de Koleka Putuma

En 2015 el movimiento estudiantil sudafricano resurgió con fuerza. Tras la consigna #Rhodesmustfall, se aglutinaba la campaña para retirar una estatua de Cecil John Rhodes situada en la explanada de la prestigiosa Universidad de Ciudad del Cabo. Uniéndose a la protesta, una joven poetisa, Koleka Putuma, dedicaba a dicha campaña su poema Dear Allen. Este, que comenzaba como la famosa frase con la que inicia su Aullido el poeta norteamericano Allen Ginsberg, era muy crítico con la cuestión racial y lo compartió ante un público mayoritariamente blanco en Stellenbosch, lugar que se dice es el corazón de la cultura afrikáner. Leer Más

El talento descubierto de Thabiso Mahlape, editora de BlackBirdBooks

Publicado originalmente en África no es un país.  

La editora de BlackBirdBooks impulsa la primera editorial sudafricana con voces solo negras

En un mundo como el editorial sudafricano, dominado por hombres blancos, ha surgido una pionera, una bocanada de aire fresco, que lleva por nombre Thabiso Mahlape. Esta mujer joven de 32 años, nacida en Limpopo, con las ideas muy claras, un gran talento y una personalidad arrolladora, ha despertado la atención de la crítica por su trabajo y su criterio. Como muestra el hecho de contar en su haber con el premio Alan Paton 2013 que ganó la novela de Redi Tlhabi Endings & Beginnings que ella había editado. También que dos de los títulos que ha descubierto hayan llegado a estar en la lista de los seleccionados para el premio Etisalat 2016, el más importante del continente.

Y lo cierto es que acabó en este mundo por casualidad. Como le ocurre a muchas personas, al ir a matricularse en periodismo, su primera elección, se encontró que no había plaza para ella en la Universidad de Pretoria y tuvo que optar por estudiar edición. “Pero fue en la edición en donde encontré mi verdadero amor”, afirma convencida al contestar a un pequeño cuestionario que le hemos hecho llegar vía email.

Para leer el resto del artículo mapa-africa

La dureza de las calles según K. Sello Duiker

K. Sello Duiker. Fotografía: Ed. Baile del Sol

K. Sello Duiker. Fotografía: Ed. Baile del Sol

En 2004, el escritor Phaswane Mpe fallecía a la edad de treinta y cinco años, víctima del SIDAUn mes después, su amigo y también escritor, K. Sello Duiker, se suicidaba a la edad de treinta años. Ambos parecían haber cumplido a rajatabla la frase “vive rápido, muere joven y deja un bonito cadáver”. Ninguno de los dos eran estrellas de rock and roll, pero casi. Estaban llamados a ser los narradores de la nueva Sudáfrica: se les consideraba las más firmes promesas de la literatura post-apartheid sudafricana. Sus repentinas y tempranas desapariciones dejaron un gran vacío en un momento en el que el panorama literario de aquel país necesitaba voces negras, jóvenes y arriesgadas en sus planteamientos literarios que alumbraran un nuevo camino para estas letras.

Kabelo Sello Duiker cumplía las tres premisas anteriores y más. Nacido en Soweto, procedía de una familia acomodada y sus padres decidieron enviarle a un colegio privado de blancos, con el objeto de proporcionarle la mejor educación posible. En aquella institución solo otro niño negro asistía a aquellas clases con él. Duiker es un apellido afrikáans, parte del peaje que pagó su familia (en origen “Lesufi”) para ser aceptados en la Sudáfrica del apartheid. El futuro escritor, de naturaleza sensible, sintió de manera profunda las diferencias raciales. Éstas le dejaron íntimas cicatrices de por vida que, con posterioridad, volcó en su obra.

Debido al trabajo de su padre, en una compañía internacional, viajó mucho con su familia a Londres y a Francia, donde prosiguió sus estudios, pero donde, sobre todo, leyó sin mesura. Duiker afirmó que fue su madre, lectora compulsiva, la que le mostró la pasión por la lectura. Entre los escritores prefería a Bessie HeadDambudzo MarecheraZadie Smith, Ayi Kwei Armah y ante todos a Ben Okri.

En 1995, retornó a Sudáfrica, un año después de las primeras elecciones que consolidaron el fin del apartheid, y se matriculó en periodismo en la Universidad de Rhodes, creando con Phaswane Mpe el círculo de poesía “Seeds”. En 1998, viajó a Ciudad del Cabo, donde escribiría la primera de sus dos novelas, ésta que acaba de publicar en castellano la editorial Baile del Sol, “13 céntimos”, y con la que nació la nueva estrella de las letras sudafricanas.

