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Posts etiquetados ‘Sudán del Sur’

Contra la prohibición: libros para abrir mundos y no para cerrarlos

Lynx Qualey, autora del magnífico blog Arabic Literature (in English), lanzó a finales de enero una serie de propuestas desde la literatura contra la prohibición de Donald Trump “a la entrada durante 30 días de ciudadanos de Sudán, Irán, Irak, Libia, Siria, Yemen y Somalia, y la suspensión de nuevos visados de asilo político para personas de cualquiera de estos países durante 4 meses”.  A pesar de que los jueces parece que han logrado parar el veto, hay muchas razones para la inquietud.

De los países en cuestión, cuatro están situados en el continente africano: Sudán y Sudán del Sur, Libia y Somalia. Desde LitERaFRicAs proponemos la lectura de escritores de estos lugares, descubrir sus obras y también sus esfuerzos y proyectos para que los libros estén al alcance de todos.

Los escritores de estos países soportan y han soportado todo tipo de prohibiciones y persecuciones, pero aún así no se rinden y siguen adelante, escribiendo. Sin ir más lejos, tenía pendiente de publicar otro post sobre lo acaecido en fechas recientes en Libia, que a continuación comparto:

“Los libros se leen, no se confiscan”

El último fin de semana de enero, las fuerzas de seguridad libias publicaron un vídeo, en su página de Facebook, en el que se veía cómo incautaban un camión con docenas de libros que provenían de Egipto y hacían la ruta Tobruk-Bengasi. En el vídeo, un funcionario de seguridad y los líderes religiosos de la ciudad de Marj, bajo control del ejército libio, denunciaron una “invasión cultural”, alegando que los libros contenían información sobre chiísmo, cristianismo y hechicería, así como material erótico contrario al Islam sunita.

Tras el suceso más de 100 escritores e intelectuales libios, entre los que se encontraban Azza Maghur Idriss Al Tayeb y Radhuan Bushwisha, denunciaron la situación calificándola de “terrorismo cultural” y afirmaron que:” es un intento de amordazar las voces y confiscar la libertad de opinión y de pensamiento.” En el mismo sentido, el sindicato de escritores de Libia añadió que la confiscación atentaba contra la supresión de la libertad de pensamiento y era una señal peligrosa.

Leer es un ejercicio muy sano. Abre, nunca cierra. Os invito a que indaguéis en estas literaturas. El espacio que tienen en el blog no se corresponde con el tamaño de lo que representan, pero son un intento sincero por acercar un poco si cabe estas historias. Os hago una pequeña guía para que podáis acceder a su contenido de manera más rápida:

En fechas recientes, se han publicado los siguientes libros:

LIBIA

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SUDÁN y SUDÁN DEL SUR

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SOMALIA

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Un holocausto y medio cada año: Martín Caparrós nos desnuda El Hambre

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Land grab es la palabra para designar el “acaparamiento de tierras”, una manera de nombrar un robo que es una condena a muerte para mucha gente. En nuestro moderno vocabulario contemporáneo las letras se juntan para disfrazar maneras de exterminar o, quizás, para hacer más digerible lo innombrable. O también para no acabar de nombrar nunca a las cosas por su nombre. Land grab es una de las causas por las que mucha gente alrededor del planeta pasan hambre. “Hambre” otra palabra que se volvió imposible de tanto usarla:“ El hambre en el mundo es una frase hecha, un lugar común”.

Todo lo que leáis a continuación es el resultado de una lectura extenuante y exprimidora como es El Hambre (Anagrama, 2014) de Martín Caparrós sobre un tema tan difícil, tan esquivo, tan directo y tan brutal (tan asqueroso, en suma). Se trata de uno de esos libros que una va escuchando que están en camino, que una va leyendo en adelantos, luego en entrevistas, sobre cómo surgió, por qué, que una va tentando desde lejos hasta que llega el día en el que no se aplaza más su lectura. Hasta que llega el día en el que una deja de preguntar, como coartada, ¿para qué leer un libro sobre un tema como el “Hambre”? (cuando en realidad lo que una no quiere es verse metida en ese barro). Para confirmar que cuando lo acabas, éste te taladra y te deja demolida (por razones obvias) pero sobre todo te deja interrogada.

