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Cómo escribir, hoy, sobre Binyavanga Wainaina

Aún recuerdo la sacudida que me produjo el leer Cómo escribir sobre África. Fue un rebrote eléctrico, de esos que te dejan aturdida y revisándote por dentro y por fuera, una y otra vez. No solo era la forma, aquella manera tan satírica y brillante de transmitir tantas imágenes y lecturas erróneas y falsas sobre el continente africano y su gente, era lo que se sumergía detrás de cada palabra. Aquella provocación, aquellas opiniones e ideas como puñales que seguían su trayectoria certera para penetrar y escarbar. Las frases que muchos han rechazado como si les picara una serpiente venenosa. Así era Wainaina. Un intelectual, un agitador, para un mundo que le estaba esperando con urgencia.

Entendí que aquel hombre, un escritor keniano, además de haber vuelto del revés nuestros prejuicios y falsas creencias, había entrado en mi vida literaria para siempre. Y así fue, ya nunca dejé de estar pendiente de todo lo que escribía, de sus comentarios en redes y de las noticias que llegaban de cuando en cuando sobre él.

Hasta ayer.

De aquel texto corto… tantas cosas después. ¿Por qué siempre tenemos que añadir la palabra “África” o “africano/a” a?, era una de ellas y creo que no por repetida es una cuestión menor. Wainaina hacía que me mirara en el espejo. Quizás porque todavía se necesita etiquetar en este caso a la literatura de esa manera, para hacerla destacar, para nombrarla y hacerla realidad y mientras etiquetamos seguimos reduciendo, minimizando su influencia, creando cajones imaginarios en los que nos sentimos más tranquilos al meter nuestras cosas. Por eso hoy me pregunto ¿cómo escribir sobre Binyavanga Wainaina?.

Asomarse al mundo Wainaina es estar dispuesto a que una bocanada de aire fresco entre en tu vida. Es convencerte de que la imaginación es lo más poderoso de lo que disponemos. Es comprender que somos imperfectos, que un día vamos contentos por la vida, creyéndonos íntegros y coherentes y al día siguiente actuamos de manera inversa, contradiciéndonos a nosotros mismos. Es saber que no hay respuestas, que no existe una única verdad y que hay que seguir y ya se verá.

¿Cómo escribir sobre Binyavanga Wainaina?, me pregunto. No tengo ni idea. Lo único que tengo en mente son sus palabras. Miento, y su mirada inteligente y viva, miento otra vez, y su pelo rojo y azul. Y su libro, claro, el único libro que terminó.

Algún día escribiré sobre África se tituló en castellano (el original llevaba otro: One Day I will Write About This Place). En él nos aturdía la luminosidad que desprendía el texto, lleno de imágenes, de palabras con las que jugaba, pero sobre todo lleno de vida, de su propia vida re-creada para el papel. Y nos mostraba a un Binyavanga-niño que no hacía los deberes ni atendía a las clases porque tenía siempre algo pendiente para leer. Mientras, él ya adulto nos sumergía en la lectura de un libro que contiene la intención del escritor contemporáneo por mostrar “África” desde un punto de vista inusitado para nosotros, desde la cotidaneidad, vertiendo opiniones sobre casi todo sin que ninguna de ellas sea banal o superflua, os lo puedo asegurar yo misma que me he quedado prendida de sus frases cientos de veces. Demoliendo lo preconcebido, levantando lo falso, invitándonos a descubrir de nuevo.

Era provocativo, sí, y brillante. Pienso que era uno de esos seres a los que no les importaba ganar o perder, porque saben que tienen que saltar sin importar las consecuencias: pertenecía a los que se exprimen, se dejan la piel amando, compartiendo, y entregando sus sentimientos y pensamientos más profundos, incómodos y bellos. Era de los que se entregaban sin medir. Así, al menos, era su escritura. Fue, además, un torbellino de ideas y proyectos, y valiente a su pesar en un mundo que por desgracia sigue persiguiendo a las personas por amar a quien quieran.

Siempre mantuve la esperanza de que llegara a publicar un nuevo libro. Ahora sé que eso ya no va a poder ser posible. ¿Cómo escribir, hoy, sobre Binyavanga Wainaina?. Sigo sin saberlo.

Binyavanga Wainaina (Nakuru, 1971-Nairobi, 2019)

  1. Alberto Mrteh #

    Lamento su pérdida y, al mismo tiempo, se despierta mi interés por su único libro.
    Muchas gracias.
    Alberto Mrteh (El zoco del escriba)

    Me gusta

    22 agosto, 2019

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