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Mariposa en llamas-Yvonne Vera

Bulawayo (la ciudad). Makokoba (el distrito). Sidojiwe E2 (la calle). Así nos adentra la escritora en un pequeño microcosmos dentro de Zimbabue que podría parecer escaso si no fuera porque ella lo muestra repleto de vida y poesía, de dureza y de fragilidad, de pasión y de tristeza. La vida no es fácil allí, “es duro vivir entre las grietas”. A pesar de la hechizante voz de la narradora, de las palabras dispuestas como si fueran un telar de cuentas maravillosas, no pasan de largo ni la pobreza, ni la desesperación, ni el hambre, ni la injusticia.

Estamos en 1946, tiempo de segregación racial, tiempo de violencia. Los negros no pueden circular por las aceras, la policía realiza redadas intermitentes para llevarse a los negros, cuelgan rampantes los letreros “Negros no”. Lo negro sobra, estorba. Como única tabla a la que asirse ellos tienen Kwuela, un tipo de música que se perfila como el auténtico lenguaje que puede insuflarles aires de libertad. Y lo que los acaba por identificar hasta el punto de que es la palabra mágica que usan los policías para reclamarles dentro de los coches. La música como lo único que puede salvarles (“si no hay libertad por lo menos que haya ritmo1). Kwuela o el sonido de los trenes o el de las botellas o el de las cajas de aceite de oliva que los niños hacen sonar en cualquier lugar.

Yvonne Vera quería ser recordada como “una escritora que no tenía miedo a las palabras y que amaba profundamente a su país”. Su país son sus niños que juegan con cualquier objeto que se encuentran, niños que no tienen nada y cuya máxima aspiración es flotar, volar, niños que dejarían atónito a cualquiera con sus historias. Son sus mujeres, Gertrude quien acude a las citas con los hombres con el bebé de meses atado a la espalda, Zandile que ha renunciado a sus desfiles nocturnos para amar a un único hombre, Deliwe que regenta un bar y que odia a los policías negros. Mujeres apaleadas por los policías, mordidas por los perros, golpeadas hasta quedarse sordas, heridas y atropelladas sin remordimiento.

Todas con sus historias que se van elevando como corrientes de humo envueltas en la voz impactante, lírica y exuberante de la escritora. Frases que parecen hilarse sin tener más referencias que su posición en el aire, en los sueños, en sus memorias que se vuelven del revés y que nos muestran que nada es lo que parece y que todas han contado lo que han podido, han querido o las han dejado, lo otro queda en ese lugar recóndito donde debe de habitar todo aquello que se quiere olvidar, esconder, ocultar.

Fefelafi es la mariposa que quiere elevar el vuelo, tiene sueños y deseos. Quiere expresar lo que lleva dentro, ansía tener un futuro. La joven maravillosa, enamorada de un hombre mucho mayor que ella, siente curiosidad y no puede evitar el abrir las puertas que se le ofrecen entornadas. “Encontrarse a sí misma, eso es”. La joven Fefelafi que se consume en su propia pasión, en sus propias ansias. Intentando hallar las respuestas, mientras persigue sus sueños, más allá de Fumbada, el hombre delimitador, más allá de los límites que le imponen por ser negra. Para ello emprende varios vuelos: va a donde Deliwe, a intentar descubrir; logra ser admitida como enfermera, a intentar imponerse en un mundo de blancos. Y hay más decisiones sangrantes, que crecerán en su interior como llamas incandescentes dispuestas a devorarla.

Como “un firmamento de desesperación” la vida deja pocos resquicios, se torna de pronto con sus dientes afilados y espera para descubrir de un hachazo certero todas las verdades que Yvonne, con sus frases construidas como si fueran meandros de fuego, lanza sobre nosotras. Pocos agujeros quedan para que la fragilidad pueda colarse por ellos. Intuimos ya, si no lo hemos hecho desde un principio, que la joven mariposa ceremoniará su propio y definitivo descubrimiento ante la imposibilidad de hallar otra salida. 

¿Cómo se las ingeniaba una mujer para recuperar una porción de tiempo y conseguir que brillara? ¿Cómo florece una flor cuando está enterrada en el agua? ¿Cómo escuchaba ella el ruido de los trenes cuando no escarbaba la tierra buscando auténtico oro?

Ficha:

  • Título original: Butterfly Burning (1998)
  • Idioma: Inglés
  • Traducción al castellano: Ediciones B, S.A. (2000)
  • Traductora: Alejandra Devoto
  • Premios:  Premio Zimbabwe Publisher´s Literay Award por “Nehanda” (1993) y por “Without a name” (1994). PremioCommonwealth por “Under the togue” (1997). Premio Macmillan writer´s prize for Africa por “The Stone Virgins” (2002). Premio PEN sueco por el conjunto de su obra (2004)
  • Otras publicaciones de esta obra/ Otras obras traducidas“Papallona encesa”. Catalá. Edicions Proa, S.A. (2000)
  • Extracto de la novela: http://www.barcelonareview.com/20/s_yv.htm

Yvonne Vera (1964-2005)

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