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Posts etiquetados ‘Yibuti’

Se puede haber estado en Yibuti o haber leído “El testamento del Chacal”

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De Yibuti nos habló hace poco el escritor Abdourahman A. Waberi, sobre todo de la vertiente política de un país que lleva soportando al mismo hombre en el gobierno la friolera de 17 años. Y lo va a seguir haciendo ya que Ismaïl Omar Guelleh ha sido reelegido (bajo acusación de fraude) este mismo domingo. Es el “pequeño país del Cuerno de África”, en donde las grandes potencias compiten para desplazar sus tropas hasta allí. Incluso China lo ha hecho, ya ha anunciado que tendrá base militar en el continente.

De Yibuti, por lo demás, no sabemos nada.

Ander Izagirre, ese periodista con botas y mochila fácil, nos lo hace comprender de muchas maneras, la más gráfica cuando descubre que ni siquiera los médicos se acuerdan de colorear el país como zona con malaria en los mapas de las enfermedades. Yibuti será la pieza del puzzle que le faltaba a Ander y a su equipo para completar el viaje de nueve meses por los puntos más bajos de cada continente. Porque en aquel país está el lago Assal, 157 metros por debajo del nivel del mar. Y ello saben que en los sótanos del planeta se pueden encontrar tantas lecciones como en las cumbres más altas.

Pero sobre todo porque conciben el viaje como encuentro, como una manera de acercarse a los demás, de sondear esos abismos que nos separan y tratar de entender. Y todo ello desde el convencimiento último que da el saber que, en realidad, son las personas que viven de manera cotidiana situaciones extremas de carencias y sufrimiento las dignas de admiración y no los viajeros que, de manera privilegiada, tienen la suerte de ir a uno u otro país por voluntad propia. “A menudo, un viaje no se termina de comprender hasta que uno vuelve a casa, lo piensa y lo escribe” (pág. 18).

El testamento del Chacal tiene la virtud de penetrar en esta tierra olvidada y hacernos sentir que hemos estado allí. Yibuti cansa, afirma el periodista. Bofetadas de calor del país más calientes del planeta se elevan desde esa “roca volcánica, arena y sal” para abrasarnos también a nosotros, los lectores, que no podemos sino asistir con la mirada seca.  A través de su propia historia que se cuenta desde la época colonial en la que, bajo la dominación francesa, se impuso también allí el recurrido “divide y vencerás” aplicado a los afar y los issas, hasta la independencia que arroja el saldo de un país con altos niveles de corrupción, “pero lo realmente grave es que ese dinero de la corrupción no se queda aquí, se desvía a Europa”, afirma un yibutí. Pasando por la guerra civil, que duró tres años, y que parece haber acabado con el convencimiento de la necesidad de que ambas etnias vivan en paz y armonía juntas.

Y tras todo ello, el pueblo yibutí. Que sobrevive en un lugar en el que, según un proverbio issa, hasta los chacales dejan testamento antes de entrar en él, y es que “En las listas que miden el bienestar de las naciones, Yibuti siempre merodea el farolillo rojo” (pág. 86). En él,  seres humanos y cabras se disputan el agua en la misma lata oxidada, muchos mascan kat para evadirse de la realidad tórrida, algunos gastan sus últimas fuerzas escarbando en la basura algo que comer y otros intentan continuar en aquel territorio hostil, en donde no se puede cultivar nada. Pero también aparecen seres entusiastas y esperanzados que “con sus testimonios de supervivencia testaruda se levantan contra un paisaje atroz”.

De Yibuti también sabemos lo de la grieta. Que está partiendo el país en dos, dejando que el mar penetre y acabe por devorarlo todo. Pero hasta que eso ocurra hay otros planes para este país, el núcleo más importante de conectividad digital en el este de África y para el que China financia su nueva red ferrioviaria.  Y hasta que eso ocurra, seguirá siendo además el lugar de paso de miles de inmigrantes en tránsito de países como Somalia, Etiopía y Eritrea.

La lección abruma: nuestra vida no es la medición de todas las cosas; el universo se rige por motivos que no controlamos ni comprendemos. En esta forja de continentes y océanos, el hombre es polvo efímero. Sin embargo, esa conclusión no oprime, sino que inspira, porque la belleza terrible del Rift evoca una intención suprema que se intuye aunque no se entiende. El Rift es un gran recordatorio: hay que elegir entre el absurdo y el misterio (pág.150)

Ficha:

  • Título original:  El testamento del chacal (2003)
  • Editorial: Laertes
  • Nº páginas: 150
  • Imagen de portada: Duatis Disseny. Fotografía de Ander Izagirre

Pasaje de lágrimas- Abdourahman A. Waberi

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Yibuti es, sobre todo, el protagonista de esta novela. A través de Pasaje de lágrimas nos paseamos por un trozo de tierra desconocida, “una casilla esencial en el siempre cambiante tablero geopolítico”, un lugar que casi nunca se tiene en cuenta en las infografías ni aparece en los libros. “Un país que, a pesar de su tamaño, ha seducido gracias a su posición y su estabilidad a los grandes estrategas del Pentágono y a los hombres de negocio del Golfo Pérsico, con Dubái a la cabeza”. Cuando se habla de Yibuti, siempre se añade la coletilla “un pequeño país en el Cuerno de África” pero poco más. En 2012 tenía una población de 859.652 habitantes (parecida a la de Chipre), limita con Etiopía, lo que a menudo le ha valido el sobrenombre de “la playa etíope”, y se debate entre una identidad francesa, británica y árabe. Y de todo ello nos habla Abdourahman A.Waberi en su novela.

