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Caridad versus justicia en “La huelga de los mendigos”

Este mismo mes se ha celebrado el Salón de libro de París y, entre otros escritores, ha estado Aminata Sow Fall desaparecida del escenario de las letras desde que publicó en 2005 Festins de la détresse. Ahora, con la publicación de su nueva novela L’empire du mensonge, una de las más importantes escritoras senegalesas, vuelve a primera plana.

La escritora que se define a sí misma con estas palabras: “wólof y de religión musulmana”, tuvo una infancia feliz y fue profesora de letras modernas. Ella, que comenzó a escribir sin intención de publicar, es la autora de una obra que la ha llevado a ser reconocida como una auténtica pionera: primera mujer africana negra en publicar una obra, que no fuera ni autobiografía ni memorias, en francés. Además, es una persona muy comprometida en lo cultural: en 1987 fundó en Dakar el Centro Africano de Animación e Intercambios Culturales, así como Ediciones Khoudia y el Centro Internacional de Estudios, Investigación y Reactivación de la Literatura, las Artes y la Cultura, en Sant-Louis.

Entre nosotros, sin embargo, podemos decir que es una recién llegada. Finalista del Gouncourt, ganadora de múltiples premios y reconocimientos (el último de ellos el Grand prix de la Francophonie de l’Académie française 2015) y alabada por escritores de la talla de Alain Mabanckou, ha sido en 2017 la primera vez que se la ha traducido al castellano.

Los desechos humanos se organizan

La huelga de los mendigos su segunda obra, publicada en 1979, y la que está considerada su mejor novela, ha sido la elegida por la editorial Wanafrica. Hemos tenido que esperar casi cuarenta años para ello. La consideran “un clásico”, ahora tenemos la oportunidad de comprobarlo.

Fue adaptada al cine, en 2000, por el director maliense Cheikh Oumar Sissoko, bajo el título: Battu y ha sido traducida a múltiples idiomas, entre ellos el chino-mandarín.

La originalidad del enfoque elegido por la escritora asoma ya desde las primeras páginas de esta breve obra: Mour Ndiaye, el director del Servicio de Higiene Pública, encarga a su ayudante, Kéba Dabo, la urgente misión de liberar la ciudad de los numerosos mendigos que ocupan las calles y pueden dañar la imagen de un país que comienza a basar su crecimiento económico en el turismo.

Aminata Sow Fall. Captura Youtube

Aminata Sow Fall. Captura Youtube

Dejando aparte libros como El mendigo de Naguib Mahfuz, que es más una búsqueda personal, la mendicidad, narrativamente, suele plasmarse  de manera habitual desde otros enfoques, que difieren del propuesto por Sow Fall: internando al lector en esos ocultados territorios y acompañada de posibles dosis de crítica social. Otro ejemplo original lo tenemos en el egipcio Albert Cossery en su obra Mendigos y orgullosos (ed. Pepita de Calabaza) que parte del asesinato de una joven prostituta para describir los «bajos fondos» de una ciudad egipcia: “sus calles, sus gentes y su sabiduría milenaria que muestra que el poder es sobre todo, y ante todo, ridículo. Y que solo la alegría de vivir importa.”

En este sentido, la novela de Aminata Sow Fall introduce un enfoque novedoso. En Senegal, país mayoritariamente musulmán, dar limosna (zakat) es un pilar del Islam. Así, al proceder a la retirada de las calles de todos los mendigos, el orden se altera: no hay a quién dar limosna y se hace imposible cumplir con el deber religioso. Dimensión absurda (en Dakar) de una acción que se ha llevado a cabo sin considerar sus consecuencias, el contexto social, las creencias profundas y seculares, pero que conseguirá que ante dicha situación, los mendigos se organicen y debatan sobre su realidad y que el resto se retrate.

La inaudita situación conlleva reflexiones más profundas que se van plasmando a medida que aparecen los diferentes personajes. Kéba Dabo, el funcionario encargado de llevarla a cabo, creció en el orgullo excesivo de aquellos que, a pesar de la miseria, nunca quisieron agacharse para tender la mano. De esta manera Sow Fall muestra su opinión al respecto: la pobreza no conlleva mendicidad.

El binomio dar-recibir, que subyace, lo examinó en Regalos de manera magistral el escritor Nuruddin Farah: “-¿Por qué recelas de los obsequios?-Porque la generosidad espontánea te deja en deuda, atrapada en un laberinto de dependencia”. En el caso de Senegal, en palabras de la propia escritora, deriva en una “cultura de la comodidad”. Rara vez el acto de dar está lleno de generosidad. Los donantes, en esta novela, esperan todos algo siempre a cambio: un favor, un deseo.

Yendo un paso más allá en los interesantes planteamientos que propone La huelga de los mendigos, está el dilema caridad-justicia, “la limosna siempre es caridad, la justicia requiere cambio”. La escritora afirma que la sociedad senegalesa, escudándose  como excusa en la religión, ha optado por perpetuar a estas personas en estas condiciones (solo los niños talibé que se ven obligados a salir a las calles y mendigar en una mezcla de tradición, pobreza y explotación infantil, suponen la cifra de 50.000 niños mendigo según datos de 2017 recogidos por HRW). Pero, además, la limosna condena a la gente a vivir esa situación, sin margen para escapar de ella.

La huelga de los mendigos es una interesante obra que puede adolecer para ciertos lectores de atractivo por el estilo utilizado: muy condensado, romo, y sin estilismos de ningún tipo. Junto a ello ofrece, en cambio, un texto diferente, que expresa más de lo que una primera lectura pueda llegar a captar y nos permite observar una realidad que, a menudo, es narrada desde otros prismas más moralistas, aportando grandes dosis de reflexión desde una originalidad que se agradece.

Por si fuera poco conecta con una preocupación muy actual, en nuestro mundo globalizado cada vez son más los que sobran. Esta novela, escrita hace casi cuarenta años, habla de una “limpieza de mendigos”, cuenta la obligada invisibilidad de los que molestan y estorban (ya sea a los turistas, ya sea a las clases sociales más altas). “Están cansados de que los golpeen, cansados de que los acosen, cansados de correr” (pág. 59). Antes, recuerda Aminata Sow Fall en una entrevista, “se decía que el dinero había que poseerlo, pero no dejar que nos poseyera”, el cambio de lo anterior ha derivado en una desvalorización del sistema que se ceba en especial en los más débiles dentro de la cadena: la infancia, quienes se merecen más justicia real y mucha, mucha, menos caridad.

La huelga de los mendigos (La Grève des bàttu, 1975). Aminata Sow Fall. Wanafrica, 2017. Traducción del francés de Laura Remei Martínez-Buitrago.

En el libro aparecen otros interesantes subtemas que merecerían aparecer en este artículo, como el tratamiento de la poligamia de una manera bastante cercana a como se plasma en Mi carta más larga de Mariama Bâ, pero por espacio he decidido no comentar para centrar el debate en el tema principal del libro.

 

  1. Alberto Mrteh #

    Gracias por el descubrimiento.
    Alberto Mrteh (El zoco del escriba)

    Me gusta

    10 abril, 2018

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