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Mabanckou llama a la autocrítica y nos habla del llanto del hombre negro

En fechas recientes ha aparecido, de la mano de “Los Libros de La Catarata”, un conjunto de ensayos de Alain Mabanckou de los que ya habíamos dado noticias parciales en este blog, después de su publicación en versión original, en 2012, bajo el título Le sanglot de l’homme noir. Ahora aquel libro aparece en castellano, prologado por Josefina Bueno.

Alain Mabanckou es un autor muy conocido (y apreciado) por este espacio y sus ideas y pensamientos han sido desmenuzados aquí y allí, por lo que a los seguidores de su obra puede provocarles cierta sensación de deja vú. Pero basta recordar que estamos hablando de un escritor rompedor, interesante y polémico que se ha caracterizado por ir contracorriente, para comprender que estamos ante nuevos aires que respirar (después podemos debatir).

Para los que lo conozcan poco, diré que Mabanckou ha ironizado hasta sobre la mismísima oralidad de la fabulación africana (“al  dueño del Crédito se fue de viaje no le gustan las frases hechas del tipo en África, cuando un anciano muere, arde una biblioteca y cuando oye este tópico manido, se enfada un montón y suelta al momento depende del anciano, dejaos de chorradas, yo sólo me fío de lo que está escrito.” Vaso Roto, pág. 11). O, tal y como recoge Nerín, en el mismo libro que hoy comentamos, Mabanckou gravita sobre una falacia: la imagen del escritor africano que se inspira en los cuentos que escuchó cuándo era pequeño, en el pueblo, una noche cerca del fuego, sobre la que afrima “que esta África mítica ya no existe”. Por si lo anterior os parece poco, añadiré que también ha arremetido contra los defensores de la literatura en lenguas africanas, sobre los que opina que “Cuando se milita por una causa del tipo que sea, hay que aplicar las ideas, aunque solo sea para mostrar algunos ejemplos” (pág.116).

El crítico literario Gustau Nerin cita en su reseña a otro autor “maldito”, Yambo Ouologuem (quien también aparece en un capítulo de este libro), sobre quien la sospecha de plagio y su postura crítica hacia su pueblo despiertan sentimientos encontrados hacia su obra. Descubriéndonos en este autor maliense, el antecedente más parecido a la manera de pensar de Mabanckou. Y añadiendo que “no es [El llanto del hombre negro] la obra más contundente sobre el tema (más provocativa, por ejemplo, es Je suis noir et je n’aime pas le manioc, de Gaston Kelman, un negro de Borgoña que titula uno de sus capítulos `Soy negro y la tengo pequeña´)”.

Ruptura, polémica y autocrítica en un libro El llanto del hombre negro que cuando se publicó levantó ampollas porque Mabanckou señalaba a los africanos como responsables de sus fracasos e iba de frente contra “los guardianes de la autenticidad africana”. Así repasaba la responsabilidad de los africanos en el comercio de esclavos, un tema tabú entre ellos, que se niegan la mayoría de las veces a mirarse en un espejo, añadiendo el autor que cuando alguien menciona esta verdad es acusado inmediatamente de un delito grave, de estar practicándole el juego a Occidente. Consciente de que Europa ha cometido uno de los crímenes más atroces de la historia al imponer su visión del mundo a otras personas, afirma que no contesta los sufrimientos que han padecido y siguen padeciendo los negros, contesta la tendencia a erigir esos sufrimientos en señas de identidad. Tan enfermo está el que odia ciegamente a Europa como el que siente un amor ciego por una África antigua e imaginada.

Sin embargo,  este libro contiene más que esta visión rompedora, los doce textos que componen el volumen (y en el que no hay una sola mención femenina), nos hablan de otras tantas obras literarias que hay que leer en paralelo, lo cual dificulta el poder conocer la auténtica dimensión de lo escrito, ya que hay que conocer esos textos o poder llegar a tenerlos a mano, lo que siempre no es factible. Estos títulos le sirven de excusa o pie para tratar una docena de temas/reflexiones que levantan más de una controversia. Entre ellos Le sanglot de l´homme blanc de Pascal Bruckner (“una crítica al tercermundismo, al conjunto de valores y actitudes de Occidente frente a los países subdesarrollados”), que toma para titular también su propia obra. Además aparecen Bernard Dadié, Amin Maalouf con su Las identidades asesinas texto fundamental cuando se habla de identidades múltiples, Ferdinand Oyono, el escritor francés Julian Gracq con una obra que, en palabras de Josefina Bueno, le sirve “como pretexto para hablar de literatura africana”, Michel Leiris (El África fantasmal) o Franz Fanon, entre otros.

Capítulo a capítulo va deslizan opiniones sobre “la Francia negra” (“En Francia, un senegalés, un reunionés y un congoleño son extranjeros entre sí, y no hablan una lengua común procedente de África, sino Francés”), la inmigración o  la cuestión de las lenguas africanas en la literatura. Punto este último que le lleva a criticar de manera abierta (y punzante) a escritores como Boubacar Boris Diop o Ngugi wa Thiongo.

Además, aporta, según su criterio (aviso para navegantes), algunas novelas imprescindibles en la historia de la literatura africana de expresión francesa: El deber de violencia (Yambo Ouologuem ), Los soles de las independencias (Ahmadou Kourouma), La vida y media (Sony Labou Tansi) y Reír y Llorar de Henri Lopes.

Estamos necesitados de más libros de pensamiento, ensayo y filosofía africana, sin duda. Desde aquí seguimos lamentando que no se traduzcan textos como Afrotopia de Felwine Sarr, por ejemplo. Pero aplaudimos la edición de obras como El llanto del hombre negro, que invitan a adentrarse en otras maneras de mirar y pensar, aunque no siempre se esté de acuerdo, y que dan pie a compartir identidades diferentes. Aun así seguimos lamentando (¡Ay, el sollozo del lector que quiere pensar diferente¡) que los títulos lleguen tan tarde y en tan poca cantidad. En un año en el que parece que se está publicando algo más de literatura africana, la aparición de estos volúmenes nos hace especialmente felices. Y traen promesa.

El llanto del hombre negro (Le sanglot de l’homme noir, 2012). Los libros de La Catarata, 2017. Alain Mabanckou. Traducción: Lola Bermúdez. Prólogo: Josefina Bueno

3 comentarios Escribe un comentario
  1. María Teresa Gallego Martínez #

    Me ha sorprendido el modo de enfocar África de este escritor. Lleva parte de razón en lo que dice, pero como siempre habla en nombre de una minoría selecta, de la elite. Millones de africanos viven inmersos en su modo de ser tradicional. Algo han variado, pero poco.

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    16 noviembre, 2017
  2. Alberto Mrteh #

    Desconocía la existencia de este autor y me resulta tremendamente atractiva su opinión y totalmente extrapolable al mundo marroquí (en el que me encuentro). Esa instalación en el victimismo es también común aquí.
    Un placer leerte, como siempre.
    Alberto Mrteh (El zoco del escriba)

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    18 noviembre, 2017

Referencias & Pingbacks

  1. Al igual que Ngugi wa Thiong´o, se autotraduce, en su caso | ONG AFRICANDO SOLIDARIDAD CON AFRICA

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