En Daca, Bihar, Bentiu, José León Suárez, aquí mismo, me parece que todo lo que puedo contar son obviedades: lo que abunda, lo corriente, lo evidente. Y después vuelvo al mundo donde vivo y caigo otra vez en la distancia: lo fácil es vivir ahí ignorando -todo esto-y lo bien que nos sale (pág.587)

El libro se inicia en Níger con la historia de Aisha, la joven que si pudiera pedir lo que quisiera pediría dos vacas para no volver a pasar hambre. A priori, Níger “se supone que es el ejemplo más claro del hambre estructural, un lugar muy árido donde es difícil cultivar”. Sin embargo, es el segundo productor de uranio del mundo (pero los que lo explotan son una empresa francesa y una china) y el 40% de su presupuesto estatal viene de ayudas y cooperaciones del Primer Mundo. Es una de esas verdades que se nos escamotean (que no queremos mirar), para que sigamos pensando que en Níger la gente pasa hambre porque hay pobreza, cuando “la causa principal del hambre en el mundo es la riqueza: el hecho de que unos pocos se queden con lo que muchos necesitan, incluida la comida” (pág.274).

Después de Aisha vendrá un torbellino de desigualdad en forma de datos, países, personas, historias, hasta completar un ensayo que Caparrós tardó cinco años en escribir y que se desparrama en más de 600 páginas en las que el componente autobiográfico es muy fuerte y en el que va desnudando nuestras imágenes y estereotipos sobre el hambre (y nuestras inacciones).

Pero, ¿qué es el hambre?. En un momento del libro una mujer dice que lo que ella soporta no es hambre. Tenemos asociada la palabra a las grandes desgracias, a las hambrunas que dejan sin aliento. Pero, a su lado, se encuentra la menos visible “malnutrición estructural”, la “normalidad de tantos”, de muchísimas personas que no comen a diario, provocándoles enfermedades o directamente la muerte, de tantos seres que su única lucha diaria es la de llevarse algo a la boca. Esa hambre silenciosa, que se escenifica tan mal, de la que nos habla Martín Caparrós en este libro, o esa hambre escondida sobre la que escribe Lola Hierro en este artículo.

A las madres de Sudán del Sur, a las de la India o a las de Argentina, les da vergüenza que alguien mencione siquiera la posibilidad de que su hijo esté en el límite porque no come lo suficiente. Se sienten malas madres y sufren el doble, por su hija moribunda y por su suerte de madre y mujer. El hambre tiene su rostro: “el 60% de los hambrientos del mundo son mujeres”.

Caparrós ha sentido la necesidad de escribir el libro, “porque no me soporto si no hago” y por sus páginas, en la convicción de que la solución es política“, no esquiva la actuación de las ONG, de las religiones y de las creencias, del ecologismo, de los gobiernos y sus políticas. Pero, sobre todo, carga contra nuestra fracasada civilización, en un planeta capaz de producir comida más que suficiente para alimentar a todos sus habitantes, ignoramos al “Otro Mundo”, son deshecho, nada.

“Siempre lo tentamos todo al futuro”, escribe Manuel Caparrós. Pero, en este caso, “El futuro es el lujo de los que se alimentan”.

Ficha:

  • Título original:  El Hambre (2014)
  • Idioma: Original: Castellano
  • Editorial: Anagrama. Colección Argumentos (2014)
  • Nº páginas: 632
  • Puedes leer un capítulo, aquí
  • En la Revista Altaïr Magazine, Martín Caparrós desglosa algunos capítulos del libro con fotografías, aquí

En el Cuerno de África también se escribe (VI): Sudán y Sudán del Sur

Muy poco se conoce sobre la cultura y la literatura de estos dos países, pobladas las portadas siempre de la trágica situación que se vive en la actualidad. Sudán y Sudán del Sur, tras su independencia en 2011 y ahora por la dramática crisis humanitaria que padece, aparecen como ese trozo olvidado al que volvemos una y otra vez en una infernal rueda. Pero allí también surgen personas que empuñan sus letras para transmitir lo que viven, lo que sienten y lo que esperan. Empeñadas en darnos a conocer, incluso a menudo en contra de todo tipo de cortapisas, cómo son y qué les importa.