El protagonista de Paisaje de lágrimas, Djib, es un joven y prometedor agente de información, abandonó Yibuti hace tiempo, asentándose en Montreal. Ahora, regresa a su tierra en una misión (militar-industrial) que le designa para sondear, analizar, observar cada milímetro del país, recabando información para concluir si es o no un lugar seguro y estable, libre de los fundamentalistas, en ese nuevo terreno que se ha abierto tras el 11S.  Esa voz, occidental, abanderada de un mundo que no tiene tiempo para nada que nos sea convertible en dinero y que no se libra del desarraigo; tiene su casa allí a donde llega y no se siente atado por nada, se mezcla con otras tres más. Una segunda voz, es la de su hermano gemelo, aislado en una cárcel en los islotes del diablo y convertido en un fanático religioso, quien lee los pensamientos de su hermano, gracias a esa conexión que tienen los gemelos, y supone una amenaza constante a pesar de la distancia física en la vida del primero, ya que, a pesar de su confinamiento, conoce cada movimiento de su hermano. A estas dos voces podemos añadirle una tercera que, sorpresivamente, une a los dos gemelos, la del filósofo Walter Benjamin, a quien ambos leerán; de forma compulsiva el gemelo recién llegado, y como un descubrimiento, desde la prisión, el gemelo encarcelado, y que tendrá muchas coincidencias (hay un paralelismo entre la vida de Djib y la de Benjamin clara, basta decir que con el nombre “Pasajes” es como se conoce la obra del filósofo) y protagonismo en sus vidas, mucho más de lo que a primera vista parece.

Pronto, Djib se dejará llevar por los recuerdos y aflorará su nostalgia y su necesidad, negada en un primer momento, de volver a su país, a su gente, a su infancia. Así, se enredará en el pasado, en la figura de su abuelo Assod que plantea el retorno a la naturaleza, en la búsqueda de un gesto de cariño por parte de su madre, en la figura secundaria y que le restaba el protagonismo de su hermano (las razones de este odio, por otra parte, no se muestran demasiado definidas). Su investigación comienza a dilatarse, se estanca, y la voz desde las cavernas cada vez se cierne más desasosegante, más claustrofóbica, más terrible, una voz que pide un ajuste de cuentas con el  pasado.

A pesar de que al principio, asistimos desconcertados al salto de voces diametralmente opuestas en su discurso, quizás demasiado cincelado y oscuro, y a una escritura, a veces muy poética,  que exige dosis extras de atención, Waberi nos regala un libro con gran carga de profundidad, donde el misterio surge desde la primera página, salpicado por un elogio a la escritura y a la lectura que se desparrama en cuadernos, libros, palimpsesto o citas. La introducción de Walter Benjamin como vértice de los dos polos; el autor preferido del norteño Djib y la lectura del fundamentalista Djamal en su prisión, abre la posibilidad de ser dos partes  de un mismo cuerpo (el propio Benjamin expresó en su último texto: “Ha desaparecido toda desesperación; el pensamiento religioso y político” se funden en uno solo), en el que prevalece la voz del filósofo, para quien la historia no es una ciencia sino una forma de recuerdo. Tras un recorrido por el presente y el pasado, la modernidad y las tradiciones, el norte y el sur, parece que, a pesar de nuestros conocimientos actuales, estamos avocados al fracaso, a no entender, como le pasa al protagonista, qué ocurre, ni  siquiera a dónde regresar. El libro, no en vano, se abre con esta cita: “El camino de regreso a casa es incluso más bello que la misma casa” (Mahmoud Darwich).

Estoy de regreso y no debo dejar nada al azar ni confiar ciegamente en mi intuición.Aquí, los siglos y las rocas hablan: todo transmite señales, todo está lleno de significado. La más banal de las anécdotas tal vez resultará ser la pieza del puzzle que faltaba, el mínimo indicio que puede conducir hasta el sésamo deseado. A menudo, las cosas más obvias son las más difíciles de captar. Esto me recuerda un relato de Edgar Allan Poe, La carta robada, que releí en el avión de camino hacia aquí. El detective Augusto Dupin encontraba la carta que todo el mundo buscaba y que se hallaba precisamente encima del escritorio del culpable sin que nadie se hubiera percatado de ello. Estas cosas ocurren más a menudo de lo que uno imagina. (página 17)

Ficha:

  • Título original:  Passage des larmes (2009)
  • Idioma: Original: Francés (Publicado por Editions Jean-Claude Lattes)
  • Traducción al castellano: Ediciones de Baile del Sol (2011)
  • Traductora: Rosa Roca Riera y Joan Medina Roca
  • Nº páginas: 157

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En el Cuerno de África también se escribe (I): Etiopía y Yibuti

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El Cuerno de África lo conforman los países de Etiopía, Yibuti, Somalia y Eritrea. A menudo también aparecen englobados bajo esta denominación, Kenia, Uganda, Sudán y Sudán del Sur. Crisis alimentaria, emergencia y hambruna, son algunas de las palabras que más se asocian a estos países. A veces parece que jamás vamos a dejar de hablar sólo de imágenes estereotipadas y negativas cuando se trata de África (si es que existe), sin embargo, poco a poco, lo anterior está empezando a cambiar. Leer Más

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