Lejos de su acomodada vida, Duiker se perdió en Ciudad del Cabo, durmió en la calle, tomó drogas y experimentó con el sexo. Allí, durante tres semanas compartió su vida con los “niños de la calle”.Vivencias que después trasladó a la ficción. El escritor llegó a afirmar que fue en esta ciudad donde encontró su voz. En apenas dos meses había escrito “13 céntimos” (un capítulo de este libro también se puede leer en la antología Los deseos afines de la editorial Dos Bigotes). Duiker había encontrado un nuevo punto de vista para narrar a su sociedad: indagando en su sexualidad.

8f835efa-6e47-436f-a64e-d1b53ecfb02dimg400Tras la desgarradora y cruda narrativa autobiográfica del marroquí Mohamed Chukri, en El pan a secas (ed. Cabaret Voltaire, 2012), el sudafricano vuelve a sumergirnos en las vidas de aquellos que por diversos motivos se ven obligados a vivir en las calles. El niño se llama Azure, un extraño nombre que le puso su madre debido al color de sus ojos azules (y que evoca al “Azaro” de La carretera hambrienta de Ben Okri, novela con la que los críticos le han encontrado influencias). Tener los ojos de ese color y la piel oscura le ha procurado no pasar nunca desapercibido, sobre todo a las penetrantes miradas adultas. Con casi trece años, Azure vive solo en las calles de Sea Point.

Arrojado a una vida de pura supervivencia, el niño se prostituye procurando sexo a cualquiera de los hombres (blancos o negros) que le den a cambio dinero suficiente para poder seguir viviendo, pero también a aquellos que le obligan a hacerlo por probar su superioridad. Escenas explícitas de sexo recorren muchas de las páginas del libro. Además, la sordidez y la penuria extrema se visitan de la mano de un Azure que huye de crearse cualquier lazo afectivo con otros niños de la calle ante la posibilidad, ya vivida, de que estos desaparezcan de un día para otro y le dejen más solo aún. Mientras se cuestiona sobre su propia sexualidad.

Ciudad del Cabo muestra otra cara. La de unas calles en las que la violencia forma parte de la rutina diaria. Las mafias controlan cualquier movimiento, mientras la policía hace la vista gorda por estar de igual manera corrupta, y obligan a los más débiles a aceptar sus normas si no quieren ser expuestos a una paliza brutal o a algo peor. No hay tregua en la vida de este niño, los criminales le conminan a hacerse fuerte, mientras le cuentan historias para hacerle creer que su madre en realidad no le quería, y le cambian el nombre en un intento por despojarle de cualquier rasgo identitario.

La situación de indefensión de Azure le lleva a ser explotado por todos de una u otra manera: sexual (tanto por personas del colectivo homosexual, como por hombres que llevan dobles vidas) y económica (personas en quien confía le roban y personas en las que tiene que confiar le engañan a cambio de protección). Mientras compartimos su tránsito a la vida adulta (trece años significa eso), asfixia caminar junto al niño y no ver ninguna salida, ningún rasgo de humanidad hacia él. “Me duelen los pies. He andado demasiado. Me duelen los ojos. Han visto demasiado. Y no acaban nunca. Sigue y sigue“, llegará a afirmar el niño que como el Azaro de Ben Okri también roza lo extraordinario y lo fantástico, alternando los momentos más duros y difíciles de leer con otros en los que se pierde la noción de realidad y ficción. En el último tramo de la novela, parece como si el protagonista derivase hacia la locura dentro de un mundo en el que cualquier rasgo de humanidad ha desparecido, en un complicado y a veces no muy logrado encaje entre el mundo real y el sobrenatural. Azure huye a las montañas, en un intento por liberarse de las pesadas cadenas que la civilización urbana le ha colocado.

Sello Duiker quería mostrar otras realidades.

Su segunda novela, más ambiciosa, The Quiet Violence of Dreams fue descrita por “The Guardian” como 51vqoiqwyl-_sx296_bo1204203200_“una mirada fascinante a la cultura juvenil y a la manera en la que los jóvenes sudafricanos, blancos y negros, tratan de crear una identidad mezcla de sus raíces africanas con una cultura más global”. Él no ocultaba su malestar ante la actidud de sus compatriotas que tenían una visión exclusivista sobre lo que debía entenderse como cultura. Además, en los últimos tiempos Duiker, a pesar de trabajar como editor y de su reconocimiento como escritor, parecía insatisfecho. Se dice que se sentía atrapado por su estilo de vida; la mercantilización y el consumismo son temas comunes en su obra, al igual que la búsqueda de la identidad.

