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Posts etiquetados ‘Tanzania’

Maasai (Maa), la lengua de los que no quieren pedir

Los Maasái son una tribu de África oriental, convertida casi en un símbolo de Kenia y en un estereotipo. En Nairobi, se les puede ver a las puertas de algunos comercios, actuando como reclamo.

Su imagen con vestimenta roja, manteniéndose en equilibrio sobre una pierna y sosteniendo una larga lanza con la mirada perdida a lo lejos, nos hipnotiza. Lo cierto es que, como casi siempre, nuestro conocimiento se queda ahí, sin indagar más en una cultura tan compleja y rica como es la cultura Maasái, originaria del sur de Sudán, que se ha visto cada vez más forzada a sedentarizarse.

Foto: Aprendiendo el alfabeto maasai http://jpbutler.com/

El idioma maasai (Masai, Maa o Lumbwa) es utilizado por cerca de un millón de personas en el sur de Kenia y norte de Tanzania, pero no es lengua oficial en ningún país. Deriva de la familia nilo-sahariana. Además de ser la lengua del pueblo Maasái ha sido adoptado por otros pueblos vecinos como el pueblo Elmolo. Aunque el swahili es utilizado en los dos países como lengua franca entre las diferentes etnias, el maasai es también utilizado por algunos pueblos minoritarios vecinos a los maasai. Se hablan cuatro dialectos principales  Engutuk-Eloikob, Arusa (Arusha, Il-Arusha), Baraguyu y Kisonko.

Esta lengua está estrechamente relacionada con las otras lenguas maa (el samburu -o sampur- hablado en Kenia central, el chamus, hablado al sur y sureste del lago Baringo y el parakuyu de Tanzania). Los maasái, los samburu, los il-chamus y los parakuyu están históricamente relacionados y todos denominan a su lengua como ɔl maa (aunque existen diferencias entre sus lengua).

Maasái significa en la lengua Maa “no quiero pedir”.

La primera persona en registrar el idioma Maasai fue el misionero Johann Ludwig Kraft (1810 -1881). Bajo el título Vocabulary of the Engutuk Eloikob y usando el alfabeto romano con sus vocales y consonantes.

El pueblo maasái-tiene una rica tradición de literatura oral que incluye mitos, leyendas, cuentos populares, adivinanzas y refranes. Estos se transmiten de generación en generación.

En los últimos años, se han editado algunos materiales educativos en maasai producidos en Kenia en las últimas décadas.

“Fancing de lion” de Joseph Lemasolai Lekuton, la podrás leer si sabes inglés

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Joseph Lemasolai Lekuton nació en el clan de la etnia Ariaal maasái en el norte de Kenia a principios de 1970. Se crió en un pueblo de nómadas, y fue el único niño de su  familia en ir a la escuela. En 1989 recibió una beca para estudiar en los EE.UU. Allí estudió en la Universidad de St. Lawrence en Nueva York y en Harvard.

En su biografía, Facing the lion (2003), describió el mundo de los maasai. Para los maasai cazar un león es un acontecimiento muy importante.

“Mirando hacia atrás sin romanticismo o autocompasión, recuerda cómo fue su pasado: la alegría y la emoción, el hambre y el movimiento constante, y las tradiciones, incluyendo la ceremonia de la circuncisión” (©Hazel Rochman). En 2001, fue galardonado con el Premio Gran Guerrero. En 2006, Lemasolai regresó a su Kenia natal e inició una carrera política.

Fuentes:

Paraíso-Abdulrazak Gurnah

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Si pensamos en Zanzíbar es casi seguro que opinemos que la palabra “paraíso” le sienta como un guante a este impresionante pedazo de tierra situado en el océano Índico. Esta isla, que en la actualidad es región semi-autónoma de Tanzania es conocida por su extraordinaria belleza. Sin embargo, este paraíso fue también centro esclavista del mundo árabe.

Abdulrazak Gurnah nació allí. Todas sus novela, de alguna manera, tienen un enlace a Zanzíbar; país que dejó en 1968 para marcharse a Gran Bretaña. Gurnah, se gana la vida como profesor de literatura en la Universidad de Kent, pero volvió a Tanzania a fin de escribir Paraíso. “No viajé para recoger datos, sino para que el polvo volviera a entrarme en la nariz”.

Paraíso esconde mucho más de lo que en una primera lectura creemos encontrar. El protagonista es un niño swahili que tiene extraños sueños, Yusuf, y que será entregado (vendido) por su padre, a la edad de doce años, a un comerciante que él cree su tío, Aziz, como pago por una deuda contraída. Para dar forma a la historia Gurnah toma prestados elementos narrativos del capítulo doce del Corán titulado “Surat Yusuf” (historia de José). Yusuf, de extraordinaria belleza, emprenderá el primer viaje de su vida hasta la casa de Aziz, en tren, y durante el trayecto tendrá uno de sus sueños premonitorios: “Después soñó que veía su propia cobardía brillar a la luz de la luna, cubierta por el limo de su placenta. Supo que se trataba de su cobardía porque alguien se mantenía en las sombras así se lo dijo; además, él mismo la vio respirar (pág. 28).” Allí conocerá a Khalid, otro niño-esclavo, y descubrirá el jardín, el bello lugar edénico, único lugar en el que se sentirá pleno.