Más allá de la riqueza diversa tanto lingüística como étnica (con más de 200 lenguas y dialectos dentro de sus fronteras y con alrededor de 700 grupos étnicos), de su historia y de su arte, lo que se identifica con ambos países son imágenes que se pegan como clichés amenazando con no dejarles respirar.

Pero lo hacen.

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Obra de Iman Shaggag. “Identity” (Sudan)

En 1955, Fatima Ahmed Ibrahimse convirtió en la jefa de redacción de la revista “Sawat al-Maraa”(La voz de la mujer). Esta mujer activista, arrestada varias veces, y primera en ser parlamentaria en su país, publicó también el periódico “Elra’edda” centrado en los derechos de la mujer. Pero quizás sea Época de migración al norte (1967), escrita en árabe, la obra más conocida cuando se habla de Sudán (antes de su división).

En ella Tayyib El Salih con la intención de escribir una novela sobre un asesinato, ahonda en la tensión que vive el que se ve fuera de su país y debe optar entre las dos orillas de Oriente y Occidente. A la vez, la novela es un regalo por la descripción sensorial que nos tramite el autor de la vida sudanesa. Abundan las descripciones de escenas cotidianas y del río Nilo, con sus laboriosos agricultores dedicados a la cosecha. Descubrimos a los árabes hablando relajadamente de sexo y bebiendo alcohol.

Más cercanos en el tiempo están los escritores Leila Aboulela, Amir Tagelsir, Tarek Eltayeb, Francis Mading Deng o Jamal Mahjoub.

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Leila Aboulela

Leila Aboulela, comenzó su trayectoria literaria en 1999 con La traductora, (¿Es posible que una mujer musulmana sea al mismo tiempo moderna y creyente?) alabada por Ben Okri y J.M. Coetzee, a la que siguieron Minaret, y Lyrics Alley.

Este mismo año ha presentado su cuarta novela: The Kindness of Enemies en donde de nuevo el tema central es una crisis de identidad desarrollada de manera sorprendente en un viaje espiritual entre la Escocia de hoy (donde reside la escritora), los recuerdos del Sudán de su infancia y la historia del “león de Daguestán”, un guerrero que luchó para preservar a su tierra, sus gentes y tradiciones de las fuerzas invasoras de la Rusia zarista.

Junto a ella destaca Hammour Ziada, primer escritor sudanés en conseguir la medalla del premio Naguib Mahfouz en 2014 por la misma novela por la que fue  preseleccionado para el “International Prize for Arabic Fiction (IPAF): The Longing of the Dervish, que cuenta la historia de dos amantes, un esclavo sudanés y una mujer griega, durante la Revolución mahdista y la caída de Jartum en 1884. Y también, Abdel Aziz Baraka Sakin, cuyos libros están entre los más leídos en su país, a pesar de estar prohibidos (presuntamente por su alto contenido sexual), y la escritora Lemya Shammat.

 Amir Tagelsir quien lleva tras sus espaldas 16 libros, entre los que destaca The Grub Hunter (2010) con la que fue finalista del “IPAF” y que ha sido traducida al inglés y al italiano, y 366 (2014) que es la carta de amor de un hombre a una mujer que ni siquiera sabe que existe. Y Tarek Eltayeb, quien como Aboulela nació en El Cairo, escribe en árabe y ha visto su obra traducida a varios idiomas. Su novela Cities Without Palms es el reflejo de una diáspora sudanesa que huye de la hambruna y la pobreza, a través del viaje de Hamza que le llevará desde Egipto a Europa.