El 19 de enero de 2005, sumido en una profunda depresión, se habla de trastorno bipolar, puso fin a su vida. Días antes había expresado a sus más cercanos que sentía cómo la medicación que tenía que tomar era un peaje a pagar demasiado grande, tanto para su creatividad artística como para mantener su alegría de vivir. Así, desaparecía una de las voces más rompedoras del país sudafricano.

Ficha:

  • Título original:  Thirteen Cents (2000)
  • Idioma: Original: Inglés
  • Traducción al castellanoEditorial Baile del Sol (2016)
  • Traductora: Alicia Moreno Delgado
  • Páginas: 148

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Ellen Kuzwayo, llamadme mujer

Hector Pieterson | by Robert Cutts (pandrcutts)

Hector Pieterson | by Robert Cutts (pandrcutts)

Hace cuarenta años, el 16 de junio de 1976, Ellen Kuzwayo estaba en Soweto. Los disturbios que convirtieron dicha fecha en día de luto nacional, habían comenzado porque los estudiantes se habían plantado ante la imposición de utilizar el afrikáans, en lugar del inglés, como lengua de enseñanza para la mayoría de las materias escolares. Ellos y ellas al ignorar aquella lengua, de repente se encontraron perdiendo el tiempo en la escuela y las clases se convirtieron en fuente de aburrimiento y frustración. Sus solicitudes cayeron en saco roto y salieron a la calle donde se toparon con la policía armada. Entre el fuego, los automóviles volcados y el desconcierto, una bala mató a un niño de diez años, Hector Petersen, cuya imagen se ha vuelto con el tiempo icónica. Pero no fue el único, muchos más niños y niñas murieron, fueron torturados o simplemente desaparecieron sin que se volviera a saber sobre su paradero.

El 16 de junio de 1976 multitud de madres perdieron su trabajo al tratar de encontrar a sus hijos y se quedaron en silencio para siempre, sin saber si su hijo o su hija había muerto, estaba en la cárcel o había abandonado el país. Ellen Kuzwayo tenía entonces 62 años. Había recorrido un largo camino hasta Soweto, el lugar plagado de pequeñas casitas “como cajas de fósforos” en el que viviría hasta su muerte. Hay quien decía que aquel lugar era un gueto, pero para ella fue su hogar. Sus convicciones morales frente al delito, como resalta Nadine Gordimer en el prólogo de su autobiografía, Llamadme mujer (Las femineras, 1985), se tambalearon frente a las precarias condiciones de vida de aquel suburbio en el que todo faltaba hasta el punto de hacerla confesar: “Me horroriza comprobar que mi actitud… ha ido cambiando con los años. Ahora cuando leo en la prensa la noticia del robo de varios miles de rands por personas negras… a menudo manifiesto el deseo de que no les atrapen”.

author_ellen_kuzwayoNacida en una familia privilegiada, conoció una infancia plácida en un ámbito rural en el que todavía se respetaba la titularidad de la tierra. Pero aquello cambió, y fue testigo del paso que supuso para muchas mujeres la emigración a la ciudad: donde tuvieron que cambiar sus labores al frente del campo por la venta clandestina de cerveza o el servicio doméstico.

Pronto comenzó a asistir junto a su padre a las conferencias del Congreso Nacional Africano. Junto a Mandela, Sisilu y Tambo fundó la “Liga Juvenil del CNA” del que fue su secretaria. También ejerció como maestra hasta que abandonó este trabajo defraudada mientras iba tomando más conciencia social de su entorno más inmediato lo que la llevó en 1952 a estudiar Trabajo Social. Los acontecimientos de Soweto la llevaron a un compromiso político más fuerte con su comunidad y un año después fue detenida y encarcelada durante cinco meses en la aplicación de la Ley contra el Terrorismo. Su vida personal se vio marcada por su primer matrimonio (con Moloto con quien tuvo dos hijos) que la someterá a violencia psíquica y física y cuyo divorcio le supondrá el dejar de ver a sus hijos. Con Mandela ocupó un cargo en el Parlamento sudafricano.

