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Con la lupa: Quien teme a la muerte de Nnedi Okorafor

¿Existe la ciencia ficción africana?: Ante la negación de algunos, otros siguen mostrando cómo dicho género existe (se escribe) en el continente africano desde tiempo atrás. La pregunta puede tener su vuelta ¿y por qué no iba a existir?… El debate parece que gira en torno a cómo definir una ciencia ficción africana. Un poco más allá fue Okorafor cuando  se enfadó en 2014 al no verse incluida entre las jóvenes promesas de la literatura africana listadas por The New York Times. ¿Acaso la ciencia ficción no es literatura?, parecía preguntar. La eterna separación de los géneros. Para acabar de liarla apareció un nuevo concepto en nuestros horizontes: el afrofuturismo, ese gran desconocido. Al que se le ha añadido el “africanfuturism”.

¿Qué fue antes el huevo o la gallina?: Se dice que el afrofuturismo existía antes de que se llamara afrofuturismo. Así, se afirma que surgió en la década de los 50 sin que sus artífices fueran conscientes de lo que estaban creando. Hasta que un académico Mark Dery lo acuñó en su ensayo Black to the Future, en 1993. Así, al principio la obra de Okorafor se consideró afrofuturista sin ella haber oído nunca mencionar dicho concepto. El término (es mucho más amplio, complejo y rico que esto) es un mix de realismo mágico, ciencia ficción o fantasía con cosmogonías africanas y reivindica, afirman, una nueva identidad.

¿El afrofuturismo de una afroamericana?: Parece que a Okorafor no le gusta el término afroamericano ya que en su opinión implica que todos los negros americanos son descendientes de esclavos y esto no es así. Tampoco parece que estuviera del todo cómoda bajo la etiqueta del afrofuturismo, al menos esto es lo que se intuye en algunas de sus entrevistas actuales, donde dejar entrever que se dejó querer por el término hasta que se dio cuenta que necesitaba identificarse, explicarse, definirse. Y cambió.

¿Dónde busca su origen?: Es igbo, sus padres lo son. Ella misma ha resaltado que aunque ha nacido y crecido en EEUU, tiene mucho de su cultura igbo, lo que la lleva a situaciones contradictorias muy a menudo. Es un híbrido, como todo ser mezcla de culturas. En sus libros, dicen, aparecen muchos elementos de los igbo (esto lo dejamos para los expertos). En Quien teme a la muerte llama la atención, de forma poderosa, la mención especial e importante que hace del personaje de El bebedor del vino de palma del escritor Amos Tutuola ,en claro homenaje que va más allá. Esta obra se mueve entre lo fantástico y lo irreal, entre la vida y la muerte, entre lo natural y lo espiritual. Tutuola, tomando como base los relatos de la tradición oral de su pueblo, lograba sumergirnos en el mundo tradicional yoruba.

¿Se inspira en las culturas africanas?: Pero no solo, hay influencias occidentales. Además, el situar la acción de esta novela en un “mundo africano”, con sus cosmogonías, al extirpar y reutilizar de nuevo, puede hacer que, como escritora, se sienta secuestrada para escribir con libertad imaginativa que es lo que pretende por los moldes en los que se maneja. El parapeto lo busca ella en el hecho de que la fantasía permite el no verter la realidad tal como es, en la capacidad de alterarla. Lo que puede producir extrañeza en una novela realista no lo hace en una fantástica (¿?), ya que entendemos que estamos en otra dimensión.

¿El futuro será radicalmente distinto a la realidad contemporánea?: La trama de Quien teme a la muerte tiene tintes trepidantes y a un tiempo muy oscuros al principio cuando se describen escenas de gran violencia entre dos tribus. Suena a la vieja historia de siempre: tribus que se matan entre sí, la tenebrosa narración de la vieja África. Pero la protagonista, fruto de la violación y por tanto mestiza, azota con su batalla personal contra el estigma y la marginación (en mi opinión lo mejor de la novela). Después, todo el viaje de descubrimiento por el desierto en pos de la salvación, suena a mundos que ya conocemos, con tintes de fantasía. Deja cierta sensación de deja-vú, como haber entrado en el pasado reciente, en el pasado de ahora, aunque haya bisturí-láser, por ejemplo.

¿Es Quien teme a la muerte ciencia ficción africana?: Lo desconozco. Casi parejo a la resonancia de Okorafor surgió otro nombre: el de la sudafricana Lauren Beukes (quien, por cierto, ahora descubro no ambientó su libro Las luminosas en Chicago por un halo de cosmopolitismo, sino “porque no había querido ambientarla en Sudáfrica para evitar polémicas políticas”. Así son las cosas). Pero ella mezclaba novela negra y ciencia ficción, lo de “africana” no se solía añadir a sus obras. Lo cierto es que Okorafor se siente más a gusto ahora con otro término: “Juju” que es la magia del día a día (o eso he entendido tras la lectura de Quien teme a la muerte). En su página web afirma que se identifica con dos palabras africanfuturism (diferente a afrofuturismo) y africanjujuism que enraizan con las culturas africanas. Si te van a etiquetar, parece haber pensado, mejor adelantarse y hacerlo una misma.

Quien teme a la muerte (Who fears death, 2010). Nnedi Okorafor. Trad.: Carla Bataller Estruch. Editorial: Crononauta, 2019. También en catalán edita por Rayo Verde.

Un comentario Escribe un comentario
  1. Alberto Mrteh #

    Siempre me sorprende esta obsesión por etiquetar a los autores, como si su nombre fuera suficiente. Lo encuentro un poco cansino y simplista.
    Gracias por el descubrimiento.
    Es un placer leerte.
    Alberto Mrteh (El zoco del escriba)

    Me gusta

    27 diciembre, 2019

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