Ibrahim El Salahi

Obra de Ibrahim El Sahali (Sudán) “Vision of the Tomb” (1965)

El exilio vuelve a ser tema central en la obra de Jamal Mahjoub, cuya vida es un cruce constante de culturas. Nacido en Londres, regresó con su familia a Jartum y ha vivido en varias ciudades europeas del norte hasta fijar su actual residencia en Barcelona. El naúfrago de Árgel (1998) y, sobre todo, Viajando con djinns (2002) son el reflejo de esa búsqueda constante de un lugar. Yasin, el protagonista de esta última, vive con dos pasaportes y se relaciona en varios idiomas :”A veces envidio a todas esas personas que saben con certeza a qué lugar pertenecen; a los escritores a quienes les han sido concedidos un idioma y una historia sin trampas ni anzuelosen una Europa en la que dinamitadas todas las fronteras, sin referencias de ningún tipo, algunos tienen la sensación de pertenencia a varios países, sintiéndose parte de una gran familiasensación que el escritor resume en la frase de su relato “Lejos de casa” (dentro de la antología Hijos del balón): “A medida que el mundo se hace permeable, que las fronteras se disuelven, que los muros caen, entramos en contacto directo con nuestra humanidad colectiva.”

650_AL67191.jpg el naufrago

Francis Deng Mading, de origen Dinka, es el actual embajador de Sudán del Sur ante la ONU con una larga carrera literaria en forma de más de 40 libros de historia, antropología, folklore o política, y un convencido de la necesidad de unidad en su país, idea que plasmó en su olvidada novela Cry of the Owl que fue una de las primeras en explorar el conflicto de identidades entre norte y sur. Es el suyo uno de los nombres más conocidos de este nuevo país junto con el de Majok Tulba quien es posiblemente el escritor sursudanés con más proyección internacional, a pesar de que es todavía un autor novel, aunque su primera novela Beneath the Darkening Sky incide en un tema-cliché (en su novela reflexiona lo que habría sido de su vida si hubiera sido reclutado como niño-soldado, destino del que se salvó por los pelos).

En el interesante proyecto de Bhakti Shringarpure, Warscapes, que pone de relieve, a través de textos y fragmentos de libros, la literatura de estos dos países encontramos otros dos nombres, dos médicos que escriben relatos de suspense y humor: Edward Eremugo Luka y David  L. Lukudu, de los que podéis leer online: Casualty y Seiko Five [en] y que podéis encontrar junto con los de otros seis escritores en la antología South Sudan: There is a Country.

Ya dentro de la narrativa de no-ficción sursudanesa hay dos títulos que nos han llegado en los últimos años que hablan de la situación de continuo conflicto que sufre la zona pero desde una visión de superación y ganas de futuro. Una de ellas es They Poured Fire on Us From the Sky (2006) de Benson Deng, Alephonsion Deng y Benjamin Ajak. Y la otra es la obra autobiográfica de Aher Arop Bol quien describe en En el infierno anida la ternura (El nun perdut [cat]su propia vida desde que con ocho años huyó de un campo de refugiados y tuvo que recorrer 8 países hasta llegar a Pretoria (Sudáfrica). Una obra que nos habla de resilencia, del empeño de un joven en estudiar y ser abogado a pesar de todos los inconvenientes, y también de la propia generosidad de los africanos que le ayudaron en todo momento, compartiendo con él lo poco que tenían (de ahí el título del libro). La revista “Drum” la ha calificado como una “extraordinaria historia de dolor, desesperación y, sobre todo, de supervivencia contra todo pronóstico”.

Todo en Sudán es una historia que contar. Todo lo que vemos y todo lo que hacemos es una mezcla de fantasía y realidad”, afirmaba sintetizando el escritor Hammour Ziada en una entrevista, a la vez que añadía, “Como cualquier sudanés, somos narradores naturales desde la infancia cuando por las noches esperamos expectantes oír las historias que nos cuentan nuestras abuelas”. Mientras, personas como Awak Bior abren librerías en Juba (Sudán del Sur). “Leaves” contiene libros que no hablan solo de religión, pero además organiza debates  y presentaciones. Fundar una librería en un lugar como ése puede parecer para muchos un riegos muy alto, pero para ella, fiel convencida de la importancia de los libros, era una necesidad.

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El equipo de la Librería “Leaves” (Juba) con su fundadora

 

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