Fue la primera mujer en ganar el premio del Congreso Nacional Africano por esta obra escrita en 1983, en la que narra parte de su vida. Su voz esperanzada siempre quiso reconocer el de tantas mujeres negras que “se habían enfrentado a opresivas barreras sociales, culturales, económicas, políticas y educacionales” y que ellaimg039 ponía siempre como ejemplo de la fuerza que llevaría a su país hacia delante por eso su Llamadme mujer está plagada de ellas. De aquellas que fueron tildadas de inútiles, poco inteligentes y “menores” y se sobrepusieron a las extraordinarias adversidades con un espíritu de superación. Como en 1913 (antes del apartheid), hace recordar Ellen, cuando la ley que imponía el pase de las personas negras se aplicaba a hombres y mujeres por igual. Pero las mujeres de diversos distritos sudafricanos se opusieron lo que les supuso la cárcel en condiciones tremendas, incluso el acabar con lesiones crónicas. “Como recompensa lograron postergar durante unos cuarenta años la obligatoriedad de los pases para las mujeres. Y cuando finalmente se impuso, en 1955-1956, se hizo de un modo muy sigiloso”.

Las mujeres sudáfricanas jamás nos rendiremos ni aceptaremos la derrota, dejó escrito en este libro. Ellen Kuzwayo falleció en 2006. Tenía 91 años y el mismo espíritu que todas aquellas mujeres que la poblaban.

¿Sabes quién es el escritor negro más leído en Sudáfrica?

Hace tiempo que tengo ganas de hablar de realidades africanas. Quiero decir que llevo tiempo queriendo iniciar algo. Una cara nueva del prisma que permita conocer lo que en estos momentos se está leyendo en el continente, cuáles son los libros más vendidos y los autores más reconocidos y apreciados por los lectores.

Un artículo de Sebastián Ruiz publicado en la revista Wiriko ha logrado que encuentre la manera de comenzar.

El periodista arroja dos datos de interés sobre Sudáfrica. El primero, que “solamente un millón de sudafricanos y sudafricanas, de una población de 53 millones, compra libros” y el segundo, que “de los 88 2863948348_5a3e01c9a7_zmejores libros en el país, sólo uno, en el número 87, está escrito por un escritor negro, Khaya Dlanga“. A los cuales añado el tercero:  en Sudáfrica, sólo un 8’4% de la población, aproximadamente, ya que el dato oscila, es blanca.

¿Y quién es Khaya Dlanga?…

Proveniente del mundo de la publicidad, ha sido galardonado en varias ocasiones tanto por su trabajo en este campo como por el que ha venido realizando como blogger. Khaya Dlanga, también columnista y miembro de la plataforma Thought Leader, es una especie de celebridad en Sudáfrica, un hombre que posee una gran influencia gracias a las redes sociales (una clase de “guru” mediático) las cuales maneja con destreza, ya sea a través de facebook, twitter (casi 300.000 seguidores, entre los que se encuentran desde Binyavanga Wainaina hasta Gemma Parellada), instagram o de su ya cancelado blog, para opinar sobre una gran variedad de temas. Dotado de un gran sentido del humor, una de las frases más conocidas sobre él, afirma: “Si no te gustan sus opiniones… tiene otras”.

Como autor escribe best-sellers basados en su vida y en sus experiencias. El primero fue In My Arrogant Opinion (Pan MacMillan, 2012), una selección de escritos, en el que sin contar nada en particular, ni de una manera especial, hablaba sobre sexo, amor, dinero, racismo y política de manera divertida… lo que no impedía que tratara también de lograr una cierta influencia.

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Este mismo año se ha lanzado una nueva edición de su segundo y exitoso libro, To Quote Myself: A memoir (2015). Unas memorias escritas a la edad de 35 en donde comparte algunas lecciones que ha aprendido en la vida.

En esta ocasión el texto ha sido revisado y se ha cuidado la edición con una premiada portada de diseño. A raíz de esta publicación ha surgido la polémica a causa de un artículo escrito por el periodista Rod MacKenzie en el que criticaba el libro y preguntaba si quizás su publicación tenía que ver con el hecho de que su autor es negro y, por lo tanto, más comercial. En respuesta, Khaya ha afirmado que MacKenzie utiliza un racismo velado para llegar justo a la conclusión contraria a la realidad; precisamente por ser él un hombre negro, contando las experiencias de un hombre negro, es por lo que su libro no es nada comercial.

Será que Khaya Dlanga tiene en cuenta los datos que ahora todos conocemos.

 

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