Aziz se gana la vida comerciando, compra y vende de todo excepto esclavos, cuyo negocio está prohibido. A las puertas de la I Guerra Mundial, África del este está en crisis y varios países están compitiendo por su influencia en el continente. En la novela aparecen los “europeos”, a los que se les concede poderes sobrenaturales y a quienes se les teme, y se centra en los alemanes, pero también surgen los indios, a quienes se desprecia por ser los ávidos intermediarios comerciales entre europeos y africanos.

“Desde hacía mucho tiempo, allá adonde iban descubrían que los europeos ya habían estado antes que ellos y que, tras decir a la gente que habían ido a liberarlos de los enemigos que sólo buscaban convertirlos en salvajes, habían situado soldados y oficiales. A juzgar por sus palabras, parecía que no se hubiera oído hablar de otro comercio más que ése. Los comerciantes, atemorizados por la ferocidad y la crueldad de los europeos, hablaban de ellos con asombro. Se apoderaban de la mejor tierra sin pagar un solo abalorio, obligaban a la gente a trabajar para ellos con engaños, comían lo que fuese, aunque estuviera duro o podrido. Como si de una plaga de langosta se tratase, su voracidad no tenía límite ni decencia” (pág.87).

Yusuf, finalmente, acompañará a su “tío” Aziz en uno de sus viajes, que ocupa la parte central del libro. La expedición para comerciar con el sultán Chatu, con la esperanza de comprar marfil, resultará desastrosa. Con ecos de El corazón de las tinieblas de Conrad, nos adentramos en el infierno en la tierra. Desde lo que parece el último reducto de la civilización se dirigen hacia el interior, un lugar de oscuridad y salvajismo. No solo no lograrán llevar la transacción comercial adelante, sino que además serán apaleados, atacados e incluso asesinados. Tenemos en este punto de la novela tres niveles, el despiadado Chatu, descrito como un salvaje, el mercader Aziz el árabe-swahili, y el europeo que aparece para imponer su ley.

Paraíso está cosida con historias narradas en voz alta, fábulas y leyendas. La crítica al colonialismo es una de las constantes en el texto: “No es el comercio lo que buscan, sino la tierra. Y todo lo que hay en ella…, incluidos nosotros” (pág.104) “¿Sabéis por qué son tan poderosos? Porque llevan viviendo del mundo desde hace siglos” (pág. 105), junto a la idea de que “el paraíso está en la tierra”, la aparición simbólica de los perros, y una fuerte, a veces amenazante, sexualidad que atraviesa toda la narración. La belleza de Yusuf no deja indiferente a nadie, desde Mohamed Abdalla, el capataz de los porteadores, pasando por la clienta de la tienda donde Yusuf trabaja para su tío, hasta la propia esposa de Aziz, una desgraciada mujer que está convencida de que se puede curar de una misteriosa enfermedad que desfigura su rostro si Yusuf accede a mantener relaciones sexuales con ella.

Dice Gurnah que el impulso que estaba detrás de Paraíso era desafiar los discursos maniqueos construidos por el colonialismo en torno a que la razón final del mismo fue poner fin a la esclavitud árabe. Paraíso habla de muchos tipos de esclavitud: de la que practicaron los árabes, de la que realizaron los propios africanos, de la que sufre la joven Amina, confinada y obligada a un matrimonio forzado… En el hermoso jardín, el anciano que lo cuida, hijo de esclavos, pronunciará estas palabras frente a un Yusuf que ha crecido desde el principio de la novela “Me ofrecieron la libertad como un regalo. Ella lo hizo. ¿Quién le dijo que era su dueña para dármela?” (pág.260). Las visiones de un futuro aterrador, junto al vislumbre de un sueño premonitorio, llevarán a Yusuf a elegir su destino.

A veces el propio Yusuf se quedaba sin habla al recordar aquella enorme tierra roja que bullía de gente y animales y la imagen de los acantilados que sobresalían del lago como muros de fuego.

-Como los portales del Paraíso- comentó Yusuf

(Página 211)

Ficha:

  • Título original: Paradise (1994)
  • Idioma: Original: Inglés
  • Traducción al castellano: Muchnik Editores S.A. (1997)
  • Traductora: Sofía Carlota Noguera
  • Imagen de portada:  Ilustración Debbie Luch
  • Nº páginas: 297
  • Premios del libro: Finalista Booker Prize 1994 y Whitbread Award

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Swahili, el idioma que usas cuando dices “Hakuna Matata”

El idioma swahili, también denominado suajili, suahelí o kiswahili (pertenece a la familia de lenguas Níger-Congo, en concreto al grupo de las lenguas bantúes), es una lengua hablada sobre todo en Tanzania (lengua nacional), Kenia y Uganda (lengua oficial) y en zonas limítrofes de Comores, Mozambique, República Democrática del Congo, Ruanda, Burundi, Somalia y Zimbabue.

A pesar de su condición de lengua africana, ha recibido una fuerte influencia del árabe y, en los últimos dos siglos, del inglés y del portugués; este último en menor medida. Se escribió con el alfabeto árabe hasta el siglo XVIII, pero la forma escrita habitual en la actualidad utiliza el alfabeto latino. Recientemente se ha desarrollado el sistema de escritura Mandombe para varias lenguas centroafricanas, entre ellas el suajili, aunque su uso es minoritario.

Más de 10 millones de personas tienen este idioma como lengua materna y más de 50 millones lo utilizan como segunda lengua. El nombre swahili deriva de la palabra árabe sahil, que quiere decir “de la costa”.

La lengua, tal y como recogen en la página web que el “Colegio de México” y el “Centro de Estudios de Asia y África”-CEAA- tienen abierta para aprender este idioma, “procede de los contactos de los comerciantes árabes, durante siglos, con los nativos de la costa oriental de África. Bajo influencia árabe el swahili se estableció como lengua franca usada por varios grupos bantúes tribales. A principios del siglo XIX su difusión recibió un gran ímpetu al ser la lengua de las caravanas de comerciantes que penetraron hasta Uganda y el Congo. Más tarde sería adoptada por los colonos europeos, especialmente alemanes, que la usaron como lengua de la administración. “

El swahili es reconocido como uno de los idiomas oficiales de la Unión Africana y de la UNESCO.

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Africa Swahili woman. Zanzibar. ca. 1900-1910. photographers de Lord Brothers. No. 13

Hakuna Matata, todo cabe en una frase

Hakuna Matata es una expresión swahili que se traduce como “No te angusties” (su traducción literal correspondería a “No hay problema”).

Teddy Kalanda, el fundador de uno de los grupos de más éxito en Kenia, “Them Mushrooms”, compuso la canción Jambo, conocida como Kenya Hakuna Matata y la grabación vendió más de 200.000 ejemplares entre 1982 y 1987, siendo disco de platino en Kenia, convirtiéndose en un hit internacional.

Literatura en swahili desde el siglo XVII

Al principio, la ficción en swahili consistió principalmente en historias inspiradas en las tradiciones orales indígenas narrativas, cuentos árabes, y traducciones de obras de escritores europeos.

El primer escrito en swahili está considerado que es el poema Hamziya (1652) [1], escrito en alfabeto árabe.

El idioma tiene literatura escrita en alfabeto árabe desde el siglo XIII. Uno de los primeros documentos conocidos, además del anterior, es un poema épico titulado Utenzi wa Tambuka (La Historia de Tambuka), datado de 1728.

Una excepción importante fue en 1934 la novela histórica de James Mbotela, Uhuru wa Watumwa (Libertad para los esclavos), pero fue la obra de Shaaban Robert (1909-1962) la que realmente impulsó el idioma.

En la actualidad, se traducen obras al swahili como la novela de Mariama Ba,  La carta más larga bajo el título Barua Ndefu Kama Hii  y hay incluso e-books en este idioma.

Shaaban Robert, el padre del swahili

Shaaban Robert es celebrado como uno de los más grandes pensadores de Tanzania, fue escritor, poeta y ensayista y se le reconoce como el “Padre del swahili”.

Según “African Book CollectiveRobert fue al swahili lo que Shakespeare  al inglés.

Su obra más destacada fue Kusadikika, una obra alegórica de un país imaginario o estado en el que las injusticias se cometen en contra de todas las nociones de justicia, derecho y humanidad. Fue publicada en el apogeo de la ocupación colonial en Tanzania.

Su obra, Maisha yangu (1960), fue traducida a francés por François Devenne bajo el título Autobiographie d’un écrivain swahili, Tanzanie en 2010.

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Tal y como regoge Ngugi wa Thiong´o en su libro Descolonizar la mente este autor no pudo participar  en el histórico “Congreso de Escritores Africanos de Expresión Inglesa” que se celebró en los años sesenta en la Universidad de Makerere (Uganda) y en el que un joven James Ngugi sí participó. En el libro lo señala de la siguiente y clara manera: “Yo, como estudiante, pude participar en el encuentro gracias a solo dos relatos que había publicado (…) Pero ni Shabaan Robert, que en aquel momento era el poeta vivo más grande del África Oriental y que había escrito varias obras de poesía y prosa en kiswahili, ni el Jefe Fagunwa, el gran escritor nigeriano que había publicado numerosos títulos en yoruba, podían participar”.

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